Mis queridos suegros Follow story

gaby_rodrz Gabriel Rodriguez

Un joven tendrá que convencer a sus suegros de que el es el hombre ideal para su hija.


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Ladrón de Corazones

 


Esto fue así:


Perla Dailenys y Gabriel se conocieron en una tarde de esas del destino en Miramar, Puerto Rico. Perla era modelo profesional y contrató los servicios de Gabriel, un fotógrafo profesional de Metrópolis, Toa Baja. Al principio solo tenían una relación fotógrafo/modelo (como se supone que se mantuviera) sin embargo, tras cinco sesiones fotográficas, una graduación, un baile de graduación, y un almuerzo después, los sentimientos entre ambos cambiaron. Empezaron a coquetearse, a mirarse perdidamente a los ojos, y el hipnotizado con los grandotes y hermosos ojos verdes de la Srta. Dailenys, le abrió las puertas de su corazón. Durante un almuerzo en la Universidad de Puerto Rico, le tomó la mano mirándola a los ojos le pidió que fuera su novia. Ella, con lagrimas en sus ojos, aceptó ser su novia. Un suave beso en los labios selló el contrato de amor entre ellos. Cupido se apiadó de ellos como decía una canción.  Pasaron cinco meses de un noviazgo lleno de amor y felicidad. No obstante, Perla tenía una inquietud desde el principio: ¿Cómo se lo diría a su mamá y a su papá? A ellos no les va a agradar la diferencia en edades.

"No podemos seguir con este amor prohibido que murmuran por las calles. Tenemos que hablar con mis padres y decirles sobre nuestra hermosa relación."

"¡La gente hablará y hablará! Tus padres me mataran y a ti pa' Santo Domingo te regresaran."- Le decía Arcangel a Perla mientras le pasaba le acariciaba el rostro con su mano."

"Lo sé, mi poeta fotógrafo, pero esto no puede seguir así. Si aspiramos a estar juntos por la eternidad, mi familia debe formar parte de nuestra nueva vida."

"Si ese es tu deseo...."- Dijo arcángel suspirando mientras besaba los labios de Perla.- "Iré a hablar con ellos."

Perla se comunicó con su madre a través del teléfono móvil para avisarle que necesitaba hablar con ella.  Le pidió que la esperara sentada en el sofá de la sala, no contestar llamadas y escucharla. La Sra. Núñez no entendía porque tanta urgencia y seriedad pero Perla solo le dijo:

"Calma, Calma, hablaremos pronto."

Treinta minutos después llegaron tomados de la mano a la residencia Rodríguez-Núñez. Gabriel tenía el estómago revuelto e intentaba disimular sus nervios. Perla, firme y adelante, caminaba por los pasillos de su hogar. Al final de la sala, en el enorme sofá azul, frente a frente con su madre le declaró:

"Mamá, Él es  Gabriel. mi fotógrafo y mi novio. Él es 10 años mayor que yo pero no me importa porque yo lo amo. No intentes separarme de él porque hasta Santo Domingo me lo llevaría."

La Sra. Núñez se quedó con la boca abierta y levantándose lentamente del sofá le exigió una explicación coherente. De repente toda la sala se fue a oscuras y un foco iluminaba a Perla, Gabriel y a la Sra. Núñez.

"¿Qué está pasando? ¡Explíquenme!" – Exigía Núñez. Gabriel respiró profundo y como si se tratase de una obra de teatro, dio su punto de vista.

"Sra. Núñez, quiero pasar la eternidad con su hija. ¿Por qué? porque ella danza como una mariposa entre los aires y el cielo tan bello. Solo ella a través de sus grandes ojos verdes esperanza puede entender mi alma dolida. Sra. Núñez, sé que a su hija y a mí una década nos separa, pero el amor no tiene edad. Sra. Núñez, la vida es bella, cruel, y dura, pero al lado de su hija la vida es dulce. Así es la vida: imprevista, impresionante, imprescindible. Su hija, llegó a mi vida de manera imprevista robándome el alma con tan solo ser ella." – declaró Arcángel mientras se arrodillaba en el suelo cerrando los ojos y colocando sus manos en el pecho. Perla Dailenys lloraba susurrando: "Él es tan bello...."

"No sé si reírme o mandarlo pal' carajo.... Yo solo quiero un novio normal para mi hija, DIOS, ¿es mucho pedir?" – se preguntaba gritando con su acento dominicano bien marcado mientras levantaba sus brazos.

En ese instante se escuchó un vehículo estacionarse. Llegó el Sr Rodríguez, papá de Perla Dailenys. Entró por la cocina, colocó las llaves sobre la mesa, tomó un vaso de agua y se dirigió hacia la sala donde también fue iluminado por un foco.

"¿Qué está pasando aquí? ¿Quién es este joven? ¿Por qué está en el suelo?" – preguntó el Sr Rodríguez a su esposa. También tenía un acento dominicano bien marcado.

La Sra. Núñez le explicó que él se llama Gabriel y era su yerno.  Su hija y el se estaban viendo a escondidas por los pasados meses y él es 10 años mayor que ella. De repente, el Sr Rodríguez, lanzó un grito hacia el cielo levantando los puños diciendo:

"¡LO VOY A MATAR!"

"¡No me mate! ¡Escuchadme por favor!" le imploró Gabriel mientras se levantaba del suelo y sus manos. "Yo entiendo que es la niña de sus ojos, su bebé, su vida, entera Sr. Rodríguez, Pero el amor como un tsunami llega de repente, sin aviso, sin consideración, arrasando corazones a través del camino. Yo tal vez no pueda prometerle palacios, pero si le prometo ser eterno junto a ella." – Declaró una vez más arrodillándose, cerrando los ojos, y colocando sus manos en el pecho.

El Sr Rodríguez no le gustó para nada su discurso teatral. Le advirtió que tenía cinco segundos y van 3 para salir de su casa antes que lo deje sin vida. No habrá superhéroe o policía futurístico que lo salve.

"¡Corre! ¡Yo te alcanzaré, amor mío!"

"¡No voy a huir! ¡Yo voy contigo hasta el final!"

"¡Hazme caso! ¡ ¡CORRE!!"

Gabriel no le quedó más remedio que salir corriendo. Mientras el corría, el Sr Rodríguez le prometió muerte en la boca de sus perros.

"No papá, ¡a los perros no! ¡No lo mates! Al fin me tocó el amor a mis puertas, y tú como un juez fuerte y testarudo le impones sentencia de muerte. No, papá, lo que cupido y Dios unieron el mundo jamás podrá separarlo." - rogaba Dailenys entre lágrimas pero las palabras cayeron a oídos sordos. "Justicio, Fido, Firulays, Condado, San Patricio, Gustavo, ¡tras el!" – ordenaba Sr. Rodríguez a sus perros Pitbull color rojo a través de un altavoz. 

Los rabiosos caninos fueron al ataque de Gabriel como si él fuera un ladrón. Pero no, él solo era un ladrón de corazones....


Nov. 20, 2018, 7:03 p.m. 0 Report Embed 0
The End

Meet the author

Gabriel Rodriguez Fotógrafo y escritor de 33 años de edad. Resido en Puerto Rico.

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