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salgonmo Salvador Gonzalez

Un retirado anciano que decide habitar el resto de sus días en una cabaña a las afueras de la ciudad, recibe una impactante noticia sobre su salud y estado vital. Al darse cuenta de que podría olvidarlo todo, decide escribirle una última carta a su difunta y amada Elisa para contarle lo que sucede. Él le asegura que su historia no está por terminar, sino que está a punto de comenzar.


Romance Young Adult Romance Not for children under 13.

#drama
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Para elisa

Han pasado 47 años desde la última vez que te vi, y ¿sabes? Te recuerdo como si hubiese sido ayer. Lunes 23 de Abril del 45, sí, 1945… ¿puedes creerlo? Puedo jurarte y apostar a que no creerías en que recuerdo exactamente el color de tu labial, el que usaste aquel día. ¿Lo dudas? Carmín, carmín oscuro para ser exacto. Y como olvidar ese horrible y oloroso perfume de gardenia que tanto te gustaba usar, y tener que fingir que me encantaba, pero vamos, que sabes que a pesar de su espantoso olor, era mi favorito. “Te veré el viernes cariño, espérame para arreglar juntos el jardín”. ¿Recuerdas el día que nos conocimos? Te mataría de risa saber lo nervioso que estaba cuando me animé a hablarte, ¡no fue nada fácil, Elisa! Para mí fue realmente vergonzoso además de incómodo, por mi tan famoso tic nervioso que sé que notaste en mi primer palabra. Y es que, ¿qué persona normal le gusta insistir aunque lo manden a volar más de 10 veces? Claro, es obvio que no me arrepiento, porque desde el primer intento supe que valdría la pena el siguiente. ¿Recuerdas a la enfermera Callaghan? El otro día caminé por el centro de rehabilitación Stanford, y me reconoció al instante. Con una mirada que expresaba alegría y asombro al mismo tiempo se acercó a mí y me saludo - ¡Mateo, que gusto da verte! ¿Cómo te ha ido? - Por supuesto, el maestro en el arte de la falsa sonrisa salió a relucir, como solía hacerlo cuando quería que dejaras de estar molesta conmigo - De maravilla Srita. Callaghan, un gusto saludarle - Le dije con mi sonrisa ya no tan convincente, creo que los años no me ayudaron mucho ésta vez - ¿Para dónde se dirige? - Me preguntó - Voy camino a casa, vengo de recoger una rosa, creo que usted sabe de dónde - Ah, ya veo... - Después un tono de silencio envolvió el ambiente durante cerca de 5 segundos, debo decirte que fue un poco incómodo. Estaba seguro que me invitaría a caminar, y así fue - Voy para ese rumbo, a mi hogar. ¿Me permite llevarle? - Me dijo con esa sonrisa tan peculiar de ella que nos hacía sentir en confianza ¿lo recuerdas? Estoy seguro de que sí. Durante el camino, aprovechó para preguntarme de cosas. Las recuerdo todas y cada una de ellas, pero la más relevante fue la que quiero compartirte ésta noche. - ¿Cuál ha sido el mejor recuerdo que tiene de su vida, Mateo? En una milésima de segundo una voz dulce, suave y aguda resonó en mi mente, como la brisa del viento que reluce entre nuestros oídos cuando sopla: “Si, acepto”. - Enfermera Callaghan, sin duda alguna, la noche de un 13 de Diciembre, en aquella playa, donde le propuse matrimonio a Elisa y ella, sin pensarlo, aceptó. No podría describir la hermosa sensación de haber escuchado aquellas dos palabras simples, pero hermosas. Tan sólo dos palabras hicieron la más increíble e inolvidable noche de todo mi tiempo en este basto y amplio mundo. Y, justo después de haber sido aceptada mi propuesta, juramos al océano luchar contra corriente para construir nuestra historia. ¿Recuerdas qué sucedió después? “Será niña, le llamaremos Lucía, y no se hablará más del tema”, me dijiste con una sonrisa y una lágrima en tu rostro.


Lucía y yo te echamos mucho de menos. Ella es ahora una grandiosa y reconocida arquitecta aquí en Canadá. Está construyendo el primer edificio ecológico cerca del centro, debes estar orgullosa de ella. Yo... pues...  sigo en el mismo lugar de siempre. Elisa, he decidido escribirte esta última carta por una razón. Ésta mañana fui al hospital de Santa Tere. La doctora Stephanie me dió una noticia no muy reconfortante. Se me ha detectado Alzheimer, asi que  comenzaré a olvidarlo todo poco a poco. Por suerte he guardado todas nuestras aventuras en unas cuantas postales. ¿Recuerdas a John, el de la editorial pequeña de Kansas? No tengo idea de cómo se han enterado de lo que ha ocurrido, pero me han pedido compartirles todo, y publicar nuestra historia juntos. Por supuesto, acepté. Comenzarán ésta misma semana y pronto serán publicadas en la ciudad, quien sabe, tal vez lleguen a conocernos de otros países. Quería contártelo porque recuerdo cuando me contaste tu sueño frustrado de ser escritora. Tal vez no es lo que soñaste, pero te aseguro que harás soñar a muchos. Tú más que nadie sabes que no me gustan las despedidas. Recuerdo tu hermosa sonrisa, parece que te tengo enfrente de mí, y que aún puedo acariciarte. Te confieso que aún sigo esperando por ti, para juntos poder terminar de arreglar nuestro jardín, pero supongo que pronto podremos hacerlo juntos, tal vez no desde este mundo.

Con cariño, Mateo. 

                                                                              Ottawa, Canadá. Diciembre de 1992.

Oct. 23, 2018, 5:39 a.m. 1 Report Embed 4
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Karen Conejo Karen Conejo
Excelente, me encantó (,:
Oct. 27, 2018, 10:36 a.m.
~

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