yin Yissell Manríquez

Semper, es un mundo lleno de misterios. Entre ellos, el secreto de su origen, es el que más intriga a sus habitantes. A través de una leyenda, se ha especulado sobre aquel mundo, gobernado por el bien y el mal. Más que la historia del destino de dos almas unidas por siempre, es la historia de una lucha constante, entre la humanidad y los dioses que rigen sus propias vidas. Primera parte.


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Entre la nieve


Kaldjord, más conocido como el reino invernal, se caracterizaba por ser el territorio más frío de toda Semper.

Su invierno duraba seis meses y era casi imposible, que una persona que no fuese de esas tierras, pudiese vivir por mucho tiempo en tal lugar.

El ejército kaldjordiano era considerado como el mejor del mundo.

La mayoría de los países y reinados, evitaban por todos los medios, iniciar algún conflicto bélico con ellos; debido a su fama de poseer unos guerreros implacables y muy letales, cuya fuerza resultaba desconcertante.

Su aspecto físico impactaba a cualquier extranjero, que osaba aventurarse a aquellas tierras.

Los hombres solían medir más de dos metros y aunque dependía del entrenamiento que ejercieran, su musculatura recia era muy común entre ellos.

Las mujeres bordeaban el metro noventa y exhibían una envidiable físico atlético.

Muchos intrépidos aventureros solían confundirlas con las mujeres guerreras que se podían encontrar en la isla de Liontári; debido a su fuerza, ferocidad e indudable belleza.

La tez pálida, predominaba entre los habitantes, a causa de las bajas temperaturas en las que se encontraban sometidos constantemente, el color de su cabello comúnmente era de un negro azabache, rojizo, rubio o plateado y sus ojos variaban del azul cielo al gris.

La reina actual de Kaldjord, se llamaba Siriana.

Había quedado viuda hace ocho años y pese a que se veía bastante saludable, obviando su edad, no parecía interesada en buscar algún hombre que ocupara el puesto de rey.

Su cabello blanco terminaba en una larga trenza, que le llegaba hasta el suelo. Sus ojos azules tan claros, parecían irreales, como el tono de un cielo que hace tiempo no se veía en el reino.

En esos momentos, ella acariciaba a su lobo Hallr, al cual le tenía mucho aprecio.

Se encontraba a su lado izquierdo, mientras mordisqueaba lo que parecía ser un enorme pedazo de carne.

—Buen chico — le dio palmaditas en el lomo.

Lo tenía desde que ella era una bebé.

Habían crecido juntos, así que Hallr no tendría mucho más de cincuenta años.

Los lobos del reino invernal eran muy diferentes a cualquier otro.

Animal emblema y mascota preferida en el reino, aquellos poderosos animales poseían la estatura y el peso de un oso polar.

La mayoría eran blancos como la nieve o grises; el camuflaje perfecto para su territorio, transformándose así en grandes cazadores y una versión mejorada de los lobos comunes, que habitaban en otros lugares del mundo.

A pesar de que muchos lobos eran domesticados cada año, solían ser tan impredecibles, que en cualquier momento podían rebelarse contra su dueño. Siempre y cuando, perdiese el respeto de él. Además, eran capaces, en época de hambruna, sacrificar al más débil para sobrevivir.

Por suerte, Hallr nunca había llegado a ese extremo.

— Falta muy poco para que mi Einar vuelva — decía Siriana, dulcemente, mientras se recargaba en su trono de hielo — Estás ansioso, ¿verdad? — ella rio, al ver a su lobo agitar la cola con entusiasmo.








En esos momentos, Einar lideraba el ejército kaldjordiano, el cual libraba una feroz batalla con los gigantes de hielo.

Los eternos enemigos de los humanos del reino invernal.

—¡Cada año es lo mismo! — gritaba un guerrero, el cual, como el resto de sus compañeros, utilizaba una magnífica armadura blanca, que los mimetizaba con la nieve que caía violentamente sobre ellos.

Hoy, especialmente, la ventisca estaba más insoportable de lo normal.

Según tenía entendido el príncipe, los gigantes tenían la habilidad de controlar la dirección y la fuerza de estos vientos gélidos.

— ¡No se quejen! — bramó Einar, por encima del silbido del viento — ¡ARQUEROS, DISPAREN!

Una lluvia de flechas envueltas en fuego, invadieron el cielo blanco para caer en picada hacia las criaturas de hielo.

Rugieron de dolor, cuando el fuego se encargó de penetrar sus cuerpos.

—¡Oh, no! ¡Ahí vienen! — gritaba un soldado, indicando hacia el frente.

Unas figuras, conforme avanzaban entre la ventisca, se visualizaba con mayor nitidez. Y el corazón de Einar comenzó a golpear con fuerza en su pecho.

—Mierda, ¡lo que faltaba! — miró a su alrededor.

A sus lados y detrás de él, se encontraba cientos de soldados a su disposición.

—¡PREPÁRENSE! — les avisó a gritos — ¡VIENEN LOS MUERTOS DE LAS MONTAÑAS!

—¡¿QUÉ?! — sus camaradas se miraron con tensión.

Caídos en combate, aquellos seres que antes fueron soldados en vida, revivían gracias a la magia del lugar; convirtiéndose automáticamente en los esbirros de las criaturas de hielo.

Los muertos vivientes de las montañas tenían una piel tan fría que su tacto resultaba letal entre los mortales.

Más de alguno moría congelado con tan sólo rozarlos.

— Hay que tener cuidado con ellos — susurraba Einar, más para sí — Por suerte, esta vez, la armadura resistirá el frío.

La guerra por el territorio de Kaldjord era eterna.

Al expandirse el reino hasta la tierra de los gigantes, éstos no dudaron en hacerles frente, exigiendo que se largaran de su hogar cuanto antes.

—¡HUMANOS IRRESPETUOSOS! — gritaban ellos, una y otra vez — ¡ESCORIA DEL MUNDO! — un gigante, especialmente enfurecido, alzó un puño para dejarlo caer en el frío suelo.

De él emergió una enorme ola de nieve, que amenazaba con sepultarlos a todos.

—¡DISPAREN! — volvió a gritar Einar, dispuesto a derretir ese muro de nieve antes de que cayera sobre ellos.

El grupo de arqueros obedeció rápidamente.

Tensaron sus arcos y lanzaron flechas que atravesaron, derritiendo a su paso, el despiadado ataque del gigante.

Igualmente, Einar y su ejército se cubrieron las cabezas con sus escudos, siendo inevitable que la avalancha fuese más poderosa de lo esperado.

Los gigantes, al ver que la avalancha invocada resultó un éxito, sepultando a los guerreros en la nieve, se detuvieron para contemplar con deleite su destrucción.

Sin embargo, volvieron a rugir de enfado al darse cuenta de que emergían de la gruesa capa blanca.

El príncipe kaldjordiano, tosió, luego de incorporarse.

Sentía las piernas pesadas y la nieve seguía cubriendo sus hombros. Pero no podía dar un paso atrás.

Ya estaba aquí y debía vencer.

—¿Están todos bien? — preguntó, dirigiendo la vista hacia sus compañeros.

—¡SÍ, SEÑOR! — respondieron al unísono, en un grito que al mismo general del ejército le otorgó las energías que ya le escaseaban.

Esbozó una sonrisa.

—Perfecto. ¡ES HORA! ¡VAMOS! — gritó, eufórico, al mismo tiempo que sacaba su hacha de la nieve y la alzaba por encima de su cabeza.

Luego, apuntó el filo hacia las enormes criaturas que esperaban un nuevo choque y echó a correr, seguido de su ejército.

Los soldados de las montañas se adelantaron, levantando sus espadas escarchadas, mientras se esforzaban por avanzar rápidamente con sus piernas fracturadas.

Como una ola furiosa, se lanzaron hacia el príncipe y el resto de su ejército, arremetiendo y lanzando alaridos inquietantes.

Einar frenó el ataque, reteniendo el peso del muerto con su escudo.

Forcejeó unos segundos hasta que pudo apartarlo de encima.

A continuación, le incrustó el filo del hacha en el cuello.

La cabeza salió despedida del esbirro, el cual profirió un último chillido, antes de desvanecerse en la ventisca.

Jadeando, levantó su escudo para proteger nuevamente su cuerpo, empuñó el arma con fuerza y caminó por encima de los restos del muerto viviente que había derrotado.

Impulsado por la adrenalina, se abalanzó hacia sus enemigos.

Mientras se enfrentaba a ellos, sentía el pulso más acelerado. Y los movimientos de sus atacantes, los percibía más predecibles de lo normal.

Era una sensación que ya conocía y se alivió de poder sentirla en cada fibra de su cuerpo.

Junto con su ejército, estaba dispuesto a vencer a toda costa para el bien de su reino.

Si perdían, los gigantes invadirían Kaldjord y lo convertirían todo en hielo, como lo habían hecho justamente en el lugar que se encontraban parados.

“Aún recuerdo cuando mi padre decía que aquí crecían flores” pensaba, al tiempo que alzaba su hacha.

Con todas sus fuerzas, partió a un soldado de las montañas por la mitad.

El salvajismo de sus ataques era el reflejo de su duro entrenamiento, que recibía desde muy pequeño.

Aún recordaba ese momento.

Sus padres lo arrojaron a un barranco, con tan sólo cinco años.

Al caer, una manada de hambrientos lobos kaldjordianos lo esperaban, ansiando un banquete.

Aquel desafío fue su iniciación como el guerrero de la familia.

Ni siquiera tenía muy claro, si eso había querido ser desde pequeño, pero lo convencieron de que ese era su destino.


Como cada familia, el primogénito, sea hombre o mujer, debía formar parte del ejército kaldjordiano.

Al final, todos acababan por convencerse de que habían nacido para la guerra.

Algo del cual parecía enorgullecer tanto a los padres como a sus propios hijos.


Un gigante abrió la boca, aspirando, con todas sus fuerzas, todo el aire que pudiese reunir sus pulmones.

Poco después, expulsó una ventisca tan poderosa que logró elevar por los aires a varios guerreros de Einar.

Éste, apretando los dientes, clavó la punta de su escudo en la dura nieve y se ocultó detrás de él, para resistir la fuerza del viento.

—¡RESISTAN! ¡PROTÉJANSE CON SUS ESCUDOS DE LA VENTISCA! ¡HAY QUE AGUANTAR! — dicho esto, todos le obedecieron.

Einar, pese a ser un príncipe con un cargo militar demasiado alto para ser tan joven, se había ganado la admiración y respeto de sus compañeros.

Incluso recordaba con cierta añoranza, las veces que había sufrido malos tratos, de parte de ellos.

“No creas que, porque eres príncipe, tendrás las cosas fáciles”. Le había dicho el general de ese tiempo, mientras sus camaradas le daban una fuerte paliza en el suelo. “Si quieres forjarte como un verdadero hombre, debes enfrentarte a todo tipo de desafíos. Al fin y al cabo, naciste para liderar… Para poner en alto, el reino de Kaldjord por sobre todo”

Siempre pensó, que todo lo que había sufrido eran pruebas que debía superar, así que no le había guardado rencor a nadie.

No podía.

Su pueblo necesitaba de su fortaleza. Contaban con su liderazgo.

Y si tenía que luchar sin parar, lo haría con tan sólo ver a su pueblo florecer entre la nieve, que amenazaba con sepultarlos eternamente.


Pasaron tres días más, en los cuales no pararon hasta acabar con todos los gigantes y sus muertos de la montaña.

— Desde que la bruja maldijo este lugar, todo se vuelve más raro — mascullaba un guerrero, que se dejaba caer en la nieve, mientras se retiraba el casco.

— Si queremos parar este maldito hielo, vamos a tener que buscarla, encontrarla y matarla — repuso Einar, imitándolo.

Su cabello oscuro azabache, se erizó al sentir el frío, que congelaba su piel.

Debido a sus facciones varoniles y circunspectas, daba la sensación de ser un hombre completamente impenetrable. Mas, sólo era un prejuicio.

Era muy apuesto y debido a su inteligencia y destreza en la batalla, solía conquistar fácilmente a las mujeres, de las cuales no le escaseaban.

Pero sobre sus relaciones, eso quedaba sólo en él.

No había algo que le fastidiara tanto, que hablar de temas personales.


Sin embargo, sus hombres especulaban de que se había acostado con más de cien chicas diferentes.

“Pelmazos” pensaba, mientras torcía la boca, en parte divertido y en otra algo molesto. “No creo ser tan descarado”.

Tampoco estaba muy interesado en aclararles las cosas, pues ya se estaba acostumbrando de que todos, a su alrededor, formaran falsas creencias sobre él. Después de todo, era el príncipe que estaba a la altura de obtener la corona.

El hombre que pasaría a la historia, junto con sus ancestros; los legendarios guerreros kaldjordianos que, en sus tiempos, lucharon codo a codo con seres celestiales para derrotar a las fuerzas del mal, que amenazaron con cubrirlo todo de oscuridad.

Ser idealizado de esa manera, mediante chismes y exageradas anécdotas cargadas de heroísmo, supuso que sería una propaganda efectiva para que su popularidad aumentara.

Algo que a su madre le encantaba. Pero, que a él sólo le causaba problemas.

Ahora que recordaba la historia de sus ancestros y la Guerra Divina, se decía que aún quedaba rastro de seres malignos, escondidos por todo el mundo, esperando el momento oportuno para desatar el caos.

Y algunos de ellos, solían manifestarse en seres humanos con poderes extraordinarios, llamados brujos o hechiceros de las tinieblas.

Precisamente, Einar buscaba a la bruja que había maldecido a Kaldjord con un invierno mortal.

—No recuerdo bien… ¿Se suponía que los gigantes de las montañas y nosotros convivíamos en armonía? — preguntó otro guerrero, de barba trenzada.

Sus pequeños ojos azules, miraban fervientemente a su idolatrado príncipe.

—Así fue, en algunas décadas atrás — respondió, mientras asentía con la cabeza.

Se dejó caer en la nieve y miró el cielo.

En aquella zona nunca salía el sol.

Estaba tan nublado, que parecía estar completamente oscuro.

—Fueron los años más prósperos del reino. Pero, sólo fue un pacto de paz que no duró lo suficiente — resopló.

Ahora estaba consciente del cansancio que sentía.

Las plantas de sus pies le ardían y sus acalambradas piernas, le impedían levantarse.

Incluso le tentó la idea de cerrar los ojos.

Pero temía, como cualquiera de sus hombres que se encontraban en este lugar, quedarse sumido en una capa de nieve, que lo acabaría convirtiendo en uno de aquellos soldados zombificados.

Se levantaron para volver al campamento, que habían levantado al llegar a las montañas, y poder descansar antes de emprendiera el viaje de vuelta a casa.

Sin embargo, antes de que el príncipe pudiese al menos retirarse la armadura, fue visitado por el comandante Kristof, la capitana Rika y un sujeto con un enorme abrigo de cuero, que usaba una mochila más grande que su espalda.

— ¿Qué pasa? — suspiró, al verlos, y se aproximó al trío.

Ellos se detuvieron frente a una mesa, observando intimidantemente, al extraño del abrigo.

Éste carraspeó.

Su cabello oscuro y largo, apenas dejaba ver su rostro de tez morena.

—¡Buenas… eh… ¿tardes?! Bueno… la verdad es que cada vez que vengo a Kaldjord, nunca sé con certeza si es de día o de noche, je, je, je…

— Al grano, por favor — le pidió Einar, haciendo un gesto con la mano para que se apresurara al contar, pues estaba muy cansado como para seguir de pie.

— Mi… Mi nombre es Itzae… Soy comerciante y pues… aproveché la oportunidad para venir a mostrarles mis productos, antes de llegar a la ciudad, je, je, je…

“¿De verdad, vienes a fastidiar? ¿Ahora?”, se preguntó, malhumorado.

— ¿Y qué traes?

— Bueno, la reina Siriana, la vez anterior, me pidió que trajera algún método de mensajería… — mientras hablaba, abría su enorme mochila, para revolverla con una mano, apresuradamente — ¡Así que les traigo lo más innovador en mensajería instantánea! ¡El mini zeppelín goblin! — dicho esto, sacó del saco, un dirigible del tamaño de un balón, con un canastito colgando de los hilos que se sostenían alrededor del globo.

El príncipe y sus soldados, exclamaron asombrados al ver el aparato.

— ¡Es adorable! — exclamó Rika, sin poder evitarlo.

—Sí, muy adorable — afirmó Einar, levantando una ceja, escéptico — Por lo general, las cosas adorables son inservibles. Veamos si cumple lo que promete.

—¡Le daré una demostración! — se ofreció el comerciante Itzae, animadamente, mientras sacaba un trozo de pergamino, una pluma y un pequeño bote de tinta.

— ¿Esto tendrá un costo adicional por la demostración? — preguntó el general, entornando los ojos con sospecha, al tiempo que indicaba todos los materiales que el comerciante dejaba ante él.

—¡Para nada! Cortesía de la casa — le hizo una reverencia tan exagerada y graciosa, que Einar intentó mantenerse circunspecto.

Aunque se había sonrojado.

“Así son los comerciantes. Se hacen los carismáticos… te engatusan con sus payasadas, para que al final caigas y compres tanto por simpatía como por necesidad. Al fin y al cabo, estás viendo a un bufón tan astuto como un zorro”.

— Escriba cualquier cosa sobre el pergamino y diga en voz alta y clara, el destinatario — le explicó Itzae, apartándose el cabello de la cara, para revelar un ojo azulado y otro pardo.

Le indicó con un dedo el pequeño zeppelín, que descansaba sobre la mesa, el cual tenía una especie de micrófono en su interior.

Einar agarró la pluma, la untó en el bote de tinta, y con una letra muy pulcra y delicada, contrastando con su aspecto rudo y duro, escribió “¿Queda cerveza?”.

Enrolló el trozo, atándolo a una cinta, y lo posó sobre el canastito.

Luego, carraspeó.

— Para el guerrero Henning — dijo, con firmeza.

Entonces, el pequeño dirigible, comenzó a levantarse lentamente de la mesa.

Tan lentamente, que Einar se cruzó de brazos, mientras movía su pie, con gesto impaciente, Kristof se permitió bostezar y Rica, bufó exasperada.

— Mensajería instantánea, mi trasero — gruñó la chica con fastidio.

— ¿Todavía no sale de la carpa? — preguntó Kristof, quien dio un respingo, al darse cuenta de que estaba quedándose dormido parado.

— A estas alturas, ya debería estar recibiendo mi respuesta, ¿no? — soltó Einar, frunciendo el ceño, mientras observaba cómo el aparato apenas lograba desplazarse por el aire con la misma velocidad de una tortuga — ¿Y esta maqueta ibas a presentarle a la reina? ¿Para qué querría otro sistema de mensajera? ¿Y los cuervos de Odín? — se dirigió a Kristof, quien suspiró.

— Deshabilitaron ese sistema de mensajería hace dos meses, puesto que los cuervos comenzaron a congelarse a mitad de camino. Y causa del frío, están en peligro de extinguirse, aquí.

— Mmm_ Einar acarició su barbilla, pensativo — Por esa razón, nunca le llegan mis cartas… — susurró, más para sí, repentinamente preocupado al recordar que se mantenía en contacto con la actual reina de Sadlands.

—¡Deben darle algo de tiempo, el zeppelín tarda un poco, pero después de un rato se volverá más rápido y ligero! — se apresuró a explicarles Itzae, con nerviosismo.

— Está bien — gruñó Einar, resoplando.

Todos se quedaron en silencio, observando expectantes el aparato, que siguió andando a la misma velocidad.

El príncipe, ofuscado, lo agarró y arrancó la canastita.

Con los hilos, enroscó el papel alrededor del globo, para salir a zancadas de la tienda con él en brazos.

A continuación, y seguido de los demás, lanzó con fuerza el pequeño zeppelín, como si se tratara de un balón, hacia un chico de cabello plateado, pecoso y de ojos azules, quien lo atajó rápidamente.

Aturdido, al ver que el general le lanzaba aquel objeto, arrancó el papelito, rápidamente, al ver la cara de malas pulgas de su superior.

“¿Queda cerveza?”

El chico se dirigió hacia la carpa, donde guardaban tres barriles, y vio que varios tomaban.

—¿Qué le respondo? — les preguntó a sus amigos, al tenderles el mensaje.

—Escríbele que no queda, y así compra más — le sugirió uno con malicia, y entre risas, le respondieron en el mismo pergamino.


Al poco tiempo, Henning le arrojó el zeppelín de vuelta y Einar lo atrapó en el aire.

“¿Queda cerveza?”

“No, mi señor”

El príncipe, soltando un bufido, arrugó el pergamino hasta formar una bola, al ver que tanto el comerciante como Kristof y Rika, observaban por encima de su hombro con curiosidad.

—Bueno… Tu sistema de mensajería instantánea goblin es una bazofia, pero me lo quedaré de todas formas. Me hacía falta un nuevo balón — sentenció Einar, al tiempo que agarraba el aparato con la punta de los dedos, mientras le daba tres monedas de plata al comerciante, quien tragó saliva.

— Pe… Pero… Ese aparato cuesta una moneda de oro…

— ¿Y te dignas a protestar? Los he visto más baratos en la chatarrería — repuso el general kaldjordiano, ceñudo.

Itzae, suspiró.

—Disculpe… — luego, como si de repente era iluminado por una idea, lo miró sin perder la esperanza — Pude leer, sin atisbo de resultar entrometido (“lo estás siendo” pensaba Einar, en ese instante), el mensaje que le dio su guerrero… Y yo puedo abastecerlos de dos barriles de cerveza…

—Yo no nací ayer, señor comerciante — le dijo Einar, intentando mantenerse todavía más serio — Sé muy bien, cuando mis hombres mienten. Así que, comandante Kristof, recuérdame castigar a Henning y a sus amigos. Llegando a la base, tendrán que limpiar los retretes todo un mes — se devolvió tras sus pasos; mientras tanto, lanzaba su nuevo balón al aire, para atajarlo con ambas manos.

Los demás lo siguieron, pisándole los talones.

— Sí, señor… — asentía Kristof, intentando reprimir una risotada.

—¡Ah…! Y volveremos a implementar caballeros mensajeros.

— Sí, mi general.

—¿Era todo lo que tenías para ofrecer? — se dirigió hacia Itzae, quien se sobresaltó.

— Tengo chocolates — respondió, rápidamente, sonriente.

— Suena interesante… ¿Qué eran? — intentó recordar Einar, pensativo.

— Pues, son…

Pero antes de que el comerciante pudiese explicarle, todos escucharon un grito que los hicieron sobresaltar.

— ¿Qué fue eso…? ¿General? — Kristof y Rika, al ver que Einar iba tras el ruido, intentaron seguirlo.

Mas, él los detuvo con un brazo.

— Yo investigaré… Despachen al comerciante — les ordenó, y ambos asintieron con la cabeza — Espero que a la próxima traigas algo más útil — le comentó a Itzae, quien resopló, al ver que sus ventas fueron frustradas.

Mientras tanto, el príncipe se alejó de ellos con rapidez, agarrando de paso un hacha de combate, que se apoyaba en un tronco.

— ¡No lo hagas! — gritaba una voz femenina.

Su corazón dio un vuelco.

“¿Estará en peligro?” pensaba, preocupado.

— ¡No me busques! ¡Déjame en paz…! ¡Tú no puedes…!

— ¡Entra en razón, por favor!

Echó a correr, y al ver que el resto de sus camaradas lo seguían, alarmados, hizo un ademán con la mano para que se detuvieran.

— Iré yo. Tranquilos, parece que sólo son dos personas — les dijo y estos asintieron.

La ventisca le impedía ver, pero conforme caminaba por el desfiladero montañoso, pudo distinguir dos siluetas oscuras entre el viento blanco.

Al aproximarse lo suficiente, pudo contemplar la siguiente escena.

Una mujer joven, se encontraba sentada en el suelo.

Estaba atada de muñecas y tobillos.

Su cabello castaño, tomado por un moño, estaba algo despeinado. Y sus ojos profundamente negros, observaban con temor al caballero de armadura negra, que montaba un caballo del mismo color.

Su capa escarlata ondeaba por el viento y una mano sujetaba las riendas de su bello caballo azabache. Mientras que, con el otro, sostenía una espada con una empuñadura minuciosamente tallada.

El caballero apuntó su espada en la garganta de la chica, la cual tragó saliva.

Sus ojos negros derramaban lágrimas de pavor.

—¿Es en serio? — le susurró — ¿Es lo que deseas?

—Mi deseo es acabar con todo.

Einar decidió intervenir.

— ¡Alto ahí! — rugió con firmeza.

Y tanto la víctima como el caballero, dirigieron la vista hacia él.

— ¡No! — gritó la chica, cuando el caballero, sin preámbulos, se dirigió hacia el intruso galopando; alzando amenazadoramente su espada.

Einar corrió, y ambos chocaron sus armas con tal fuerza, que tanto el príncipe como el caballero desconocido, se apartaron un poco del otro.

El caballero arremetió contra él, cortando de paso el aire con su espada.

El príncipe lo esquivó a tiempo.

Pudo bloquear otro ataque con el hacha.

Pero, esta vez, el filo se partió.

— ¿Qué demonios…? — antes de que pudiese reaccionar a tiempo, el caballero le dio una estocada en el pecho.

Pese a que su armadura era de acero blanco, la fina hoja de aquella espada logró atravesarla sin problemas; penetrando su piel con una intensidad que lo dejó paralizado.

Por suerte, no fue lo suficientemente letal para perforar algún pulmón o su corazón

Parecía haberlo herido con la intención de dejar en claro, que no era un caballero con el cual pudiese tomarse las cosas a la ligera.

— ¡Vete de aquí! — estalló la mujer, al ver que el caballero retiraba su hoja ensangrentada, para volver a atacar — ¡De acuerdo, no te buscaré!... Por ahora…

— Promételo — le pidió el caballero, con una voz dificultada por el casco.

El pecho de Einar comenzó a sangrar, pero no tenía tiempo para preocuparse de su herida.

Le intrigaba más saber sobre aquel caballero oscuro.

Su hacha había quedado prácticamente inútil. Y por la agilidad que poseía el sujeto para blandir su arma, lo dejaba completamente imposibilitado para atacarlo a puñetazos.

“Esa espada no es normal” pensó, aún desconcertado.

Le extrañaba que un filo que lucía tan delicado fuese tan letal. Había atravesado sin problemas su armadura, como si atravesara una tela.

— Lo prometo… — le susurró la chica, agachando la vista — Sólo… deja en paz al guerrero… Vete, ya — el caballero, al escuchar aquello, hundió suavemente los talones en las costillas de su caballo.

Y sin más que agregar, éste echó a correr, no sin antes relinchar.

Mientras el caballero se perdía entre la nieve, guardaba su espada en la funda que tenía detrás de la espalda, sin siquiera mirar atrás.

Silene, respirando como si se hubiese contenido hacerlo por un breve momento, se dejó caer en la nieve.

El frío era sorprendentemente brutal.

No estaba acostumbrada a aquel clima tan desgarrador.

Comenzó a cerrar los ojos, mientras que una silueta blanca, al igual que la nieve, se acercaba hacia ella.

La fatiga y el dolor, no hacían más que derrotarla en aquel invierno impío.



⎯⎯⎯⎯ ◦◈◦◈◦◈◦⎯⎯⎯⎯





July 26, 2018, 5:12 p.m. 10 Report Embed Follow story
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Tenebrae Tenebrae
¡Saludos! Te cuento que ya estoy haciendo los fanarts, estoy haciendo primero el de Einar. ¿Cómo te envío el dibujo? ¿Por correo?
February 09, 2019, 02:43

  • Yissell Manríquez Yissell Manríquez
    Oh siiii!!!!! por correo :D quiero verlo! <3 este es [email protected] *-* muchas gracias! <3 February 09, 2019, 03:12
Erika Lozano Erika Lozano
¡Holi, poli! Me acabo de encontrar tu historia, la sinopsis me dejó intrigada y comencé con el primero capítulo... Pero es un poco complicado de leer por el uso excesivo de las comas, por ejemplo en «La tez pálida, predominaba entre los habitantes...». No te preocupes, es algo que a tooodoos nos pasa, bueno quizás no a todos, pero yo sí sufro del mal de las comas. De verdad, la historia suena muy interesante mas este pequeño detalle puede ser uno muy grande que detenga al lector de continuar con tu historia, pues las comas excesivas entorpecen la lectura. Sorry, no quiero sonar brusca ni nada, tampoco quiero que pienses que solo vine a echar leña; en realidad, es porque me llamó mucho la atención tu historia que te lo comento porque espero poder leerla. Chokokissus y ¡continúa escribiendo!, no hay nada más hermoso que crear historias.
January 23, 2019, 00:02

  • Yissell Manríquez Yissell Manríquez
    Jajaja, para nada xD gracias por darte el tiempo de comentar! Es verdad, sufro de comitis aguda y me cuesta un montón superarlo xD Pero constantemente, reviso y reviso hasta que logra dar con la versión que resulte más fácil digerir ^^ Gracias otra vez! January 23, 2019, 04:38
sfdgjlfdskg dlgk sfdgjlfdskg dlgk
La historia comienza con mucha acción y eso la hace muy entretenida. Tu narración es clara y sencilla, bien redactada, por eso es una pena que en los diálogos no uses el guión largo y alguna de las reglas para puntuar. En mi blog No solo letras, tengo un esquema muy resumido para su correcto uso, así tu historia se vería perfecta.
September 12, 2018, 17:30

  • Yissell Manríquez Yissell Manríquez
    ¡Gracias! ^^ estoy empezando, la verdad y como vez no tengo mucha experiencia a la hora de escribir, qsí que estoy terminando con la historia para después pulir todos los defectos que tiene :D revisaré tu blog. ¡Muchas gracias! September 12, 2018, 17:47
Paula  Sandoval Paula Sandoval
¡Hola! Comenzare a leerla, me a gustado este capitulo, te aviso cuando la termine ¡felicidades!
August 15, 2018, 06:11

  • Yissell Manríquez Yissell Manríquez
    Muchas gracias!! Que emoción, de verdad te agradezco el apoyo 😄 August 15, 2018, 07:25
Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
¡Qué historia más interesante!
August 12, 2018, 03:10

  • Yissell Manríquez Yissell Manríquez
    Muchas gracias!! Espero que te guste 😄 tu comentario me hizo muy feliz jajajaj August 12, 2018, 03:17
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