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Al ritmo de los errores nos movemos, a su ritmo nos encontramos, a su ritmo caeremos... / Serie de one-shots inspirados en las canciones propuestas por el reto "Reggaetón mágico" de TanitBenNajash.


Fanfiction Books Not for children under 13. © J.K. Rowling

#romance #drama #lgbt #harrypotter
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Clandestino



Clases, entrenamiento con el equipo de quidditch, Dean.

Clases, entrenamiento con el equipo de quidditch, Dean.

Vuelta a empezar.

Clase de Pociones, planear jugadas con Demelza y Katie, Dean a la salida del campo de quidditch con flores.

Clase de Encantamientos, ignorar los avances de Ritchie Coote, Dean a la salida del campo de quidditch con calderos de chocolate.

O plumas de azúcar.

O flores.

Vuelta a empezar.

Ginny suspiró. Cerró los ojos, inspiró y dejó que sus pulmones se llenaran con el aire fresco que corría a esa altura.

—¡Ginny, cuidado!

Oyó el rasguido del aire pero cuando abrió los ojos ya era tarde. Sintió el impacto contra su hombro, soltó un grito ahogado y perdió el balance por completo. Sus manos no llegaron a aferrar su escoba con la suficiente fuerza.

—¡Ginny!

Ritchie Coote llegó justo a tiempo para atraparla cuando apenas había caído unos pocos metros, lo cual permitió que durante unos segundos la sostuviera de la mano. Mucho más no hubiera aguantado, y se le notaba en sus facciones, contraídas y rojas del esfuerzo.

Demelza voló a su lado sosteniendo la escoba de Ginny y la ayudó a subirse. Harry acudió con prisa, y la miraba con una mezcla de preocupación y sorpresa.

—¿Estás bien, Ginny? —preguntó Demelza. Ritchie la miraba con intensidad.

—Sí, sí, estoy bien, estoy bien. No fue nada. No me miren así. Sigamos —respondió ella, a la par que se frotaba el hombro.

Ritchie se volvió hacia Jimmy Peakes, que en ese momento volaba hacia ellos.

—Pedazo de idiota —le espetó.

—¡Lo siento! No era mi intención, ¡pensé que la iba a ver venir! —se defendió el pequeño bateador.

—Ey, Coote, que es un niño —se metió Demelza.

—No soy un ni...

—Bueno, basta —interfirió Harry—. ¿Cómo está tu hombro? —preguntó, dirigiéndose a Ginny.

—Está bien.

—¿No quieres hacer una pausa?

—¿Eh? No. ¿Podemos seguir con el entrenamiento?

Harry vaciló.

—¿Segura?

—He dicho que sí. Sólo me distraje un momento. No es la gran cosa. Si nos vamos a poner así por cada estúpida bludger que nos dé, no tenemos muchas chances con la copa este año —refunfuñó Ginny.

Harry suspiró.

—Está bien, sigamos.

Ginny fue la primera en volar fuera del círculo que habían formado alrededor de ella. Al alejarse notó los ojos de Katie sobre ella. La miraba con extrañeza.



Una vez finalizado el entrenamiento, cuando todos los demás se fueron del vestuario, Ginny, sentada en una banca, descubrió su hombro para examinarlo con atención. Lucía enrojecido y se le estaba comenzado a formar un moretón de considerable tamaño. Lo presionó con suavidad y soltó un quejido de dolor por lo bajo.

—Mierda.

Suspiró y apoyó su espalda y su cabeza contra la pared. Contempló el techo unos segundos, con el ceño fruncido.

—Ay, Ginny. Eso no se ve bien.

Katie estaba en la entrada de los vestuarios. Se aproximó a ella con el ceño fruncido.

—Deja, Katie, que estoy bien.

Katie la ignoró y se sentó en el banco junto a ella.

—Siento molestarte. Olvidé mi reloj. ¿Lo has visto?

Ginny negó con la cabeza.

—¿No quieres contarme qué te pasa? —inquirió con delicadeza Katie.

—¿Por qué todo el mundo asume que me pasa algo? —preguntó Ginny, frustrada—. No es la primera vez que me da una bludger, ¿sabes?

—Lo sé. Pero es que últimamente luces tan distraída... y no precisamente de la mejor manera.

—¿Cuál es la mejor manera de estar distraída?

Katie dudó.

—Mira, no me voy a entrometer en tu vida. Lo siento. Sólo que si necesitas cualquier cosa, estoy aquí, ¿entendido?

Ginny calló unos segundos.

—¿Tan mal luzco?

—Estas últimas semanas has tenido una pinta... como si estuvieras siempre a punto de pelearte con la primera persona que cometa el error de molestarte. Antes, durante las prácticas, mantenías un admirable nivel de concentración. Ahora, si no estás distraída estás irritada, cuando no ambas.

—Estoy cansada —dijo Ginny. Katie puso una mano sobre su hombro bueno.

—Ya sabes, ¿sí?, que cualquier cosa puedes recurrir a mí. O a Demelza. Sé que no es que seamos tu mejores amigas ni nada, pero somos un equipo. Necesitamos estar centradas si queremos tener una oportunidad de ganar la copa —dijo Katie.

Ginny asintió.

—Creo que...

—¡Ginny! —la interrumpió la voz de Dean desde afuera de los vestuarios—. ¿Sigues adentro?

Ginny se acomodó la ropa sobre el hombro maltrecho. Se incorporó, le hizo un gesto con la cabeza a Katie y salió al encuentro de Dean.

Su novio la esperaba con una caja de varitas de regaliz, un par de ranas de chocolate y una sonrisa de oreja a oreja. La abrazó con fuerza. Ginny no pudo ahogar el quejido. Dean se apartó asustado.

—¿Qué? ¿Qué fue?

—No es nada... tengo un pequeño moretón en el hombro. Una bludger. Nada nuevo.

—Vamos a la enfermería. Te acompaño.

Ginny pudo escuchar en su mente cómo hubiera sonado el gruñido que se aguantó.

—No. Tal vez vaya más tarde. No hace falta que me acompañes.

—Tonterías. No es nada. ¿Varita de regaliz? —le ofreció, abriendo la caja. Comenzaron a caminar de vuelta al castillo.

—No, gracias.

—¿Rana de chocolate? Estoy esperando que finalmente me toque la cromo de Elfrida Clagg.

—No, gracias.

Mientras Dean se llenaba la boca de varitas de regaliz, Ginny paseó la mirada por los terrenos de Hogwarts. A poca distancia distinguió a Harry, Ron y Hermione conversando. Harry parecía estar tratando de explicarles algo, pero Ron se reía y Hermione tenía una expresión incrédula.



Ya en los corredores del castillo camino a la enfermería, y tras la tercera historia seguida relacionada a alguna cosa que había hecho o dicho Seamus Finnigan, Ginny interrumpió a Dean.

—Ay, mierda. Me olvidé mi reloj en los vestuarios. Voy y vengo, tú quédate aquí.

Antes de que Dean tuviera tiempo de reaccionar echó a correr y tras dar la vuelta al corredor aprovechó para meterse en un pasadizo. En el pasado se había besado con él allí, pero no creía que él fuera a buscarla en ese lugar porque no servía de atajo hacia el campo de quidditch, sino hacia el segundo piso. En ese momento, cualquier lugar lejos de él estaba bien.

Tras salir del pasadizo y sabiéndose varios pisos a distancia de Dean, Ginny aflojó el paso. Inspiró varias veces para calmar su respiración agitada y se frotó con cuidado el hombro herido. Sintió una nueva puntada de dolor y eso fue la gota que colmó el vaso. Los ojos se le aguaron y antes de que alguien pudiera verla llorar se refugió tras la puerta más próxima. Resultó ser un baño aparentemente vacío, pobremente iluminado y con un constante y lejano ruido de goteo.

Corrió hacia el lavabo a lavarse la cara, las lágrimas.

—¿Y tú por qué lloras? —preguntó una voz chillona. Ginny se volteó sobresaltada. Myrtle la Llorona estaba sentada en el alféizar de la única ventana circular.

—Perfecto, lo que me faltaba —soltó por lo bajo Ginny—. No estoy llorando —replicó a la fantasma.

—Como digas —dijo Myrtle, con una risita—. Debería comenzar a cobrar a quienes vienen a llorar aquí. Se mofan de mí, ¡todos se mofan de mí! Pero después me vienen a ocupar el baño para llorar. Lo que es más, deberían sacar turno, para no cruzarse —añadió—. Sé por experiencia propia lo molesto que es.

—¿Cruzarse?

Myrtle no contestó. Suspiró y se dirigió hacia una pared que atravesó como si nada, perdiéndose tras ella.

Ginny se aferró al lavabo y su reflejo le devolvió la mirada. Tenía el cabello pelirrojo alborotado y una expresión de agotamiento que delataba que recientemente había llorado.

La puerta se abrió de improviso y un joven entró dando tumbos. Cerró la puerta tras de sí y se derrumbó.

Ginny se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos, en silencio. Draco Malfoy estaba de rodillas, con la espalda encorvada y la frente casi tocando el suelo. Se abrazaba con sus brazos y temblaba. Su cabello rubio platinado le tapaba el rostro, pero a juzgar por su respiración, sollozaba.

Ginny deseó tener la habilidad de Myrtle de traspasar paredes para salir de allí sin que él notara su presencia.

Draco alzó la cabeza y la vio. La Weasley con la cara hinchada como seguramente debía estar la suya, parada junto a un lavabo, con una mano sobre la boca y una expresión que se asemejaba a la compasión.

Draco se puso de pie con lentitud. Se sostuvieron la mirada unos segundos, expectantes.

Repentinamente, Draco sacó su varita.

Obliviate!

Con la misma velocidad de reflejos Ginny esquivó el haz de luz y respondió.

Expelliarmus!

La varita de Draco salió disparada y cayó repiqueteando en la baldosa a unos metros de él.

Nuevamente se sostuvieron la mirada, pero a los pocos segundos él rehuyó sus ojos. Draco lucía como un animal acorralado.

—¿Qué... qué mierda te pasa? —dijo Ginny por lo bajo. Su voz sonaba un poco ronca, según descubrió entonces. Tenía los ojos fijos en él y la varita en alto, atenta a cualquier movimiento que fuera a hacer. Se aproximó unos pasos, sin dejar de apuntarle.

Draco tenía la mirada perdida y parecía casi no tener fuerzas para sostenerse de pie.

—Dime qué quieres —susurró.

—¿De qué estás hablando?

—¿Cuántos galeones por tu silencio?

—No quiero tu dinero.

A Draco le tembló ligeramente un párpado. Por un segundo pareció cruzar su rostro una expresión de burla, y seguramente por su mente un comentario referido a la pobreza de los Weasley. Sin embargo, se contuvo.

—Entonces, ¿qué...? —comenzó, pero se detuvo, con la voz quebrada—. No le digas nadie. No le digas a nadie o te juro que...

Ginny frunció el ceño y levantó más la varita.

—No creo que estés en posición de amenazar a nadie —le advirtió—. En todo caso, no tengo intención de comentarle a nadie que te vi... así. No más de la que tú tendrías comentándole a los demás que me viste a mí. Sinceramente creo que a todos les importaría bastante un bledo.

Con cautela dio un par de pasos hacia la puerta. Cuando estaba a punto de abrir la puerta Draco se abalanzó sobre sus piernas y la hizo caer. Su varita se le deslizó de la mano. Desde el suelo Ginny intentó alcanzarla, a la par que intentaba patearle la cara a Draco. Vio en sus ojos grises un brillo de desesperación.

—¡Suéltame o te juro que te rompo la crisma! —exclamó Ginny. Su varita se hallaba a tan sólo unos centímetros de la punta de sus dedos. Su pie alcanzó a Draco antes. Le dio en el hombro con la suficiente fuerza como para apartarlo.

Ginny se incorporó, y antes de que Draco pudiera terminar de hacer lo mismo lo cazó por el cuello de su túnica y lo estampó contra la pared, inmovilizándolo. Con la respiración agitada, vio el rostro de facciones afiladas a unos centímetros de distancia del suyo y casi no reconoció en él a Malfoy. Él no intentó zafarse.

—No puedo más —susurró él.

Ginny no se atrevió a mirarlo con pena. Durante un instante sintió el impulso de responder que ella tampoco.

—¿Qué te pasó? —murmuró Ginny. Ambos sabían que ella no preguntaba esperando obtener una respuesta. Que su pregunta era una expresión de su incredulidad.

—Lo siento, Weasley —dijo él de forma casi inaudible. No la miraba a los ojos.

Ginny no sabía qué la sorprendía más de toda esa situación de mierda. Si la desesperación de Malfoy o el que se dignara a pedirle perdón. Recorrió su rostro con la mirada mientras pensaba qué decir. Notó un atisbo de lágrima en la comisura de uno de sus ojos. Su descubrimiento la hizo sentir que se quebraría nuevamente.

Ginny no sabía si estaba más furiosa con él o consigo misma. ¿Cómo se había permitido verse en tantas situaciones de las cuales quería escapar? ¿Por qué se hacía eso a sí misma? ¿Por qué seguía con Dean, si no era feliz? ¿Por qué no rompía con la rutina que tan atrapada la hacía sentir? ¿Qué es lo que realmente quería? ¿Seguir haciéndose daño a sí misma?

Quizás sabía tan poco sobre lo que necesitaba como el joven deshecho frente a ella.

—No le diría a nadie —musitó Ginny.

Draco alzó la vista.

—¿De qué...?

—A nadie —repitió ella.

Ahora sí él le clavaba la mirada. Primero, en las numerosas pecas de sus mejillas. Quería perderse contándolas, con tal de no enfrentarse a sus ojos castaños, que lo miraban con una interrogante que no quería responder.

O tal vez sí.

Sus ojos se encontraron.

—Yo tampoco —susurró él.

Ginny se deshizo de los centímetros que los separaban y, todavía sosteniéndolo de la túnica, lo besó. Tras unos segundos se separó. Malfoy lucía desafiante. Ginny tomó aire. En un instante varias expresiones cruzaron su rostro: temor, confusión, arrepentimiento. Pero tan rápido como vinieron, se fueron. Y sólo quedó la determinación.

No necesitaba la respuesta a ninguna pregunta en ese momento. Él tampoco. Necesitan desquitarse, necesitaban hacerse daño a sí mismos, necesitaban escapar de lo que los agobiaba.

Ginny sabía que él lo tenía peor. No era necesario saber con certeza qué lo tenía tan alterado, tan fuera de sí, tan necesitado, para comprenderlo. Sentía una curiosidad enorme, pero se trataba de Malfoy, así que se permitiría ser egoísta. Total, ninguno de los dos diría nada. No se debían nada más que silencio.



Todos los pasadizos conducían al segundo piso, o al menos esa impresión le dio a Ginny durante las siguientes semanas. Cada vez más a menudo se hallaba a sí misma rehuyéndole a Dean, e incluso a algunas clases y entrenamientos. Había encontrado algo que la ayudaba a seguir adelante hasta que juntara el valor para poner en orden su propia mierda. De esa forma, nadie tendría por qué notar que algo le pasaba, e inmiscuirse.

Cada vez más a menudo se hallaba en el baño de Myrtle de Llorona, que la rehuía a ella (no sin antes mirarla con especial odio). Cada vez más a menudo se hallaba a sí misma en las situaciones que revivía mentalmente cuando estaba con Dean; con una mano en el cabello de Malfoy y la otra en su nuca, sus labios tan pegados como sus torsos. O con la espalda contra la fría baldosa del baño. O mordiéndose los labios para no hacer ningún sonido que en el eco los pudiera delatar. O con la mano aferrando el cuello de la túnica de Draco. O en el medio de un torbellino de caricias que hacían daño.

Cuando ya habían obtenido todo lo que buscaban del otro se separaban sin mediar palabra innecesaria. Ninguno necesitaba más que eso. Lo único que necesitaban era ese error.

Quizás Ginny se encontrara más de lo que quería recordando esos momentos. Quizás se recriminara a sí misma el, por momentos, perderse recordando sus ojos grises atormentados, además de sus manos, sus labios, su cuello y su pecho.

Pero no importaba. Podía pagar el precio.

Efímero como llegara a ser lo suyo, no se debían más que el silencio.




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[One-shot basado de una u otra forma en:

Clandestino – Shakira ft. Maluma]

Aug. 31, 2018, 3:44 a.m. 1 Report Embed 1
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Post!
Carly Ron Carly Ron
Y pus el primero, el más largo y el último (aquí) que comento (? ¡Yo y mi lógica! X'D Ya sabes que me gustó y toda la cosa, besitos :-*
Aug. 31, 2018, 12:06 a.m.
~

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