M
MONICA RUBIO


Una gambla parlanchina se topó con una sardina y unos cangrejos. Que crees que pasó?


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La gamba parlanchina

Érase una vez, una niña a quien todos conocían como Mar. A Mar le gustaba mucho jugar con la arena de la playa. Siempre jugaba a recoger conchas y con las conchas hacía corazones.


De vez en cuando, mientras rompía las conchas con una piedra las gaviotas sobrevolaban sobre su cabeza. Estas se acercaban al espigón de piedra que daba forma a la playa.


Entonces, una gamba parlanchina se acercó a la orilla donde estaba la niña.


-Hola Mar qué haces aquí sola? - le preguntó la gamba parlanchina.


-No, no estoy sola!. Mi madre está tomando el sol estirada en la toalla, es por eso que no la ves – contestó.


De repente, se metió en la conversación la sardina llorona.

-Oh, que triste que estoy! - comentó – no he encontrado comida y ya es mediodía por lo que veo en el reloj de sol.



En una piedra del espigón había un reloj de sol. La sardina siempre que llegaba a mediodía y no había comido, se desesperaba y empezaba a quejarse. Las otras sardinas le decían que era una llorona y que tenía que cambiar la manera de conseguir comida. Tenía que seguir los consejos que le daba la sardina reina. La sardina reina le decía:

-Mira la corriente, la luz y calcula antes de salir a comer.


Pero ella salía sin mirar nada. En cambio la gamba parlanchina sí sabía buscar comida, pero perdía mucho tiempo hablando. Las otras gambas no se atrevían a preguntarle nada y apenas alzaban la voz cuando ella estaba allí, porque sinó hablaba hasta el infinito.


La Mar no volvió a la playa hasta la semana siguiente. De mientras, la gamba intentó no hablar tanto y la sardina siguió los consejos de la sardina reina. Y fijate, encontró comida.


Había una brisa suave y la Mar jugaba a hacer castillos de arena. De repente, apareció la sardina y la saludó:

-Hola, Mar qué castillos tan guapos que haces!


La Mar le respondió:

-Sí, haré un pozo y del pozo saldrá un río que irá a parar a la puerta del castillo.


La gamba que estaba metida en el pozo se aburría como una ostra y empezó a hacer monólogos. Sin darse cuenta un montón de cangrejos estaban a su alrededor riendo y aplaudiendo sus monólogos. Así fue como nació una actriz de comedia y cada semana Mar iba a la playa y le construía una torre y un pozo para que pudiese hacer sus monólogos a los cangrejos que ahora eran su público.


Y las otras gambas se extrañaban que la gamba no hablase tanto como antes y la gamba les dijo que se reservaba para sus monólogos.

FIN



Aug. 16, 2018, 9:16 a.m. 0 Report Embed Follow story
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