El demonio incomprendido Follow story

lordfreinand Borja Freire

Conjunto de relatos de horror, en los que quiero demostrar que hasta un elemento simple narrado de la manera adecuada puede hacernos dudar.


Horror Gothic horror Not for children under 13.
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El demonio incomprendido.

                            PRIMERA PARTE

 <<¿Qué le importa la condena eterna a quien ha encontrado por un segundo lo infinito del goce?-Charles Baudelaire.>>


El amor condiciona al ser humano perdonar a las afiladas garras de la incomprensión, que desgarran las telas de nuestro destino. Quien no es capaz de escaparse de las tormentas de lo imprevisto, de sus lluvias torrenciales, caerá en las simas sin fondo de la locura.

En un pueblo supersticioso encajonado en los Cárpatos sucedió lo impensable. Las autoridades corrieron un velo sobre el suceso que allí sucedió. Los pocos supervivientes prefieren vagabundear a volver a ese pueblo sepultado de terroríficos recuerdos. Por causa de la notorias creencias supersticiosas que hay en esta zona de Europa, los medios de comunicación no le concedieron la importancia que se merece. Yo he tenido la oportunidad de recopilar la información necesaria para contar esta historia venida de ultratumba.

Todo sucedió hace ya mucho tiempo, en el pueblo de Frogville, que estaba circundado por un puñado de fértiles colinas. Sus casas de piedra eran simples y arracimadas unas con otras. En el punto central del pueblo había una vieja iglesia fortificada, tras la cual había un viejo cementerio. Frente a la iglesia, había una plaza que normalmente servía como punto de encuentro para los lugareños en sus horas de recreación, cuando estaban eximes de trabajo. En medio de la plaza había un vetusta fuente, bancos de piedra y alguna que otra farola. Las familias cuando el tiempo era agradable pasaban ahí las tardes. De vez en cuando eran maravillados con un artista ambulante que tocaba a cambio de un plato de comida o por una mínima cantidad de dinero. En estas infrecuentes ocasiones la gente de esta rustica localidad bajaban en manada para distraerse con lo el arte que ofrecían estos artistas itinerantes. Pero a finales de un verano llegó un violinista en una tarde en la víspera del la festividad del narciso llegó al pueblo, aprovechando la festividad, el violinista tocó hasta casi la alborada mientras la gente del pueblo comía y bebía en la plaza. Sus dedos parecían estar bendecidos por la matrona de los prestidigitadores pues superaban la agilidad de cualquier otro viandante ordinario que se dejaba caer por los pueblos. Era todo un genio del instrumento,rebosaban las florituras; y la gente dejaban las conversaciones con sus convecinos para prestar atención a las lastimeras melodías que tocaban. Esa fue la primera toma de contacto que tuvieron con ese extraño personaje. A la mañana siguiente no había rastro de él, y solo Conrad parecía acordarse de su perfecta música. Conrad Albecu ahora es un anciano. Tuve el honor que me contará su historia y yo he decidido pasarla a escrito para quien la lea sienta el mismo asombro que yo. Cuando ésto le sucedió tenía quince años, y aún hoy en día, tiene horrorosas pesadillas, y su corazón se desgasta cada vez más por el miedo que perdura en él desde hace tanto tiempo.

Según me contó en su historia, al día siguiente de la actuación veía a la gente haciendo sus labores agrarios muy alegres por la fiesta del día anterior pero notaba algo raro, una crepitante inquietud inexplicable. Era un día hermoso, uno de esos días primaverales en los que las flores tapizan el campo y extraen sus aromas pretendiendo seducir al más exquisito olfato. Las mariposas pululaban y danzaban por doquier, y los benévolos rayos de sol eran una cariñosa caricia. Sin embargo, reinaba en las caras de la gente una tristeza que no alcanzaba a comprender, era como si les arrebatasen el sueño, es decir, como si les privaran de descanso. Todos parecían débiles, y sus ojeras denotaban que no habían pasado una agradable noche. Conrad no comprendía el porqué, se acerco sus compañeros de misma edad al acabar sus quehaceres y les comentó con gran entusiasmo la virtuosa actuación que había azotado la tranquilidad que habita de ordinario en este pueblo.


-¿Qué opináis de la actuación de ayer? Personalmente me encantó la manera de tocar de ese extraño músico ?- Preguntó Conrad. En ese momento, el suave céfiro soplaba desenredando su pelo de color azabache .

-Yo no me acuerdo muy bien, si te digo la verdad estaba atento a otras cosas.- contestó su amigo Grigore.


- Estabas atento a como bailaba Crina, Grigore. ¿Cuando piensas lanzarte y decirle que te gusta?


De pronto vinieron Ionut y Drazvan. Grigore miro de hito en hito a Conrad suplicando con su mirada que aplazará la conversación para cuando estuviesen solos, así que Conrad asintió y rió.




La intranquilidad que había sentido Conrad esa mañana mermaba y era reemplazada por una curiosidad de quien era aquel extraño sujeto. Dado que normalmente, los músicos itinerantes quedaban unos días en lo que aprovechaban para aprovisionarse para seguir su viaje, pero era desacostumbrado el hecho de que no había dejado rastro tras su actuación ni se había despedido. Semanas más tarde era la comidilla local,¨¿Cómo es que se fue sin decir su nombre?¨ Pero pronto se dejó el tema de lado. Por lo que respecta a Conrdad seguía pensando en las piezas que había interpretado aquel anciano. Se habían introducido en él como antídoto a la ponzoñosa monotonía en la que se abriga. Se cómo un ave que rompe los grilletes que la encadenan al empíreo y rebasa volando las barreras ultraterrenales. Algunas noches de insomnio y otras en las que las armonías se colaban en su mundo onírico . Él esperaba ansioso otro advenimiento por parte de aquel mago del instrumento de cuerda. La espera solo se demoró hasta el 31 de octubre, hasta la víspera de todos los santos, una festividad que habían cogido por influencia de otros países. Ese día, Conrad acabó sus tareas pronto. Tuvo que madrugar antes que de la costumbre pero a primera hora de la tarde ya era libre para dedicar su tiempo a la festividad. Así que quedó con sus tres inseparables compañeros, esa noche tenían pensado pasarla en la plaza, dado que el pueblo había organizado una cena conjunta. Así fue como se sentaron antes del anochecer en un banco viendo como la gente ponía la larga mesa donde iban a cenar toda la futura concurrencia. La mesa era rectangular y de unos cuarenta metros de largo, una carpa la cubría, y de los pliegues de ésta pendían farolillos para iluminar a los comensales. Cuando el sol tropezó y cayó tras las colinas que se divisaban en lontananza, la gente comenzaba a agolparse pie en la plaza. Estaban todos de un muy buen humor, mostrándose de lo más habladores unos con otros. Conrad se sentó en medio de de Ionut y Grigore. La comida empezaba, pero faltaba algo para que la velada fuese esplendida y no tardó en llegar. A mitad de la velada, un errabundo gemido lastimero irrumpió entre el murmullo que generaban las risas beodas, el chocar de los cubiertos contra los platos y el fuerte masticar de la comida rebosante de comida. En aquel instante, todo el rumor se quebró con la misma vehemencia con la que se rompe un primer amor. Todos los vecinos se miraron entre ellos con extrañeza. Una fuerte tristeza insondable reptaba sobre la mesa y se metía en cada ser de quien se cruzaba en su camino, absorbiendo la vitalidad de su victima como una sanguijuela absorbe la sangre. Conrad estaba sobrecogido y aterrorizado pues mirase a donde mirase habían ojos que eran pozos de lágrimas. Ojos vidriosos que estaban hipnotizados como una presa que se paraliza ante su depredador. El pobre, se anegaba entre todas las preguntas que se estaba haciendo así mismo. Pero había algo que tenía muy claros, la melodía que desquebrajó todo era del inconfundible violinista.



Conrad comenzó a preguntar a sus amigos y familiares que les pasaba pero no obtenía ninguna respuesta, solo una mirada rutilante como la superficie del mar cuando el sol de agosto se echa una cabezada sobre él. Desesperado, el muchacho intentó buscar el paradero del violinista y salió corriendo a todo brío de la plaza, no tuvo que dar muchos pasos cuando lo encontró. Estaba en la mas alta montaña allende a las inmediaciones montañesas que cercan el pueblo, bajo el claro de luna estaba una alta silueta. Estaba muy lejos, apenas se podría apreciar con nitidez, pero no habia cabida para más titubeos, era él. La melodía la escupía desde la cumbre de la más prominente cumbre montaña, y espolvoreaba sobre las cabezas de todos una locura. El tempo de su pieza aumento considerablemente su rapidez y las florituras eran cada vez más complejas de efectuar por unas simples manos de cualquier mortal. Ante este turbión de notas la gente empezó levantarse de sus asientos, y dejar el llanto de lado para bailar sin control sobre si mismos. Todos aunaban sus cuerpos para rebozarse en los lodos de la locura. Conrad se sentía confuso al ver que todos, salvo él, estaban ebrios de alienación. La plaza estaba atestada de gente desnuda que bailaba,el alcohol y los licores corrían por los gaznates, y todos abrían las puertas a las más funestas perversiones sexuales. Era todo una oda a las bacantes. La vista de Conrad diguirió como su mejor amigo Grigore por fin se lanzada a declararse con Crina, la chica que le gustaba – Y de que manera tan cruda-. Se abalanzó sobre ella mientras bailaba y la empezó a besar con una fogosidad que jamás había visto en él. Pero eso no fue lo extraño, ambos empezaron a arrancarse la ropa con denuedo, desgarrándose recíprocamente con sus manos. Ambos desnudos comenzaron a copular encima de la mesa en la cual minutos antes estaban comiendo tranquilamente, los padres de Crina que se encontraban a escasos metros de esta surrealista escena mientras reían y bailaban desvestidos entregándose a la música. Era increíble, Grigore y Crina estaban sumergidos en el acto sexual, lo hacían con una violencia que rebasaba los límites de la pasión. Ella lo arañaba y él la abrazaba como si quisiera atravesar la barrera de su piel y entrar en su más hondo. Mientras se entregaban a la lascivia en la mesa, ella le mordió el labio hasta arrancarle un trozó, y con la sangre, que caía en cascada sobre sus senos, se masajeaba los pezones. Tras ellos, estaba la madre de Conrad con dos vecinos, dejándose tocar en sus zonas erógenas, y su padre estaba tocando con enardecida excitación los cuerpos despojados de ropa de Ionut y Drazvan, que eran amigos íntimos de vástago. Conrad estaba paralizado, el caos se había desatado. Eso era lo último que recuerda Conrad de esa cena porque alguien lo golpeó en la nuca y quedó inconsciente.



Cuando despertó era de día, estaba confuso con un fuerte dolor de cabeza. Se la palpó y encontró costras secas de sangre con gravilla incrustada en su corte seco, por causa y efecto de la caída contra el suelo al recibir el golpe. Le costó abrir los ojos por el dolor, veía todo nublado y sentía nauseas. Con sumo esfuerzo logró levantarse y conoció el lugar en el que se hallaba, estaba en la plaza. Pero no había nadie, parecía un desierto tras un simún, Cristales de vasos rotos, vajillas hechas trizas, ropas manchadas y charcos de sangre; pero no había rastro de nadie. Él desdichado Conrad empezó a ir de casa en casa tambaleándose para asegurarse de si quedaba alguien en el pueblo, pero no había rastro de nadie. Todo parecía una broma de un carácter muy pueril. Conrad pensó para si mismo: ¨Es el día de los muertos, ¿Guardara alguna relación con lo sucedido?¨.


Decidió ir a la iglesia que estaba en el centro del pueblo. Su fachada estaba carcomida por las inclemencias del tiempo montañés, y había grotescas figuras en ella, encima del rosetón de la colosal iglesia. Pero la más singular era unas manos esqueléticas, con unos dedos largos como ramas que sujetaban un violín de piedra. Encima de esto podía leerse una inscripción latín. En la litografía ponía lo siguiente: Ad culmen montis abscondita est in musica diaboli.



Conrad, era consciente de que era el idioma latino, pero él no lo hablaba. Decidió abrir el portalón de madera y se encontró que al entrar había ajos esparcidos por el área central de la iglesia, él se adentró entre los grandes bancos en dirección al altar que estaba guarnecida de flores de ajo. El eco de las pisadas de Conrad retumbaban en este baldío edificio. Reinaba un silencio sepulcral, lo que hacía temer que el hombre que había ordenado el caos la pasada noche se escondiera en cualquier sombra que se cobijaba ahí dentro. Pero no se encontró con él, sino con un asustado párroco que estaba rezando de rodillas, con una estupefacción en su mirada insólita. Estaba ensimismado en sus plegarias, balbuceando palabras inteligibles. Conrad decidió acercarse a él silenciosamente, como si estuviese pisando algodón. Cuando se encontraba su lado, el anciano alzó la cabeza en dirección al desdichado Conrad, mirándolo con ojos lacrimosos.


- ¿Cómo es que estás vivo, chico? Daba por sentado que todo Frogville había sido arrastrada a las tinieblas de manera irremisible por la buena fortuna. - Dijo el hombre de fe.

- No sé, alguien golpeo mi crisma y me vi de bruces contra el suelo, quedando inconsciente. Pero recuerdo que todos estaban poseídos por inicuo frenesí y en éste pude ver las mayores perversidades que esconde en su mente el hombre. Todo transcurrió muy rápido y de manera confusa.- contestó Conrad.


- He visto todo desde el chapitel, joven. Por cierto, entre las prisas no he podido preguntar tu nombre, he sabido que no eras uno de esas criaturas que pululan en los bosques porque esto esta bendecido y si osarás rebasar el umbral tu piel ardería hasta el punto de burbujear. Así que, ¿ por un golpe en la cabeza, lo que de ordinario sería un golpe de mala suerte, te has zafado de ser atrapado por las oscuras fauces del mal?- Preguntó con la máxima jocosidad que permitía la adversa situación el párroco.


Conrad mostró una tímida sonrisa de denotaba confusión.


- Es posible que así sea. Hay algo que he visto, o eso creo, dado el desconcierto que reinaba anoche. En el pico más alto de la cordillera de los cuervos, cuando miré justo hacia allí había un claro de luna que enfocaba a una alta figura, que parecía mirar todo haciendo preterir a la gente de su concepciones de bien y mal, llevándolas a hacer esas cosas impensables de las que quiero ahorrarme hacer mención.- Dijo con notable afligimiento Conrad.


El anciano párroco comenzó a llorar, mostrando un total abatimiento y volvió a comenzar a balbucear otra vez, parecía estas sufriendo una desavenencia para consigo. Una acalorada discusión que Conrad estaba observando con inquietud. De pronto, el semblante del párroco se mudó otra vez, tranquilizándose, cogió la mano de Conrad y la apretó entre las suyas. Sus cansadas pupilas buscaron las del mozalbete.


- Ya es demasiado tarde, pero eres el único que puede hacer algo.- El prior parecía recordar con dolor.- Todo comenzó de la manera más inocente posible. Es notorio, en estas tierras donde abunda la superstición, que un demonio puede entrar en casa cuando se le invita, pero que zorro viejo es y cuan es su astucia. Hace ya mucho tiempo, el mismísimo demonio se comunicaba con un sacerdote de esta misma iglesia. ¿Cómo? Nadie lo sabe, nosotros pensábamos que sufría alguna patología mental degenerativa, cada día que pasaba estaba más ojeroso y con peor aspecto y parecía guardar una gran ojeriza a sus compañeros de oficio. Nos comenzamos a preocupar por él y empezamos a avizorar sus salidas del templo. Pero un hombre ladino y se escurría de nuestro acecho y huía a las montañas en horas que lecho púrpura tienta descansar al sol. ¿Qué hacía allí? No lo sabíamos pues sentíamos pavor por la maraña que había en los caminos, y a este miedo había que añadirle la oscuridad y el frio nocturno. Siempre aparecía al día siguiente durmiendo frente al umbral de esta iglesia, con la ropa hecha jirones y embarrada sin recordar nada de lo que había hecho o donde había estado. Pero un día en el que salimos de la iglesia nos encontramos con él en peor estado durmiendo abrazado a un bebe enrollado en mantas que no paraba de gritar y llorar. Es imposible resistirse ayudar a un recién nacido, hicimos la mejor acción posible pero poco más tarde nos dimos cuenta que se trataba de lo peor que pudimos hacer. Había sido una treta del diablo, cuando introdujimos al bebé dentro de la iglesia una oscura bruma comenzó a salir de su boca, los que nos encontrábamos ahí unicamente lográbamos discernir las velas encendidas, no alcanzábamos a ver nuestras propias manos. Un olor pestífero impregnó toda la nave central, era un efluvio de muerte. Y comenzó a sonar una risotada que anunciaba lo peor, tras ésta una voz gutural dijo << Habéis traído a vuestra morada al mal >>. Los priores temblaban, sentían miedo de la base de sus pies a las cúspides de sus cabezas. Un terror indescriptible, se veían solos envueltos en una caliginosa sombra, que constreñía sus gargantas y les impedía articular gritos de axulio.- El anciano párroco suspiro, era una aspiración que aparentaba ser necesaria, en ella, estaba liberando una enorme tensión. De sus ojos comenzaron afluir un torrente lacrimoso e intentó volver a retomar su historia, pero tenía totalmente la voz quebrada.


Estuvo sollozando un buen rato, mientras que Conrad intentaba buscar algo que decir para tranquilizar al buen hombre. Tras unos minutos así, el anciano aunó las fuerzas necesarias para seguir con lo sucedido.


-Siento haber tenido que parar, pero las atrocidades que sucedieron son inefables, no quiero volver a rememorar el momento. Sin embargo, voy a contarte lo que paso. Nuestro compañero de fe, había sido llamado por el diablo, que se colaba en sus sueños. Poco a poco, fue introduciéndose en sus pensamientos hasta dominarlo completamente. Como no podía poseerlo en un lugar bendecido como éste, dado que un demonio no puede introducirse aquí sin que nadie lo invite, ideó una estratagema digna de la sapiencia de un ángel que cayó en el pozo de la malignidad. Sedució a mi compañero, hasta el punto que tenía gran influencia sobre sus actos. Le hacia ir cada noche a la cumbre de la montaña que antes te mencioné. El demonio logró instarlo para que raptara a un niño y lo llevase a las montaña, el diablo entró dentro del niño tiznando su pureza. Y utilizó para que al despertarse como hacía de manera esporádica frente a la iglesia, pero está vez con el bebé. Nosotros no dudamos en hacerlo pasar, yo mismo lo lleve en brazos hasta dentro. Y de esta manera, invité implícitamente al demonio a pasar. Luego mató a todos mis compañeros salvo a mí, que logré escapar al pueblo. Conseguí contactar con el Vaticano que inmediatamente trajeron un hombre que bendijo todo y expulsó a este demonio. Me dieron orden, de guardar este templo. Pero antes de marcharse dejó un poema, que encontré meses más tarde.

<< Pagarán, cuando con música regrese,

llorarán, cuando comprendan quien viene.

Bajo el claro de luna, entre la oscuridad,

Llegará el rey de las tinieblas, al banquete,

Y seréis todos un simple juguete.

Y volverá a reinar la perversidad>>- Recitó con tono medroso el párroco.-Con el tiempo, fui pensando que no volvería, y que simplemente eran versos con intención de asustar al lector que los encontrase.




Nov. 18, 2018, 10:04 p.m. 1 Report Embed 3
The End

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Gabriel Rodriguez Gabriel Rodriguez
Me quedé con ganas de leer más.
Nov. 19, 2018, 7:26 p.m.
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