Voces Íntimas Follow story

nubyh-stone Ana K. Murillo

La historia trata de Stella, quien sufre de alucinaciones. estas le dicen que cometa actos auto-hirientes. Nunca se relaciona con gente por esta razón, hasta que conoce a Nil, un chico que intentara ayudarla. A su tiempo, otro chico, compañero suyo de la universidad, de nombre Ezequiel, tratara de ayudarla también. Ella encuentra amigos leales en ellos, sin darse cuenta de los sentimientos que tienen sentimientos hacia ella. Amistad, miedo, amor, desesperanza. Estos son algunos de los sentimientos que podrás encontrar en esta obra.


Teen Fiction Not for children under 13.

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I

- Vamos... Hazlo... - murmuraba aquella voz masculina a la que estaba tan acostumbrada.

- No... No lo haré, ¡Jamás lo haré! - le contestaba, aferrándose a sí misma de sus piernas en un abrazo en la esquina de su cama... Estaba sola...

Otra vez la misma historia... ¿Cuándo se callaría?

- Vamos, sabes que lo deseas... ver ese líquido rojo fluyendo. Prometo que no dolerá... podrás ver que hay dentro de tu abdomen.

Un escalofrío recorrió su espalda, y comenzó a sollozar, sintiendo como las lágrimas de terror deslizaban por sus mejillas...

- Cierra la boca... no sabes nada de mi...

- Oh, pobre e ilusa Stella... ¿Cuánto tiempo más negarás la verdad?

Sus sollozos se volvieron más fuertes y su pecho ardía en irá y temor.

- Tu no existes... no eres nada. Tus palabras son mentiras... si no paras, yo - fue interrumpida por su "compañero".

- ¿Qué harás? ¿Tomaras esas píldoras de nuevo? -siguió hablando, denotando un desprecio hacia la joven - Sabes lo que te hacen... ¿por qué no mejor agarras aquellas tijeras como te dije?

Al oírlo terminar aquella frase abrió los ojos, llenos de ira, y limpio sus lágrimas para después ponerse de pie sobre su cama, viendo a la pared que tenía frente a ella.

- No... ¡Cállate! ¡Cállate de una vez! Es mi vida, y no volveré a hacer caso a lo que dices. - Exclamo gritando en aquella habitación vacía, tapando su boca en sorpresa inmediatamente al comprender su acción. En ese momento, escuchó repentinamente una voz masculina distinta a la anterior, esta proveniente del otro lado de la puerta.

- Stella, ¿Te encuentras bien? - dijo con suavidad esta nueva presencia. Se trataba de Brais, su hermano mayor, quien cuidaba de ella.

Rápidamente, se reincorporo en su lugar, tomo un libro de la mesa de noche color chocolate que se encontraba al lado de su cama, abriéndolo donde se encontraba situado su separador de hojas.

- ¡S-Si! Leía en voz alta - mintió, denotando nerviosismo en su voz.

Brais abrió la puerta, viéndola un tanto molesto. Un pequeño detalle sobre el que la chica ignoraba una y otra vez, tratándose de ese tipo de situaciones. La gente solía decir que habían sido cortados con el mismo molde, no solo por compartir varios rasgos físicos, así como su cabello rubio o sus ojos turquesa; sino que también detestaban una cosa en común.

- Sabes que odio que me mientas... ¿Qué ocurre?

- De verdad, estoy bien. Solo molesta... pero estoy acostumbrada.

- Entiendo, dime si necesitas algo... Iré por tu medicamento, no tardo.

Después de escuchar la puerta principal cerrarse, se dirigió al cuarto de baño, se retiró toda su ropa, soltó la trenza su rubio cabello para cepillarlo un poco y se vio al espejo que tenía frente a ella.

- Todos se van, todos te abandonan... Igual que tus padres, ¿No crees? Dime si no es cierto.

- Te equivocas completamente... Eso fue un accidente... - susurraba en voz queda, viendo a sus ojos azules.

- Eso es lo que quieren que creas...

- Te equivocas. Hay personas que quieren quedarse.

- Hipócritas que no dudarían un solo segundo en apuñalarte la espalda... ¿Qué no lo ves? ¿Cómo se ríen de ti? Saben lo patética que eres ¿Por qué razón crees que ya no te hablan? Están cansados de ti. Termina con todo esto. Sabes que en todos lados será lo mismo...

- Cállate... - musitó en sollozo, viendo al suelo.

- No eres más que una niña orgullosa... ¿Por qué te niegas a ver la verdad?

- ¡Silencio! ¡Todo estaba bien hasta que llegaste!

- Oh, pequeña Stella... Pobre niña ciega...

- ¡Déjame sola!

- Todos se irán... Brais también...

- ¡No! - lo interrumpió con un grito, pero a Él no le pareció importar, continúo hablando. Siempre era lo mismo. Sus palabras, de alguna manera, lograban penetrar en lo más profundo de ella.

- Deberías apagar las luces de una vez por todas, suspirar tu último aliento mientras te vuelves una conmigo.

- Por favor... Para... - trataba de hablar, pero su voz se rompía cada vez más.

- No eres más que un estorbo para los demás.

Entró a la regadera, abrió la llave y se recostó en el suelo en posición fetal, llorando su corazón entero, pensando en que, tal vez, “Él” tenía razón... en todo.

No quería salir. No quería seguir con una vida así. El día de hoy había sido tranquilo en cuanto a sus palabras, pero ya no podía más. Se sentía sola. Abandonada en su miseria. Solía hablar más fuerte durante las noches, impidiendo que está pudiese concebir el sueño.

Necesitaba ayuda.

Necesitaba a alguien.

Pero nadie lo entendería.

Por el momento, solo debía dejar que el agua se llevará sus sentimientos, que las lágrimas desaparecieran con el agua acariciando su cuerpo. Solía escuchar a sus compañeros de universidad quejarse de sus vidas. Ellos jamás sabrían el infierno por el qué pasa cuando su medicina se acaba. Jamás podrían comprender lo que era ver una botella de cloro y considerar tomarla para ponerle un fin a su pesar.

Sus días estaban llenos de ruido, de voces que le susurran cosas. Pero hay una que sobresale de entre todas. La voz de un hombre. Solía referirse a este como Él, sin más. Pensaba que asignarle un nombre lo haría más real y, por lo tanto, con más poder sobre ella. Él solía hablarle sobre la poca diferencia que haría si, de un momento a otro, ella dejase de existir. Solía usar los buenos y malos momentos de su vida contra ella, haciéndole sentir emocionalmente vulnerable ante sus palabras.

Una vez terminó de llorar, salió de la regadera. Y, sin importarle los charcos de agua que dejaba en el suelo de su habitación, se recostó sobre su cama, esperando que el sol le diera una nueva oportunidad al día siguiente.

Mañana será otro día.

Nov. 8, 2018, 10:58 p.m. 2 Report Embed 11
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Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
Impresionante comienzo. Me está gustando bastante la historia 👏🏼
Nov. 22, 2018, 12:42 a.m.

  • Ana K. Murillo Ana K. Murillo
    Muchas gracias! Espero y puedas continuar con la lectura! (perdona la demora en contestar tu comentario) 2 weeks ago
~

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