Sergio. Con los Ojos del Asesino... Follow story

white Jeffry Blanco

Una historia de amor un poco inusual y la oportunidad de entender el mundo desde la óptica de un asesino...


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Sergio. Con los Ojos del Asesino...

Dos semanas después...

No creí que estuviera pasando.

En ese momento mi cuerpo se puso frío, casi era un témpano de hielo en el espacio vacío. El líquido me recorría y mi mente poco a poco se volvía más y más dispersa. De pronto solo me desvanecí, cual ave alejándose del río con un rumbo bien definido, pero yo no lo tenía, en cambio mi mente saltaba de rama en rama como una ardilla. Creo que mis manos estaban húmedas, mi cuerpo sudoroso y ella fría. No entiendo por qué el frío de su piel no era como el frío de mi piel, inexplicablemente eran fríos distintos, como si el frío de su piel clamara por algo, era un frío que buscaba; buscaba entre el universo un aliento, buscaba despertar; en cambio, el frío de mi piel despedía algo. No entiendo por qué, pero parecía como si de mi piel saliera un llanto mezclado con una mugre. Algo nacido de un terror al porvenir.

Antes siempre pensé que mis brazos no eran lo suficiente fuertes, pensé en un tiempo que mis ojos guardaban una cierta debilidad hacia la oscuridad...pero no es así. La bestia que nació en mí no conoce más que el rugido de un corazón que raspando con su sonido rasguña cuantas piedras y árboles se interpongan en su camino. El animal creció como la voz del niño y al atardecer el hombre cargaba con una bestia dentro de sus manos.

De nuevo mi cuerpo comenzó a tener esta sensación, mis venas retumbaron dando saltos como un animal salvaje enjaulado y mis pensamientos gemían por un espacio para huir. Era el momento, volvía. De pronto mis ojos tomaron ese color negruzco y mi cuerpo empalideció, sentía como los huesos se estiraban dentro mío y la forma en que de manera progresiva me transformaba en aquella bestia. Era el momento, volvía. Era la madre tierra reclamando a uno de sus hijos amados que viviera según su voluntad. Era una emancipación del alma y un caminar hacia las puertas estelares que se esconden en el vacío más recóndito de la mente. Justo en ese momento sentí como de mi garganta se perpetraba algo aterrador.

No conozco a un ser más terrorífico que yo. Quisiera huir de mí, pero me atrapé. Cual árbol que enreda sus raíces para no permitirse escapar de la tierra. Soy el niño que se desvaneció en una habitación dentro de los brazos de lo que debió ser un amor de agosto.

...

La primera vez que lo vi estaba en el colegio con su hermana, tenía escasos 16 años, tal vez menos o tal vez más. Su hermana tenía el pelo café, era una larga e inmutable cascada. Era baja y su piel blanca deslumbraba a casi todos los hombres.

Conocí al amor de mi vida, como muchos, en un mes frío.

...

Sergio salió del cuarto de Marina a las 5:26 p.m., cuando aún estaba lloviendo. Salió con su masculina y característica seriedad, se puso sus audífonos y tomó el autobús. Su casa era en un lugar montañoso así que caminando a ella se empapó. Cuando llegó a su casa defecó y luego se bañó. El agua era cálida y su cena, aunque simple, fue deliciosa. Me atrevo a decir que esa noche descansó como hace dos semanas atrás no lo hacía.

Al despertar me sentía sublime, mágico. Tantas maneras pude haber encontrado para describir ese momento. Era una estrella trastocando el mar, como si pudiera observar trabajar la mano de un ser más allá de mi imaginación y de mi entendimiento. Pero no era eso, era algo más básico y más simple, era realmente la mano de algún dios humanizándose... volviéndose mía y entregándome la potestad de manipular el universo a mi antojo... no podía sentir miedo, o al menos no debía.

Hoy no fui al colegio, de igual forma ya no importa porque pienso dejar todo.

...

Un Hada sin Alas...

Cuando llegó ella a mi vida no tenía grandes expectativas ni me visualizaba con una mujer, realmente yo apenas iba asentando mi vida. Recién había terminado la universidad, llevaba cuatro meses de haber salido y apenas tenía un mes de estar trabajando, por suerte en casa tengo todo lo necesario para vivir ya que vivo con mis padres. Su personalidad era extraña y algo cohibida, una mujer delgada, de piel trigueña y con el pelo por los hombros. La primera vez que salimos se veía majestuosa. Sin maquillaje, con el cabello detrás de las orejas y un vestido blanco que rozaba por arriba sus rodillas. Era un hada sin alas. En ese momento me enamoré. Con el tiempo me di cuenta que me encantaba su sonrisa. Era una mujer bastante alegre cuando la conocías más a fondo. Yo no era el mejor bailando pero ella sí y hacía mi mayor esfuerzo simplemente para poder lucir a esa mujer que como cascada de diamantes resaltaba por su impresionante e inusual belleza.

...

Había sido una tarde relativamente tranquila, pero es un pueblo pequeño y usualmente las tardes son tranquilas. Hice mi ronda y no ocurrió nada fuera de lo común. A las 7:43 p.m. sonó el teléfono. La chica al otro lado sonaba muy agitada, en definitiva era una situación bastante seria, supe de inmediato que lloraba, intenté tranquilizarla y le pedí que hablara más claro, pero ella solo susurraba. Al momento de yo contestar no me permitió decir una palabra y de inmediato dijo "Es un tipo grande y mi marido no está en casa", durante toda la llamada intentaba decir algo desesperadamente y no me prestaba atención. Nunca antes había atendido una llamada de esta magnitud, pero mantuve toda mi serenidad, intenté hablarle y le pedí sus datos para enviar ayuda, de verdad sabía que ella dependía de mí, pero no decía nada claro, entre llantos y sollozos intentó decirme algo, pero después de un estruendo la llamada se cortó.

Sentí caer las gotas. Caminaban como pequeños duendes carmesí por todo su cuerpo. Bajaron desde su frente hasta sus labios. La sostuve en mis manos, era como si flotara, su cuerpo no se regía bajo ninguna ley de la física o de nuestra realidad. Los duendes invadieron mis guantes, pequeñas hormigas de un color rojo encendido me recorrían poco a poco y con gran elegancia. Bajaban desde su cuello, por sus pechos desnudos y sus muslos fuertes, hasta sus talones y luego caían las gotas formando un lago en el cual su alma nadaba eternamente. Era libre. Yo la liberé. Estaba cansado. Solté su cuerpo, pero no calló de golpe, mariposas doradas la mantenían flotando y con delicadeza hicieron bajar su cuerpo hasta el bello piso de madera. Vi como de su cuerpo salían raíces que cruzaban la madera del piso y llegaban hasta la tierra, tocaban el corazón mismo del planeta y vi como en su pecho una pequeña flor nació. La pequeña flor era morada y su centro era blanco.

...

Usualmente salía de la oficina a las 8:00 p.m. y llegaba a casa cerca de las 9:30 p.m. por el tráfico, estábamos planeando tener un hijo, ella quería un varón. Ése día quise salir antes para darle una sorpresa. Me detuve a comprarle una flor, no le gustan los ramos porque piensa que son pomposos, pero sí sabía admirar una bella flor, como todos los grandes seres humanos. A las 8:36 p.m., en una noche hermosa, con el cielo despejado y el sonido apacible de los grillos, él sostenía en sus regazos la cabeza de su esposa mientras llamaba a la policía. No quería mirarla pero era imposible quitar la vista de aquella escena. Su ropa arrancada yacía al otro lado de la habitación y en su cuello había unas brutales marcas. Clavó los dedos en su presa.

...

No todos...

Era un domingo, bello día; el cielo despejado, los césped verdes en las casas, los jardines con muchas flores y una brisa fresca constante. La mayoría de niños del pequeño pueblo jugaban en el parque. Pero no todos. Había un niño que huía en la casa de la familia Jade, o más bien, se escondía.

Vi que tomó un paquete de cervezas, sé muy bien lo que eso significa. Corrí a mi cuarto y me encerré en el armario. Mi cuarto tenía una ventana y por debajo de la puerta del armario entraba la luz de la ventana. Los domingos que Raúl está en casa debo ser fuerte, yo no le agrado, y cuando bebe se molesta conmigo. Dice que debe enseñarme a ser un hombre de verdad porque Xinia jamás lo hará. No puedo contar la cantidad de veces que me ha golpeado... La verdad es que no le temo a él, pero dentro suyo hay un ser más grande y peligroso, sus golpizas son fuertes, pero sé que si no me golpea hasta cansarse golpeará a mamá... Me escondo y lloro en el armario alrededor de 5 minutos para tomar fuerzas...es que no puedo llorar frente a él. Necesito ayuda, no puedo solo.

Los lunes se va muy temprano. Mamá llora mucho en su cuarto. Raúl tiene otra familia, estoy seguro que en esa también bebe y los golpea. Quiero huir con ella pero no puedo. Quiero gritar pero no puedo. Quiero llorar pero no puedo. Quiero ser feliz pero no puedo. Es un círculo del cual no podemos salir todos...debo salir solo y así tal vez la salve.

Hace casi tres años Raúl no volvió a beber. En la casa existe una tensión extraña ya que él solo viene a veces para tener sexo con mi madre. Ahora la trata mejor y ya no hay golpes.

Para ese entonces Sergio tenía 17 años, era un muchacho serio y atractivo, medía 1,87 y pesaba alrededor de 95 kilos de pura masa muscular, era un chico espectacular a la vista, muy parecido a su difunto padre. Trabajaba los fines de semana con un amigo en construcciones. Su pobre sueldo lo usaba para embriagarse con sus amigos entre semana después del colegio.

Pero Sergio guarda un secreto...

Dos semanas antes de que Sergio entrara al cuarto de Marina llegó un poco ebrio a su casa un sábado después de trabajar.

Raúl desde el sillón le dijo -Esa no es forma de llegar a tu casa-.

Sergio siguió caminando hacia su cuarto y dijo –Yo veré como llego a mi casa-.

Raúl se levantó del sillón, entró al cuarto de Sergio azotando la puerta y dijo –No olvides muchacho que yo soy el hombre de esta casa. Soy tu padre. Además, soy el dueño y los puedo tirar a la calle cuando quiera-.

Sergio, fingiendo que revisaba algo en su mochila para darle la espalda, respondió -No eres mi padre...- a lo que Raúl respondió – Cierto, tu papá está muerto por ser un poco hombre- Sergio se dio vuelta y le dio un golpe en la cara, tomó su mochila, y, mientras Raúl desde el suelo se limpiaba la sangre de la cara y le gritaba cosas, él se fue.

...

Con su rostro casi desfigurado y con varios huesos rotos, lloraba silenciosamente mientras sentía como lo penetraba.

El enorme muchacho sabía que Raúl salía a fumar un cigarro entre las 11 p.m. y media noche. Lo esperó y a unos metros de la casa lo noqueó de un golpe con un tubo mientras su madre dormía. Echó a su hombro al hombre noqueado y lo llevó a un viejo establo en uno de los cercanos lotes abandonados, era un lugar montañoso y muy solitario en el cual vivían. No se molestó en atarlo, en cambio, le dio varios puñetazos con tal fuerza que su mandíbula se desfiguró y ya no podía hablar con facilidad. Luego tomó de nuevo el tubo y le golpeó el cuerpo quebrándole varias costillas. Después de varios tubazos, cuando Raúl ya ni siquiera hacía intento por moverse para evitar los golpes, le quitó el pantalón y lo penetró, primero con su miembro y luego con el tubo...al terminar lo siguió golpeando con el tubo hasta matarlo. Fue a casa en silencio por una pala, se dirigió hasta donde estaba el cuerpo y lo enterró. Luego de eso volvió a casa y durmió satisfecho por primera vez desde hace muchos años.

...

Interconexión...

No vi nunca a un hombre tan hermoso. Tenía el pelo corto y negro, era delgado y no muy alto. Guardaba en sus gestos cierta amabilidad de esa que no se imita, es una cualidad nata en muy pocas personas. Parecía un tipo muy común y aunque intentaba negarme a la idea, sabía que mi corazón palpitaba más fuerte cuando él estaba cerca. La primera vez que hablé con él fue por su hermana, siempre supe que ella sería el enlace para acercarme a él.

Me doy asco. El miedo domina mis músculos, mis articulaciones no responden a mis órdenes. Mi cerebro actúa por su propia cuenta, siento que alguien vive en mí. Quiero que alguien me rescate pero siento que nadie me escucha. Últimamente comienzo a pensar que los seres humanos tenemos una conexión que va más allá de lo que imaginamos. Es algo que es parte de la naturaleza y que nadie más ve. Me di cuenta que la interconexión en un grupo de seres humanos permite que estos absorban el género de los otros para reafirmar su género, realizando un "cambio" de características entre los mismos, es decir, un hombre absorbe características de socialización las cuales lo hacen sentirse más hombre, sin ser este su deseo, simplemente porque sus patrones de convivencia para procurar su supervivencia así se lo imponen; sin embargo, el individuo paga un precio por esta adhesión de características el cual consiste en dar a la persona de la cual tomó las características otras características las cuales son un contrapunto de las que tomó. Son un contrapunto de las que tomó ya que ahora en su cerebro el ideal de individuo hacia el cual se dirige se aleja más de estas características que por ende se vuelven despreciables. Me di cuenta de esto en él ya que su feminidad y pureza de alma es hurtada por las mujeres que lo rodean, intercambian su feminidad por una hombría que él no desea. Sé que no me ama porque ellas roban su esencia pura, si no se la robaran él me amaría.

...

Marina sonreía de manera muy tierna. Le daba risa mi forma de hablar, decía que hablo muy despacio. No lo había notado hasta que ella me lo dijo. No me interesaba ella. Yo sabía bien quién me interesaba, pero no me gustaba esa idea, me era chocante, me daba asco yo mismo por pensar eso así que quería sentir algo por Marina. Me invitó a su casa. Comenzó a besarme, pero no pude. No pude tener una erección, ella me dijo que no importaba, sin embargo, yo sabía lo que sucedía. Ella, sus caricias y sus besos no me excitaban. Mi cuerpo no se sentía mal, por fin descubrí que eso no era para mí, esa era la prueba. No me molesté, estaba feliz por mi "descubrimiento", aunque realmente fue algo que siempre supe. La situación era que ahora nadie más debía saberlo. Esa fue mi primera motivación, la segunda fue que por dentro sabía la manera por la cual ella se interponía entre mis planes. Me dolió más a mí que a ella porque me agradaba, era una dulce chica. La sujeté del cuello y la estrangulé con toda mi fuerza, mis dedos rompieron su piel y lentamente se puso fría mientras que sus ojos parecían que se iban a salir de sus órbitas. Limpié de su cuarto cualquier posible señal que me conectara con el crimen y luego me fui tranquilamente.

Me fui lejos después de esto, sin perder de vista mi objetivo. Viví casi como un indigente por un tiempo, había días buenos y otros malos. Pero lo importante es que nadie me descubrió. Procuré no dejar pistas en la casa de Marina y además dejé una carta para mi madre donde Raúl le decía que él y yo nos habíamos ido por un tiempo a trabajar lejos.

...

Era de noche y empezó a llover, de pronto rápidamente la lluvia comenzó a aumentar, corríamos, las bolsas no nos cubrían totalmente y parecía que iba a llover por bastante rato y cada vez con mayor fuerza. Todos buscábamos un lugar para protegernos de la lluvia como debajo de algún puente o algo parecido. Encontré en un callejón un pequeño espacio techado donde el agua no me llegaba si me mantenía de pie. Me puse a ver el agua caer, me absorbió su sonido, los truenos que sobresalían en la oscuridad de la noche. Y de pronto en mi mente cada gota se convirtió en sangre, era demasiada, ahogaba. Todo estaba empapado en sangre, sentí pavor y comencé a huir, tenía que escapar o iba a morir ahogado en aquel aguacero de sangre, me tropecé y caí empapándome. Me di cuenta que no era mi sangre. Era la sangre de antiguos dioses caídos. Y en mi espalda el peso de templos abandonados por la falta de fe de los hombres. Me di cuenta que no podía abandonar mi misión en la tierra y dejar que él, mi otra mitad, fuera cambiado por las mujeres que lo rodeaban. Le debía mostrar a los dioses mi valor.

...

El día que todo acabó...

Me estaban cazando. No necesité que el sargento de policía me lo dijera. Con el brutal asesinato de mi hermana y ahora el asesinato de mi esposa supe que se trataba de mí, yo tenía la culpa, yo cargaba la culpa y ahora yo debía lavarme la culpa... Quiero su muerte, no quiero justicia, quiero venganza, necesito venganza.

Ya no logro conciliar el sueño. Ya no siento nada más que frustración conmigo mismo y una enorme impotencia. Mi trabajo pende de un hilo por mi inestabilidad. Ya no me queda nada. Perdí el cielo que cubría nuestro amor. Perdí mi alma, miro los charcos y los espejos y ya no me puedo ver. Ya no me queda nada. No siento más que el dolor de mi soledad, no siento nada más que la frustración de saber que ya no me queda nada. Mi cuerpo me implora por un suicidio que termine con esta tortura y no lo culpo, incluso mi pecho se siente apretujado con la inmensa soledad la cual lo llena. Mi fin es inminente, solo pido al tiempo la oportunidad de responder a las almas a las que les debo un último acto de amor.

...

Comencé a recabar pistas y caminando en los alrededores de mi casa observé un grupo de arbustos desde donde se observaba tanto mi habitación como la habitación de al lado a la mía, aunque esta segunda con mayor dificultad. Recordé que cuando escuché la grabación de la llamada en el departamento de policía, para reconocer si era la voz de mi esposa, ella enfatizó en definir al hombre como un tipo grande y asumí que a un hombre así no le sería tan difícil espiar desde ese lugar.

Compré un hacha, una enorme maleta, un maniquí y un juego nuevo de cuchillos. En la tienda eché todo dentro de la maleta, incluso el maniquí desarmado, y cuando entré a mi casa dejé la maleta cerca del baño; sentía que me espiaban en todo momento así que esperé hasta la noche para armar el maniquí en el baño. Por dos meses puse el maniquí donde yo dormía desde las 8:30 p.m. hasta las 3:30 a.m. del día siguiente, era muy puntual porque deseaba hacerlo creer que me había vuelto un frenético con los horarios. Y después, esperé en la oscuridad de la habitación de al lado, vigilándolo mientras él acosaba el maniquí que había en mi habitación.

...

La gris y nublada noche de un 5 de octubre sus extremidades nadaban en la sangre proveniente de su cuerpo. En un cuarto de paredes pintadas de blanco por el asesinato de una esposa amorosa hace dos meses atrás yacía sobre el mismo piso de madera el cuerpo de un hombre mutilado. La luz de la ventana abierta era lo único que permitía distinguir los pedazos esparcidos de él por la habitación.

Estaba sudando frío, mi cuerpo temblaba, jamás en mi vida me sentí así, me escondí entre las sombras de un ropero que había en mi habitación. Con el hacha, de un solo tajo, le corté el antebrazo cuando se acercó a mi cama, berreó como un becerro cuando lo van a matar. Aproveché que después del corte calló arrodillado en el piso lamentando la pérdida de su brazo. Lo golpeé con la empuñadura del hacha con tal fuerza que se desplomó en el piso y allí, después de varios golpes con la empuñadura en el rostro, me dediqué a cortarle las piernas con el hacha, se retorcía y gritaba, ocupé varios intentos con la primera pierna, pero la segunda se la retiré de un solo corte. Le golpeé el rostro con la empuñadura y, cuando me aseguré de haberle arrancado los dientes, le desprendí con mis manos y con ayuda de un puñal la lengua. Había sangre por todo el cuarto, aún se retorcía y hacía un intento por gritar por el incesante dolor, pero cada vez iba disminuyendo su esfuerzo.

En ese momento una calidez volvió a mi ser, tremulante, como la brisa de un abril que jamás acaba. Mis ojos se transformaron en una cascada de lágrimas, era incapaz de detener el llanto. Mi cuerpo dejó de ser mío y caí de rodillas en una habitación que de pronto se inundó en la oscuridad de un hijo el cual jamás nació. Una luz entre blanca y dorada relució entre la colosal oscuridad y de pronto, después de un lapso de paz, su abrazo cálido me intoxicó. Sentí sus finas manos envolverme en un abrazo que me restauró la vida, pero al abrir los ojos todo seguía igual. Lloré, grité y lloré tanto en tan pocos segundos que mi cuerpo no soportó ni siquiera permanecer de rodillas. Intenté ponerme de pie, pero me desplomé hacia el único lugar de la habitación que no tenía el piso cubierto de sangre. Mis lágrimas lentamente se volvieron cálidas. Me puse de pie y fui a la cocina sabiendo que a los ojos de una luna gris de octubre di una última prueba de amor a mi esposa y a mi hermana. Tomé un cuchillo, me dirigí hasta el jardín y sentado en el pórtico, y con la fuerza de alguien que actúa por amor, me abrí las venas, primero las del brazo izquierdo y luego las del derecho.

...

Al quinto día me percaté que era un maniquí. Llevaba años estudiando el comportamiento de Alphonse como para que pudiera engañarme con tal facilidad. Ahí fue cuando entendí, el precio de mis deseos era mucho más alto de lo que yo creía. Si deseaba restaurarle su hombría debía sacrificar mi vida en un último acto de amor.

Mientras de su cuerpo escapaban los últimos alientos de vida observó con placer como su asesino era el hombre al que le dedicó su vida.

Sergio murió alegre la noche de un 5 de octubre porque supo que pudo restaurar en su amado la hombría que le habían hurtado.

...

Oct. 17, 2018, 6:13 p.m. 0 Report Embed 1
The End

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