Una navidad en Reus Follow story

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¿Te imaginas una historia que sube un renglón a cada navidad que pasa? ¿A qué cotas de conexión emocional llegarías con unos personajes rebosantes de vida? De la mano de cinco autores nos llegan Joel, Dafne, Rick, Lara y Marcos, que en las Navidades de 2016 plantaron su campamento base, una obra de cuatro capítulos a cinco manos. En ella Joel parece requerir de una urgente ayuda ante una gran tormenta que se cierne sobre él. De algún modo los variopintos personajes acabarán por confluir en una misteriosa taberna. Una navidad en Reus es drama, es emoción, es dolor, es esperanza... Un vaivén que atrapa por donde no puedes zafarte sin que quede un rastro, un camino, hasta la siguiente navidad. Joel: Personaje del libro "La taberna: Una libreta para el recuerdo" de Víctor Fernández García. Dafne: Personaje de "Dafne a través del espejo" de Beatriz Peñas Blanco, relato corto del libro "Iceberg".



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#suspense #drama #navidad #amistad #taberna
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Capítulo primero


ESCRIBE VÍCTOR



La gélida brisa mecía por un, cálido en contraste, entorno a un diminuto copo de nieve.

 

Subía a y bajaba, revoloteaba sobre sí mismo mientras recorría los escaparates de docenas de tiendas de variopinta naturaleza.

 

La música que acompasaba el trayecto era puramente navideña, con ese núcleo instrumental que siempre enriquece el alma de lo artístico.

 

El copo de nieve parecía tener la firme intención de no interrumpir su avance, pues sorteaba en sorprendentes y elípticas trayectorias a los transeúntes que, abrazados y sonrientes, paseaban esa noche por las calles de Nunca Jamás.

 

Una figura encapuchada ataviada con una sudadera gris se encontraba detenida frente a uno de los escaparates. En él un conjunto de objetos trataban de llamar con su disposición la atención de los siempre consumidores clientes en esas fechas.

 

 

El misterioso sujeto, al que el tráfico de la calle tenía que sortear en su avance por la amplia acera, se llamaba Joel.

 

Su mirada estaba fija en un punto concreto de una vía de tren.

 

Igual que el entorno que le rodeaba, dicho raíl también estaba cubierto de nieve, lo que ésta era artificial.

 

Pronto el sonido, ahogado por el cristal del escaparate, de una locomotora descubrió emergiendo de un túnel en miniatura un pequeño tren de juguete que surcó el punto donde Joel parecía concentrar toda su atención.

 

En ese momento el copo de nieve viajero encontró su destino, estrellándose en un casi inapreciable instante contra la mejilla desnuda de Joel.

 

Eso le sacó de sus pensamientos.

 

Desviando de un modo aparentemente aleatorio su vista a las clásicas figuras que, en forma de bola navideña que al ser sacudida orquestra un concierto de nieve sobre maravillosos entornos, exhaló una nubecilla de vapor mientras frotaba sus manos enguantadas.

 

Eran las fechas previas a Navidad.

 

Esa época tan especial para él, que su lugar mental por excelencia, la siempre en paz Taberna, gozaba cada año durante aquellos días de todo un entorno para incrementar si cabe la complejidad y satisfacción de los ejercicios de reflexión de los que tanto disfrutaba.

 

Le divertía ver la ilusión que desprendían los rostros de los niños y niñas que, abrigados con sus coloridos gorros y jerseys tejidos por sus abuelitas, iban de la mano de sus padres o hermanos en busca de nada en especial.

 

Y de tanto a la vez.

 

Las luces de ese año en la calle principal de Nunca Jamás habían sido escogidas con mimo.

 

Tanto que incluso los adultos no podían resistirse a verse asaltados por el eco de su propia ilusión, en ciertos casos anclada en un pasado tan lejano que su mera evocación les sorprendía visiblemente.

 

Para Joel nada de aquello era sorprendente.

 

Simplemente lo disfrutaba al máximo, como cada año.

 

Recordando con mucho cariño lo que aconteció no muy atrás en la Taberna por Halloween, de pronto tuvo la imperiosa necesidad de saber cómo habría decorado la taberna ese año el camarero.

 

Dejó escapar una última sonrisa a la nieve que caía en todas direcciones del cielo y a largos y resueltos pasos emprendió un rumbo a ese lugar que tan de memoria conocía y que, no obstante, tantas sorpresas siempre parecía albergar.




ESCRIBE BEATRIZ



Se despertó dando un respingo. El aroma a suavizante de las sábanas le dio la bienvenida y recordó las luces intensas de la locomotora que la había arrollado en sueños. Parpadeó un par de veces con fuerza y perdió la mirada en la ventana. La oscuridad se asomaba descarada, interrumpida únicamente por los farolillos que iluminaban el sucio callejón y por las luces de Navidad del balcón de enfrente. Los pequeños destellos de colores brillaban entre las pocas posesiones que tenía: algunos libros, un par de máscaras venecianas que le regaló su madre y un cuadro de un gato feísimo que jugaba con una madeja de lana rosa. Le encantaba aquél gato feo y solo. Inspiró con fuerza por la nariz y el familiar aroma a plato del día la situó en el tiempo y el espacio: "Estoy en mi piso, son las siete de la tarde".

 

Trabajar de noche suponía un descontrol en su cuerpo y en su mente, trabajar en lo que trabajaba todavía más.

 

Se desperezó. Todavía en braguitas agarró las sábanas de flores de una esquina y las arrancó de la cama, doblándolas con cuidado y guardándolas en el armario del fondo. Después cogió unas blancas algo gastadas e hizo la cama con desgana. Todavía no había dado las luces del piso cuando empezó a vestirse para ir a trabajar. Estaba acostumbrada a moverse en la oscuridad, como el gato feo y solo. Estaba acostumbrada a parecer que se divertía con una madeja de lana para los inexpertos ojos de un pintor barato.

 

Entonces la imagen de la locomotora invadió su mente de nuevo y recordó que era la víspera de nochebuena. "Joder, ni de coña"- pensó. "Hoy no".

 

Cambió el escotado top negro por una camiseta sencilla y se enfundó unos vaqueros gastados. Se calzó las deportivas y se hizo una coleta baja. Mientras recogía su melena castaña entre los dedos se miró al espejo una última vez y se despidió de Dafne con una media sonrisa. Todavía con las luces apagadas agarró unas almendras de la encimera y cerró de un portazo mientras las llaves tintineaban en el bolsillo.

 

No móvil, ni chaqueta ni bolso. No iba muy lejos. Bajo las escaleras trotando como un diminuto caballo pecoso y se lanzó a la calle recibiendo la nieve con los ojos cerrados y el corazón expuesto. Dejó que su respiración pintara la calle y giró a la derecha unos pasos para encontrarse en el único lugar en el que no la llamaban puta: la taberna.





ESCRIBE J. CARLOS



Ya no podía más, sintiendo como el mareo y el persistente dolor torácico se apoderaban de él detuvo el vehículo en el arcén. Estaba sufriendo uno de sus cada vez más frecuentes episodios de ansiedad y el cliente al que se dirigía tendría que esperar.

 

Esperó un rato prudencial, cuando empezó a sentirse mejor encendió un cigarrillo y observó a su alrededor. Estaba rodeado de bosques con el color especial que adquieren en el ya tardío otoño, el espectáculo era sencillamente maravilloso. Abajo, en la lejanía, una especie de velo blanco se dibujaba en el horizonte indicando que había empezado a nevar. Respirando lenta y profundamente Rick dejó que su mente divagara, algo que solo se permitía en muy contadas ocasiones.

 

La eterna y persistente pregunta martilleaba una y otra vez su mente. <¿ Que ha pasado ? > < ¿ A donde ha ido mi curiosidad científica y racional ?>.

 

Hacía años que su vida se había convertido en algo demasiado plano y previsible. Incluso la composición musical, su gran pasión, parecía haberle dejado de lado.

 

Duras y terribles experiencias le habían acompañado en los últimos años, demasiados, gestando la construcción de una férrea coraza protectora de sus sentimientos, tan férrea que incluso los había ocultado a su propietario. Por más que intentaba hacerlos aflorar se mantenían ocultos en algún oscuro y profundo lugar de su mente, siendo sustituidos por meros sucedáneos que ni le llenaban ni le aportaban nada.

 

Música, Astronomía, Astrología, Medicina, lectura, investigación.... Todos sus recuerdos parecían haber sido borrados o camuflados y, por ende, le resultaba tremendamente complicado el mero hecho de proponerse hacer algo para intentar su recuperación.

 

Subió nuevamente a su coche y se dirigió a la ciudad aparcando cerca del centro. El bullicio se había apoderado de las céntricas calles y, por fin, una leve exclamación brotó de sus labios al percatarse de unos tenues copos de nieve que se movían mecidos por el ligero viento. ¡Estaba nevando! Uno de esos copos se le posó en la nariz y una oleada de sensaciones incontrolables se apoderó de él mientras sus ojos se humedecían sin remedio, lágrimas que por más que intentó contener terminaron por aflorar.

 

< ¿Dónde estás, amigo? > Se empezó a repetir la pregunta sin parar mientras notaba que algo desde su interior pugnaba por salir. Asustado por la sensación intentó protegerse nuevamente con su coraza. Angustiado porque no conseguía pararla se preparó para el inevitable ataque de ansiedad...

 

Éste no llegó, en su lugar una extraña sensación de paz le invadió y, a lo lejos, divisó la tenue luz de una farola en la creciente oscuridad. Casi sin ser consciente empezó a caminar lentamente hacia ella.





ESCRIBE VICTORIA



Faltaban apenas un par de semanas para Navidad, estaba desayunando en la terraza cuando decidió entrar en la casa para cambiarse y ponerse algo mas adecuado al clima del momento. Tuvo que rebuscar a fondo y vaciar un par de cajones hasta encontrar un short y una camiseta te tirantes... Se desvistió con cuidado y, no sin dificultad, se colocó su nuevo atuendo mas adecuado para el repentino "veranillo" con el que nos había recibido esta mañana de diciembre.

 

De nuevo en la terraza, se recostó en el sillón y apoyó las piernas en otro igual, cerró los ojos se dejó llevar.

 

Si bien el vendaje que cubría su hombro y parte de su brazo derechos no era muy aparatoso, el dolor era muy intenso y el calor del sol era como un mágico bálsamo que no solo relajaba su dolorido cuerpo sino que transportaba a su maltrecha mente hasta un estado de paz difícil de describir.

 

La luz y el calor lo inundaban todo, una sonata de piano como música de fondo y los tímidos maullidos de sus tres mininos, complementaban un momento perfecto....De repente el desagradable sonido del motor de un coche a lo lejos, la sobresaltó. Una punzada intensa le recorrió el brazo y le arrancó un quejido y por un instante todo su cuerpo se agarrotó.

 

Bastaron apenas unos segundos y sus pensamientos cambiaron de rumbo... Que largo había sido el camino, que negras las sendas que había recorrido, que juegos se había traído con la vida y la muerte....no le gustaba demasiado pensar en lo que fue su vida, pero entonces se le escapó media sonrisa al recordar que tan solo siete días atrás yacía sobre una mesa en un quirófano y una voz le decía "vamos allá, piensa en algo bonito" y por vez primera sintió miedo de no despertar mientras a su alrededor todo se oscurecía y a lo lejos, bajo la luz mortecina de un farolillo su hija y sus gatos la saludaban sonrientes.





ESCRIBE JOSE ANTONIO



Cuando salió a la calle empezó a lloviznar.

 

Era el colofón perfecto a unas horas nefastas, pensó Marcos. Las seis de la mañana. Había sido una extraña noche. Una larga noche. Una mala noche.

 

El tiempo seguía cambiante. Próximos a la Navidad la ciudad obsequiaba con gélidas brisas, nieve, sol y ahora lluvia. Se ajustó el cuello de aquella vieja chaqueta negra de lana y comenzó a caminar bajo la fina capa de gotas que descendía de los cielos, arropándole con un murmullo... Quizá era la única cosa que le tenían guardada ahí arriba, reflexionó con la ironía que tantos malos momentos le había ayudado a pasar. Tras él los restos de nieve eran aniquilados por el agua y desaparecían para no volver. Paso a paso, solitario a esas horas de la madrugada, el chico entendió que cerca de la treintena eres vulnerable aún y que incluso con el corazón partido se puede respirar, se puede andar, se puede mojar uno.

 

Lo peor de todo era ese extraño amargor que te dejaba el retener las lágrimas tan adentro. Sentía la necesidad imperiosa de dejarlo ir todo, de no almacenarlo en su interior devorando sus entrañas y consumiendo su alma. Pero no era una posibilidad, así que aceleró el paso camino del trabajo. Inconscientemente jugueteó con el anillo de su dedo, aquel que era un símbolo de esperanza. Aquel que le juraba y perjuraba que no desaparecería en el olvido.

 

Al llegar al coche la lluvia había acelerado su ritmo como si quisiera castigarle por alguna extraña razón. Abrió la puerta, se introdujo dentro y estuvo durante unos instantes con la mirada perdida en las gotas que impactaban en el parabrisas. Era curioso cómo aún llegando con tanta fuerza el golpe las hacía añicos y las dispersaba como si no hubiesen estado nunca ahí.

 

Desconectado, apagó el móvil e intentó arrancar sin éxito. Resopló. Afuera la lluvia arreciaba.

 

Unos golpes en la ventanilla le sorprendieron. En el exterior un hombre alzó un viejo farolillo iluminando su rostro, que era recto y anguloso. Tenía el cabello rubio recogido en una coleta.

 

—¿Necesitas ayuda? Al parecer no vas a ir muy lejos —su voz era aguda y afilada.

 

—Sí, creo que sí —respondió Marcos. Apenas se veía más allá de la nariz.

 

—Sígueme entonces, creo que puedo ayudarte.

 

Algo perdido el chico asintió y salió, dejándose llevar por el desconocido. El empedrado de la larga avenida que recorrieron hizo resonar sus pasos conformando un eco tenebroso hasta detenerse finalmente en una callejuela.

 

—Bienvenido a "La Hora de la verdad" —dijo.

 

Le saludó llevándose los dedos a la frente y volvió sobre sus pasos.

 

Marcos observó que se encontraba bajo la luz de otro farolillo que iluminaba una especie de taberna de portones de madera acristalados.

 

—Es un buen sitio para hacer una parada —dijo una voz queda.

 

Algo más allá, en la esquina, otro hombre encendía un cigarrillo. La lumbre del mechero iluminó su rostro haciendo fluctuar los rasgos de forma fantasmagórica y cambiante.

Nov. 28, 2018, 2:48 p.m. 6 Report Embed 5
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Margarita Lapina Margarita Lapina
TYVM )) Grazia!
Dec. 5, 2018, 11:31 a.m.

Sunny Black Sunny Black
Que bonito!! Equipo maravilla ^_~
Dec. 3, 2018, 5:51 p.m.

Gin Les Gin Les
Tienen una interesante prosa y en conjunto lo hacen magnífico. Me ha encantado. Las descripciones son muy acertadas, pude sin duda imaginarme a detalle todo el ambiente y el entorno que crearon.
Dec. 2, 2018, 5:31 p.m.

  • Víctor Fernández García Víctor Fernández García
    Muchas gracias Gin. Todos pusimos un gran empeño e ilusión en este proyecto ^^ Me alegra que hayas podido zambullirte. December 04, 2018. 11:09AM
~

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