The Darkest Follow story

azraelruiz154 Azrael Ruiz

Lenard es atormentado con horribles pesadillas mientras trata de obtener un mejor futuro para él y su amada Sophia. Deben viajar hasta Dusthill en un encargo que podría arreglarles la vida, sin embargo solo encuentran locura y terror en aquel pueblo en medio de la nada.


Horror Monster literature All public.

#horror #demonios #misterio #pesadillas #rituales
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El trono repugnante

JUEVES


Lo primero que observé al ser retirada la venda que cubría mis ojos fue una especie de trono en medio de una galería subterránea y desde el suelo hasta casi llegar a la parte superior de la cueva, se levantaba una masa negra de lo que parecían ser una mezcla de restos humanos y animales en una amalgama deforme y putrefacta que se retorcía de formas imposibles sobre tal trono. Un cáncer viviente que secretaba un líquido sanguinolento que cubría todo alrededor. Uno de los encapuchados que nos llevaron a ese lugar tomó una copa plateada y, tomando con cuidado un poco de ese líquido espeso y negro, se acercaron a mí con la intención de obligarme a beberlo. 


—Lenard, te dormiste, despierta. 

—Sophia... Lo siento, se supone que yo debo mantenerte despierta durante conduces.

—Descuida, estoy fresca. En cambio, tú estás sudando mucho, ¿esa pesadilla otra vez?

—Si, justo me despertaste antes de beber de la copa. 

—¿Cuantas veces vas soñando lo mismo?

—Unas cinco veces desde el año pasado. Desde que convulsioné.

—Has hablado con el médico sobre ello.

—No, no volví a verlo desde la última cita, todo estaba bien así que no pensé que fuera necesario.

—Deberías hablar con algún profesional.

—Lo haré, lo haré. Mira, allá está Dusthill.


En camino de a carretera abrió paso a una vista panorámica de Dusthill, un pueblo solitario entre Alberta y Saskatchewan. La nieve estaba por todas partes, el frío solo hacía que la sensación de lejanía y soledad se incrustaran con mayor intensidad en nuestros corazones. Sophia no era consiente de ese sentimiento, más bien parecía emocionada de viajar a un lugar tan inhóspito. Apenas vivían en ese lugar cerca de unas mil personas. Entre ellas, Lucas Hill, la razón por la cual habíamos cruzado medio continente.

Luego de unos minutos, llegamos a la estancia donde nos quedaríamos. El Castillo, anunciaba el letrero al frente. No tardamos mucho en acomodarnos y arreglar nuestras cosas. La habitación era una doble con vista hacia el centro de la ciudad. 


—Me daré un baño. ¿Quieres comenzar ya?

—Mientras más rápido hagamos esto, mejor. Hablaré al número Lucas, espero que reciba la llamada.

—Eso espero, llegar a su casa sin anunciarnos sería descortés.


Sophia iba desnudándose camino a la ducha entre tanto yo buscaba la libreta donde anoté el número de Lucas Hill. 


Una semana antes.


—Entonces, ¿solo debo hacer que acepte esto?

—Solo eso. Escuche, mi hijo y yo no nos llevamos bien, las decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas nos separaron cada vez más. El no desea nada que provenga de mí, sin embargo, no tengo nadie a quien dejarle mis cosas. Lucas se vería beneficiado aún sin hablar conmigo. Solo quiero que lo convenzas de aceptar, ¿puedes?

—Lo haré, descuide —respondí, el viejo Tomas Hill estaba en su cama, rodeado de sueros y medicina.

—Él vive el pueblo que fundó uno de nuestros antepasados, Dusthill. No tendrá problemas en llegar, pero trate de estar ahí lo menos posible.

—¿Lo menos posible? ¿A qué se refiere?

—Lo entenderá cuando llegue...


    Sophia no estaba por ninguna parte. Cuando desperté no la encontré, no recordaba nada desde que ella entró a la ducha. Mi mente aturdida intentaba esclarecer lo que había sucedido sin éxito. La oscuridad se apoderaba del lugar, imaginé que era de noche, no obstante, revisé mi reloj, las cosas solo empeoraron, eran las nueve de la mañana. Bajé a la primera planta tampoco encontré a nadie. Afuera, que era como de noche, la atmósfera era desalentadora. Ni una sola alma. Tardé un poco en levantar la mirada para observar el cielo, un astro negro iluminaba de manera oscura todo en un eclipse terrible. 

El sol era negro, Sophia no aparecía por ninguna parte y el pueblo estaba igual de vacío. Mi cordura estaba siendo puesta a prueba. A lo lejos logré divisar una figura tambaleante, caminaba de forma atáxica. Me acerqué de la manera más sigilosa que me era posible pude reconocer de quien se trataba, era Lucas Hill. 


—¿Lucas? ¿Lucas Hill, es usted? —No hubo respuesta. Unos pasos más logré adelantarme a él, pero al hacerlo, a pesar en la oscuridad del eclipse, fui capaz de observar sus cuencas vacías— ¿Qué pasó a sus ojos? ¿Está bien?

—El oscuro, el más oscuro de todos... Ha de venir.


Un grito me hizo reaccionar a esa pesadilla.


—Lenard, por Dios... Pensé que te perdería.

—Sophia —dije confundido, no reconocía el lugar donde nos encontrábamos—, ¿donde estamos?

—Estamos en la clínica del doctor Lewis. Cuando terminé de ducharme te encontré en el suelo de la habitación, tuviste una convulsión.

—¿Otra vez? Lo siento, debí asustarte.

—No te preocupes, ya todo está bien.

    Sophia acariciaba mi cabeza con cariño. Era una aventurera como yo, no podíamos vivir más de medio año en el mismo lugar. 

—Ya despertaste, ¿como te sientes? —preguntó un hombre que vestía una bata blanca.

—Mejor. 

—¿No sentiste nada antes de convulsionar?

—¿Aura? No, nunca he sentido algo parecido antes de convulsionar, solo se presenta y ya.

—Que desconsiderado de mi parte, soy el doctor Carl Lewis, mucho gusto.

—Mucho gusto —respondí estrechando su mano.

—El medicamento que te recetó tu doctor de cabecera, ¿lo sigues tomando según la indicación? 

—Si, una tableta diaria. 

—Perfecto, mi indicación es que sigas así, no convulsionabas desde hace un año, eso es bueno. Ve a ver a mi colega cuando termines de hacer tus cosas aquí. Si me disculpan.

    El galeno abandonó la habitación acto seguido.

—Es bastante agradable, ¿no?

—Si, si. ¿Cómo contactaste con él?

—Al parecer la convulsión la tuviste conversando con Lucas Hill, seguía al teléfono cuando te encontré. Estaba asustada y le dije lo que sucedía y pues, él envió al doctor Lewis. Lucas dijo que costeará los gastos médicos.

—Que pena, ¿con qué cara lo veré ahora?

—Habló hace unos minutos para preguntar por ti, parece ser una buena persona. Aseguró que mañana vendría por nosotros.

—Entiendo.

—Te ves pálido, deberías descansar.

—Tuve una pesadilla.

—¿La del trono?

—No, esta vez fue diferente. Fue confuso.

—Duerme y luego me cuentas, ¿si?

—No te vayas.

—No me iré a ninguna parte. 


Mis ojos se dejaron vencer de forma pausada por el sueño. La oscuridad, idéntica a la del eclipse con el que había soñado, se apoderó de mi conciencia. El primer día en Dusthill, lleno de pesadillas, fue apenas el comienzo. 


VIERNES


La nieve no dejó de caer en toda la noche. El silencio era notorio, como siempre que nieva, haciendo parecer que de alguna manera el tiempo se detuvo. Al salir de la clínica y despedirnos del doctor Lewis, abajo nos esperaba Lucas Hill en su auto. Antes de salir, acordé con Sophia que ella dirigiría la conversación. Mi estado de salud no era el ideal para convencer a nadie.


—Así que ustedes son los mensajeros del viejo, ¿como está él?

—Delicado, su salud empeoró desde hace unos meses —respondió Sophia.

—Entiendo, vamos a otra parte más cálida. ¿Está bien, Lenard?

—Si, mucho mejor, gracias.

—Me preocupé cuando dejó de hablar durante estábamos al teléfono.

—No piense en ello, ya todo está bien, de hecho ya tenía mucho de que no me sucedía.

—Bueno, ¿partimos?


Dentro del coche permanecí en silencio. Sophia era mejor que yo para convencer a las personas, aunque prefería que yo manejara este tipo de cosas. Lucas se escuchaba distante, no parecía preocuparse de forma real por el estado deplorable de su padre, sin embargo era lo que se esperaba. Hablaba de que la relación con Tomas cambió desde que su madre falleció hace ya treinta años. El tema económico no era un tema que le interesara, fue banquero mucho tiempo y acumuló dinero a manos llenas.


—Lucas, ¿tienes alguna idea por qué tu padre desea darte dinero? —interrumpí, la cara de Sophia transmitía su incomodidad, la pregunta nos alejaba de nuestro objetivo.

—Todas las relaciones de mi padre están basadas en el dinero, la que tuvo con mamá, la que tienes con ustedes, ¿por qué yo sería diferente? Quiere tener una relación conmigo nuevamente y dándome sus bienes piensa establecer esa relación. Por eso no se molesta en hablarme ni en hacerme aceptar el dinero directamente de él, una vez lo acepte, habrá cumplido su cometido.


—¿Piensa aceptarlo? —espeté.

—Estoy pensando en ello.

—No el dinero, a tu padre, ¿piensas aceptar sus ideas? —al decir eso, me volteó a ver por el retrovisor. La imagen de mi pesadilla vino a mi mente de inmediato, las cuencas de sus ojos vacías, pero me controlé.

—Nunca aceptaré su forma de ver las cosas.


El silencio posterior fue rotundo. Nadie quiso seguir la platica. Seguimos así hasta llegar al lago Cinder. La casa de Lucas Hill era impresionante, difería mucho de las casas modestas del pueblo. Al entrar, la calefacción estaba en marcha, liberándonos del frío de afuera. Esperamos en la sala, Lucas, del otro lado, preparaba chocolate caliente.


—¿Qué fue eso?

—¿Qué cosa?

—Estuviste callado casi todo el camino y luego te pones a provocar a Lucas.

—Estaba pensando en voz alta.

—¿Seguro que te sientes bien?

—Descuida.

—Aquí está el chocolate. Muchachos, ¿mi padre les contó la historia de este pueblo? —dijo Lucas saliendo de la cocina.

—Solo mencionó que un ancestro de los Hill la fundó.

—De eso ya casi doscientos años. Charles Hill fundó junto a otras tres familias el primer asentamiento en este sitio, justo donde estamos ahora. Ellos iniciaron la explotación minera en la montaña que ven al fondo. Fue pequeña, pero atrajo a suficientes colonos como para que el pueblo se formara como tal. A mi padre nunca le interesó este lugar, prefirió vivir en Alabama. Vine por mi cuenta hace quince años y no pienso vivir en otro lugar.

—Es muy interesante. Por cierto, el chocolate está delicioso.

—Gracias. Con respecto al dinero. No lo aceptaré.

—Pero Lucas...

—No deseo darle ese gusto al viejo, además no lo necesito. Que lo done o se lo entregue a ustedes dos, no me importa.

—Señor Lucas podría reflexionar un poco...

—Sophia —interrumpí a mi compañera—, déjalo ser. Imagino que ha pensado en ello desde que lo platicamos ayer, ¿no es así?

—Me expusiste el caso antes de tener la convulsión, así que he venido pensándolo desde hace un rato. He vivido tratando de no tener relación alguna con él. El que este cerca de la muerte no cambia las cosas.

—Creo que nos iremos, si nos disculpa.

—No los traje hasta aquí solo para decirles eso, quédense a dormir esta noche, ya es tarde y habrá nevada, podría meterse en problemas camino a casa. 

—¿Qué dices?

—No quiero conducir con nieve, así que no tenemos opción —dijo Sophia encogiendo los brazos.

—El cuarto de invitados esta arriba, síganme.


Esa noche nos quedamos despiertos hasta tarde. Una buena parte de la velada estuvimos en la estancia principal conversando con Lucas, quien resultaba una persona muy interesante y después en nuestra habitación. De alguna manera era como si no quisiéramos que ese día terminara, como si fuese el último y deseáramos extenderlo hasta ya no poder hacerlo más. Un sentimiento que podría describirse como miedo al mañana.


—Estoy muriendo del sueño. 

—Igual yo, apaguemos las luces de una vez.

—Lenard. 

—Dime.

—¿Sientes esto? ¿Esta presión en el pecho?

—Si, la siento. Al principio pensé que era por razones atmosféricas, pero es algo más.

—Congoja, esa es la palabra.

—No iba a decir nada para no preocuparte. ¿El resto del pueblo sentirá lo mismo?

—Sabes, estaba pesando en eso. Es extraño, quizás solo estoy cansada. 

—¿Pensando en qué?

—¿Recuerdas cuando llegamos a El Castillo?

—Si, recuerdo eso, ¿por?

—¿Quien nos recibió? —preguntó Sophia con un semblante sombrío.

—No recuerdo eso, fue como si solo subimos a nuestra recamara y ya, ahora que lo pienso, no estaba nadie en la recepción. 

—Tampoco había nadie en la clínica del doctor Lewis. El nos atendió, solo.

—Sophia, no hemos visto a nadie del pueblo a excepción del doctor Lewis y de Lucas Hill.


Unas luces desde la ventana llamaron nuestra atención, provenían de la montaña al otro lado del lago Cinder. Cientos de pequeñas luces en la falda de la montaña en algún tipo de procesión. 


—Mira, parecen antorchas.

—Eso explicaría que no encontráramos a nadie, pero no explica porqué no nos percatamos antes —añadí.

—No quiero pensar en ello.


Sin decir nada, tomé del brazo a Sophia y tapé su boca con mi mano y a la vez apagué la luz de la habitación.


—Tranquila, ¿viste afuera? 

—No, no vi, ¿que sucede?

—Unos encapuchados rodean la casa. No sé que traman, pero no nos quedaremos a averiguar.

—¿Y si buscamos a Lucas?

—Dudo que podamos confiar en él —susurré.

—De acuerdo, ¿tienes algún plan?

—Tomar las llaves del auto de Lucas y salir de aquí. Después pensaré lo demás.


Agazapados, buscamos encontrar una manera de bajar sin alertar a Lucas o a los intrusos, no obstante, el sonido de pasos a tropel nos obligó a dejar el plan sigiloso y abordar uno más activo: Correr. Al llegar a la estancia las cosas solo se pusieron peor. Estábamos rodeados. Lucas y el doctor Lewis vestían de la misma manera que los otros.


—No creo que les sea posible abandonar el lugar por su propia cuenta —anunció Lucas.

—Imagino que no, ¿de que se trata todo esto?

—Pronto lo sabrán.


Un sonido agudo que a continuación fue acompañado por un dolor en mi cabeza me hizo caer inconsciente.


SÁBADO


Lo primero que observé al ser retirada la venda que cubría mis ojos fue una especie de trono en medio de una galería subterránea y desde el suelo hasta casi llegar a la parte superior de la cueva, se levantaba una masa negra de lo que parecían ser una mezcla de restos humanos y animales en una amalgama deforme y putrefacta que se retorcía de formas imposibles sobre tal trono. La sangre seca en mi rostro llenaba el ambiente de un olor metálico que me era molesto. Sophia no estaba por ningún lado.


—Te contaré un poco de la historia de este sitio.

—Lucas, ¡maldito! ¿Qué hiciste con Sophia?

—Ella verá el eclipse de primera mano, será un privilegio para ella. Ahora háganlo callar —ordenó Lucas a otro tipo vestido de negro el cual me amordazó—. Como te decía, este lugar tiene historia. Hace casi un siglo, los nativos de esta región vieron una roca negra flotando a centímetros del agua justo medio del lago, la cual cayó hasta el fondo de este luego de cierto tiempo. Los nativos tardaron mucho y sacrificaron a muchos de los suyos para sacarla y traerla hasta aquí, donde tallaron este trono, el glorioso trono.


Al mismo tiempo que Lucas me contaba esa extraña historia, mis ojos no perdían de vista al ser deforme sentado en el trono frente a mí. Todos parecían ignorarlo hasta que entendí que no eran capaces de verlo. Lucas realizó un gesto y me quitaron la mordaza.


—¿Adoran a esa cosa? —cuestioné.

—¿A qué cosa te refieres? 

—A eso sobre el trono, esa cosa sin forma.

—Lo sabía, sabía que eras diferente. Soñé con esto muchas veces, soñaba contigo por alguna razón y ahora lo entiendo, eres tú.

—¿Yo? También llevo un tiempo soñando cosas extrañas. Pero esa cosa no logro entenderla.

—Es Baal, Beelzebub, Rakshasa, no importa el nombre que se le de, es aquel que es más oscuro que la oscuridad misma. Quien devorará a todos.

—Ni siquiera pueden verlo, ¿por qué lo adoran de esa manera?

—No lo podemos ver, pero él nos habla en sueños, al igual que a ti. Él me mostró que tu eras el elegido, por eso te atraje hasta aquí.

—Tomas Hill...

—Mi padre murió junto a mi madre frente a este trono hace años. El anciano que conocieron solo fue un siervo haciendo su trabajo. Bien, el eclipse está por comenzar.


Lucas tomó una copa, la misma con la que había soñado tantas veces. Acercándose al trono, tomó un poco de el líquido que se derramaba de este y colocó la copa en mis labios. Pretendía hacerme beberlo.


—Al beber de su sangre serás uno con él, serás el medio físico para salir de este encierro. Bebe, Lenard. 

—¡Están dementes! ¡Ese monstruo los devorará a todos!

—Es justo lo que venimos esperando desde hace mucho.


El mismo encapuchado que me amordazó me tomó por la espalda para obligarme a abrir la boca. Luego de unos instantes, un disparo derribó a Lucas.


—¡Ahhh!


Un grito sonoro retumbó por el lugar, quien disparó fue Sophia. Volvió a apretar el gatillo contra los otros dos en la galería subterránea. 


—¡Sophia! 

—Lenard, pensé que te encontraría muerto. El pueblo es una locura, todos están como en trance. Hasta el doctor Lewis, así es como pude escapar.

—Desatame, no podemos perder tiempo.

—Lenard, ¿qué carajos es eso? 

—¿Tú también puedes verlo?

—Es asqueroso, repugnante.

—Vamos, ¡ya!


Al salir reviví la pesadilla que tuve al llegar a Dusthill. Un sol negro brillaba con una luz oscura. Parecía ser de noche, pero apenas era medio día. Sophia tomada de mi mano, me guiaba hasta un coche. 


—Escucha, esta arma la tomé de Lewis, tiene unos seis tiros más. Yo manejaré y tú disparas a todo lo que se mueva. Las cosas que esa gente decía no tenían ni pies ni cabeza. No tenemos alternativa.

—Lo sé, conduce...


 La nieve empezó a caer, nieve negra como el cielo mismo. En pocos segundos todo era negro, desde el firmamento hasta el suelo. Sentíamos que la oscuridad nos devoraría. Sophia hacía lo posible por mantenernos dentro de la carretera. Franqueamos la montaña y de la cueva donde estaba el trono negro y aquella criatura, escuchamos un grito estruendoso, aunque a mí me pareció una especie de lamento. El eclipse había terminado. Salimos del coche para observar a Dusthill, al lago Cinder y a la montaña por última vez.  


—Esa cosa, ese demonio. Creo que estaba muriendo.

—Yo creo que murió hace mucho, su aspecto era el de algo en descomposición. 

—Ellos adoran a un cadáver... —dije en voz baja.

—Un cadáver sentado en un trono repugnante. Solo quiero salir de aquí lo antes posible.

—Si, vamos.


Conducimos casi sin descanso hasta llegar a Iowa. Estuvimos un tiempo al cuidado de la familia de Sophia. Unos días después nos enteremos de lo ocurrido en Dusthill. Las noticias hablaban de un suicidio masivo, todo el pueblo con sus mil doscientos treinta habitantes. El mayor caso de suicidio masivo en la historia. Se atribuyó a Lucas Hill, ya que se le consideraba el líder de una secta pseudo religiosa. No he vuelto a soñar con esa cosa. Aún desconozco cual era su propósito al ofrecerme aquel líquido negro, sin embargo, lamento haber bebido hasta la última gota.


Fin

Nov. 26, 2018, 4:35 a.m. 3 Report Embed 5
The End

Meet the author

Azrael Ruiz ¡Hola! Siempre es un poco complicado hablar de uno mismo, pero hay que intentarlo. Tengo 27 años, soy salvadoreño y enfermero de profesión... ¿Enfermero? Bueno, es posible tener muchas vocaciones y ayudar a los demás es una de las que más disfruto. Escribir y crear historias ocupa gran parte de mi día a día; entre indicaciones médicas y cuidar de mis dos hijos, mi mente vaga entre relatos de terror y fantasía...

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Lola Bach Escritora Lola Bach Escritora
¡¡¡ Sin palabras !!!
Dec. 9, 2018, 9:57 a.m.
Aracelis M Pulido A Aracelis M Pulido A
Muy buena, te deja con la expectativa de que habrá más de ella.
Nov. 28, 2018, 5:27 a.m.
Maru Freiheit Maru Freiheit
Excelente final. Me pregunto qué va a pasar ahora que bebió el líquido negro.
Nov. 26, 2018, 9:15 p.m.
~