El hombre del sombrero Follow story

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Mis ojos se abren como platos al escuchar sus palabras. No creo en estas cosas, mas la seriedad de mi sobrino y sus lágrimas estremecen mi ser. Me agacho para buscar bajo la cama, pero el sonido de unos zapatos hollando las escaleras detienen mi propósito. Trago saliva, levanto la mirada y me quedo quieta. Mi corazón está que vuela de mi pecho.


Thriller/Mistery All public.

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El hombre del sombrero

Los toquidos de un pequeño nudillo en la puerta me despiertan de un sobresalto.

—Tía, ¿estás ahí? —La voz de Mati se cuela por el resquicio de la puerta. Abro y se me lanza en un abrazo.

—Sabía que estabas aquí. Dijo Nini que te habías ido.

—¿Nini?, ¿quién es? —pregunto desconcertada.

—Ven, te la voy a enseñar, pero no hagas ruido eh, porque está dormida.

Entrecierro los ojos y echo la cabeza atrás. ¿Estará hablando de una persona real? Matías tira de mi mano por las escaleras, y cuando llegamos al pie, señala hacia el sofá a una mujer que duerme profundamente.

—Ahí está.

—¿Y ella qué hace aquí?

—Pues cuidándome.

—Pero yo te cuido. ¿De cuándo acá le llaman a una desconocida? Que, además, se queda dormida.

—Nini no es ninguna desconocida, es amiga de mi abue.

Tuerzo la boca con recelo y contraigo las cejas. No conozco a ninguna amiga de mamá con ese nombre.

—¿Y tus abuelos, dónde están? —pregunto.

—No sé —contesta levantando los hombros.

—¿Ya desayunaste?

—Sí.

—Entonces vamos a que te bañes.

Ambos subimos las escaleras y Mati se desvía al baño. Mientras tanto, busco en su armario ropa limpia para después de la ducha.

"No es cierto".

Escucho la vocecita de mi sobrino provenir del baño.

—¿Me hablas, Mati?

Guardo silencio esperando su respuesta pero no la hay.

"¡Qué no es cierto!", grita.

—¿Mati? ¿No es cierto qué?

Otra vez no hay respuesta. Me acerco sigilosa al baño y pego la oreja a la puerta. Escucho su voz. Sé que está hablando, pero no comprendo una palabra.

—¿Mati, con quién hablas? —pregunto después de tocar.

Había escuchado que los niños pequeños tienen amigos imaginarios, pero él de verdad parece estar teniendo una conversación con alguien. Mati abre la puerta y veo sus ojos desbordados.

—¿Qué ocurre, cariño?

—Hay un hombre ahí —se hace a un lado y apunta al costado del lavabo— me está molestando.

Volteo para mirar el lugar que señala.

—Ahí no hay nadie, Mati.

—Está ahí, ¿que no ves? El del sombrero.

Aprieto los labios y miro una vez más. No veo nada. Mati corre a esconderse detrás de mí y pega su cara en mis lumbares mientras aprieta con sus manitas mi sudadera. Intento jalarlo pero se resiste.

—Oye, Matías, escúchame, ahí no hay nadie, ¿entendiste?

Él despega su frente de mi espalda y se asoma a mi costado izquierdo para mirar al interior del baño.

—Ahí viene —chilla en un respingo—. Está caminando hacia acá.

Hunde otra vez su cabecita en mi espalda baja, y yo comienzo a sentir la fuerza de mis latidos mientras miro en la misma dirección, donde, claramente, no hay nada.

—No —susurra Mati—, por favor, por favor.

Su respiración se vuelve agitada y presta. Tira de mi sudadera y me hace señas para que me agache. Acerco mi oído a su boca y me susurra:

—Viene por ti.

Mis ojos se abren como platos al escuchar sus palabras. No creo en estas cosas, mas la seriedad de mi sobrino y sus lágrimas estremecen  ser. Me enderezo rauda y lo tomo por los hombros, pero antes de decir nada, él se libera de un tirón y corre a mi habitación.

—Que no hay nadie —le grito mientras se escabulle.

Camino tras sus pasos hasta mi recámara. No lo hallo a simple vista. Me agacho para buscar bajo la cama, pero el sonido de unos zapatos hollando las escaleras detienen mi propósito. Trago saliva, levanto la mirada y me quedo quieta. Mi corazón está que vuela de mi pecho.

—¿Con quién hablas, niño? —grita la niñera.

Exhalo sin darme cuenta que estaba conteniendo la respiración. «¡Qué susto!», pienso.

Me levanto en silencio y me acerco a la puerta emparejada. Nini está en el pasillo.

Mati no responde a su pregunta y yo permanezco callada. Ella se sigue de largo a la habitación de mi madre. Frunzo el ceño y la sigo cautelosamente. Observo desde el umbral cómo abre los cajones y revuelve las cosas.

Su búsqueda concluye cuando encuentra un papel, lo contempla unos segundos y suspira cabizbaja. Cierra los cajones y se dirige a la puerta. Vuelvo presta a mi habitación y la veo bajar corriendo las escaleras. La sigo de puntillas, y Mati sale del closet para ir a mi zaga. Abajo continúo imperceptible, pero Matías la alcanza en el comedor.

—Ah, ahí estás —le dice a Mati—. Tu abuela  —continúa— me dijo que buscara esto en su cajón y lo pusiera aquí.

Se inclina frente al altar de muertos, coloca el papelito que acaba de tomar y se santigua frente a él. "Dios la tenga en su santa gloria", musita   antes de marcharse a la cocina.

Me acerco con curiosidad y veo que se trata de una foto, de... ¿mi fotografía? ¿¡Qué!? Mi quijada cae y mis ojos saltan desorbitados. 

Mati llama mi atención picando mi cadera con su índice. Lo miro patidifusa, y veo a su mismo dedo señalando hacia la puerta.

Giro en la dirección que apunta, y ahí está: el hombre del sombrero. Viste un traje de gala, guantes blancos, un bastón negro y esa enorme chistera. Asiente en forma de saludo y me lanza una sonrisa aterradora.

—¿Lista para irnos?

Nov. 27, 2018, 5:02 a.m. 3 Report Embed 6
The End

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Ronald Enrrique Acuña Villegas Ronald Enrrique Acuña Villegas
ah y oye si puedes podrias darle un vistazo a mi historia, se que no es comparable con la tuya pero me gusta , si quieres puedes verla
Dec. 2, 2018, 9:42 a.m.
Ronald Enrrique Acuña Villegas Ronald Enrrique Acuña Villegas
muy buena historia , es bastante emocionante y me gusto como avanzaba , buen trabajo
Dec. 2, 2018, 9:38 a.m.
AZ Adriana Zurita
Oh my god! que susto, mi respiración también se agito al ir leyendo, que buena historia...
Nov. 26, 2018, 11:54 p.m.
~

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