Horizonte de Eventos - Arcadia Follow story

crisfg Cristóbal Fallas

Dana Cortez es una oficial de la Legión, el brazo armado de la República que tiene a cargo la tarea de protegerla de los peligros que amenazan su estabilidad. Pero, ¿cómo proteger una nación manipulada por criminales y empresarios poderosos, grupos políticos radicales y hasta las mismas organizaciones creadas para protegerla? La lucha por el poder es brutal, y nadie va a descansar hasta conseguir tenerlo todo.


Science Fiction All public.

#conspiración #naves #espacio #guerra #sci-fi #ciencia-ficción
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Capítulo 1 - Arcadia

La capitana Dana Cortez estaba sentada en el asiento izquierdo de la cabina de mando. A su lado iba su piloto Rorlthar, un yarifug que tenía la personalidad del tío que usualmente se pasa de copas en las reuniones familiares y que siempre tiene una anécdota exagerada y graciosa que contar. Un tipo amigable y un poco irresponsable, pero excelente piloto.


Dana era la capitana de la Arcadia. Una fragata ligera de la Legión Circinus, una de las muchas legiones interestelares de la República Confederal Galáctica (aunque a estas alturas era más un imperio que una confederación). Junto a ellos estaban su especialista en armas N25, conocido también como "Nov", la especialista médica Jeanette, el especialista en electrónica Jamal, y el ingeniero de máquinas Len'Nar. Habían estado viajando apaciblemente por el metaespacio poco más de 15 horas; sin conexión a la metanet estaban prácticamente incomunicados con el resto de la Legión. De vez en cuando las perturbaciones cuánticas y gravitacionales hacían saltar la nave como si estuviera surcando un mar picado a alta velocidad, pero estaban usando una hipervía civil bien marcada en el mapa, así que la mayor parte del viaje había sido suave y sin eventualidades.

Rorlthar era el piloto de Dana, un yarifug amigable y un excelente piloto. Era un yarifug de casta noble que huía de la justicia de su planeta natal Job por estrellar una nave de carreras contra un museo.


—Diez minutos, jefa —dijo su piloto Rorlthar.

—Diez minutos, recibido. —respondió Dana.


Repitió la instrucción una vez más, esta vez por el intercomunicador de la nave. Su voz retumbó por los fríos pasillos grisáceos de la nave. Impecable estaba eso sí, porque la disciplina era algo que le Legión inculcaba en todos sus soldados, incluso en legiones irregulares como Circinus. Todos compartían la tarea de limpieza de la nave, incluso Dana aunque por su rango no tuviera que hacerlo, solo para dar el ejemplo. Que Arcadia fuera una fragata vieja de poco más de una década de uso no era una excusa. Dana se acercó el micrófono una otra vez a su boca.


—Y Jamal, esta vez recuerda no activar las putas botas magnéticas al máximo.


Dana y Rorlthar intercambiaron una sonrisa burlona mientras se levantaba de su asiento. La última vez que entraron en batalla, Jamal activó sus botas al máximo y cuando la nave perdió el generador de gravedad, terminó rompiéndose ambos tobillos en una maniobra evasiva.


—¿Estás listo Rorlthar?

—Tan listo como es cognitivamente posible, jefa.

—Bien, voy por mi armadura entonces.


Dana se encaminó rápidamente a su camarote, el único vestigio de privacidad que tenía la nave, además de los baños. Y aún así dejaba mucho que desear, no era muy diferente al resto de la nave, pero tenía un cierto humor hogareño; una cama más grande, televisión, una ducha y bañera, aunque un poco pequeña para una humana como ella; realmente era la mejor habitación en varios parsecs a la redonda. Una parte de su habitación era también su oficina, porque las fragatas no eran naves precisamente grandes así que todo era más "comprimido". Separando su escritorio donde recibía a sus visitas o a sus tripulantes del resto de la habitación había una pared de vidrio, de esas que con presionar un botón se vuelven opacas, eso para prevenir mirones, y para darle un cierto sentido de división.


Rápidamente se quitó su uniforme de oficial y lo guardó con el cuidado que pondría una madre al poner a su bebé dormido en la cama, era casi un ritual. Tomó su armadura de combate, intencionalmente diseñada para parecer un uniforme romano moderno. Era una armadura mediana de oficial, diseñada especialmente para ella, porque los humanos novus no eran precisamente de tamaño estándar, y Dana era una de las primeras novus en unirse a la Legión Circinus. Este uniforme era posiblemente de primera generación para novus, así que no era el más cómodo de todos.


Era precisamente su condición de novus lo que le había permitido a Dana entrar con tanta facilidad a la Legión como oficial. Las pruebas físicas de la escuela de oficiales eran difíciles, y muy pocas mujeres podían superarlas, pues los requerimientos mínimos eran los mismos para todos, sin importar género o especie, pero no eran tan difíciles para una nova. Los humanos novus eran una generación experimental, bastante controversial por cierto, diseñada por ingenieros del crecimiento para hacer al "humano perfecto". Estaban lejos lograrlo, pero los novus eran definitivamente un paso gigante en el camino correcto. Mientras que la humana promedio medía cerca de 1,70 metros de estatura, una novus como Dana podía llegar a medir fácilmente 1,90 metros, y los hombres novus con facilidad alcanzaban los 2 metros de estatura. Para lograrlo, el gobierno seleccionaba niños hijos de padres voluntarios para hacer pruebas genéticas a pocos días de nacidos, en busca de trazas genéticas favorables. Si el niño presentaba suficientes genes favorables, los padres podían acceder al programa, que básicamente subsidiaba toda la educación del niño, a cambio por supuesto de someterlo a los rigurosos métodos del programa hasta alcanzar la adultez. Era a todas luces, un programa eugenésico del gobierno, muy criticado por muchos.


Los novus recibían la mejor educación, consumían alimentos especializados vitaminados, se sometían a un desarrollo físico y psicológico extensivo desde una edad temprana, cultivando cuerpo y mente (y claro que el gobierno además aprovechaba para sembrar sentimientos nacionalistas en ellos). Naturalmente, esto había generado bastante controversia en la sociedad republicana moderna. Los novus arrasaban con todo; eran los mejores de la clase en la universidad, se llevaban todas las medallas en las olimpiadas, y eran líderes naturales. Como consecuencia, a menudo experimentaban rechazo por parte de los humanos promedio, en lugar de admiración.


Dana Cortez tenía 26 años. Llevaba casi un año sirviendo en la Legión Circinus. Humana novus nativa de Terra. Con una estatura de 1,89 metros, era considerada una novus promedio.



—Dos minutos, jefa —dijo su piloto por el intercomunicador.


Dana terminó de ajustarse su uniforme de combate y se encaminó rápidamente de regreso a la cabina de mando. Se acercó su antebrazo a la boca, donde había un pequeño micrófono.


—Todos a sus puestos, estamos a punto de entrar en espacio hostil.


Una gota de sudo bajó por su frente. Ya habían hecho esto muchas veces, su tripulación había ido de "despojo digno de una legión irregular", a "Aceptable" en los casi 12 meses que había estado sirviendo en Circinus, pero aún así no podía evitar sentir la presión de los últimos segundos antes de la batalla.


No más llegó a la cabina cuando Rorlthar soltó uno de sus usuales comentarios.


—Se me olvidó el plan, jefa.


Dana soltó una risa nerviosa, este tipo de bromas tontas aunque no eran precisamente hilarantes, servían para liberar un poco la tensión antes de la batalla.


—Bueno ya sabes lo de siempre, mantén la distancia, pero que no parezca que intentas mantener la distancia, ya sabes, vuela casual.

—Sí jefa.


Dana se inclinó un poco adelante.


—¡Muy bien todos, estamos a diez segundos de entrar en la zona de combate, entraremos con los escudos arriba así que no hagan nada estúpido.

—¡Ya escuchaste Jamal! —exclamó una gruesa voz por la radio —¡Ya escuchaste!


Era N25. Él y Jamal solían discutir mucho, pero a pesar de todo trabajaban bien como equipo. Jamal era el típico adolescente inexperto e inmaduro que había terminado en la Legión víctima de las circunstancias, y N25 el reacio maestro malhumorado veterano de cien batallas; en cierto modo habían formado una especie de lazo emocional basado en el sarcasmo y los insultos. La fragata comenzó a desacelerar rápidamente mientras salían del metaespacio.


—¡Persianas arriba! —exclamó Dana, mientras presionaba un botón en la consola de la cabina.


Unas persianas metálicas acorazadas que protegían la ventana de la cabina durante saltos metaespaciales se levantaron. La nave recién salía del túnel metaespacial, en medio de la oscuridad fría del espacio. Pero esa paz era solo una ilusión, porque si el salto había sido exitoso, se encontraban en una zona de combate, y en cuanto el enemigo se percatara de su presencia, el oscuro cielo se iba a iluminar con disparos de todo tipo de armas; no había tiempo que perder.


—¡Ahí están!— exclamó la capitana, apuntando hacia una roca grisácea iluminada tenuemente por la estrella que orbitaba.


Rorlthar asintió con su cabeza, probablemente lo había visto antes gracias a sus fotorreceptores que le permitían ver un espectro de luz más amplio que a un humano.


—Gunslinger, gunslinger...—dijo una voz por la radio de frecuencia militar.

—Blondie, Blondie...—respondió Dana.


Dana movió una palanca, y una burbuja tenue azulada se infló alrededor de la nave, eran los escudos de energía. Otras voces respondieron lo mismo que Dana, "Blondie, Blondie", la contraseña designada para la operación. Era una manera de decirle a la nave de mando que todo había salido bien, sin tener que decirlo explícitamente. Las comunicaciones cortas y espontáneas reducían el riesgo de ser identificados, entablar una conversación por la radio simplemente haría que alguien se percatara de que estaban en la zona antes de tiempo.


Naturalmente esto no siempre funcionaba, porque unos 20 segundos luego de haber entrado en el área de operaciones, la grisácea estructura se iluminó como si estuviera lanzando fuegos artificiales. Rayos naranja, verdes y rojas, plumas de humo y cometas blancos. El grupo de operaciones había sido detectado por el enemigo y este no estaba muy feliz de haber sido localizado.


—¡Contacto! —gritó algún capitán por la radio.


Casi de inmediato, al frente de Arcadia se encendió una chillante luz de neón azul. Habían recibido un impacto directo de algún arma de energía. Por su velocidad probablemente algún rayo de sobrecarga, diseñado para inyectar energía al escudo en un intento para, como su nombre indica, sobrecargarlo y desactivarlo; aunque en principio parezca contraintuitivo, una manera de romper un escudo burbuja es cargándolo de más energía de la que los capacitores pueden contener, y esa luz chillona era el escudo reaccionando al impacto. Rorlthar tiró de la palanca de mando y dio un golpe a la palanca de aceleración. La aceleración repentina los tiró a ambos hacia atrás, como un auto de carreras. El zumbido grave y tenue del motor se transformó en un rugido.


—¡Puta mierda! —exclamó Dana.

—Solo fue un susto jefa; todo bien, todo bien.

—¡Len'Nar! —exclamó por el intercomunicador— ¡Estado del generador!

—¡Caliente, comandante! —respondió el ingeniero— Pero nada fuera de lo común. Más cuidado con esos rayos de energía...


Dana murmuró algo de mala gana mientras presionaba un par de botones. Una esfera holográfica celeste se encendió en medio de ella y Rorlthar. En la esfera había un gran punto rojo, y alejados del punto, un montón de puntos verdes.


—Haz una maniobra en ocho, Rorlthar.

—¡Sí jefa!


Aunque Dana había sido entrenada para pilotar, en combate prefería que Rorlthar lo hiciera, pues era mucho mejor piloto que ella. Dana prefería comandar, cuidar de los sistemas y disparar el cañón láser frontal.


—¡Temperatura nominal de nuevo! —exclamó Len'Nar.

—Bien, escudos al máximo.—respondió la capitana.


Empujó una pequeña palanca hacia adelante, y el tenue color azulado del escudo se intensificó un poco.


—¡Inicien maniobra de envolvimiento! —exclamó una fuerte y grave voz por la radio— ¡Ya todos saben que hacer!


La estructura que estaba disparando a más no poder era el objetivo del grupo de operaciones. Era un base empotrada en un asteroide, algo muy común por lo fácil y barato que era construir en ellos. Era una estación pirata que tenía de prisionero a un VIP. Lo tenían capturado a la espera de un rescate, pero a la Legión no le gustaba negociar con piratas, ni tampoco a la Unidad de Operaciones Especiales que estaba a cargo de la operación de extracción del prisionero. En lugar de negociar, iban a tomar la estación por la fuerza y rescatar al VIP y todos los prisioneros.


—Telemetría completada—dijo la voz computarizada de la nave.


Dana puso sus dedos índice y pulgar sobre el punto rojo, alejó los dedos rápidamente y el punto rojo se hizo grande. El punto se transformó en una figura tridimensional de la estación.


Conocida como Rustyard, la estación era anteriormente una base chatarrera, pero los piratas la habían tomado por la fuerza, era ahora un objetivo de la Legión y la UOE.


Habían un par de docenas de puntos verdes, naves de las legiones Circinus y Orion. Un punto verde más grande era el crucero ligero Ransacker, nave de mando a cargo de la misión de abordaje y comandada por el comodoro Karak Mardak Melan Trat, también conocido simplemente como "Mardak". Los puntos se iban separando unos de otros mientras se acercaban al objetivo, parecía una flor abriéndose, una flor hecha de titanio y grafeno y con armas en sus pétalos. Cada uno de esos puntos tenía una misión específica; la de Arcadia era abordar la estación por un túnel de mantenimiento externo, que los llevaría detrás de las líneas enemigas, lo más cerca posible de la sección de celdas. Era un paso importante, porque los piratas tenían la tendencia a usar a sus prisioneros a su favor en combate si veían que estaban siendo abrumados. A veces los usaban de escudos humanos, o a veces amenazaban con matarlos si continuaban el abordaje, en otras ocasiones intentaban evacuarlos por alguna puerta trasera. Era de suma importancia que si algo así llegaba a suceder, al menos ya tenían al VIP asegurado.


—¿Distancia?

—Seiscientos kilómetros, jefa.

—¿Velocidad?

—Doce kilómetros por segundo.

—Cuando estemos a trescientos lanzamos una salva completa.


Todo parecía relativamente tranquilo, pero conforme se iban acercando la situación se volvería más crítica y acelerada. El combate espacial moderno no era sencillo, requería de coordinación y buenos reflejos. El escudo burbuja era el principal proveedor de protección de la nave. Una vez que el escudo fallaba, el casco de la nave caía rápidamente. Incluso las naves más pesadas estaban en graves problemas cuando su escudo se "rompía". El problema con el escudo burbuja era que funcionaba en ambas direcciones; impedía que los proyectiles entraran, pero también impedía que salieran. Es decir que para que una nave disparara sus proyectiles, debía bajar su escudo mientras lo hacía, dejándola expuesta al fuego enemigo. Era sumamente peligroso no coordinar bien la desactivación del escudo, pues por ejemplo, una nave que disparara un torpedo Var'Lor con los escudos activos iba a ocasionar que este explotara a pocos metros de distancia de ella, al impactar con la parte interna del escudo. Imaginen entrar a una habitación pequeña, construida con paredes reforzadas, completamente sellada y activar una carga de dinamita; así de peligroso era.


Dana presionó un botón, en la pantalla frente a ella apareció una mira, apuntando hacia el frente de la nave, con la estación espacial enemiga en el centro. Moviendo una rueda al lado de la pantalla, ajustó el zoom de la cámara.


—El nuevo telescopio tiene una excelente resolución —comentó Rorlthar.

—Casi puedo ver a los piratas asomándose por las ventanas—respondió la capitana.

—Entrando a la marca de trescientos kilómetros, jefa.


A 300 kilómetros de distancia es cuando las cosas empezaban a calentarse. Las armas de energía más rápidas se alcanzaban casi 100 kilómetros por segundo, por lo que el tiempo de reacción se reducía considerablemente a media que se acercaban a su objetivo. Aún así las armas más lentas como las de plasma, que además eran las más potentes, aún daban una ventana bastante amplia para maniobrar.


—Nov, Jamal, listos —dijo Dana, mirando la computadora.


Tan pronto el sistema de detección de rango pasó la marca de los 300 kilómetros, Dana bajó los escudos.


— ¡Fuego! — exclamó


Una serie de retumbos inundaron la atmósfera hasta ahora más o menos tranquila de la nave, era una cacofonía de sonidos eléctricos, de retumbos como martillazos y de zumbidos. Dana tenía el control del láser frontal, colocado justo debajo de la cabina de mando. Las armas láser eran prácticamente invisibles a los ojos de casi cualquier especie orgánica, pero no sus efectos; sobrecargando la superficie con calor, el objetivo entra en rojo vivo, y dependiendo de su composición química podía llegar a explotar. Por ejemplo, la cabeza desprotegida de un orgánico usualmente no resistía un tiro directo de un arma láser. El agua contenida se calentaba tanto y tan rápida que la evaporación era prácticamente explosiva.


—¡Mierda! —exclamó Dana — ¡Alto el fuego!


Los retumbos cesaron y los escudos se reconectaron, medio segundo después un rayo naranja impactó contra este, fue absorbido sin problemas.


— No importa jefa. —le reconfortó Rorlthar.


Dana había errado el tiro por unos pocos metros. Por la pantalla de la mira del laser se podía ver la superficie de la base donde había impactado. Una "S" un poco chueca de color naranja decoraba el escudo de esta, justo al lado de la marca incandescente había una torreta, intacta. La chica le dio un golpe al descansabrazos de su silla, le molestaba mucho fallar un tiro.


— Doscientos kilómetros. — dijo Rorlthar.

—Bien, a los cien kilómetros lanzamos otra y comienzas a desacelerar.


Rorlthar asintió con la cabeza. La capitana repitió la instrucción por el intercomunicador de la nave. La fragata había comenzado a moverse más erráticamente, esquivando disparos, recibiendo otros. Entre más cerca estaban del enemigo más difícil era maniobrar, pero Rorlthar era un buen piloto y aunque agitado, aún se mantenía en buen estado.


Por otra parte la radio militar estaba llena de ruido. Capitanes girando instrucciones, maldiciendo, solicitando ayuda; la fragata Constantinopla, una de las 3 fragatas que debían abordar directamente el hangar había perdido su generador y estaba solicitando asistencia. Un transporte de asalto de la Legión Orion estaba reportando un incendio leve en la nave. Era el caos usual, y entre más cerca estaban de la estación enemiga, más caótica era la situación.


La marca de lo cien kilómetros llegó, y con ella otro bombardeo de parte de la fragata.


— ¡Ajá! —exclamó Dana —¡Por toda la puta cara hijos de puta!


Una pequeña explosión se dibujó en la pantalla del láser frontal, esta vez Dana había impactado justo en la montura de la torreta enemiga. No la había hecho volar, pero definitivamente le había hecho un buen hueco


El asteroide enemigo medía cerca de 5 kilómetros de largo. Resaltaba un anillo grande alrededor de este, eran los puntos de anclaje y los hangares. Dana presionó un botón en la consola vertical que tenía al lado izquierdo, una pantalla grande se extendió de la consola central hacia arriba. Era el telescopio de la nave, tecnología antigua perfeccionada con metamateriales para brindar una imagen amplificada en alta definición.


—Justo ahí, Rorlthar — comentó Dana, enfocando una pequeña escotilla, en una lugar recóndito y oscuro de la estación.


El piloto de dejó salir un gruñido mientras maniobraba frenéticamente. Ahora estaban a poco más de 50 kilómetros de la estación, y maniobrar para esquivar los disparos era mucho más difícil.


—Rorlhtar...

— ¡Lo sé mujer el punto de anclaje, estoy manejando!

La fragata moderna exploradora clase Vespucci, es uno de los modelos más utilizados en la República, utilizada por militares, civiles y organizaciones no gubernamentales. Son capaces de vuelo interestelar y atmosférico, y su diseño modular permite ser modificada fácilmente para diferentes tipos de trabajo, por eso se le conoce como el "Caballo de carga" de la república. El modelo militar más reciente es la fragata Eriksson, pero la Legión Circinus no tiene el presupuesto para comprar muchos de esos.


Rorlthar hizo una maniobra de tornillo, esquivando parcialmente un rayo de sobrecarga. El grupo de ataque se acercaba cada vez más, y conforme acortaban distancia, los disparos del enemigo eran más intensos e impredecibles. Era una clara señal de desesperación.


—Arcadia a Ransacker —dijo Dana por el canal de la radio.

—Ransacker a Arcadia, adelante.

—Estamos aproximando al punto de abordaje designado.

—Recibido Arcadia; Atenas, Vladivostok y Canberra están también acercándose sin problemas a sus puntos designados. Procedan con la aproximación.

—Aquí Canberra —dijo una voz de un hombre joven— "sin problemas" no es precisamente la descripción que le daría a nuestra situación...

—Vladivostok a Arcadia —respondió una voz gruesa y con un fuerte acento ruso —Estos maricas de Canberra no han desactivado el escudo, no se adelanten tanto.


Que los escudos de la estación aún estuvieran activos no eran buenas noticias. Si los escudos estaban arriba, Arcadia iba a rebotar como una pelota de playa al impactar con estos, lanzando todo lo que no estuviera adherido al suelo por los aires y potencialmente causando un daño estructural a la nave, o peor.


Dana hizo un gesto con su cabeza. Rorlthar empujó el mando de la nave hacia adelante, dando un giro de 180 grados tan fuerte que Dana sintió que la sangre se le iba a su cabeza. Arcadia seguía avanzando en la misma dirección, pero con la nariz en sentido opuesto.


— ¡Dale! —ordenó Dana.


Rorlthar empujó la palanca del motor, activando los propulsores al máximo. La fragata desaceleró rápidamente, de inmediato Rorlthar giró otra vez hacia adelante, justo a tiempo para recibir el impacto directo de un tiro de plasma. El espacio frente a ellos se iluminó de un color verde neón, mezclado con el azul cobalto del escudo reaccionando al impacto.


—¡Hey! — reclamó el ingeniero Len'Nar por el intercomunicador.

— ¡No empieces Len'Nar! —respondió Dana —¡Y mantén el puto escudo encendido!


Ya estaban tan cerca de la estación, unos 10 kilómetros, que Dana ya podía ver detalles de esta. Podía observar una fragata pintada de azul y blanco adherida al asteroide como si fuera una garrapata, y cerca de esta un búnker humeante. Era Canberra, que había sido modificada para tener motores dos veces más grandes que una fragata cualquiera. Eso le permitía ser utilizada como un nave de asalto, había atravesado los escudos en algún momento que la estación estaba disparando.


Dana ordenó a Rorlthar ejecutar un movimiento en "S", para hacer tiempo mientras esperaban la luz verde de Canberra. Mientras avanzaban, la fragata realizaba un movimiento de lado a lado, dibujando una S, así podían incrementar el tiempo de aproximación sin desviarse completamente o sin detenerse.


—Aquí Canberra, el equipo de ingenieros reporta que los escudos están abajo.


El crucero ligero Ransacker disparó tan pronto escuchó el reporte. Los tiros de plasma de alta velocidad atravesaron el espacio e impactaron con el asteroide, confirmando que los escudos habían caído.


—¡Ahora! —exclamó Dana.


Rorlthar empujó la palanca de potencia, y se acercó tan rápido como pudo al asteroide. Al llegar al punto de inserción activó los retropropulsores, deteniendo la nave rápidamente.


—¡Disparando anclajes! — exclamó Dana.


La fragata lanzó cuatro arpones encadenados a alta velocidad, agarrándose del asteroide como garras. Hechas de nanotubos de carbono y aceleradas por disparadores magnéticos, las cadenas eran un sistema eficiente de anclaje. Uno de ellos se soltó al agarrarse de un pedazo de la roca espacial, pero 3 de ellos quedaron anclados con fuerza del asteroide. Dana presionó un botón en la consola y las cadenas comenzaron a enrollarse, acercando la fragata a la superficie. Mientras tanto, en los hangares las cosas comenzaban a encenderse.


La piratas en la estación se percataron de que estaban empezando a ser abordados, y comenzaron a cerrar las persianas de emergencia del hangar, en un intento desesperado para impedirlo. Una fragata negra con alas naranja entró a toda velocidad a uno de los hangares, justo antes de cerrarse, quedando atorada entre la pared y la persiana, era la fragata Vladivostok. Su Capitán Zaytsev era el único suficientemente loco como para intentar algo así, pero al parecer había funcionado, la persiana no podía cerrar completamente. Mientras tanto Atenas se había visto forzada a detenerse justo en la entrada al cerrarse las persianas, tendrían que anclarse a un lado, cruzar el espacio y entrar flotando por el espacio que Vladivostok había dejado; a unos 200 kilómetros de distancia se encontraba Constantinopla, acercándose a toda velocidad, los equipos de soporte ya habían reparado su generador. Afortunadamente los transportes de asalto de Orion eran suficientemente pequeños para ingresar sin problemas por encima de Vladivostok. Entraron en fila disparando sus torretas de defensa puntual. Cada una llevaba 12 legionarios de asalto, especialistas en abordaje y brechas. La primera parte del asalto había sido exitosa. Más o menos...


—¡Todos a la bahía de abordaje! —exclamó Dana por el intercomunicador de la nave, luego de revisar que los anclajes estuvieran seguros.


Su piloto se desabrochó de su puesto y se dirigió tan rápido como podía a la bahía, detrás iba Dana. En la bahía estaba el resto de la tripulación esperando. N25 "Nov", llevaba una ametralladora ligera de plasma y una escopeta. Jamal y Jeanette un par de carabinas gauss. Sobre su espalda Jamal llevaba un robot blanco con forma de araña y Jeanette una mochila médica. Len'Nar llevaba una carabina de plasma, y una bolsa con equipo de abordaje y asalto. Dana llevaba un rifle de combate de plasma y un subfusil gauss.


—Activen el soporte vital —prosiguió Dana, mientras N25 abría la compuerta interna.


La tripulación entró a la recámara, apenas cabían todos. N25 presionó un botón y el aire de esta comenzó a vaciarse. Al cabo de un minuto se encendió una luz verde y la tripulación saltó al asteroide.


—¡Ugh! —exclamó Jamal al posarse sobre las superficie—hollín.


El asteroide estaba cubierto de una pegajosa capa de carbono negro. La gravedad era tan poca que lo único que los mantenía adheridos al "suelo" era precisamente esta masa negra.


—Aquí Arcadia, el equipo de extracción está en posición para abordar —dijo Dana por su radio.

—Procedan —respondió la voz fuerte de antes—, y apresúrense, llevan 5 minutos de retraso.


Dana activó sus propulsores de aire comprimido y flotó en dirección a una trampilla, pero a mitad de camino notaron que de un agujero en la estructura de la estación estaban saliendo docenas de arañas mecánicas, robots enviados a defender la estación del abordaje.


—¡Tenemos arañabots! —exclamó Dana— ¡Abran fuego!


Su tripulación se acercaba a la trampilla flotando, mientras la masa de arañabots se amontonaban sobre esta. Los arañabots eran un sistema autónomo de defensa que funcionaba atacando cualquier cosa que no fuera parte de la estación o no llevara un emisor radial en la frecuencia correcta, sin esta señal, los arañabots asumían que era un enemigo. No eran precisamente poderosos y no tenían armas de fuego, pero en grandes números podían hacer estragos abrumando a su objetivo lanzándose sobre este y usando sus garras para cortarlo en pedazos, y entre más habían más inteligente era la masa, pues cada uno funcionaba como la neurona de un cerebro más grande; eran como glóbulos blancos con el cerebro de hormigas súper inteligentes abalanzándose sobe su presa. Dana ordenó activar los propulsores en dirección opuesta para detener el avance y ganar tiempo mientras pensaba en algo, pero la masa de arañabots respondió formando lentamente una escalera que se extendía en dirección a ellos.


—Mierda... —murmuró Dana—


Una gran masa de plasma verde concentrado del tamaño de un autobús atravesó a la masa negra de arañabots cerca de la base, destruyendo a una buena parte de estos y enviando el brazo que se extendía a volar a la deriva. Otra docena salió volando en todas direcciones.


—¡De nada! —dijo una voz suave por el intercomunicador, mientras una fragata gris claro con un agujero humeante pasaba sobre ellos. Un segundo después impactó contra una protuberancia geológica que había en la superficie, y el impacto la hizo dar un giro brusco a la derecha. Sus motores se apagaron y la fragata se estrelló con una relativa suavidad en la superficie del asteroide. La doctora miró a Dana, pero Dana movió su cabeza rápidamente de un lado a otro.


—No —dijo—, ellos están haciendo su trabajo para que nosotros hagamos el nuestro.


Dana hizo un gesto con su cabeza en dirección a la trampilla y su equipo se propulsó una vez más hacia esta, el trabajo de rescate de tripulaciones le pertenecía a los equipos de Ransacker y Arcadia tenía una misión muy importante, así que no había tiempo para ayudarlos. La masa negra de arañabots se replegó, pero no estarían mucho tiempo así; no se estaban retirando, se estaban reagrupando. El equipo llego a la trampilla y de inmediato Jamal rompió un panel mientras revisaba los datos de la tarjeta en su computadora de brazo. Len'Nar abrió su mochila y sacó un artefacto lleno de cables. El resto del equipo comenzó a disparar a los arañabots que se acercaban de nuevo.


—¡Espérate! —exclamó Jamal —¡Me estorban esos cables!

—¡No hay tiempo! —respondió Len'Nar.

—¡Puta rana de mierda necesito leer el número de serie!


En medio de insultos y manotazos, la pareja logró conectar el artefacto a la tarjeta electrónica. Jamal leía una serie de números mientras Len'Nar los ingresaba en la consola del artefacto. El resto de la tripulación disparaba en 360 grados.


"Conexión remota con IA_Delphi verificada" apareció en la pantalla del artefacto.

—¡Buenos días, ingeniero Len'Nar! —dijo una voz de mujer, bastante chillona.

—Hola Delphi, inicia el proceso de intervención —le ordenó Len'Nar.

—Eh... No sé si quiera hacerlo con ese tono de voz...

—¡Maldita sea Delphi, hazlo!

—¡Era broma! Ya voy por el diez por ciento, tomará unos segundos.


Len'Nar y Jamal tomaron sus armas y comenzaron a disparar a los arañabots. La IA Delphi era una inteligencia artificial de combate alojada en Ransacker, que le permitía a los equipos de abordaje hackear puertas y otros dispositivos. Era demasiado grande para entrar en una fragata, pero en Ransacker tenía su propia sección y equipo de ingeniería.


—Puta zorra decrépita... —murmuró Delphi.

—¿Que sucede? —preguntó Jamal.

—Nada querido, solo que parece que la estación tiene su propia inteligencia artificial adentro y está intentando sacarme del sistema, pero es una I.A vieja, no tiene oportunidad contra mi.

—Apresúrate, nos están rodeando las arañas.

—¿No me digas que me apresure, cariño, yo pienso varias órdenes de magnitud más rápido que todos ustedes juntos... ¡Listo!


Una luz verde se encendió al lado de la trampilla. Dana le dio un golpe y esta se abrió.


—¡Todos adentro! —gritó.


Len'Nar soltó rápidamente los cables del dispositivo. Los arañabots se acercaban a toda velocidad.


—Gracias, Delphi —dijo el lírican.

—De nada, cariño. Si la zorra les da problemas, solo avísenme.

—¡Hay que soldar la puerta! —exclamó N25.


Len'Nar y Jamal sacaron dos sopletes de plasma de la mochila del lírican y sellaron la trampilla tan rápido como pudieron. Dana presionó un botón que llenó la sala de aire y activó las placas gravitacionales del suelo. Lentamente los tripulantes de Arcadia fueron atraídos a esta. La puerta interna se abrió y el equipo comenzó a avanzar por un túnel de mantenimiento, ahora con gravedad artificial bajo sus pies. Los arañabots no podrían seguirlos, por ahora. Sus garras no eran suficientemente fuertes como para cortar la trampilla.


—Aquí Arcadia, estamos dentro —comentó Dana por el intercomunicador de su computadora de brazo.

—Recibido Arcadia, El equipo de asalto principal está entrando en este momento y Canberra se dirige a la sala de ingeniería, ya saben donde ir.


Eran buenas noticias, todo iba saliendo de acuerdo al plan. Las defensas externas del asteroide estaban destruidas o deshabilitadas, y todos los equipos de ingreso estaban dentro. Ahora seguía la fase 2. El equipo de Dana había entrado por un túnel de mantenimiento que el enemigo no sabía que estaba ahí. Su misión era sacar al VIP de la sección de celdas y extraerlo de manera segura, ya fuera de vuelta a Arcadia o estableciendo un perímetro seguro y esperar por los refuerzos de los equipos principales de asalto. Lo molesto era que para lograrlo, debían contactar con un agente de la UOE que se había infiltrado desde mucho antes y había estado suministrando inteligencia a la Legión, y Dana no se sentía particularmente atraída a trabajar con la UOE.

Sept. 12, 2018, 2:09 p.m. 0 Report Embed 4
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