Camelias de Anhelo Follow story

samharcel Ann Mari SH

Marius alguna vez fue el mejor amigo de Seb. Las circunstancias los separaron, tras más de una década Seb vuelve a la ciudad donde nació y perdido entre las calles encuentra al que alguna vez fue su amigo. Las intenciones de Marius no son claras, y ninguno quiere volver a ser amigo del otro. A seb solo le queda conocer a Marius quien no es la persona que recuerda.


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Lilas

Me estrelle de cara con un chico el día en que regrese a la ciudad. Aunque había sido yo quien corría no tuve la fuerza para lanzarlo al suelo, fui yo quien dio con el trasero en el piso. Con una exclamación de sorpresa alce el rostro encontrándome con el chico más apuesto que había visto, se inclinó y me ofreció su mano. Vestía un traje negro, como si fuera un oficinista o saliera de un funeral, su cabello oscuro estaba despeinado y entreví un destello plateado en su oreja. Su rostro me pareció conocido, desde sus lunares hasta sus ojos, uno marrón y el otro con un tono que se acercaba al verde.

—¿Seb? —Me pregunto, cuando en su rostro se dibujó una expresión de confusión.

Me basto que me llamara por ese apodo para darme cuenta de quien se trataba. Los lunares, los ojos y la expresión de confusión que se acercaba a una de temor, todas esas características se abrieron paso por mi memoria y no pude contener una gran sonrisa. La vida es realmente extraña.

—Mari... Marius.

Me tomo de la mano y me puso de pie con un solo tirón.

—Eres tú. —Vi por un segundo su sonrisa antes de que me abrazara. El olor que despedía se coló por ni nariz y distinguí algún tipo de colonia. Me alejo de su cuerpo y sin borrar la sonrisa que tenía en los labios se agacho para levantar mi maleta que ahora estaba en el suelo.

—¿Estas de regreso en la ciudad Seb?

Mientras dejaba el asa de mi maleta en mi mano, sin siquiera preocuparse por mi espacio personal me lanzo aquella pregunta. Lo hizo de una forma tan natural que parecía que nunca nos hubiéramos dejado de ver, como si apenas el día anterior hubiera asistido a su noveno cumpleaños.

—Sí, estoy de regreso.

Apenas fui capaz de balbucear una respuesta. Me encontraba tan inseguro de encontrarme con Marius, él había sido mi mejor amigo desde los tres años hasta que mis padres murieron el día de su noveno cumpleaños. Durante años me había golpeado la realidad de que gracias a él yo estaba con vida.

—¿A dónde te diriges Seb? —Suavizo un poco su sonrisa y en un gesto rápido se puso de pie a mi lado. —Tengo tiempo libre, podría acompañarte.

Pese a que no me agradaba la idea era justo lo que necesitaba. Habiendo vivido tanto tiempo en el otro lado del país no sabía ni siquiera llegar al departamento que mi tía había conseguido para mí. Había estado rondando la zona por casi una hora sin que nadie me diera direcciones. Hurgue en mi pantalón y saque la hoja donde la dirección estaba escrita.

—Marius, ¿Sabes dónde queda este lugar?

Le entregue la hoja y el la leyó rápidamente, por un segundo su expresión paso por la sorpresa.

—Estas yendo en la dirección contraria Seb. Te llevare, es fácil llegar caminando. —Dio un par de pasos y comencé a seguirlo arrastrando mi maleta detrás.

Marius me guio hasta un edifico de departamentos de lujo, el edifico tenía cristal oscuro por donde lo miraras.

—¿Es aquí? Pregunte impresionado.

—¿Tu no lo elegiste? Marius tenía el rostro alzado en dirección a la cima del edificio se notaba un ligero disgusto en su gesto.

—Mi tía lo compro.

—Bueno, tu tía tiene un gusto por lo ostentoso.

—Eso parecía. Nos quedamos en silencio sin decir nada, yo esperaba que le dijera algo, pero seguía mirando con desagrado al lugar sin siquiera moverse. Parecía que ya lo conociese o quizá conocía a alguien.

—¿Marius, conoces a alguien que viva ahí?

—Algo así.

—¿Cómo?

—Murió hace ya un tiempo.

Fui directo a un tema delicado, pero me respondió con naturalidad sin molestarse en mencionar algún detalle. No intente ahondar más en ello y nuevamente Marius se quedó en silencio. Sin otra opción decidí cambiar de tema.

—¿Por qué llevas traje Marius?

—Di una exposición en la universidad.

—¿Sobre qué?

—Factores que propician alteraciones durante el desarrollo embrionario.

—¿Qué estudias?

—Medicina.

Marius soñaba con ser un dibujante cuando niños, pensé que estaría en una escuela de arte, no me esperaba su respuesta. Siempre creí que Marius sería un pintor, dibujante, actor o algo similar. Cuando niños siempre me pareció el más listo de todos, en mi opinión podría estudiar cualquier cosa que quisiera y seguiría siendo bueno en ello.

—¿Quieres ver mi casa?

Le ofrecí aquello, aunque ni siquiera yo había visto el lugar. Había llegado sin ninguna preparación a la ciudad.

—Claro.

Lleve a Marius dentro del edificio donde me siguió con una evidente incomodad, miraba a cada esquina como esperando que algo le saltara encima, no pude evitar recordar al pequeño Marius, un niño ansioso que se creía cada historia de fantasmas que escuchaba, pero me ahorre cualquier broma al respecto, por respeto a su amigo.

Finalmente, llegamos a la puerta marcada con el número 17, abrí con las llaves de mi bolsillo y Marius espero fuera mientras yo miraba el lugar. Era del tamaño de una casa. La sala llegaba hasta una barra que la separaba de la cocina y un corredor en medio de dos paredes se extendía en las sombras del lugar. Los muebles que mi tía había comprado estaban desperdigados aun en sus envoltorios. Me gire a Marius que seguía fuera.

—¿Vas a entrar? Pareció darse cuenta que aún seguía afuera y me siguió.

—Tu tía pensó en todo, ¿Cuándo vendrá ella?

—Ella no vendrá, me envió aquí solo. —Me gire para quitar las llaves, pero estoy seguro que por medio segundo vi una sonrisa traviesa en los labios de Marius como si aquello fuera algo que quisiera. —No tengo porque preocuparme, lo preparo todo por adelantado.

Soné la llave en mi mano antes de ponerlas en mi bolsillo.

—¿También preparo, la comida, artículos de limpieza y todas esas cosas?

Hice caso a su duda y fui a revisar en la cocina, el refrigerador se encontraba un en su caja. De la misma manera permanecía todo lo demás.

—Me parece que tendré que cenar fuera.

Me di la vuelta y me encontré con Marius apoyado en la barra, recargado sus codos y sonriendo complacido. Comenzaba a parecerme que tenía sonrisas para todo.

—Te invitaría a comer a mi casa, pero queda un poco lejos. Tal vez prefieras que te acompañe a un supermercado, hay uno cerca de aquí al que puedes llegar a pie.

Yo no era exactamente un chef, pero no moriría por prepararme algo de comer.

—Me ayudaras a cargar lo que compre.

—No tengo problema con eso.

Marius no aparentaba conocer otra forma de llegar a cualquier lugar que no fuera caminando, por suerte no exagero, veinte minutos después de estar en mi departamento estábamos en pasillo de un supermercado cercano. Marius sostenía una bolsa de harina en cada mano y me miraba insistente, como si fuera algo serio.

—¿Te gusta la integral?

—No conozco la diferencia, lleva la más barata... pensándolo bien, para que necesitaría harina.

—La pregunta es por qué no la necesitarías, sirve para todo hombre. Crepas, panqueques, panes, pasteles... no se muchos usos, pero es esencial en la cocina.

—¿Igual que la leche y el cereal?

—Nuestra vida sería muy diferente sin cereal.

Sin dejar de sonreír Marius dejo una de las bolsas de harina en el carrito y comenzó a avanzar delante de mí. Mirar caminar a Marius era todo un privilegio, su espalda era buena en muchos sentidos, buenos hombros, buen trasero y el traje que usaba hacia énfasis en ello. Seguimos recorriendo la tienda, en cada cosa que creía que yo necesitaba Marius insistía en analizar a fondo los productos.

—¿Cómo es que sabes tanto para productos para el hogar?

—Siempre acompaño a la abuela a hacer las compras, aprendo mucho cuando le pongo atención.

—Realmente eres un niño de mami.

—No realmente.

Llevo su mano a su oreja izquierda donde antes había visto un brillo metálico, la froto y dio un aire de incomodidad que me impulso a fastidiarlo.

—Seguro antes de dormir tienes que ir con tu mami a desearle las buenas noches.

Debí de dar en el clavo, se puso rojo y negó con los ojos cerrados. Ni de broma pude predecir una reacción así. Me dio un poco de envidia, yo no tenía ninguna madre que me mirara o a la que desearle las buenas noches, sin querer le dedique una expresión de desprecio a Marius, fue tan evidente que lo saque de su vergüenza.

—Yo debería de molestarme no tú. ¿Te sucede algo?

Claro que me sucedía algo, pero era difícil ponerlo en palabras.

—Mis padres murieron.

—Ya veo, así que necesitas tomar venganza.

Qué clase de deducción apresurada era esa. Que se creía que todo era una obra de ficción como Batman.

—No, fue un accidente de tráfico.

—Si quieres destruir todos los autos del mundo, tendrás mi apoyo hasta el final.

—No lo digas con tanta seriedad.

Le quitaba a propósito la seriedad a la situación, aun si quisiera llorar el lograría hacerme reír.

—Perdona Seb, no se lidiar con esos temas, soy la clase de persona que llora en los funerales.

Una repentina confesión de su parte, la clase de confesión que sonaba extrañamente deprimente.

—Mis padres murieron el día de tu cumpleaños. —Sin pensarlo confesé la verdad. Cualquier gesto desapareció de su rostro y su expresión plana me miro sin transmitirme nada, se veía un poco solemne.

—Por eso es que te fuiste.

—¿Me extrañaste después de eso?

—Eras mi mejor amigo, ¿Cómo no iba a extrañarte?

La sonrisa que continua a esas palabras era tan triste que mi estómago se retorció. Yo "era" su mejor amigo, nunca volvería a serlo.

Marius me acompaño de regreso a mi casa, el refrigerador resulto ser demasiado grande para las pocas cosas que compramos, era demasiado grande para un departamento donde solo viviría una persona y eso se notaba.

—Me parece extraño que tu tía te consiguiera un lugar tan grande. Mis otros amigos tienen departamentos del tamaño de tu sala.

—La verdad es que la tía me tiene un poco de lastima e intenta darme cosas para compensar lo que paso con mis padres.

No importaba si en el pasado había conocido a Marius en ese momento era un desconocido y aun así yo me estaba sincerando con él como si jamás nos hubiésemos separado, pero no me importo, era algo bueno tener a alguien con quien hablar después de haber recorrido el país en completa soledad.

Marius acomodo el cartón de leche que comprados y tras cerrar la puerta del refrigerador se llevó la mano a su cabello, lo acomodo tras su oreja y pude ver con detalle aquel metal, tenía un par de piezas de metal y una cruz en el lóbulo.

—Creo que ya es bastante tarde. —Marius froto sus manos limpiando un polvo imaginario.

—¿Ya es tu hora de dormir?

—Préstame tu celular. —Ignoro mi pregunta y lo obedecí. Me asegure de desbloquear el aparato antes. —Para cualquier cosa que me necesites. No importa si es por la tarde o la noche, solo intenta no necesitar de mí los domingos de siete a ocho y los sábados de seis a siete.

Eso era demasiado especifico, lo seguí mientras movía sus dedos por la pantalla en su camino a través de la sala, me regreso el celular y avanzo de espaldas a la puerta.

—Nos vemos luego. —Acto seguido Salió por la puerta.

Me quede completamente solo con una sensación de opresión en el pecho. Estaba confundido sobre lo ocurrido, parecía un sueño que me hubiera encontrado con él, parecía una fantasía que me hubiera dado su número. Cerré con llave la puerta del apartamento, cené un poco de cereal y me fui a la cama que apenas era un colchón desnudo sobre la base de madera. Sin poder dormir me puse a mirar el celular, sin siquiera preguntarme Marius había agregado su número a mis contactos. Pensé que debería enviarle un mensaje de buenas noches o algo. Me levanté de la cama y fui por toda la casa buscando el modem con la contraseña del wi-fi.

Aunque pude haberle enviado un mensaje en cualquier momento no lo hice. me fui a dormir con la duda si era correcto o no hacerlo.

"Buenos días, es una hermosa mañana, el clima está parcialmente soleado, se esperan lluvias por la tarde si sales lleva un paraguas contigo. El Horóscopo para acuario... " Me levante solo para encontrar que Marius me había enviado aquel mensaje. No era molesto en absoluto de echo era algo divertido, también me tomo por sorpresa que conociera mi signo. Seguro recordaba mi cumpleaños. Mire embobado el celular un rato inseguro de cómo responder. No sabía que era lo que Marius buscaba conmigo, no éramos amigos ya.

Aug. 4, 2018, 5:32 p.m. 1 Report Embed 1
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Flavia Flavia
¡Hola! soy Flavia, embajadora de la plataforma. He entrado a revisar tu historia para verificarla, pero antes de eso es necesario que corrijas algunos errores ortográficos (por ejemplo tildes), de puntuación y también en la estructura de los diálogos. Una vez hecho esto puedes responder mi mensaje y yo regresaré para verificarla. Por el momento la historia quedará "en revisión". Cualquier cosa, no dudes en preguntarme. Saludos :)
April 7, 2019, 11:55 a.m.
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