Recuerdos y juguetes rotos Follow story

aethyr Cecilia Marquez

Andrew perdió a sus dos hermanas tras un acontecimiento que no puede recordar. Ethan, su hermano evita hablar del tema. Cansado de no tener respuestas decide volver al inicio de donde comenzó todo, a su antiguo hogar... "¿Quisieron entrar en mi juego? Muy bien, éste es mi juego." Historia corta de tres partes con toques oscuros. No apta para sensibles


Paranormal Not for children under 13.

#adolescente #historia corta #miedo
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Agobio

"Aquella casa en donde yacen los juegos y risas de niños que nos alegran cada momento del día..."


Me encontraba en mi habitación mirando con nostalgia aquella fotografía en donde salíamos mi hermano gemelo Ethan, mis hermanas Amelie, Jess y yo. Trataba de recordar aquel acontecimiento en el que el destino arrebató de nuestro lado a mis hermanas. Intenté levantarme de mi cama aún cansado y con resaca tras la escapada de anoche para celebrar nuestro cumpleaños número 15 en casa de Ágata.

—Andrew, ya levántate hermano no te olvides que tenemos que ir al cementerio —me tiraba la ropa interior en mi cara, pues me gustaba dormir desnudo.

—Déjame solo, si no quieres encontrarte con una gran anaconda —ironicé.

—¿Con que andamos chistosito eh? Que no soy Ágata para hacerte feliz— recogía rápidamente su polerón para abandonarme con la duda.

—¿Qué diantres?— me preguntaba a mi mismo desconcertado tratando de hallar la respuesta que más tarde pude encontrar.

«¡¡Andrew!!»

Escuché de nuevo en mi cabeza aquella voz retumbar con grito y desesperación al colocar mis dos pies en el suelo. Me congelé por un instante, sentí un escalofrío desde mi nuca hasta mis pies al ver mi habitación llena de sangre y observar mis manos ensangrentadas. «¡¡Ayúdame!!». '

—¡Otra vez no! —grité, llevando por acto reflejo mis manos a mi cara por intentar calmar a mi cerebro que me jugó otra mala pasada de nuevo, que tras cinco meses había dejado de ver el color carmesí y de oír aquellas palabras pidiéndome auxilio.

Minutos que fueron eternos en donde no lograba volver a la realidad...

Cuando al fin mi cuerpo pudo articular los músculos, caminé al baño sudoroso y cuando me miré al espejo, mi corazón estaba agitado no permitiendo poder respirar del todo. Mi mayor fue que ví en mi cuello por el costado izquierdo algunos chupones...

—Ay no...— agaché mi cabeza sin lo que estuve imaginando... Ágata más noche de fiesta, igual a... sexo.

Ágata es mi vecina y nuestra mejor amiga. Es una estupenda chica y me gusta. Es de tez blanca y pelo castaño con ojos verdes. Medía alrededor de un metro sesenta, poseía una silueta de envidia para sus compañeras y lo mejor era que destacaba en muchas cosas por ser buena alumna. La conozco desde que habíamos llegado junto a mi hermano cuando teníamos trece años a esta nueva ciudad.

Bajé las escaleras y cerré la puerta principal. Mi hermano junto a mis padres me esperaban en el auto para irnos al fúnebre lugar, 'en donde se pudren las personas hasta reducirse a huesos', al menos ese era mi punto de vista. Odiaba los cementerios.

Ninguno gesticuló palabra alguna en el viaje, todo sobraba en ese trayecto. Al llegar, mi padre sacó del portamaletas unos claveles, rosas rojas y una pequeña muñeca de pelo rojizo de porcelana cuyos ojos eran azules como la noche y con una vestimenta de la edad media, que alguien añoraba demasiado.

Entramos al cementerio, en donde solo oías al viento jugar con la brisa que mecía nuestro pelo, para visitar las tumbas de mis hermanas siendo la mayor, Amelie con 16 años y la menor Jess, que murió a los 6 años, en aquel entonces tenía 13. Mi madre lloraba con pena y con gran tristeza dejó las flores, un ramo a cada la lápida no sin antes dedicarles una palabras para Amelie y Jess. Después le dejó la muñeca preferida de la pequeña sentada, junto a los claveles para que le haga compañía.

"Minutos que no matan ni siquiera el silencio en donde las manecillas del reloj avanzan sin detenerse para los vivos... ¿Crees tú que existe una segunda vida para los muertos?"

Se fueron mis padres y me quedé solo con Ethan observando ambas tumbas, imaginando como podría ser Amelie si hubiera tenido 19 años y Jess 9 años al respecto. Miré a la muñeca estático preguntándome como fallecieron ellas, sentí una punzada directa en mi corazón al ver aquellos ojos azules de ese juguete que penetraron mis pupilas por un momento. 'Algo no anda bien', me perdí en mis propios pensamientos.

—Andrew... ¡Andrew! —alcancé a reaccionar con la cachetada que me dio mi estúpido hermano.

—¿Qué te pasa idiota? —llevé mi mano en mi pómulo derecho totalmente rojo—. ¿No podías ser un poquito más suave? —le reprendía molesto.

—¡Llevas más de 15 minutos observando la muñeca y no me hacías ni puto caso cuando te hablaba! —me miró bastante enojado y con sus manos en mis hombros. Y yo otra vez desconcertado... ¿Qué me había sucedido?

—¡Que vá! —saqué sus manos de encima mío—. ¿Hermano recuerdas como murieron Amelie y Jess?

Observé que Ethan me miró consternado, pues varias veces le pregunté de aquel acontecimiento de hace tres años y en el que su repuesta volvió a ser el silencio del viento que movió su pelo. Agachó la cabeza sin mirarme y emprendió camino para regresar al vehículo.

Se detuvo.

—La respuesta no te la puedo dar, porque tú estuviste ahí cuando pasó esó.

—¿Qué? —pronuncié esas únicas palabras. Traté de procesar lo que dijo.

Por más que intentara recordar, mi cabeza dolía...

«Búscame, encuéntrame y quédate conmigo»

Otra vez aquellas palabras sentí en mi interior como si me susurraban invitándome a no quedarme de brazos cruzados, pero inconscientemente tenía miedo, un pavor del que no sabía si hacer caso.

«No te arrepentirás»

Cuando al fin pude deducir de quien era la voz, mi piel se me erizó por completo... era la de Amelie.

Pasaron unas semanas y la vida había tomando su rumbo normal, mis padres habían regresado a la otra ciudad en donde tenían su fábrica de juguetes para cuidar el trabajo familiar. Ethan como siempre se encerraba en su cuarto para ponerle máximo empeño en sus estudios en sacar el primer lugar de su curso como siempre y ¿yo?, pensando que hacer con la vocecilla que sonaba en mis sesos cada vez con más frecuencia... si sigo así, me volveré loco.

Sentado desde el sofá del living, oí que el timbre sonaba. De verdad no tenía ganas de abrir la puerta, pero insistían. '¿Es que no entienden que no hay gente en casa?'. Mofé molesto y rendido por ver quien se encontraba detrás de la puerta.

—¡Hola mi amor!... —Ágata se lanzó a mis brazos después de que "aquello" pasó en mi cumpleaños.

—¿Ah...? —no pude seguir hablando por el beso que me dió. Era díficil resistirse a sus labios.. pero no me había dado cuenta de que algo estaba creciendo haciéndose notar...

—Mmm... creo que tendré que domar al pequeñín —con su mano me daba suaves palmaditas ahí, me miraba pícara y mordía mi labio superior... me sorprendió esa forma de ser de ella...

Me coloqué rojo como un tomate, ¿desde cuando me tomó tanta confianza esta chica? Por lo visto adivinó lo que pensaba.

—Una cosa es que haya sido siempre ubicada con ustedes a otra muy distinta que no te hayas dado cuenta de me gustas Andrew —se alejó de mí y se sentó en aquel sillón desgastado para observarme tranquilamente.

—¿A qué se debe del honor de esta visita? —evité mirarla por la vergüenza que sentía aún.

—Me preocupa por lo que estás pasando, no aguanto verte así... —suspiró buscando alguna especie de energía para seguir hablando y humedeció sus labios.

—¿Y?

—¿Porqué no obligamos a tu hermano a contarte la verdad? —por fin había soltado aquellas palabras que le costó decirme.

—No es necesario, lo he escuchado todo —Ambos nos giramos sorprendidos y observamos mi hermano Ethan sentado en las escaleras y con un libro como siempre, pero esta vez cerrado.

—¿Desde cuando estás a...?— fue lo único que logré decir.

—Desde que salí de mi encierro por un vaso de agua... —encogió sus hombros—. Primero —arregló sus lentes—, yo no les tengo nada que decir y segundo —se levantó de aquellos tablones para bajar—, no insistan —y se fue a la cocina.

—¿No vas ayudarme? —le pregunté resignado, pero no obtuve respuesta—. Entonces buscaré las respuestas en otro lado —contesté enfadado.

—Vamos Ethan, debe haber algo que podamos hacer para resolver todo esto —replicó Ágata acongojada.

«Te estoy esperando...»

De nuevo la voz de Amelie... '¿Qué quieres de mí?' decía para mí mismo e ignoré la discusión que en ese momento habían iniciado Ágata y Ethan.

«...Vuelve a casa»

Aquellas palabras abrieron mis ojos de par en par y sin pensarlo les dí la espalda a ambos decidido a acabar con todo esto.

—¡Andrew! ¡Andrew! ¿Adónde vas? —les oí gritar a ellos corriendo detrás de mí con la interrogante de saber adonde me dirigía.

Me detuve.

—A nuestra antigua casa en el campo —y reanudé mi marcha.

—¡¿Estas loco?! —chilló mi hermano intentando detenerme—. ¡No tienes ni la menor idea de lo que haces! —aquellas palabras las decía con seguridad. Mi instinto no me falló que me ha estado ocultando algo.

—¡¿Entonces?! —le interrogué desafiante—. ¡No me dejas otra opción! —escupí cansado de escuchar siempre lo mismo por saber de la muerte de mis hermanas.

Tener mi mente bloqueada en relación a Amelie y Jess, era un suplicio. Siempre me han dicho que fue un trauma demasiado grande por lo que pasé pero eso no me deja tranquilo. Estuve con muchas personas especialistas en psicología para poder tener una vida normal... pero esto estaba rebasando mis límites. ¡NECESITABA RESPUESTAS!

¿Acaso Amelie estaba viva o toda era producto de mi imaginación? Pero parecía muy real... Aquella voz pidiéndome ayuda, verme manchado de sangre, la muñeca con aquellos ojos azules [...], sentimientos de confusión que atravesaban mi corazón en un mar de dudas...

—Está bien te acompaño —oí a Ethan decirlo rendido.

—Y yo también voy —dijo decidida Ágata.

Debí darme cuenta que fue mi peor error en ese momento que pude elegir. La rueda del destino, había girado hacia atrás...


"Nadie tiene su vida comprada, ni tu putrefacto dinero puede darte tal privilegio"...



Sept. 15, 2015, 7:45 p.m. 0 Report Embed 0
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