El Centinela Conquistador Follow story

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Eustace Runner, un Centinela que deambula por el universo, es enviado a un planeta en medio de la nada a eliminarlo. Mas sus propios planes lo impulsan a averiguar el porqué el Gobernador de toda la galaxia Andrómeda desea borrar del mapa a un lugar tan alejado de todo...


Science Fiction All public.

#Viajes-Espaciales #universo #sci-fi
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El universo de bolsillo

  El universo es basto. Si  El universo es basto. Siempre se da por hecho, es algo que no causa duda o incertidumbre. Es inmensurable. Pero solo cuando estás a cuatro kiloparsecs del planeta más cercano, es cuando entiendes el significado de la palabra soledad. Mi nombre es Eustace Runner y estoy a cuatro kiloparsecs de Kepler KH2231, el planeta más cercano a mi posición actual. Ah, casi lo olvidaba, mi nave no tiene combustible.

—Argos, recuérdame por qué estamos varados en medio de la nada, por favor...
—Verá, Capitán, los sensores de funcionamiento dejaron de funcionar después del último salto sin que su respectivo protocolo anunciara lo sucedido. Lo que no alarmó que el combustible se escapó por una fuga en las válvulas de distribución.
—Hmmm ya veo —dije un poco molesto.
—Lo siento, debí estar más alerta de los sistemas.
—Déjalo, está chatarra es quien tiene la culpa.

        La "chatarra" era una veleta InterGalax de hace treinta años, más antigua que su capitán. Argos no era sino un androide de navegación a unos cuantos desajustes de considerarse obsoleto, pero, es la única compañía en este océano oscuro.      

        Antes de quedar varados nos dirigimos a una misión especial encargada por el mismísimo Lord Farah, gobernador de toda la galaxia de Andrómeda. Se deben preguntar cuál era dicha misión, pues, prácticamente debo llevar a cabo mi trabajo como Centinela, acabar con un planeta entero.

—Capitán, los muchachos de Recuperación están por llegar.
—¿Ya se comunicaron?
—Si me permite, entablaré comunicaciones con ellos en un instante.
—Vale, hazlo.

        No era fácil realizar una conexión en medio de la nada. Al menos no para embarcaciones pequeñas como las que utilizábamos. ¿Cómo decirlo?, veamos... No puedes lanzar una señal a ciegas, sería como arrojar una piedra al mar, nadie se enteraría nunca, sería un tremendo gasto de energía desperdiciado. Así que hacemos un pequeño juego de Marco-Polo. O la que sería la versión espacial. Arrojamos ondas de radio con una señal muy débil, un simple "plop" justo hacia la dirección de donde esperamos que venga la ayuda, después ellos regresan la misma señal con un "plip" y bingo.

—Hemos hecho conexión, Capitán.
—¡Gracias!, aquí el capitán Runner, de la InterGalax FT338, ¿con quién tengo el placer?
—Aquí Trerstelar TH7788, habla el Capitán Hegar, traigo la fragata...
—¡Una fragata! —interrumpo de golpe.

—Si, los superiores dijeron que se trajera una fragata Luminosity XP223...
—Santo cielo...

        Los de Trerstelar se encargaban de llevar a cabo trabajos de recuperación de naves y de embarque, era un buque impresionante. Por su parte, la serie Luminosity eran populares por dos cosas: Su velocidad y su hermoso color blanco reluciente, las llamaban estrellas fugaces...

—¿Necesita ayuda en algo más?
—Sí, ¿pueden ayudarme a mover algo hacia la Luminosity? —respondí.
—Por supuesto, ¿de qué se trata?
—Un Hades...
—Ja ja ja vamos, Capitán, no bromee con esas cosas...
—No es broma...
—¿Qué hace el capitán de un veleta podrida con un arma de destrucción masiva en medio de una ruta abandonada?
—Centinela Eustace Runner... ¿Eso le da aclara algo?
—Runner... No reconocí su nombre... —dijo con la voz temblorosa—. Mil disculpas no quise llamar veleta podrida a su nave.
—No se preocupe Capitán Hegar, no culpa suya, los Centinelas no tenemos mucho contacto con los chicos de Recuperación, es normal que no nos presentaran antes... Y con respecto a esta veleta... Después de pasar al Hades y a nosotros a la fragata, ¿podrías volarla?
—¿Señor?
—No tengo un apego sentimental con ella, mientras tenga a Argos conmigo, estaré bien.
—Ya veo.,. Como guste, Capitán Runner.

        Un brazo mecánico llevó al Hades hasta la Luminosity, mientras nosotros hacíamos lo mismo desde el puente. Una fragata nueva huele a gloria.

—Debería ponerle nombre a la nave, Capitán.
—Es cierto... Veamos... Argos, ¿una idea?
—Un nombre griego, ¿quizás?
—Supongo que es algo normal por aquí... Urania.
—¿Urania?
—Suena bien señor —respondió Argos.
—Bueno, amigo Hegar, la Luminosity XP223, Urania, zarpará en este momento...
—Señor...
—¿Qué sucede?

        La voz de Hegar sonaba sombría. Yo sabía de qué se trataba, un Hades no era algo que se lleva a bordo sin un motivo muy específico. Su silencio fue más largo de lo que esperaba.

—¿Capitán Hegar?
—No es nada, disculpe usted.
—Descuide, Argos y yo estamos agradecidos, empezaba a marearme de estar a la deriva.
—Fue un placer...

        Nos alejamos un poco hasta que el destello de InterGalax al explotar hizo alertar a los sensores de nuestra nueva nave. Un mudo resplandor chocó en mi retina. Después de siete años a mi mando, un mudo adiós entre nosotros colapsó, como una estrella que se apaga. 

  El rumbo fue programado por Argos y partimos de inmediato.

        Un bote flotaba en medio de un lago color turquesa. La briza fresca mecía de un lado a otro a los árboles alrededor. El cielo es brillante y tan claro que apenas si puedo abrir los ojos. Me reincorporo, lo que provoca que el bote se tambalee un poco. Al observar hacia la orilla, no encontré a nadie. Estaba solo en ese hermoso lago turquesa.

        Un latido golpeó mi pecho. Después, desperté.

—Capitán, estamos por llegar.
—Argos... Estaba soñando con la tierra, sabes.
—¿La del sistema solar?
—Si, si, esa tierra —digo mientras me levanto del diván donde dormía, después tomo mi puesto en el puente de mando.
—¿Haremos lo de siempre?
—Esta vez no, mi querido hombre de hojalata... ¿Tienes mi traje de minero?
—¿Señor?
—Mi traje de minero... El sucio.
—Ah ese, supongo que debe estar en alguna caja...
—Entraré de encubierto, negociaré lo que deba negociar y saldré de ahí en un santiamén.
—Un plan... improvisado, señor.
—¡Cállate!, es lo mejor que tengo, no deseo solo llegar y hacer que todo el planeta desaparezca del mapa estelar en un segundo.
—No lo entiendo, eso es precisamente lo que desea Lord Farah que haga, para eso le entregó al Hades...
—Argos —digo con una voz firme, aun siendo un androide sabe diferenciar mis tonos de voz y lo hago callar de inmediato—. Ser Centinela significa muchas cosas, una de ellas es poder cumplir las órdenes de la manera que nos parezca conveniente... Además, en Kepler KH2231 viven aproximadamente ocho mil millones de vidas inteligentes. No pretendo tener eso en mi conciencia.
—Entiendo, Capitán.
—Prepara todo y llévanos a un lugar apartado, haré el resto del viaje en el jet...

        KH2231, el mítico planeta de cristal. Era bastante popular hace unos años para los turistas que deseaban ver algo diferente. Un oasis colorido en medio de millares de planetas metálicos y grises. Pero las cosas no podía ser perfectas por mucho tiempo. Al intentar extraer diamantes del tamaño de montañas del centro del planeta, lo debilitaron de tal manera que una granada en la grieta adecuada, lo partiría a la mitad. Y ahí vamos nosotros, con una maldita bomba cuántica en el hangar.

—Argos...
—¿Señor?
—¿Sabes activar esta cosa?
—Me temo que sí, Capitán.
—De acuerdo, ven...

     Argos era un androide de navegación, ni más ni menos. Antropomórfico, mas no orgánico, como otros modelos. Solía discutir con él, pero eran conversaciones, yo mismo programe su actuar acorde a un amigo que tuve de pequeño y al cual solía proteger de los matones del barrio. ¿Por qué haría algo así?, no sé, quizás el ser paternalista me ayudaba a sobrellevar los días en eterna soledad.

—...Escucha con atención —dije apoyando mi mano sobre su hombro de níquel—. Iré a escabullirme a un planeta del que nadie ha salido vivo en años, según los rumores, sabes que meterme en esos problemas es mi especialidad, pero debo saber qué está pasando allá abajo a toda costa... No pierdas comunicación conmigo en ningún momento, ¿entendido?
—Sí.
—Ok, manda drones repetidores si es necesario... Además, si algo llega a pasarme, activa la bomba y vete sin mí.
—Pero... Eso va en contra de mi programación primaria...
—Si, si, si, conozco las tres leyes, por eso iniciaré el Protocolo Omega, ¿sabes qué es?
—Un sistema auxiliar de emergencia que solo puede ser utilizado una vez... Anula mis sistemas de personalidad, auto protección y seguridad... Yo lo olvidaría todo, capitán Runner... Incluyéndolo...
—Si mi destino es terminar hecho puré en el horizonte de eventos, prefiero que olvides eso y sigas adelante... ¿Estamos listos?
—Señor... —Argos, de tener rostro, apuesto que se veía triste, o eso quería creer—, todo estará listo enseguida.

        Urania era formidable, el ingreso a la atmósfera fue perfecto y el aterrizaje suave. Saludé a Argos, quien se encontraba en el puente, desde mi jet y partí enseguida hacía las minas de Bayack. Según el reporte era ahí donde se encontraba quien podría decirme porque el Gobernador los deseaba eliminar.

        Kepler KH2231, tan como imaginé. Era un sinfín de colores por doquier. Los cristales, parecidos al cuarzo, salían de cualquier parte. Incluso llegué a pensar que si me quedaba mucho tiempo, yo también terminaría convertido en cristal. El jet no tardó en llegar a las dunas gigantes de Kimua, último tramo antes de llegar a mi objetivo. Debía dormir ahí y continuar al amanecer.

       Por alguna razón pensaba mucho en la tierra. Quizás porque KH2231 se parecía mucho al ya extinto tercer planeta del sistema solar. Mis sensores indicaban una temperatura de -10 grados Celsius esa noche, cosa que no importaba, mi traje me protegía de peores casos. Esa noche el cielo estaba despejado, las estrellas brillaban mucho en todo ese cuadrante lo que hacía relumbrar los cristales alrededor, un espectáculo digno de contemplar.

—Argos, ¿estás despierto?
—Como siempre, capitán Runner...
—¿Estás viendo las estrellas?
—No, señor, estoy en la estación de recarga.
—Eres aguafiestas, ¿sabes?
—Lo lamento.
—Despiértate a primera hora, ¿sí?
—Como guste.

     Me siento realmente solo por las noches, que por lo general suelen ser largas para mí. No entiendo la razón de esa melancolía que invade a los que navegan por el basto universo. Supongo que no tener tierra firme bajo tus pies te vuelve vulnerable. Como sea.

        Argos me despertó justo para ver los primeros rayos de sol. Actualicé mis coordenadas y emprendí de nuevo mi camino. Las dunas gigantes una a una quedaban atrás entretanto avanzaba. Ni una sola vida inteligente a la vista después de recorrer casi quinientos kilómetros. Al parecer todas vivían en sistemas de cuevas subterráneas. Dichas formas de vida inteligentes se dividían en tres clases: Los geomorfos, los acuamorfos y los reptimorfos. Todas de diferentes anatomías y culturas, pero que aprendieron con el paso del tiempo a convivir en paz.

—A tan solo diez kilómetros dirección suroeste podrá llegar a las minas de Bayack, señor.
—Amigo, ¿por qué estuviste tan callado todo este tiempo?
—Anoche me llamó aguafiestas.
—Vamos, solo bromeaba. Hablaremos de eso cuando regresemos. Veo la mina adelante.

        La mina de Bayack estaba a los pies de una enorme montaña, el Monte Xort según mi mapa. Al acercarme veo a los primeros aldeanos, unos geomorfos. Los geomorfos eran la raza mas antigua del planeta, poseían en su cuerpo unos cristales incrustados como los que salen de la tierra, su aspecto era como el de un marsupial. Estaban conectados entre sí gracias a las venas de cuarzo que se distribuían por la corteza. Una comitiva al parecer esperaba por mí.

—El chamán Ure, espera por usted, Capitán Eustace Runner.
—¿Alguien notificó mi llegada?
—Solo sabemos que él esperaba a alguien con ese nombre, ¿es usted?
—Sí... soy yo —titubeé.
—Acompáñeme.

        Mi pequeño guía me llevó por una serie de túneles cavados en la roca de la montaña de una forma bastante artesanal. Digo pequeño por en realidad lo es, apenas alcanzaba el metro veinte. Después de un rato caminando, comprobé mi conexión con Argos, la cual era decente a pesar del lugar donde me encontraba. Al cabo de unos minutos, llegamos a lo que parecía un abismo, al lado derecho una especie de carrito sujeto a una soga poco confiable.

—No entiendo, ¿quieres que bajemos?
—No, solo usted lo hará.
—Debes estar bromeando...
—Debe bajar por aquí unos cuatro kilómetros, no serán más de quince minutos.
—¿Argos?
—Señor...
—¿Es posible tener señal allá abajo?
—Si desplegamos un drone repetidor es posible.
—Ok, bajaré —dije aún temeroso.

        El carrito, donde solo iba yo, empezó de manera gradual a descender hacia la oscuridad de aquel pozo. Cuando las sombras lo invadieron todo, un sonido agudo, seco, retumbó desde abajo. En un instante, cristales que habían permanecido desapercibidos por las tinieblas, brillaron de un color turquesa, como la de aquel lago de la tierra con el que soñaba de vez en cuando. Los quince minutos me parecieron eternos y corto al mismo tiempo. Al llegar a la sima, un sendero de los mismos cristales me conducía una puerta enorme, seguida de otra y otra. Tras pasar una última puerta, me adentré a una especie de cámara de dimensiones monumentales, adornada al centro por el cristal mas grande que había visto en la vida, un geomorfo estaba sentado al lado de éste.

—¿Eustace Runner?
—Si... Soy yo...
—Te imaginaba más alto.
—¿Por qué siempre dicen eso?
—Ja ja ja, ven, siéntate.
—Argos, ¿estas conmigo?
—Desde luego, señor.
—Hagamos esto... 

           Me senté frente al geomorfo, el cual parecía muy anciano. Los de esta especie llegan a ser muy longevos, mas el chamán Ure, sin temor a equivocarme, podría ser el mas viejo de los suyos. Quería preguntarle de manera directa las cosas que deseaba saber, pero no había prisa.

—Ure Towa, es más pequeño de lo que pensé.
—Vaya, veo que eres muy simpático, raro atributo entre Centinelas.
—Tenemos mala fama...
—Destruir estrellas y planetas enteros no es algo que cualquiera pueda hacer.
—...lo sé...
—Vienes a destruir este planeta, ¿no es así?
—Esa es mi misión...
—Entonces, ¿que haces a casi cinco kilómetros bajo tierra del planeta que debes destruir?
—Deseo saber el porqué...
—¿Saber cambiaría el objetivo de tu misión?
 

        Sin decir una palabra, saqué de mi valija un artefacto y, colocándolo frente al chamán, alcé la mirada y mis ojos, a través de mi máscara, buscaron los suyos.

—Argos, apaga la comunicación durante cinco minutos.
—No puedo, señor, es peligroso. Mi deber es estar en contacto con usted, por su bien. No me es permitido cortar comunicaciones.
—Activa el protocolo Omega.
—Capitán... Si lo hace me borrará.
—Lo siento amigo, pero es importante... —Permanecí en silencio un instante, luego la determinación me hizo proseguir—. Código de activación: Bravo Ocho Foxtrot Zulu Tres Delta
—Capitán... Adiós... Androide de Navegación Argonaut Y7000, a sus ordenes. ¿Desea algo?, le recuerdo que muchas de mis funciones no están activas hasta que realice una configuración manual.
—Si, lo sé, solo apaga la comunicación en este canal durante cinco minutos.
—Entendido, señor.

        Por un momento dude, pero ya no había vuelta atrás. Coloqué mi mano en el artefacto que estaba entre mí y el geomorfo y continué.

—Ahora podemos hablar con libertad, aunque no lo desee, Argos manda de forma continua la información de nuestras charlar a la base... ¿Sabe qué es esto?
—No, pero parece algo poderoso, de otra galaxia, quizás.
—Es un Desincronizador o un "agujero negro" pero hablando en términos de señales de radio, microondas, lumínicas, infrarrojas, ultravioletas o lo que sea, en pocas palabras, absorbe y desaparece toda señal que alerte la posición de este artefacto. Un pocas palabras, me desaparecería del universo. Ni el localizador que tengo implantado en el cuello, ni el rastreador que le deben de haber colocado a Urania, nada podrá ser rastreado.
—¿Para qué quiere un Centinela desaparecer...? Ah, ya veo. Ese es tu deseo, ¿no?
—Estoy harto de ser quien soy y de hacer lo que hago, quiero desaparecer, pero la única salida de este trabajo es la muerte. Los Conquistadores nos criaron para ese propósito y nada más.
—Deseas saber lo que esconde este planeta o al menos la razón por la cual desean eliminarlo, ¿verdad?
—Si, para robarlo si es de valor... No puedo vivir de los créditos que me pagan...
—Lamento decepcionarte. Lo que este planeta posee no es algo que pueda valorarse con números, pierdes tu tiempo.
—¿Qué orilló al gobierno desear que un planeta entero quede reducido a polvo?
—¿Sabes qué es lo que está a mis espaldas?
—Un cristal enorme...
—Es un universo de bolsillo...
—¿Qué? —pregunté confundido.
—Lo que escuchas, un universo, o más bien, el cultivo de un universo... ¿Has escuchado de La Gran Pérdida?
—Se supone que la energía del universo está desapareciendo, cosa que contradice la ley de la conservación de la energía.
—La energía no se crea ni se destruye, solo...
—...se transforma... Esa energía que dicen que pierde el universo...
—...se transforma en éste cristal. ¿Empiezas a creerme?
—¿Lord Farah sabe de esto?
—Lo dudo, solo sabe de rumores, envió aquí a otros Cantinelas como tú, pero no fueron capaces de bajar, al parecer el cristal solo deja pasar a aquellos que él desea conocer, es como un sistema de defensa.
—¿Es algo mágico?
—No, tecnológico, la mas impresionante tecnología jamás creada. Verás, es como un sistema de limpieza, de regeneración. Los creadores de esto no dejaron rastros de sí. Pero este sistema reinicia el universo cuando cree conveniente. Y ese reinicio está cerca.
—No sé qué decir...
—¿Aun quieres desaparecer?
—Si, aún.

     El anciano se levantó de su puesto y tocó el cristal haciéndolo brillar. Luego, como si de una hoja de papel se tratara. Dobló sus orillas sobre si mismo hasta quedar del tamaño perfecto para ser cargarlo en brazos.

—Tómalo y vete de aquí.
—Ure...
—Ellos vendrán, llegarán aquí aunque deban perforar el planeta. Si quieres escapa, llévatelo contigo.
—¿Por qué haces esto?
—Porque lo he hecho antes, en otras vidas —Ure volvió a sentarse, se veía cansado—, una o mil veces antes. Es un ciclo infinito.
—No entiendo...
—Verás, el universo, según pude aprender estudiando esa crisálida, es repetitivo. Cada cierto tiempo se reinicia y todo comienza desde cero, pero con ligeras diferencias. Quizás la primera vez que nos conocimos yo era el humano y tú el geomorfo...
—¿Qué sucedería si encuentro la manera encuentro la manera de alterarlo? ¿Qué sucederá si lo destruyo y evito que el universo se reinicie? —dije con el peso abrumador de la incertidumbre sobre mí, ciertamente no estaba preparado para algo así.
—De seguro esto ya lo habré dicho antes, hace miles de millones de años... Tú encontrarás las respuestas... Vete.

        Envolví el cristal con un lienzo perteneciente a la tribu de Ure y lo puse en mi valija junto al Desincronizador. Ure observaba en silencio y así mismo colocó en mis manos una bolsa de cuero llena de diamantes.

—Con esto podrás arraigarte donde sea.
—Es mucho...
—No es nada, nosotros no tenemos una economía basada en el dinero, sino en el valor de las cosas y realmente valoramos que bajaras a conversar. Otro Centinela nos habría volado en pedazos al tenernos en punto de mira.
—El Conquistador no quedará satisfecho, vendrá.
—Lo sabemos, descuida, ya sabes que no es la primera vez...

        Ure quedó en su santuario, me despide con él mientras subía de regreso a la superficie. No volvería a verlo jamás.

—Androide, ¿estás ahí?
—Si, señor, ¿desea que me acerque?
—Vaya, eres mas intuitivo que Argos...
—¿Perdone?
—Nada, acércate y prepara el hangar, les dejaremos un regalo a nuestros amigos.

     Partí de Kepler KH2231 y no volví a saber de ellos hasta hace una semana. Un batallón completo llegó por haber asesinado al Centinela Eustace Runner y antes de rendirse, activaron el Hades que les dejé. Borrando al planeta entero de la faz del universo.

     Ahora me encuentro en un pequeño planeta agrícola en un sector abandonado de la Nube de Magallanes. Abandoné mi nombre de Centinela y me dedico a cultivar gafare. El Desincronizador trabaja a la perfección y escondí al universo de bolsillo en unas cuevas cercanas, donde no permite que nadie extraño entre. No sé lo que me espera, ni se cuando se reiniciará el universo, supongo que debo esperar una señal...

Sept. 17, 2018, 1:17 a.m. 14 Report Embed 12
The End

Meet the author

Baltazar Ruiz ¡Hola! Siempre es un poco complicado hablar de uno mismo, pero hay que intentarlo. Tengo 27 años, soy salvadoreño y enfermero de profesión... ¿Enfermero? Bueno, es posible tener muchas vocaciones y ayudar a los demás es una de las que más disfruto. Escribir y crear historias ocupa gran parte de mi día a día; entre indicaciones médicas y cuidar de mis dos hijos, mi mente vaga entre relatos de terror y fantasía...

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Camilo Joya Camilo Joya
Me encantó, es una obra excelente; la trama es maravillosa y muy entretenida. En mi opinión, tiene material para ser una gran novela o saga de novelas. Felicitaciones.
Nov. 7, 2018, 6:14 p.m.
Jorge Caprarella Jorge Caprarella
Me gustó mucho. Prolijo, bien llevado, atrapante hasta el final. Felicitaciones una muy buena obra.
Oct. 2, 2018, 10:51 a.m.
CharmRing CharmRing
me confundio un poco lo del sueño al principio, pero luego la historia es entretenida
Sept. 23, 2018, 1:16 p.m.
Marcus Turkill Marcus Turkill
Una historia muy entretenida y muy bien lograda. Realmente es una buena historia de ciencia-ficción y he leído mucho del tema, sobre todo a Isaac Asimov y tu historia no desmerece en absoluto. Lo único que hecho en falta es una continuación. Esta historia corta transformada en novela sería fantástica.
Sept. 23, 2018, 7:49 a.m.

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Creeme que he pensado expandirla en una saga de novelas (de hecho era la idea original) pero quedó en este relato corto... Pienso hacerlo, pero deseo terminar las dos novelas que tengo en publicación actualmente Sept. 23, 2018, 9:28 a.m.
Katerina Az. Katerina Az.
Wow, simplemente me encantó. Me fascina la ciencia ficción, y esto ha empezado genial. Espero con ansias las próximas entregas.
Sept. 19, 2018, 11:05 a.m.
Galo Vargas Galo Vargas
Estimado Azrael, estamos en un proceso de verificación de historias, y acabamos de encontrar que este capítulo está vacío y creemos que algo sucedió. Por favor, ¿podrías revisarlo y responderme en este comentario cuando lo hayas arreglado? ¡Muchas gracias!
Sept. 18, 2018, 4:31 a.m.

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    ¡Hola! Muchas gracias, no sé que sucedió pero ya subí el relato de nuevo... Espero que todo esté bien Sept. 18, 2018, 11:03 a.m.
Rose Days Rose Days
No esperaba menos de vos, mi querido amigo. Tenes una mente tan privilegiada que cada vez que escribis algo ya sé que me va a sorprender, y por supuesto, encantar. Felicidades, no pude evitar hacerme la película mientras leía, la disfruté de inicio a fin.
Sept. 17, 2018, 8:25 p.m.
Yami Hidalgo Yami Hidalgo
Hermosa historia!
Sept. 17, 2018, 12:01 a.m.
Gea Vanessa Gea Vanessa
Simplemente me encanto el primer capítulo de este fascinante libro ❤ un desborde completo de sentimientos y emociones en cada palabra. Seguire leyendo💙 espero con ansias el proximo capítulo
Sept. 16, 2018, 11:46 p.m.

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchas gracias! Pronto estará lista la otra historia! Sept. 17, 2018, 8:41 p.m.
Manuel Langlois Manuel Langlois
Me gusto esta historia, esperare a la próxima.
Sept. 16, 2018, 9:11 p.m.

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchas gracias por tomarte tu tiempo para leer, espero tener lista la siguiente parte en el próximo fin de semana! Sept. 16, 2018, 9:19 p.m.
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