Justicia Carmesí Follow story

nubyh-stone Ana K. Murillo

Miranda Falling forma parte de un grupo de asesinos en el reino de Heartfield o, como ella lo llama, Lambfield... Pues pareciese que sus habitantes son corderos esperando su eventual muerte. Miranda esta decidida a hacer justicia en el reino, eliminando a todo aquel que lo amenace, incluyendo sus propios aristócratas corruptos que ven al pueblo cual ganado. Su próximo objetivo es el príncipe, quien ignora los problemas de Lambfield desde la comodidad de su castillo. Su maestro, Charles Bundy, le ha ordenado que este sufra por sus pecados. Ya no importa lo que Miranda piense. El príncipe Samael debe morir.


Crime Not for children under 13.

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Prólogo

Era un día como cualquier otro. Miranda Falling se encontraba esperando fuera de la oficina de su maestro.

Charles Bundy era un hombre excéntrico, el cual nunca fallaba en su trabajo. Él la había acogido a los diez años al sacarla del orfanato; Miranda lo admiraba de gran manera, sin lugar a dudas. Junto con otros huérfanos, fue llevada a la mansión del hombre, esto con el fin de volverlos sus aprendices. Fue gracias a él que aprendió aquello en lo que se había convertido en su vida: el arte de asesinar. Entre ellos, todos sabían que ella era su favorita: aprendía rápido y nunca dudaba en cumplir alguna orden... Grandes cualidades en un soldado durante la guerra.

Y, verdaderamente, estaban en una guerra... Precisamente, contra los aristócratas corruptos del reino. Miranda pensaba en todo aquello cuando la puerta se abrió. Un hombre alto de piel bronceado, cabello castaño y una barda de dos días estaba frente a ella... Charles Bundy en persona.

Miranda se arrodillo ante el apenas lo vio. El hombre hizo una señal para que entrara con él. Al pasar, tomo asiento frente al negro escritorio, esperando que su maestro le otorgara la palabra. No esperó mucho para que esto sucediera. El hombre tomo asiento en su elegante silla y la vio con sus ojos azul acero que analizaban su alma cada que cruzaban con su mirada.

- Háblame de tu reporte del día de hoy. -fue todo lo que Charles dijo.

- Mi objetivo era Lord Abaddon, un hombre conocido por el pueblo como "el ángel de la muerte". Solía atraer a jóvenes buscando trabajo al palacio; esto lo hacía con el fin de violarlos repetidas veces, tortura los hasta su muerte y, finalmente, abusar nuevamente de sus cadáveres. Solía culpar a nuestro grupo de las desapariciones.

- ¿Qué sucedió durante tu misión? -su maestro juntó sus manos sobre el escritorio, prestando atención a cada detalle que la joven decía.

- Entre por la ventana sin ser detectada, trepando por el tubo de agua hasta entrar por el balcón. Lord Abaddon dormía en su cama, por lo que me aproximé con cuidado para, finalmente degollar su cuello. -Miranda, al finalizar la frase, sacó un pequeño y elegante anillo cubierto de sangre, el cual estaba envuelto en un pañuelo, de su bolsillo.- Esto es la prueba de mis actos. Puede conservarlo.

Charles tomó el pequeño objeto con sus manos y prosiguió a guardarlo con las demás pruebas en un cajón: anillos, dedos embalsamados, y varias otras cosas. Tomó un sobre de otro y dirigió su mirada a la chica.

- Repíteme porque asesinamos a los líderes del país, así como también a los criminales.

- Únicamente elegimos como blancos a corruptos que traen el reino a su fin. Aquellos que verdaderamente desean cambiar el rumbo que toma este país son protegidos.

- Y es por eso que te confío este próximo.

El hombre entregó el sobre a Miranda. Al abrirlo, solo podía pensar en que sería su mayor trabajo: el príncipe Samael.

- Esta vez -su maestro comenzó a hablar nuevamente.- será mucho más difícil... Pero debes asegurarte que sufra realmente por sus crímenes. Este hombre tomó el control del reino después de que el rey cayera enfermo. Su ceguera e ignorancia ante la situación actual del reino ha provocado que decaiga en cada aspecto. Es por el que los aristócratas pueden hacer lo que quieran con el pueblo, al igual que Lord Abaddon. ¿Entendiste bien?

- Si, maestro. Me encargaré de tomarme mi tiempo con él.

Con cierta tranquilidad en sus palabras, se arrodilló ante Charles, para después volver a su habitación. Debía limpiar la sangre de su atuendo favorito: un traje de cuerpo completo fabricado con cuero, el cual poseía diversas cuchillas escondidas y le permitía completa movilidad, así como también una capa negra con capucha que le permitía esconderse en la oscuridad de la noche. Tras remover la sangre de ambos, se quitó su vestido para, después de un largo día, finalmente poder dormir. Peinó su cabellera rojiza como la misma sangre que acababa de limpiar y despintó su pálido rostro, incluyendo sus ojos color chocolate.

Cuando había empezado a trabajar para su maestro, después de su primer asesinato, solía escuchar los gritos pidiendo piedad durante las noches. Solía tratar de convencerse que era lo necesario, que esas personas merecían morir. Ese día no podía dejar de llorar... Tenía 12 años. Ahora, 10 años después, aprendió a realizar su trabajo mientras su víctima dormía en la comodidad de su cama... A pesar de sentir remordimiento durante los primeros años, este se fue disipando con el paso del tiempo. Estaba trayendo la justicia que el pueblo merecía, de eso estaba segura.

Tras un poco de tiempo, cayó dormida.

Y el mango de su daga escondida bajo su almohada le recordaba su próxima misión.

Oct. 31, 2018, 8:51 p.m. 0 Report Embed 4
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