ELLA |HISTORIA CORTA| Follow story

anapaulaveliz1 Ana Paula Véliz

"Ella", era una mala mujer disfrazada de madre. - Primera historia de la saga: ¿Qué viste? - Segunda historia: PESADILLA |HISTORIA CORTA| - Tercera historia: NO LO HICISTE |HISTORIA CORTA| - Cuarta historia: EXTRAÑO SER |HISTORIA CORTA| - Última historia: CAMINO HACIA EL FIN |HISTORIA CORTA| - HISTORIA DE MI AUTORÍA. - REGISTRADA EN SAFE CREATIVE.


Horror Teen horror All public.

#terror #miedo
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I

La lluvia azotaba al cuerpo que se movía velozmente entre los grandes árboles que no hacían más que oscurecer el camino, el cual poseía un conjunto de hojas secas, ramas y voluptuosos tallos enredados entre sí, actuando como obstáculo para la adolescente que trataba de huir para salvar su desordenada vida. La secreta casa del árbol estaba próxima y era el objetivo al que tenía planeado llegar. Tentando a la muerte al atreverse a cruzar por el bosque prohibido, corriendo el riesgo de que algún animal carnívoro o venenoso se abalance sobre ella y, a sabiendas de que lo que vio es real, su cerebro no optó por mostrarle otro lugar más seguro que ese. Finalmente llega y sube lo más rápido que puede el intento de escalera que construyó cuando niña junto a su padre. La desesperación golpea su complexión corporal, mandando una ola de nervios por todo su ser, temblando inmediatamente. Rogaba a todos los dioses existentes y por haber que, por esta vez, aunque sea la única, la puerta de entrada no fallara. Dos golpes fueron necesarios para que se abra en un irritante y tétrico chirrido, revelando un significativo detalle que logró que los vellos de la pelinegra se erizaran. No recordaba haber dejado las luces encendidas.

Su respiración comenzó a fallar, preguntándose inmediatamente si sería conveniente ingresar. Con lentitud adentró su cabeza, esperando porque únicamente sea una mera coincidencia, mas no fue así, ella estaba ahí, de espaldas viendo por la ventana. Portaba un largo vestido morado oscuro con decoraciones negras, ajustado en la cintura remarcando sus curvas y terminaba con un corte estilo sirena que le daba un toque de elegancia mientras que sus largos cabellos ondulados traspasaban sus anchas caderas. La pelinegra tragó el doloroso nudo que se le había formado en la garganta debido al miedo, y quiso escapar, pero las fuerzas se le esfumaron ya hace mucho, su cuerpo no respondería más a su llamado. Sintió una gran gota de sudor deslizarse por su frente, mirando fijamente cómo aquel ser al que alguna vez llamó madre había comenzado a voltear. El tiempo simuló con detenerse y el viento con revelarse, dando azotes a las tablas ya al borde de su vida útil; los murciélagos alterados volaban alrededor, quizás ya sabían el hecho que ocurriría. Su visión seguía el movimiento de la esbelta figura, sin pasar por alto la capa blanca que cubría los ojos contrarios y la expresión de tristeza con la que ella le veía. Intentó hablar, pero sus labios ignoraban su querer, mostrando muecas al tratar de separarlos, logrando que apenas brisas de aliento escapasen.

Ella abrió su boca emitiendo un grito ensordecedor, consiguiendo que la pelinegra por fin despertara del trance en el que se había sumergido. Un aura oscura provenía de su ser, como fuego negro consumiéndola en su mayoría, mientras que las brasas parecían serpientes por cómo se movían. Soltó sus manos inmediatamente, revotando contra el suelo, ahora no importaba el dolor. Volvió a correr, su rostro expresaba el horror que sentía, la luna poco a poco iba desapareciendo y junto con ella, animales y sonidos nocturnos. A lo lejos alcanzó a ver un pueblo, el mismo del cual había huido en la madrugada. Ahora era el color verde quien predominaba, mezclándose con el color de las flores y el cantar de los pájaros dando gracias por un nuevo día. Su pierna derecha mandaba punzadas de dolor conforme avanzaba, mas terminó cuando a sus oídos llegó una voz conocida.

¡María! La recién nombrada volteó inmediatamente, importándole poco el malestar de su extremidad inferior y pudo sentir las lágrimas inundarle cuando se refregó contra el cuerpo de su mejor amigo, buscando calidez en aquel abrazo—. ¿Qué te han hecho? ¿Qué tienes? —preguntó.

Debes ayudarme. Alzó su mirada, viéndolo a los ojos con súplica a la vez que agarraba fuertemente su camisa—. Por favor, ayúdame.

Del pueblo se escucharon varios gritos de sorpresa y terror, incluso escuchaban las sirenas policiales, lo cual provocó que ambos girasen su cabeza en dirección de dónde provenía.

¿Qué está pasando, María? Su vista no se apartaba de las lejanas casas ni de las aves que habían comenzado a volar para emprender un viaje lejos de ahí.

Tú solo tráeme clavos pidió.

¿Por q… calló debido al dedo sobre sus labios.

No preguntes, solo trae.

No lo haré si no me dices. El tono de su voz salió exigente y firme, retando a la pelinegra en decirle. La conocía muy bien, y su intuición le alertaba de algo catastrófico—. Dime.

Los aullidos de los perros ambientaron el lugar, y los gritos de los pueblerinos cesaron. Las alarmas dejaron de sonar y volvió la paz por un fragmento de segundo, el sonido que vino después les heló la piel.

Dios mío dijo Luis sorprendido—. ¿Escuchas lo mismo que yo? María se mantuvo en silencio agudizando su oído.

¿S-son jadeos?

De dolor completó—, efectivamente.

Tráeme los clavos, Luis, sé cómo acabar con esto.

Mi madre está en el pueblo… Parecía ido, en shock.

¡Luis! Llamó—. ¡Luis, reacciona! ¡Luis! La pelinegra zarandeaba el cuerpo de su mejor amigo tratando de hacerle volver en sí, lográndolo tiempo despuésTrae los clavos Él asintió, con dudas, con temor de volver a pisar el pueblo y ver lo que pasaba, con intriga al no saber lo que ocultaba la pelinegra y con valor, ayudaría a MaríaEstaré en la casa del árbol, ahí te esperaré un sonido de afirmación emitió, para luego despedirse.

Durante el transcurso que se quedó estática, viendo la figura de su mejor amigo hacerse cada vez más y más pequeño, hasta el punto de desaparecer, recordaba lo que alguna vez le dijo su padre.

.

—Mi princesa —acunó el hombre mayor el rostro de la pequeña—ya no llores, ¿Sí? —La niña de tan solo seis años de edad experimentó por primera vez una pesadilla, y ya las odiaba—Solo fue un sueño —Posó sus arrugados labios en la frente de su hija, enviándole paz a través de este—¿Quieres contarme qué fue lo que pasó ahí, en tu cabecita? —Ella asintió, comenzando a relatar lo que su mente le había mostrado.

—Era sobre mamá, ella quería lastimarme —apretó contra sí el peluche con el que solía dormir, el señor oso. Su padre tragó duro, sabiendo únicamente él la veracidad del sueño.

—Tranquila bebé, solo fue un… sueño —Necesitaba mentir, no quería arruinar la imagen que tenía sobre su madre—Pero si algún día llegase a suceder —como ya había pasado—Los clavos espantan los espíritus —Y guiñó su ojo. La pequeña sonrió.

—Quédate aquí hasta que me duerma, ¿Sí, papi?

—Sí, mi pequeña.

.

Se encontraba a solo tres árboles de la casa, expectante a la llegada de Luis. Eran las 6 de la tarde, doce horas habían pasado y él no llegaba, la preocupación la invadió. Escuchó algunas ramas quebrarse y su corazón dio un revuelco, no veía a nadie. Nuevamente se escuchó pero esta vez pudo respirar tranquila, era él.

¿Tienes lo que te pedí? preguntó observando a Luis con las manos en las rodillas intentando regular su respiración. Solo consiguió un asentamiento de cabeza—. Dámelos el recién llegado extendió una de sus manos, la cual portaba una bola llena de clavosPerfecto.

D-dime qué harás con ellos entre jadeos logró cuestionar.

Esperar respondió—. Cuando las luces se enciendan entraremos y le arrojaremos algunos clavos.

¿Arrojarle? ¿A quién?

A ella la casa del árbol se iluminó mostrando una sombra en forma de silueta proveniente de arriba. Tanto a Luis como a María los nervios le estaban traicionando, más el miedo en ciertos casos da valorPero antes, dime qué viste.

El joven de cabellos castaños observó a su mejor amiga, lo que le iba a contar era un arma de doble filo. Bien aumentaría la valentía que emanaba en ese momento, o bien la asustaría a tal punto de hacerla rendir y tirar todo por la borda. Demasiadas dudas tal vez no sea conveniente contarle.

Dime volvió a exigir, haciendo al castaño suspirar en rendición.

Todos estaban locos.

¿Solo eso? refutó, apretando sus puños.

Ajá contestó. María regresó a verlo, tan determinada como siempre.

Dime la verdad, no me veas la cara de estúpida.

Te estoy diciendo la verdad. Todos estaban locos, se atacaban entre ellos y…

¿Y…?

Una vez salí de la tienda a escondidas, ya sabes, sino ellos me mataban, me fui por la casa de Don Julio, y lo vi.

—¿Qué viste?

Vi cómo se lanzaba del tercer piso, suicidándose. Eso me impactó demasiado, él fue como un padre para mí y ver cómo se quitaba la vida me dejó en un gran shock, por esa razón es que yo me demoré. Llamé a la policía, creí que ellos eran los únicos cuerdos, pero me equivoqué, porque una vez llegaron empezaron a atacarme. Babeaban y jadeaban. Agarré como pude el cuerpo de Don Julio y lo enterré por el lugar donde nos encontramos habló sin parar, sintiendo sus ojos escocer ante aquel recuerdo.

Tranquilo se acercó y lo rodeó entre sus brazosAhora vengaremos su muerte.

Todos estaban locos, te lo juro, parecían zombis, había sangre por doquier, todo fue tan… impactante.

Respira, hoy todo se acaba su mano acariciaba la espalda del castañoVamos determinó y Luis asintió.

Subieron con el menor ruido posible las empinadas escaleras abriendo con un gran golpe la puerta. Ella estaba ahí, en la misma posición de la madrugada, la cual instantáneamente cambió al sentir el frío metal del clavo sobre la planta de su pie. Con un gritó inmensamente fuerte se dirigió hacia ellos, el aura negra se transformó en espinas que chillaban del dolor como si tuvieran vida. Los mejores amigos agarraron sus manos cerrando sus ojos, y solo pudieron sentir las largas y filosas garras de ella acercándose a sus cuerpos. La sangre chipoteó por doquier, pintando las paredes hechas de tabla, el viento dejó de rugir y tomó paso a una calma absoluta. Luis abrió sus ojos, ya no había nada. Sonrió, por fin todo había acabado. Giró feliz para ver a su mejor amiga, aun agarrándola de la mano, sin embargo, se encontró con una imagen que lo traumaría de por vida. La imagen de María hecha pedazos, regados por el suelo, encima de un rojo charco...

Nov. 14, 2018, 11:47 p.m. 1 Report Embed 2
The End

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Ana Paula Véliz - Me gustan las rosas <9

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Marcela Valderrama Marcela Valderrama
¡OMG! Me encantó ese final.
Feb. 27, 2019, 3:43 p.m.
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