Juego de mentes Follow story

u2693328163 Julissa Sánchez Arias

La primera misión de un joven agente recién agregado a las fuerzas de estrategia de la organización Juliana, es comandar un equipo hacia Nicaragua que investigue el posible secuestro del hijo de una pareja de sublevados de la organización. A pesar de tener indicios del porqué la Insurrección se ha hecho del menor, él debe averiguar la razón para la cual utilizarán sus poderes psíquicos y así poder frustrar sus planes. Precuela de Princesa Juliana - Libro 1


Thriller/Mistery All public.

#poderes-psíquicos #organizaciones-secretas #asesinatos #accion
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Introducción

La cena estará lista en menos de diez minutos, justo a tiempo para el momento en que tanto su esposo como su hijo volverán a casa. La mujer sonríe con orgullo al ver esto como una de sus grandes hazañas del día; ser ama de casa no es tarea fácil para ninguna mujer y ella se siente en la cima sólo de saber que ha cumplido con todas las tareas domésticas sin perder ni un solo minuto. Siempre ha referido, que su habilidad se la debe a su cabeza, pues señala que siempre ha pensado que dentro de este órgano, tiene un reloj con una especie de alarma que le indica a qué hora debe hacer cada cosa.

Apaga la cocina cuando las viandas están listas y se apresura hacia la sala para colocar tres sillas frente al televisor. Es sábado, y la vieja y confiable rutina dice que todos los fines de semana a esa misma hora, la familia se debe sentar para disfrutar de alguna película.

Los minutos transcurren mientras ella espera a darles la bienvenida.

7:15 pm «Debieron retrasarse con el entrenamiento».

7:30 pm «Tal vez se entretuvieron al conversar con algún vecino».

7:45 pm «Siempre hay una explicación para todo pero… ¿Por qué no llaman? No, debo tranquilizarme y pensar que todo está bien».

La desesperación se acrecienta a cada segundo. A pesar de los intentos por mantener la mentalidad positiva, no puede evitar que cientos de pensamientos negativos la inunden. Entre todas las posibilidades que se evocan, hay una que aterra todo su ser y hace que le sea dificultoso que el aire entre a sus pulmones.

De pronto, escucha cómo la puerta es abierta de forma brusca. Corre con todas sus fuerzas hacia la entrada principal y se queda sin habla al observar a su esposo en el suelo.

―Cierra la puerta ―pide en voz baja apenas logrando articular las palabras.

―¿Qué te sucedió? ¿Dónde está…?

Su esposo niega con la cabeza, no puede abrir su boca para hablar más y ella, entiende que debe esperar unos minutos para saber de su hijo.

Con gran dificultad, ayuda a su esposo a sostenerse sobre sus pies y poco a poco, lo lleva hasta su habitación para recostarlo en la cama. Ahí, es donde puede vislumbrar con mayor claridad la cantidad de sangre que fluye del costado derecho del hombre, los moretones de su cuerpo y lo sucia de sus ropas, signos de una pelea.

―Creo que debería…

―Ya lo sé. Debajo de la cama, ¿cierto?

El hombre asiente y ella se inclina, levanta un poco la sábana para introducir su mano y buscar a tientas la caja en la cual sabe que su esposo guarda todo lo importante. Cuando encuentra el cofre de tamaño mediano, busca unas gasas y las coloca encima de la contusión mientras presiona con fuerza para detener el sangrado.

―Por favor, ya no lo soporto más ―dice repentinamente mientras afloran las lágrimas que mantuvo guardadas todo este tiempo―. ¿Dónde está nuestro hijo?

Él guarda silencio, sabía que llegaría el momento de contestar esa pregunta pero es demasiado difícil decirlo. Siente que su garganta se parte en dos pero cobra valor y abre su boca para decir:

―Se lo llevaron. Se lo llevó la Insurrección.

Al promulgarlo, siente el dolor de su pecho con más fuerza y le parece que va a reventar su corazón, cuando observa que el rostro de su amada esposa pierde el color y que de un momento a otro, podría desmallarse.

Las manos del hombre tiemblan pero aun así, sujeta las manos de su esposa entre las suyas.

―Te juro que lo traeremos de vuelta. Sé que tu sientes lo mismo y que sabes que… No importa si cobran nuestras vidas como pago con tal de que la organización lo traiga de vuelta y lo mantenga con vida.

La mujer se aferra a su pecho y llorar desconsoladamente. Él, mientras la abraza, sujeta su celular. Ha llegado la hora de hacer una llamada y entregar sus cabezas.

 

 

Oct. 29, 2018, 2:31 a.m. 0 Report Embed 3
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