Tiempo de rosas Follow story

eneidawolf Eneida Wolf

Un siglo al que no pertenece. Un pasado que la atormenta. Un Marqués con demasiados misterios. Durante la boda de su prima, Ana despierta en el mismo castillo pero con dos siglos de diferencia, y debe averiguar cómo ha podido viajar en el tiempo y lo más importante, cómo volver. El Marqués dueño del sitio la acoge con demasiada buena voluntad y formulando pocas preguntas. Con pies de plomo para no cambiar la historia, se adentrará en el mundo de las conspiraciones y el poder para lograr sobrevivir. ¿Serán suficiente sus conocimientos avanzados? ¿Lo logrará sin wifi, helado y sus clases de yoga?


Romance Historical All public.

#viajeseneltiempo
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Las bodas y yo

Una copa más y puede que todo se desvanezca de golpe a mi alrededor. El recogido que llevo ya empieza a ser incómodo y hasta los pendientes largos empiezan a pesarme. Por suerte, el vestido largo palabra de honor rosa bebé permite que los tacones no sean de un diseño extremado y puedo llevar los de plataforma. Ha sido una ceremonia preciosa, mi prima de rostro angelical está radiante con aquél traje blanco inmaculado y la cena divertida, escuchando a los amigos del novio largando historias indiscretas sobre él.

Mi boda no fue así ni mucho menos, pero me habría gustado. Fue algo imprevisto en el juzgado un jueves por la mañana antes de entrar a trabajar. Ni siquiera pensamos en pedirnos vacaciones para la luna de miel. Supongo que nunca sentí que era mi boda, siempre esperé a convencer a Charlie de hacer algo en Barcelona, como está haciendo mi prima.

Me hubiese gustado que mi padre me hubiera llevado hasta el altar, que alguien hubiese hecho algún discurso cutre y llevar el vestido blanco. No era de las niñas que soñaba con su boda, nunca lo fui. Pero no sabía que lo deseaba hasta que no lo tuve. No soy de ésas personas que expresan sus deseos en voz alta, un poco por miedo a que, al decirlos, ya no se puedan cumplir, o a que no se cumplan y que la gente lo sepa.

Es algo extraño estar rodeada de mi familia y mis amigos, después de todo lo que ha sucedido. Hace ya tres años que me gradué en historia y economía y, por cosas del destino, una oferta de trabajo me llevó a trabajar en el consulado de Edimburgo. Era joven y tenía ganas de ver mundo, así que no dudé en aceptar. Han pasado tan rápido estos tres años que parece como si nunca me hubiese ido.

– ¿Me ayudas con el vestido? Urgencia de baño ya. –me susurra Patricia al pasar por detrás.

Me levanto de la mesa y la sigo. Nos criamos juntas prácticamente, somos como hermanas y tan amigas como las hermanas pueden llegar a ser. El hecho de tener la misma edad, ir al mismo colegio y que su madre y mi madre fuesen mellizas tuvo su influencia.

– ¿Seguro que Carles no les ha dicho nada a sus amigos? –Es su flamante marido, con el que empezó a salir en la universidad. Siempre fueron el uno para el otro.

– Lo juro. Ay, cariño, están pendientes de ti por otra cosa... –dice guiñándome el ojo.

– No estoy preparada.

– No digo que lo estés. Pero diviértete, baila, ríete. No te digo que te cases con alguno.

Aquello hace que trague saliva y respire con dificultad. Por suerte para mí, omitir aquel gesto espontáneo de casarme con Charlie un jueves antes de entrar en el consulado fue una suerte, sino ahora aparte de ser la pobre chica que ha perdido a su novio , seria la pobre viuda que ha perdido a su marido. Que es exactamente lo que soy. Ahora tengo una antigua casa en Edimburgo, dos cuentas a mi nombre y las joyas de los McGregor en una caja de zapatos. Es lo que tiene casarse con un hijo único sin padres ni familia.

– Lo llevo bien, pero a mi manera.

– Se te pasará. Piénsalo como si hubiese sido una ruptura.

Claro, pero en una ruptura no te quedas todo lo de tu pareja. Patricia no sabe toda la verdad, y para ella es fácil, acaba de darse el sí quiero en una gran fiesta con toda la familia, su vida seguiría siendo fácil relativamente si su flamante esposo en seis meses falleciese en un accidente de coche, dios no lo quiera. Todo el mundo sentiría dolor porque vieron su felicidad, conocieron al chico y su pena sería la de ella.

A mi me compadecen, pero no es su pena. Nadie conocía a Charlie, nadie supo que nos habíamos casado, excepto la universidad en la que trabajaba. Esto me pasa por no hacer las cosas bien. Pero nadie dijo que la vida fuese fácil, y no creo que lo fuese, ni siquiera así, habiendo hecho las cosas bien.

– Volvamos dentro, creo que te toca bailar con el padre del novio.

– Ay no, el pobre me está pisando todo el rato. No podrías...¿bailar un rato tú con él? –me ruega poniendo su cara más angelical.

No es difícil, Patricia salió clónica a nuestras madres, rubia de ojos color miel y piel bronceada. Yo en cambio sólo heredé la piel bronceada porque los ojos verdes oscuros y el cabello marrón son de mi padre. Suele decir que le gusta que me parezca a él. Lo dice porque al morir mi madre cuando yo tenia ocho años, podía mirarme sin que le recordase a ella en exceso. La hecho mucho de menos, y él también.

Después de dos bailes con el padre del novio, y cuatro más con apuestos amigos de éste, empieza a hacer demasiado calor en la sala, así que me levanto para ir a tomar el aire.

Para estar a mediados de mayo la temperatura es estupenda y, pese a solo haber cogido el bolso y dejarme el chal dentro, no lo hecho en falta. Puede que sea porque en Edimburgo siempre hace frío, incluso en agosto. Patricia enseguida se enamoró de este sitio para la celebración, un castillo pequeño con grandes jardines y mil flores y árboles. Ahora que es ya de noche y está todo iluminado, parece un lugar mágico.

En la entrada principal de detrás hay una majestuosa escalera que da a los jardines traseros donde un lago de grandes dimensiones lo preside. En un panfleto que me envió leí que el castillo fue construido en la época medieval, pero que a principios del siglo XX lo remodelaron e hicieron el gran salón donde se hacen las celebraciones. Vivir en un sitio como éste debe ser como estar en una novela de Jane Austen.

Tras dar la vuelta, veo que en la parte antigua hay una puerta medio abierta. Sé que no debería entrar, pero tengo curiosidad. Me acerco sigilosamente, todo está oscuro excepto una tenue luz de velas de un candelabro en el centro de una mesa. Parece ser que es un comedor.

Entro para verlo de cerca, está lleno de pinturas de personajes, parece que son los dueños del castillo desde su construcción. Me percato de mi error cuando leo que tienen apellidos diferentes. De golpe, oigo pasos que se acercan y me entra el pánico. No debería estar aquí, esta no es una zona habilitada para la boda. Estoy demasiado lejos para correr hasta la puerta con los tacones, así que me escondo dentro de una chimenea cubierta con una tela sujeta a dos palos de hierro.

Cuando ya estoy dentro, lo pienso fríamente y maldigo por lo bajo. ¿Qué mas dará estar allí o no? Podría haberme perdido. La gente suele perderse. Oigo que los pasos entran en el comedor, y por debajo de la tela veo hasta siete personas que llevan una especie de túnica de monje color negro. Será por las túnicas, pero he visto suficientes películas para saber que gente así tienen intenciones raras o maléficas, así que todo esto me está dando mal rollo. Definitivamente no ha sido mala idea esconderse.

–Es aquí donde está el portal. –dice una voz de hombre grave.

–Tiene que estar conectado a ese siglo, ¿verdad? –afirma una mujer.

–Si. Ya sabéis que tenéis que hacer. Y recordad, el año es impredecible así que mucho cuidado. Ceñíos a vuestras coartadas.

Formaron un círculo alrededor de dos de ellos y se cogieron de las manos. Luego, el hombre empezó a recitar unas palabras en un extraño idioma. Al menos no han hablado de sacrificios. Esperaré hasta que acaben su raro ritual y volveré a la boda. Patricia no se va a creer que hoy en día siga existiendo gente así. De golpe, siento mucho calor. Y veo borroso, parece como si me estuviere desmayando. Oigo al hombre gritar, dice algo del portal. ¿Se cierra el portal? Definitivamente, me estoy desmayando.



Sept. 3, 2018, 4:20 p.m. 0 Report Embed 10
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