Conociendo el Fin del Mundo Follow story

u15317838151531783815 Andrea G. Valderrama

Bianca era una niña, que vio lo que el adulto no puede ver, no porque seamos despistados; sino porque a medida que vamos creciendo, vamos perdiendo las ganas de querer descubrir y vivir nuevas experiencias. Un cuento apto para soñadores, para quienes creen en la verdad de los niños. No se admiten escépticos, ni personas que no saben mirar la vida, como cuando eran niños.


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#cuento #chile #findelmundo #antartica #puntaarenas
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En el último confín

Como todos los viernes, Bianca, va al trabajo de su mamá después de clases, para hacer sus tareas y también hacer hora hasta que ambas vayan a casa. Bianca detesta en parte los viernes, sabe que se sentará en la sala de reuniones, hará sus tareas, y luego sólo se quedará quieta para no hacer ruido y no interrumpir a su mamá en sus labores. Le gustaría poder hacer otras cosas, salir a pasear, jugar a la orilla del mar, pero sabe que aún es muy pequeña para ir sola, por lo que debe hacerle caso a Claudia; su mamá, y quedarse quieta. Bianca fue con cierto desgano a la oficina, lo que no sabía es que ese mismo día, sería el inicio de una gran aventura.


Al llegar a la oficina, dejó sus cosas en el mueble de la sala de reuniones sacó sus cuadernos y empezó a ver sus materias. Tenía prueba del libro el próximo miércoles, y aún no lo leía, sabía que no le gustaba leer, y que era más bien lenta en ello, pero que tarde o temprano debía de hacerlo, así que lo tomó, se acomodó bien en la silla, apoyando su espalda en el respaldo y comenzó la lectura. Mientras leía se percató de que estaba haciendo mucho frío, por lo que se levantó y caminó hacia el pasillo para subir la calefacción, vio la puerta de metal entreabierta, que conducía a la parte de atrás de la oficina, y que daba hacia el Estrecho de Magallanes; era una de las cosas que podía gustarle del trabajo de su mamá, trabajaba al lado del mar, sentía que tenía una vista privilegiada, y que sólo estaba a unos pasos de tocar las inmensas aguas del estrecho; por lo que antes de ello, se estiró un poco para ver a su mamá, vio que estaba concentrada trabajando, y de forma silenciosa, abrió la puerta, ya que quería tomar un poco de aire fresco antes de continuar con la lectura, pero al abrirla, algo mágico ocurrió, lo que tenía frente a ella no era el Estrecho de Magallanes, no había mar, ni cemento, ni tampoco estaba el monumento de la Goleta Ancud al lado de la oficina, ¿qué había ocurrido?, sólo veía nieve, achicó un poco los ojos para divisar a lo lejos, y vio más nieve, ¿Será que en ese transcurso de tiempo nevó tanto que cubrió todo lo que debía de haber allí?


Bianca se sorprendió, volvió a cerrar la puerta, quizás era una mala jugada de su mente, volvió a abrirla, seguía el mismo paisaje. Caminó de forma apurada hacia la sala de reuniones, se colocó el abrigo de colegio, la bufanda, el gorro, y regresó a la puerta de metal, estaba preparada para averiguar qué lugar era, y que aventura le traería aquello.


Caminó con paso firme por la nieve, no quería caerse, a unos cuantos metros vio un letrero de madera, por lo que apresuró el paso, quizás aquel cartel le diría algo más de donde se encontraba, al llegar, leyó detenidamente lo que decía en él: “Bienvenidos a la Antártica”, no podía creer lo que estaba leyendo, se encontraba en la Antártica. Su mamá trabajaba en turismo, muchas veces la escuchaba hablar con turistas, y cuando ellos le preguntaban por la Antártica, les decía que la ciudad en la que vivía Punta Arenas, era la puerta de entrada a ese maravilloso lugar; jamás pensó que era verdad, tampoco se imaginó que la puerta de entrada estaría en la propia oficina de su mamá, ¡qué cool! - ella pensó- Quizás mi mamá sabía de esto y nunca me dijo porque era un secreto para cuidar el lugar, o quizás no lo sabe, quizás sólo los niños podemos ver estas cosas, porque cuando eres niño, uno cuida cada cosa a su paso, en cambio los adultos siempre terminan ensuciando y destruyendo todo - Bianca murmuró-


Tomó un poco de nieve, y jugó con ella, hizo hasta un ángel en el suelo, hace mucho que tenía ganas de ver tanta nieve, antiguamente, según mi mamá, la ciudad quedaba cubierta por la nieve, hasta incluso no habían clases por lo mismo, pero con los años, como la población creció mucho, cada vez nevaba menos, por lo que ya no podía jugar como antes, ni tampoco tener motivos para faltar a clases, así que su única opción era ir a la reserva con sus papás y en cuanto a faltar a clases, hacía como que le dolía la panza para no ir, aunque sea una vez; por lo menos funcionaba, no sabía si de grande ocurriría lo mismo, pero esperaba que los ojos de cachorrito aún sirvieran cuando vaya en los siguientes cursos.


A lo lejos divisó algo que se movía en el mar, se acercó para ver que era, y al llegar vio el espectáculo más grande de toda su vida, estaba frente a unas ballenas. Su mamá le había dicho que eran enormes, pero nunca pensó que tanto, ella sabía que habían en un parque marino por la ciudad, pero nunca había visto a un animal marino tan grande, a lo más las toninas que de repente jugaban en el estrecho y aparecían algunas veces en verano, pero esto era algo totalmente diferente. Aprovechó de tomar algunas fotos con el celular, esperaba algún día poder invitar a sus amigas, si el portal seguía abierto y que vieran lo mismo que estaba viendo ella, con la condición de que sus papas no supieran, para cuidar a estos animales y el lugar.


Sentía que había caminado mucho y que mamá podía notar su ausencia y asustarse porque no se encontraba en la oficina, así que apresuró el paso de regreso a la puerta de metal.


Al llegar a la puerta, entró de forma silenciosa, se saqué el abrigo, la bufanda y el gorro, y lo fue a dejar a la sala de reuniones, fue donde su mamá y le dijo:


- Mamá, cuando sea grande seré bióloga marina, e iré a la antártica para cuidar de los animales.

- Está bien hija, pero la Antártica está un poco lejos, ¿no crees?, no es tan fácil de llegar a allá


- No, mamá, recuerda que Punta Arenas es la puerta de entrada a la Antártica.

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Feb. 18, 2019, 11:37 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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