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vladstrange01 Vlad Strange

Eliette es una cazadora de la Organización de la Inmaculada con el don de hablar en lenguas, y cuyo canto funciona como una poderosa magia contra el mal. Elliot Spencer, su jefe inmediato, la envía a investigar a Jackson Marc, un empresario ambicioso, dueño de un laboratorio en dónde se llevan a cabo investigaciones sobre seres celestiales. Se rumora que está buscando la forma de desafiar a Dios al crear a un ser que fuese igual de poderoso que sus soldados aunque solo fuese un humano. Él es presa de una lucha interna entre la luz y la oscuridad. Es este factor el que llama la atención de Eliette, quien está segura de que él aun tiene salvación. Es esta misericordia la que la hace enamorarse perdidamente de Jackson, y el amor le hará debatir entre seguir a su corazón o a la Organización.


Romance Paranormal Not for children under 13.

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[אחת]

En el cuartel general temporal de la Organización de Cazadores de la Inmaculada se escuchaba Sweet Dreams (are made of this) de Eurythmics. Mis compañeros entraban y salían apurados con sus pesadas capas guindas ondeando por el movimiento, algunos charlaban, otros venían sumidos en sus pensamientos, o repasando lo que escribirían en los reportes de misión. De repente llegaba uno con un maletín cilíndrico que desprendía un olor putrefacto y su arma con rastros de sangre en el filo.

Era un día ocupado, tal como lo habían sido en los últimos meses, desde que llegó la notificación de que los tiempos finales habían comenzado. Y como la mierda se había desatado en el mundo, pues había que limpiar a consciencia, más seguido, y no parar de recoger los desechos para que la basura no infectara a los humanos que aun estaban a salvo.

Yo acababa de regresar de una misión en México junto a mi padre, habíamos hecho un exorcismo a un joven que era atormentado por cuatro demonios. Por desgracia fracasamos, puesto que las razones de su posesión estaban mucho más allá de lo que nosotros podíamos inmiscuirnos. Aunque eso no me dejó tranquila, el saber que yo no podía hacer nada para cesar el sufrimiento de un pobre hombre no me dejaba en paz, sobre todo después de saber a cuantos exorcismos ya se había sometido sin éxito alguno. Hasta el Papa lo había intentado.

La familia del afligido tenía la esperanza de que la joven con la voz del Espíritu pudiera hacer algo.

Les había fallado en grande.

Cobra notó inmediatamente que yo tenía los ánimos bajos, pero no dijo nada. Ella sabía que no me gustaba hablar de las cosas que sucedían en las misiones con personas ajenas al caso, así que solo me dio unas palmaditas en la espalda y se dejó caer en el sofá a un lado de Jor Jor, un mastodonte de piel tan negra que se veía morada, y le arrebató el control de la televisión; nadie quería ver ese documental de mujeres asesinas que él estaba viendo.

Él gruñó, resopló y cruzó los brazos. Eso era lo único que haría para mostrar su enfado. Su cuerpo era enorme, pero lo usaba para guardar toda la dulzura de su alma.

Mi buena amiga Cobra empezó a cambiar de canal compulsivamente para encontrar algún programa interesante o alguna película, algo que nos hiciera olvidar por unas horas la realidad. Pero algo captó mi atención, era un hombre rubio y alto, de ojos azules y sonrisa cínica que era acosado por reporteros. Cobra siguió pasando los canales.

—¡Espera! —exclamé, haciéndola saltar por lo repentino de mi grito—. Regresa a las noticias.

Ella me miró extrañada con su par de ojos negros, pero hizo lo que pedí.

En la pantalla apareció aquel hombre, vestía un caro traje azul rey con una corbata verde, un conjunto que hacía una combinación muy interesante. Bajaba los escalones del juzgado, seguido por su abogado, un tal Mr. Smirkins, y por tres sujetos grandotes y con cara de matones. En la cenefa de la imagen decía: «8:00 AM. Jackson Marc es declarado inocente de todos los cargos de fraude en los Laboratorios LeiOn. CDB Noticias».

—¿Tiene algunas palabras para los pacientes con Parkinson que se han visto afectados con el consumo de Cornadel, un medicamento que pretendía ayudarlos a controlar sus síntomas, pero que ha dejado al 56,7% de sus consumidores con problemas de ceguera? —preguntó una reportera con agallas.

—Los responsables pagarán por sus actos, es todo lo que puedo decir por el momento —respondió tragándose los nervios y volvió a sonreír como una estrella de Hollywood.

—¿Entonces está diciendo que usted no es el responsable de la baja calidad de los productos que sus laboratorios fabrican? —otro periodista cuestionó, acercándole el micrófono a la cara.

El abogado le dio un golpecito muy discreto en el brazo para que se callara, y el señor Marc obedeció, volvió a esbozar una sonrisa conquistadora.

—No tengo comentarios —dijo.

Entonces los matones se pusieron a espantarle a las moscas sedientas de información, le hicieron un camino hacia su Rolls Royce, y ellos se subieron en una camioneta que combinaba perfectamente con su porte de malotes.

—A este tipo lo vi salir huyendo como cucaracha de uno de los laboratorios de la Organización Basarab cuando llegamos a desmantelarla —Jor Jor habló con su acento francés y su tono grave de voz.

—Bueno, si resultó inocente del asunto de los medicamentos defectuosos debe tener palancas muy poderosas. No me sorprendería que esos buenos amigos fueran miembros de la Legión —Cobra comentó.

Hace unos días, el jefe nos había mandado a incendiar y destruir en actos de vandalismo una serie de edificios que pertenecían a la Organización Basarab, una seudo agencia de cazadores —como nosotros—, pero que realmente se dedicaban a expandir el mal en la gente, a causar desgracias en las ciudades, hasta impartían cátedras especiales para asesinos, y se dice que el Satanismo es su religión central. Y nosotros, como agentes del bien, tuvimos que encargarnos de la peste después de que la hermana del jefe fuera secuestrada por sus cazadores y mantenida bajo experimentos dolorosos y otras torturas.

Mientras Cobra y Jor Jor discutían sobre Jackson Marc y la Organización Basarab, yo me quedé viendo el resumen de todo el asunto del fraude. Resulta que los Laboratorios LeiOn habían mejorado la fórmula de Cornadel, un precursor metabólico de dopamina que ayudaba a controlar los síntomas motrices de los pacientes de Parkinson, pero esta mejora ocasionó severos daños en el lóbulo eccipital. Se dice que los resultados de las pruebas fueron falsificados para sacar a la venta el producto a la brevedad posible. Según dicen, Jackson Marc no sabía sobre la falsificación de datos, y confiando en sus científicos decidió dar luz verde para que el medicamento saliera al mercado.

El hombre era inocente.

¡Si, claro!

En la pantalla apareció una fotografía que pretendía mostrar el lado más humanitario de aquel empresario, una dónde él se encuentra jugando soccer con niños huérfanos en África. Llevaba puesta una camisa de lino abrochada hasta el pecho, un pantalón de cachemira color caqui y unos zapatos de diseñador. El tipo era bastante apuesto, con una piel bronceada perfecta, una complexión trabajada también perfecta, una sonrisa que iluminaba más que el sol y unos ojos azules de impacto. En aquella foto se veía realmente divertido, pero bien pudo haber estado posando para las cámaras.

—Eli —una voz me sacó del trance. Era Cas, el secretario del jefe, un chico flaquito pero de mente brillante que prácticamente manejaba la Organización a la sombra de Elliot Spencer—. El jefe te busca.

—¿Ahora? —giré el rostro para verlo.

—Alguien no hizo su reporte de misión —Cobra canturreó.

Poniendo los ojos en blanco, subí los pies al sillón y luego salté por encima del respaldo. Cas inició la caminata, guiándome entre las mesas del comedor del cuartel hacia las escaleras que llevaban a la salida, después pasamos por el jardín de la casa Spencer y nos dirigimos a la oficina del Jefe.

—¿Sabes qué es lo que quiere? ¿Es por lo del reporte? —pregunté.

—No sé, Eli.

—Pero el reporte debía hacerlo el padre Flemming, ya sabes, por eso de los permisos del ritual y eso —habló la voz del nerviosismo—. ¿Necesita que haga uno especial? ¿Por qué no me dijo antes? Siempre termina regañándome por cosas que inicialmente fueron su culpa.

Cas me dejó hablar, y estoy segura de que no iba poniéndome atención.

Yo solo parloteaba dirigiéndome a la nada.

Cuando llegamos a la oficina, él me abrió la puerta y me dejó pasar primero. Adentro, detrás de un pesado escritorio de madera de la época del barroco, sentando en una silla de cuero estaba mi jefe, Elliot Spencer, un aristócrata inglés de cabello castaño oscuro perfectamente arreglado, piel un poco tostada, ojos oscuros y penetrantes, y vestido con una pulcritud fascinante.

Era guapo, pero sinceramente era demasiado perfeccionista y neurótico para mi gusto.

—Toma asiento, Eliette —me ordenó.

Caminé por la alfombra persa con miedo de ensuciarla con mis asquerosas botas, saludé con una sonrisa a Evangeline Spencer, la hermana menor del jefe que estaba sentada en el sofá de la salita contigua, justo al pie de un enorme librero lleno de libros viejos, y me senté con las rodillas temblorosas.

—¿Es por el reporte? —pregunté al instante, inclinándome hacia adelante con temor.

—El reporte ya ha sido enviado a Shinzoui, y él lo hará llegar al Vaticano —dijo con su voz fría y sin empatía—. Te mandé a llamar por otro tema, Eliette.

Pasé saliva.

El corazón me latía como loco, y si él lo escuchaba, podía molestarse y regañarme por no dejarlo concentrar con el sonido de mis latidos.

—Tienes una misión —dijo, empujando sobre la superficie de madera un archivo gordo envuelto en un sobre negro con un solo dedo—. Secreta, urgente y de gran importancia. Puedes escoger a un compañero de tu rango para que te acompañe, pero sugiero máxima discreción en su totalidad. Te reportarás a diario conmigo, y solo hablarás cuando yo lo indique. Deberás mantener en secreto la verdadera naturaleza del trabajo con tu compañero, así que elígelo bien. No quiero que terminen formulando un complot como el de aquella vez en las Bahamas.

Ah, las Bahamas… vaya misión.

Fruncí el ceño al observar la primera hoja en dónde venía especificado el objetivo de esta nueva aventura.

—Cas, asegúrate de que el agente Eliette y su compañero salgan hoy mismo —mi jefe ordenó—. Y tú, ruiseñor, si das un paso en falso, si cometes un error, por más mínimo que sea, estarás exponiendo a la Organización y a todos nosotros. Así que cuidadito.

—¿Por qué me envías a mí si no confías en mis habilidades? —le pregunté, cruzando los brazos dejando el miedo de lado.

—Confío en tus habilidades, en tu carácter y en tu lealtad, pero no confío en tus decisiones precipitadas. Cuando improvisas las cosas salen mal —contestó—. ¿Contenta? Ahora ve a prepararte, no quiero que pierdas el avión.

—¿Cuál avión?

—El que Cas está reservando ahora mismo —dijo, y lo comprobé al verlo concentrado en la pantalla táctil de la Tablet—. Ya, largo, Eliette.

Me levanté como soldado, tragándome las quejas en cuanto a su trato poco amable hacia mí, y caminé hacia la puerta de puntitas para minimizar el daño que mis suelas cochinas le hacían a su alfombra.

—Eli, ¿Quién te acompañará? —Cas me preguntó desde su lugar.

—Cobra.


Sept. 13, 2018, 7:26 p.m. 2 Report Embed 3
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Mariana Aldana Mariana Aldana
Un inicio prometedor. Sigo con la lectura.
Oct. 1, 2018, 2:24 p.m.
Katerina Az. Katerina Az.
Baia baia, esto empieza muy interesante
Sept. 20, 2018, 4:19 p.m.
~

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