La Máscara Abisal Follow story

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Leandro Gomez


Las situaciones límite son la mejor forma de darnos cuenta de que no todo lo que creemos es verdad.


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#alegoría #metáfora #comprensión #superación #ficción #ansiedad #reflexión
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¿Qué es lo que me molesta?

Los nombres pasan y se acerca el mío, ¿lo que siento es ansiedad? Las manos me tiemblan mientras la guía observa detenidamente el papel. ¿Estará bien lo que voy a decir? ¿Me escucharán? ¿Cuándo debo comenzar?

A veces pienso que no conozco lo suficiente a los demás, y ellos tampoco a mí. Detesto que me llamen de cosas que no soy, sean buenas o malas. Observo sus caras y veo máscaras, algunas son hermosas, otras feas, pero lo más importante es el trabajo que puso en ellas el artesano que las creó. Trabajos mediocres pero otros tan y tan elaborados, que parecen incluso reales. Veo una a mi derecha, es muy bonita y tiene muchos detalles, creo que ya la he visto antes pero si me pidieras que la tocara probablemente me daría miedo. Me giro a la izquierda y veo otra mascara, bastante más básica que la anterior, puedo reconocer algunos de sus patrones y los colores llaman mucho la atención. Los encuentro bastante cálidos.

No paro de ojear la bitácora de trabajo y lo que había escrito en esta, pero no me sirve de nada más que para ponerme en una situación indeseable. Levanto la cabeza y estoy de pie en un sitio enorme, donde todo es pálido, vacío y sin gracia. Y es que uno esperaría que en la Antártida hiciera frio, pero yo siento un calor tan agobiante como fuera de lugar.

Como si fuera el coliseo romano, a mi alrededor se alzan enormes gradas repletas de figuras borrosas y, como no, las susodichas máscaras. Aquellas obras en eterna construcción, incomprensibles a al ojo del que no estuviera preparado. Aunque estas eran diferentes a las que vi en mi grado, pues todas llevaban el mismo patrón y los mismos colores grisáceos.

Esquivando todo entendimiento, el peso que llevo en la espalda pasa de ser grande a ser enorme. Sufro una terrible extenuación, tanto que caigo sobre mis rodillas en el duro suelo sobre el que estaba parado. Escucho sonidos incomprensibles materializarse y sobrevolar mi cabeza, los gritos ahogados de pensamientos lacerantes y momentos malinterpretados.

Fue la mano de la indiferencia, la que existe desde el primer orden y cuya misión es destruirlo, eterna, invisible, la que golpea a todos por igual, no perdona ni mide consecuencias. Asesina de las almas ingenuas que corren eufóricas por el mundo que se les dio. Sacará lo más ruin de nosotros e intentara cambiar lo que hemos comprendido… pero está en nosotros el dejarnos arrasar y desaparecer en el olvido o moldearnos a la tormenta y volver a levantarnos al caer indefinidas veces.

Nadie me puede sacar del abismo en el que he caído, ni a mí ni a ninguna otra de las demás personas a mí alrededor, algunas de las cuales ya he escuchado, de alguna manera, tocar fondo. Yo soy el artífice de mi salvación, es mi voluntad combinada con la de los que me han ayudado la que me guiara a donde debo ir, es el restarle importancia a las cosas banales y enfocarme en quien yo soy y he sido, mientras proyecto quien seré.

No importa si no sabes a dónde vas, tarde o temprano tu brújula hallara el norte de tu propia existencia, sabiendo que lo has creado tú y no alguien más.

“El siguiente” exclamó la guía.

Vamos, puedo y tengo que hacerlo. ¿Te cuento un secreto? Hay veces que un sentimiento de falsa confianza puede ser el mejor empujón hacia el camino correcto.

Oct. 30, 2018, 6:06 p.m. 1 Report Embed 4
The End

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Laura P. Caballero Laura P. Caballero
Creo que todos nos hemos sentido o nos sentimos así alguna vez. Algunos son capaces de convencerse para seguir, desgraciadamente otros no. Me parece que has expresado muy bien un sentimiento común a muchos seres humanos.
Dec. 7, 2018, 1 p.m.
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