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En cada beso nace una mariposa

Un respiro con lentitud, un abrazo que envolvía nuestros deseos. Juntos, muy juntos y felices. Un pequeño doblez de mi cabeza antecedía algo serendépico. El tiempo era tan relativo en ese instante; y sucedió:

Nos besamos. Fue algo magnánimo, genuino, como una procreación. En el proceso de ese beso empezaba la vida, se creó algo que viviría en mí. Una mariposa había nacido. Un beso generó existencia, un nuevo ser. Una mariposa que revolotearía eufórica en mi estómago. Un ser libre que se movería en  mi ser cada vez que recuerde un abrazo, una sonrisa, un respiro de aquella mujer que tanto cariño le tenía.

Otro beso, otra mariposa nació. En cada beso nacía una mariposa. En cada beso mis sentimientos hacia ella eran más grandes. Tantos besos, tantas alegrías dieron vida a centenares de mariposas que revoloteaban con furia en todo mi cuerpo cada vez que la recordaba. 

Eran felices, vivas, inocentes. Era el momento de hablar con ellas. Era el momento de decirles a aquellas mariposas que su existencia no estaba asegurada, que vuelen con cautela que algún día desaparecerán. Que en realidad ellas nunca nacieron, la verdad era que ellas revivieron, que ellas siempre habían existido, pero que en una desilusión, en un derroche de tristeza ellas morían. Tenían la virtud de un fénix que hacía que: Cuando ellas morían tras una desilusión, revivían cuando me enamoraba otra vez.

Esas mariposas eran tan felices, siempre se tomaban en serio eso de darme esos piquetes en el estómago que me hacían sentir enamorado. 

Estaba feliz por ellas, tenía miedo de hablarles; pero era momento de decirles: "Vuelen con cautela mis pequeñas mariposas, quizá este amor sea fugaz y tarde o temprano ustedes morirán".


-Jordan. S 

Nov. 29, 2018, 1:08 a.m. 0 Report Embed 1
The End

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