Perdición © Follow story

lydmacan Lyd Macan

Un año después de presenciar la muerte de su padre, Alyssa solo quiere volver a sonreír. Cuando Alyssa descubre ser la hija de la diosa Atenea, su vida da un vuelco por completo. Lo que empezó como un viaje de vacaciones con su mejor amiga, se convierte en una lucha por sobrevivir. Una fuerza oscura atenta contra ella, y Alyssa deberá decidir en quien confiar. Un paso en falso será su Perdición.



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Prólogo

Hoy comienza mi último semestre en la universidad, este es mi último año y estoy muy contenta por eso. Papá ha decidido acompañarme para desearme suerte. Vamos por una carretera por la cual no pasa nadie, el viaje se desarrolla tranquilo, entre risas y anécdotas; pero de pronto aparece un coche detrás de nosotros, miro a papá que me dice que no me preocupe, pero cada vez se están acercando más y tengo un mal presentimiento. Decido, por si acaso, coger mi arma, que está debajo de mi asiento. Papá me mira con el ceño fruncido por lo que la guardo en mi bota, sabiendo que en la otra llevo una navaja. No está contento con sus guardaespaldas, ellos me enseñaron a defenderme y también algunos de los mejores luchadores, soy letal. Pero nunca se lo he podido enseñar a mi padre, aunque en el fondo sé que se alegra de que me sepa defender cuando sea necesario. Guardamos silencio unos minutos y el coche que nos sigue dispara contra las ruedas traseras. Mi padre intenta evitar que acierten mientras hace zigzag, pero nos las pinchan. Papá pierde el control del coche y acaba derrapando en la carretera. Cuando consigue parar el coche se queda de lado y el coche de los perseguidores se para a unos metros de nosotros y se bajan siete matones. Papá me ordena que me quede en el coche y que no salga, pero en cuanto sale lo imito. Esos tipos se miran entre sí y me miran confundidos. El único que va encapuchado les dice algo y ahora nos miran sonriendo. Me doy cuenta de que quieren matar a mi padre y por consiguiente a mí, para no dejar cabos sueltos. De pronto, oigo un disparo, me giro velozmente hacia mi padre y veo como cae al suelo con una herida en el estómago.

­­­­—¡Papá, no! —grito asustada. Caigo a su lado moviendo las manos, nerviosa—. Te voy a proteger pero tienes que aguantar, por favor.

—Shh, tranquila —dice mientras se recuesta sobre el coche y me sujeta las manos— no podrás con ellos, huye mientras puedas, pequeña.

—Papá, soy letal con la lucha —afirmo mientras le tapono la herida para cortar la hemorragia y oigo como se ríen los matones—, y esos bastardos van a pagar haber interrumpido nuestro día especial.

—Ten cuidado, por favor —pone su mano sobre la mía y tapona la herida con mi chaqueta—, son peligrosos y no dudaran en matarte.

—Lo tendré, mientras procura no moverte. —Me levanto al oír a los tipos acercarse— y no voy a dejar que te pase nada, sea como sea lo conseguiré, no tendré miedo.

—Vaya, vaya, la niñita se ha quedado sola, ¿quién la protegerá ahora? —dice riendo uno de los matones al acercarse unos pasos.

—No hace falta que nadie me proteja. Me puedo defender sola de unos imbéciles como vosotros y vais a pagar lo que le hicisteis a…

—Hija… —susurra mi padre, interrumpiéndome.

Me giro hacia él y veo que la herida está peor, escupe sangre por la boca y está muy pálido. Me siento impotente porque no sé cómo puedo ayudarlo sin luchar con estos tipos y perder el tiempo con ellos. De repente, me acuerdo que en el coche hay instalada una opción de emergencia, lo malo es que puedo morir cuando la active. Pero en ese momento los servicios de mi padre nos encontrarían y le salvaría la vida…

—Cuidado hija y… te qui... e… ro mucho, mi niña…

—No hables papá, estás muy débil —le doy un beso y me alejo.

Me encaro a los matones y los miro temblando de rabia y furia. Los odio por todo el daño que están causando, tanto que me voy a encargar de que paguen muy caro, aunque me cueste la vida.

—Uy, la niña se mosquea, qué miedo —dice riéndose el encapuchado.

—Deberías tenerlo porque te voy a aplastar como a un gusano, que es lo que eres —digo con rabia.

—Eso ya lo veremos, niñata.

Cierro los ojos para tranquilizar mi respiración, que se ha vuelto muy agitada por los nervios y el miedo que siento de que algo le ocurra a mi padre. Ya perdí a mi madre hace muchos años, no permitiré que me arrebaten a nadie más de mi familia. Los abro y veo como uno de los matones viene hacia mí.

Corro hacia él, salto y lo lanzo al suelo de una patada. Me agacho para esquivar su golpe y lo tiro al suelo al golpearle en los pies.

—Cuando dije que soy letal peleando no lo decía por fardar —murmuro.

Me lanzo contra el que se está acercando y le pateo la cabeza, pero de pronto me rodean cuatro de los matones, y uno de ellos se encamina hacia mi padre que está apoyado en el coche. No puedo permitir que le hagan más daño a mi padre. Los miro desafiantes, antes muerta que dejar que se acerquen. Giro sobre mí misma y rápidamente saco de mi bota la navaja y se la lanzo al que en ese momento está enfrente de mí, clavándosela en su estómago. Cae hacia atrás, con un aullido de dolor.

La tensión crece en mi interior por momentos. Se lanzan dos de ellos a por mí. Peleo como un demonio contra ellos, doy muchos puñetazos y patadas. Lo bueno es que están tan cerca que no es mucho esfuerzo. Recibo varios golpes que me dejan muchos moratones y seguramente alguna que otra fractura, pero me daba igual. La vida de mi padre está encima de cualquier cosa.

De pronto, algo ocurre. Veo todo a cámara lenta. Me muevo más rápido que ellos. Golpeo a los tíos y me los saco de encima, después corro hacia el tío que está llegando a mi padre. Salto sobre él, dándole una patada en la espalda que lo lanza al suelo. Saco la pistola de mi otra bota, (acabo de recordar que la tenía ahí), le apunto y tras dedicarle una fría mirada acabo con su vida. Mi cuerpo está cansado y dolorido, sé que no aguantaré mucho, por lo que voy a aprovechar las energías que me quedan para librarme de estos tipos y poner a salvo a mi padre, que cada vez está más pálido.

Apunto hacia los otros, pero el encapuchado le da una patada a mi mano y lanza lejos la pistola. Noto como a través de la máscara sonríe, eso me enfurece tanto que le doy un puñetazo; pero lo miro y es como si el tiempo se parara, esa mirada, me recuerda a alguien. De pronto, algo impacta en mi pecho y caigo al suelo, el enmascarado me mira un segundo y luego hace una seña a los otros dos para que se marchen con él.

—¡Maldita sea! —exclamo, cabreada.

Me levanto con mucho esfuerzo, miro a mi padre y veo que tiene los ojos cerrados. Cierro las manos en puños, ya es hora de acabar con esto. Siento una ola de poder recorrerme. Cierro los ojos y al abrirlos todos los matones sueltan una exclamación de sorpresa y miedo. No me importa. Miro mi mano y descubro una bola de luz, sorprendida y sin pensar en lo que estoy haciendo se la lanzo, pero consiguen esquivarla a tiempo.

Sin perder tiempo corren hacia mí. Sé que contra todos ellos no tendré la menor oportunidad, o tal vez sí, pero llevo luchando ya mucho rato y aunque no estoy muy cansada, mejor no tentar a la suerte. Corro hacia el coche, tumbo a mi padre en el suelo rápido y me monto en el coche. Tomo aire y arranco. Los matones se suben en su coche para perseguirme, lo que ellos no saben es que yo no pienso huir.

Mi padre me pide que no lo haga, que no merece la pena que muera por él. No le hago caso y echo el coche hacia atrás, me alejo de él con los matones detrás de mí. Giro el coche, derrapando. Las ruedas traseras están pinchadas, lo que no ayuda mucho ya que dificulta la maniobra, sin embargo, acelero y me dirijo frontalmente hacia el coche que me sigue.

Le doy al botón de emergencia, que tiene un temporizador, y acelero. Tengo diez segundos para estrellar el coche y saltar de él. ¿Lo conseguiré? Tal vez no o tal vez sí, no lo sé ni me importa. Miro el temporizador, tengo solo cinco segundos para saltar del coche. Me cuesta trabajo respirar, la herida del hombro sangra mucho y cada vez estoy más cansada. Cuatro segundos, abro la puerta y me tiro del coche. Aterrizo en el suelo rodando, me clavo muchas piedrecillas pero no me importa. Unos segundos después mi coche choca contra el otro y se produce una explosión, me encojo y me tapo la cabeza con las manos para protegerme.

Dejo pasar unos minutos, luego miro a mi alrededor: dos coches en llamas y un hombre tirado en el suelo sangrando. Corro hacia mi padre, bueno más bien me arrastro porque correr no puedo, me siento y pongo su cabeza en mi regazo. Él me mira sorprendido pero sonríe cansado. Noto que papá está cada vez más débil, no sé qué hacer para ayudarle. En ese momento, abre los ojos y me mira, su mirada parece cansada. Me sonríe dulcemente y balbuceando trata de decirme algo:

—Estoy… orgullo… so, te quie… ro —susurra con dificultad.

—Tranquilo papá, no hables estás muy débil —le digo para calmarlo.

—Sé feliz… peque… ña —dice en un susurro apenas audible.

—¡No, Eric! No te vas a morir, por favor aguanta. La ambulancia no tardará en llegar —le pido entre sollozos.

Él me aprieta la mano y me sonríe, niega con la cabeza y murmura:

—Te quiero, cuídate hija mía…

Tras decir eso cierra los ojos y exhala un último suspiro. Un escalofrío recorre mi cuerpo e inmediatamente rompo a llorar. He sido incapaz de salvarle. Toso y escupo sangre, la herida está cada vez peor pero ya me importa poco, he perdido a la única persona por la que he luchado. Nunca olvidaré la imagen de su cuerpo inerte sobre mis brazos, es algo que por duro que sea no podré sacar de mi cabeza ni de mi corazón. En ese momento aparecen los equipos de emergencia y los escoltas de mi padre, pero ya es demasiado tarde, no han llegado lo suficientemente rápido para salvarle.

Cuando los oficiales salen de sus coches se quedan asombrados por la insólita escena que tiene delante: hay dos coches ardiendo y cuatro cuerpos, con evidentes signos de violencia, quemados cerca de los coches y el cuerpo de un cuarto fallecido que yace entre los brazos de una joven, que tiene una herida de la que emana mucha sangre.

Aquellos hombres quieren separarme del cuerpo, me muestro muy reacia a hacerlo, pues le he prometido no separarme de él bajo ninguna circunstancia hasta que esté a salvo. Un policía se acerca despacio a mí por la espalda, pero lo oigo y me giro lo más rápido posible. Le intento dar un puñetazo, pero él lo esquiva con facilidad y me agarra la mano.

Me zafo con esfuerzo de él y me giro hacia donde está el cuerpo de mi padre, pero ya no está. Unos hombres lo están metiendo en un coche tapado, todo ha sido una maniobra de distracción para alejarlo de mí. Intento ir hacia ellos para que no se lo lleven pero Tomas me sujeta. Lo miro sin saber quién es ni qué hace aquí. Luego miro hacia donde está mi padre con la mirada perdida, conmocionada.

Mientras, Tommy intenta hacerme reaccionar y sacarme de mi estado de shock. Los médicos aprovechan para inyectarme un calmante y así poder ver como de grave es mi herida. Yo no salgo de mi estado de shock, he matado a cuatro personas, no es algo que haga todos los días. Sin embargo, no siento pena ni nada, se han llevado lo que se merecen por llevarse la vida de mi padre. Voy a decirle algo a Tommy pero, de pronto, todo se pone negro y pierdo el conocimiento.

Oct. 3, 2018, 5:57 p.m. 2 Report Embed 3
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George Little George Little
Una de las escritoras de nivel 9.5 que escribe magníficamente, con mucho talento. Felicidades.
Oct. 15, 2018, 9:58 p.m.

  • Lyd Macan Lyd Macan
    Muchas gracias, George. No sabía que también estabas en esta plataforma Oct. 21, 2018, 6:01 a.m.
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