Vuelta a los 17 Follow story

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La vida de Axel Russell, un desempleado de 30 años, toma un rumbo inesperado cuando, de la noche a la mañana, se despierta con la apariencia de un chico de 17 años. Axel, deberá superar las múltiples dificultades de su nueva vida como adolescente; desde su vuelta a la secundaria, hasta las fiestas salvajes, los amigos, o puede que incluso hasta el primer amor.


Romance All public.

#instituto #fiesta #amorimposible #romance #HUMOR #adolescente
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EL PRINCIPIO DEL FIN.

Me desperté desnudo. Y solo.

Lo primero que pensé fue: «Cuarenta y un días para cumplir los treinta».

Lo segundo que pensé fue: «Algo va mal».

Abrí los ojos y me incorporé muy rápido, con el corazón martilleándome de pánico en el pecho. ¿Dónde demonios estaba? Cama estrecha, ventanas cuadradas, cortinas de color azul y paredes empapeladas con fotografías de estrellas de rock.

Joder.

¿Qué estaba haciendo aquí?

Intenté levantarme de la cama, pero todo mi cuerpo se estremeció de golpe. Tosí, me tumbé de lado, y volví a toser todavía más. Entonces se me revolvió el estómago y supe exactamente lo que iba a ocurrir en unos segundos.

Iba a vomitar.

Me levanté de la cama y salí corriendo de la habitación buscando frenéticamente el cuarto de baño. ¿Dónde demonios estaba? Un largo pasillo. Muchas puertas. Mierda, mierda, iba a vomitar.

Apenas un segundo después, me arrojé de rodillas sobre el suelo y vomité en el interior de un macetero que había justo al lado de las escaleras. El chorro ácido y acuoso era incontrolable y, cuando salió todo, me limpié la boca con la parte inferior del antebrazo y apoyé la frente en la pared, jadeando aliviado.

«La peor resaca de mi vida» pensé.

Me levanté del suelo y continué avanzando por el pasillo hasta dar con el cuarto de baño. Lo único que quería en aquel momento era darme una ducha de agua fría y volver a mi apartamento. Sin embargo, al entrar en el baño y ver mi imagen reflejada en el espejo, pensé que iba a desmayarme allí mismo.

Sudor frío.

Espasmos.

Náuseas.

—¡Joder! —exclamé.

Cerré mis parpados, sacudí la cabeza, y me dije a mi mismo que todo aquello tenía que ser producto de la borrachera de anoche. Era imposible que aquella imagen fuera la mía.

Me obligué a abrir los ojos de nuevo.

Parpadeé con fuerza.

Todo mi cuerpo había cambiado. Ni rastro del leve rasgo achinado de mis ojos, ni de la gruesa nariz, ni de la espesa barba de días ensombreciéndome la mandíbula. Las arrugas junto a la boca, las bolsas que solía tener bajo los ojos y cualquier otro rasgo de madurez habían desaparecido. Ahora, parecía un puñetero adolescente manchado de vomito y sudor.

En ese mismo momento, escuché una vocecilla en mi cabeza que me decía: «¿Y qué? Al menos estás vivo.—Le dejé hablar. A lo mejor tenía algo útil que decirme—. Estás sano, te sientes bien, tranquilo. De hecho, hasta tienes un poco de hambre.»

«¿Debería llamar al trabajo?, pregunté a la vocecilla. «¡Que se jodan! ¿Qué vas a decirle al capullo de tu jefe?: "Hola, Rick. Creo que voy a tomarme el día libre. Verás, es que esta mañana me he despertado en el cuerpo de un adolescente con pinta de tener más amigos en el World of Warcraft que en la vida real. No creo que sea apropiado ir a la oficina en estas condiciones.»

Me reí.

¡Qué demonios!

¡Tenía que estar soñando!

Sin darle más vueltas, me puse los primeros vaqueros que encontré tirados en el suelo y me decidí a salir del baño. Abrí lentamente la puerta, tratando de no hacer mucho ruido. Di un paso, y después otro. Por suerte para mí, parecía que la casa estaba vacía. Di dos pasos más y, entonces, un sonido estruendoso me hizo detenerme de golpe.

Me di la vuelta sobresaltado y lo volví a escuchar de nuevo; el sonido de un timbre. Me quede de pie en medio del pasillo, como pasmado, sin saber a donde dirigirme o qué hacer hasta que, sonó por tercera vez y puede que una cuarta y una quinta hasta que bajé las escaleras y me detuve enfrente de la puerta principal.

¿Debía abrir y hacer como si no hubiera pasado nada?, ¿O tal vez, debía volver a la cama, dormir y esperar que cuando me despertara todo volviera a la normalidad?

—¡Nick, sé que estás detrás de la puerta!

Parpadeé estúpidamente.

—¡Me estoy helando aquí fuera! ¡Abre de una maldita vez!

Coloqué mi mano sobre el pomo no muy convencido y, tras unos breves segundos de meditación, abrí la puerta. En aquel instante, una corriente de aire frío y húmedo me golpeó la cara. No vi a la chica hasta que estuve prácticamente a su lado. Llevaba la capucha del anorak puesta y no le pude ver bien la cara.

—Ya era hora.

Ella se bajó la capucha, se sacó el pelo castaño de debajo del anorak y me miró a la cara con más atención. De edad indefinida, podría tener entre dieciséis y dieciocho años. Se la veía tranquila, pero su expresión era seria. Al recibirla, hizo algo inesperado: se alzó de puntillas y me besó en la mejilla.

—¿No piensas invitarme a entrar?

Pero no le hizo falta invitación.

—Jeff no tardará en llegar.—dijo, de pie, en mitad del salón, bien escondida dentro de su enorme anorak rojo. ¿Dónde están tus padres? —preguntó, y sin dejar de abrazarse el cuerpo, se dejó caer en el sofá. La piel sintética crujió cuando ella se hundió entre los cojines.

De repente, me quedé a oscuras. No supe que responder y el silencio me invadió por completo. La chica me miró interrogativamente y yo procuré sonreír con aire tranquilizador. Sin embargo, como estaba tan angustiado, me salió más bien una mueca y contesté un simple: —Por ahí.

—Entonces, ¿estamos solos? — Me miró con una ceja arqueada y un brillo eléctrico en sus ojos que creí interpretar a la perfección.

Por supuesto, me sentí tentado; el abultado anorak y los vaqueros que llevaba apenas le marcaban la figura, pero parecían esconder un cuerpo por el que cualquier adolescente babearía. Noté que mi entrepierna comenzaba a protestar, pero la ignoré. ¡Por dios, he dicho cualquier adolescente! Y yo no era ningún adolescente virginal que no había tocado a una mujer en su vida.

Al menos, hasta hace unas horas.

—Podríamos aprovechar.

Me quedé helado.

Notaba el pulso palpitándome en los oídos con tanta fuerza que incluso me sentí mareado.

—Podríamos aprovechar y estudiar para el examen de matemáticas hasta que venga Jeff.

No pude evitar soltar un dramático: —¡QUÉ!

No pasó mucho tiempo más hasta que el tal Jeff apareció con su pequeño Chevrolet Aveo. Y sin saber cómo, acabé dentro de aquel viejo y destartalado trozo de metal con dos adolescentes que creían que yo era Nick.

—Bueno, ahora cuéntame qué has estado haciendo toda la noche.—dijo Leslie, que así se llamaba la chica del anorak, mientras miraba fijamente a Jeff. —Apenas te vi por la fiesta un cuarto de hora.

—No mucho —respondió él—. HE ESTADO FOLLANDO. —agregó, y cada palabra sonó como si estuviese escrita en letras mayúsculas.

—Bien, ¿y qué? Ya me lo estás contando todo, con pelos y señales —exigió ella con voz impaciente.

—No gran cosa, Leslie. ¡Menudo tío más aburrido ! Y encima lo hicimos en la cama de sus padres, con el crucifijo en la pared y la foto de su madre en la mesilla. Bueno, bueno, ¡qué mal rollo! Todo el rato con la impresión de que la foca católica de su madre me miraba con cara de mosqueo.

—Pues no sé de qué te quejas, guapo. Ayer bien que parecía que el chico te gustaba... porque era aquel con el que te vi hablando al principio, supongo.

—Ese mismo, Matthew —confirmó Jeff. —En cualquier caso, querida, y para que te consueles, que sepas que, visto lo visto, mejor me habría quedado en casa haciéndome una paja. Así por lo menos me habría corrido.

Leslie comenzó a reírse a carcajadas ante el comentario de Jeff. Yo, en cambio, me limité a resoplar.

—Pues yo me lo pasé muy bien —Leslie, sacó un espejito y una barra de labios de su bolso, hizo un mohín frente a su propia imagen y comenzó a pintarse los labios de color rosa. En el cristal del espejo vi reflejada mi imagen sentado en el asiento trasero. Ella se dio cuenta de que la estaba mirando, se limitó a sonreír y guiñarme un ojo, y acabó de pintarse los labios mientras continuaba tranquilamente con la conversación. —Estuve bailando toda la noche. Después me fui a desayunar café y tortitas a una terraza. Mucho mejor que si me hubiera ido a follar con un pesado.

—Menos lobos caperucita. —le soltó Jeff. —A ti lo único que te pasa es que sigues coladísima por Dave. Pero tarde o temprano asumirás que el mundo no se acaba, y te darás cuenta de que hay muchos más peces en el mar.

—El hecho de que no me apetezca follar no tiene nada que ver con Dave. Simplemente, paso. Total ¿a qué se reduce la cosa? Encuentras a uno a las tantas de la mañana, completamente borracha, y al cabo de unas horas te despiertas en una cama desconocida y con un tío que, a la luz del día, no es ni la mitad de guapo de lo que tú creías, y que, para colmo tiene un culo horrible.

—Lo de los culos es como los melones. No sabes si son buenos hasta que no los has abierto. —dijo Jeff, causando una risa estruendosa por parte de Leslie. —Aunque para culo bonito, todo hay que decirlo, el de Nick.

Como si la cosa no fuera conmigo, continué con la cabeza apoyada en la ventanilla y mantuve la vista fija en la carretera que se desplegaba ante nosotros. Observé algunos restaurantes que anunciaban ofertas de desayuno y varios cines con los horarios expuestos en altos letreros distribuidos por toda la ciudad.

—¿Nick?

Traté de distraerme con esas pequeñas cosas y traté de no pensar en todo lo que me estaba ocurriendo pero, por supuesto, fue imposible. Ni siquiera sabía en que lugar del mundo me encontraba y, para colmo, ninguna de aquellas calles o edificios me resultaban mínimamente familiares.

—¡Nick Jensen! —insistió Jeff.

—Mmmm.... —murmuré, mientras fijaba mi vista en él.

—Estás muy raro esta mañana. —Leslie, se desabrochó el cinturón de seguridad y de un salto se sentó a mi lado en los asientos de atrás. Colocó una mano sobre mi rodilla izquierda y se mordió el labio inferior antes de decir: —Puedes contarme lo que sea.

Ahora que la miraba de cerca me pareció más guapa. Sus ojos azules eran luminosos y expresivos a más no poder, y con todo el pelo recogido en un coleta improvisada, vi que tenía varias pecas en los pómulos y una boca de labios carnosos. No era tan del montón como me había parecido en un principio.

—El examen. —carraspeé. —Eso es. El examen, estoy nervioso por el examen de matemáticas. —le dediqué una media sonrisa falsa y, al comprobar que se había tragado mi mentira, volví a mirar por la ventanilla, al mismo tiempo que me daba cuenta de que ya habíamos llegado a nuestro destino:

"EL INSTITUTO"

Aquello era de locos.

Llevaba quince años sin ir a clases. Es más, llevaba quince años sin relacionarme con ningún adolescente. Y ahora, de golpe, no solo tenía que relacionarme con ellos, sino que también, tenía que actuar como si fuera uno más.

—Ya hemos llegado. —dijo Jeff, al mismo tiempo que estacionaba el vehículo y apagaba el motor.

A través del cristal observé el enorme edificio de ladrillo. No pude evitar abrir la boca de par en par al observar las decenas de adolescentes que se congregaban en el patio principal. En aquel momento, me di cuenta de que las cosas no iban a mejorar si no que se enredarían conforme pasaran los minutos.

—Nick —Leslie golpeó la ventanilla y me hizo un gesto para que saliera del coche. Yo no pude más que aspirar con fuerza porque se me había cortado la respiración. —Creo que necesitas un café.

No.

No necesitaba ningún café.

Necesitaba saber que había ocurrido.

Necesitaba recuperar mi cuerpo original.

Necesitaba volver a tener treinta años.

¡Y lo necesitaba ya!

Sept. 15, 2018, 9:46 a.m. 0 Report Embed 1
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