Enredada Follow story

elohim-barrionuevo9196 Elohim Barrionuevo

Tratar de sobrevivir en una sociedad en la que estás en completa desventaja, se vuelve difícil, y mas cuando se intenta desafiar los parámetros impuestos sobre la juventud. ¿Podrá Valentina ser fiel a su personalidad, sin caer en las trampas del sistema? Enredada es una ficción que mezcla lo delirante que puede ser la fantasía/realidad, con los conflictos personales que atraviesa una joven en la ciudad.


Teen Fiction All public.

#amor #amistad #cambios #jovenes #crecimiento #ficcionjuvenil
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Capitulo 1

Valentina se levantó del suelo con un moretón en la frente, sacudió sus rodillas y se puso frente al espejo, «eso me pasa por ser tan desordenada» pensó mientras revisaba la zona golpeada. Ciertamente la noche anterior tropezó con unas cajas mientras daba vueltas buscando su pijama, demás queda decir que no le importó seguir buscando su pijama y terminó dormida en el suelo. Maquillo como pudo esa mancha de color entre verde y morado y se dirigió lentamente por el pasillo que conectaba a la cocina.

—¿A qué hora llegaste anoche?—le pregunto Azul, su amiga y compañera de vivienda.

—No tengo idea—le respondió ella mientras se le cerraban los ojos. Después de la última función de la obra de teatro donde ella actuaba, todo el elenco decidió salir a festejar, a lo que no se negó en ningún momento y aceptó acompañarlos.

—¿Y vos a qué hora llegaste?—esta vez Azul se dirigía a Daniel, otro integrante de la pequeña familia del departamento.

—A las seis de la mañana—contestó Daniel quejándose de un intenso dolor de cabeza.

—Por lo menos uno de los dos sabe a qué hora volvió—dijo por lo bajo y se retiró.

Valentina y Daniel se miraron preocupados sabiendo que Azul se había levantado de mal humor. Aunque Azul no quería aceptarlo, tenía ese instinto maternal que la caracterizaba, después de ser la mayor de cinco hermanos siempre se preocupaba por los demás.

—¿Tenes algo para calmar el dolor de cabeza?—le preguntó Daniel a Valentina.

—No—dijo ignorando la pregunta—¿Qué hora es?—pregunto antes de sorber un poco de su café.

—Faltan veinte minutos para que sean las doce—Daniel no termino de decir la última palabra y ya estaba golpeando la espalda de Valentina por haberse ahogado con el café que tenía en su boca. Después de todo un espectáculo se retiró dejando a Daniel en la soledad de la cocina.

Se ducho rápidamente y se vistió a la misma velocidad. Se le hacía tarde para llegar a su trabajo. Y ni siquiera tenía planeado de que iba a tratar su programa. «Siempre es bueno improvisar» se dijo mientras bajaba corriendo las escaleras. Hacía un año que trabajaba en una radio y era eso lo que le daba de comer.

Avanzó corriendo por las calles de la ciudad hasta que llegó, no en su mejor estado, pero llegó.

—Llegas tarde—le dijo Santiago, el director de la radio, cuando la vio entrar. Valentina aún no recuperaba su aliento y las palabras no salían de su boca—¿Como puede ser que llegues tarde si vivís a cuatro cuadras de acá?

—Perdón—respondió ella y agacho la cabeza. Santiago la observó detenidamente mientras negaba con la cabeza. De su cabello aun caía agua. El buzo que traía puesto tenía visibles las costuras, pues en su apuro se lo puso al revés sin darse cuenta. Unas ojeras oscuras enmarcaban sus grandes ojos y un moretón en su frente llamaba la atención a quien la mirase.

—Sos un desastre—le dijo Santiago, probablemente no fue su intención hacerlo, solo se le escapó.

—¡Discúlpame por no ser perfecta!—Valentina odiaba que le remarcaran sus defectos. En realidad no le molestaba de otras personas, ella odiaba que él le remarcara sus defectos.

—¡No se trata de ser perfecto! ¡Se trata de ser eficiente!—contesto Santiago y se retiró con un sabor amargo en la boca y el estómago retorcido. Si había alguien que podía desestabilizarlo era ella. Caminó en silencio y se encerró en su oficina.

—Creído, estúpido, se piensa que porque tiene un reloj de marca es mejor que los demás -murmuraba Valentina mientras se dirigía hacia el estudio—a mí no me compra con esa sonrisita falsa que tiene.

—Hola Tina—la saludo Pablo, el operador-¿De quién hablas mal?

—¡De tu jefe!—le gruño ella—inservible, bueno para nada...—siguió murmurando por lo bajo.

—Ah, ya me parecía, creo que también es tu jefe—le dijo pero ella seguía en su mundo en el que soñaba con torturar a Santiago-¿Veo mal o te pusiste el buzo al revés?—ella volvió al mundo real y bajó la vista a su ropa.

—Es la nueva moda—dijo levantando los hombros y sin importarle nada.

—¿Ah si?, mira vos—repuso Pablo mientras se aguantaba una gran carcajada, adoraba a esa muchacha con la cual podía reírse que cualquier ocurrencia que tuviera.

—Cuando era chica, mamá me decía que cuando la gente se ponía la ropa al revés sin darse cuenta era porque estaba esperando un regalo—dijo mientras recordaba a su madre y entraba al estudio.

—¿Tenes algún tema preparado?—le preguntó Pablo.

—Improvisemos algo—contestó ella mientras se ponía los auriculares y acercaba el micrófono.

...

Santiago escuchó las últimas palabras pronunciadas por Valentina a través de la pequeña radiograbadora que tenía en su oficina. Maldijo el día en que la chiquilla puso sus pies en el estudio porque en ese momento supo que no podría despedirla. No porque la quisiera, sino porque por más que sea distraída y le gustase saltarse las reglas, a las personas les gustó desde el primer momento que la escucharon, les atrajo su voz, su personalidad y las ideas descabelladas que tenía. Los oyentes de la radio aumentaron y eso se lo debían a ella.

Camino a paso seguro por el pasillo que se dirigía hacia el estudio y la encontró en la puerta justo cuando salía. La miro seriamente y dio un pequeño suspiro.

—Tenemos que hablar, a mi oficina, ahora—Valentina quedó helada, desde niña creía tener cierto poder predictivo, aunque nunca acertaba a sus predicciones algo le dijo que nada bueno podía salir de esa charla, intuía que su trabajo peligraba y supo que sería mejor no contradecir lo que le dijeran. No estaba en condiciones de perder su trabajo.

Lo siguió lentamente por el pasillo rogando que el tiempo pasara rápido y se dejó caer en la silla frente a su jefe. Pasaron varios segundos en silencio, Valentina sufría con cada tic-tac del reloj de pared, creía que Santiago estaba disfrutando el poder que tenía sobre la situación, pero en realidad no era así, Santiago estaba midiendo las palabras que iba a decir, no quería herir a la muchacha, ni tampoco quería que se originara la tercera guerra mundial en su oficina, conocía demasiado el temperamento de Valentina como para saber que sus palabras no le caerían nada bien.

—¿Me vas a despedir?—preguntó Valentina interrumpiendo inesperadamente el pensamiento de Santiago. La pregunta lo tomó por sorpresa. Mas de una vez había pensado en despedirla, pero no era el motivo por el que la había llevado a su oficina.

—No—dijo volvió a quedar en silencio.

—¿Entonces?—volvió a interrogar ella.

—Necesito que cambies tu forma de ser—soltó el de una vez-no quiero que te lo tomes a mal, te lo digo por tu propio bien—alzó sus manos en señal de paz, ella lo miró sorprendida pero decidió escucharlo en silencio—la vida no es fácil, en todos los sentidos, y el hecho de que te tomes las cosas a la ligera te puede traer problemas-se rasco la nuca como acto de nerviosismo y volvió a pensar sus palabras—Por lo menos hacelo en el trabajo, es un compromiso que tenes que tomar con vos misma, ¿Puede ser?—Santiago trato de sonar lo menos duro posible, esperaba que Valentina no hiciera un escándalo, pero entendía si se tomaba a mal sus palabras, a él tampoco le gusto cuando le dijeron que tenía que cambiar.

Valentina se quedó analizando cada una de las palabras que habían salido de la boca de Santiago. Por un momento agradeció que no la despidieran, pero luego entendió lo que Santiago le estaba diciendo, lo entendió y le dio vergüenza porque tenía razón. Quiso que fuera mentira, pero su jefe no se equivocaba, rara vez se equivocaba, y si lo hacía ella era la primera en demostrárselo.

Bajo la mirada y acepto la situación, ella tenía que cambiar, ya se lo había planteado anteriormente pero que alguien más se lo dijera la dejo afectada. Santiago la miro esperando la respuesta, la que sea, le incomodaba que no hablara, Valentina siempre tenía respuesta para todo, le preocupo que no dijera nada.

—Si, está bien—respondió ella tranquilamente y lo miró fijo a los ojos, Santiago se sorprendió con la respuesta que obtuvo, se veía decidida y madura, era otra persona la que tenía enfrente-¿Me puedo retirar?—él quedó impactado con los modales de la muchacha y asintió con la cabeza.

Valentina se levantó lentamente y salió a paso seguro. Santiago la observo hasta que desapareció detrás de la puerta, estaba satisfecho de haber logrado lo que se propuso y tal vez ayudarla a mejorar, pero también se sentía un poco responsable porque sabía que ella no volvería a ser la misma de antes, y hasta podía jurar que iba a extrañar a esa mujer que revolucionaba la vida de quien se cruzara en su camino, pero que también había logrado robarle más de una sonrisa.

Valentina avanzó por las calles de la ciudad reflexionando sobre lo que le habían dicho, estaba un poco avergonzada pero segura de que no volvería a pasar por una situación como esa, nunca nadie la iba a volver a dejar en vergüenza. Aunque no tenía idea de lo que le deparaba el futuro.

...

Daniel escuchó varios ruidos que provenían de la habitación de al lado antes de abrir por completo los ojos. Iba de dirigirse a la habitación de Valentina pero prefirió primero encaminarse a el baño. Sabía que se iba a topar con alguna sorpresa, pero su vejiga lo demandaba en ese momento.

Después de tanto tiempo de conocer a Valentina creyó que nada que provenía de esa mente lo sorprendería, pero aquella mañana quedó impactado con lo que tenía frente a sus ojos. La imagen de Valentina parada en un banquito, con un rodillo en la mano y pintando la adorada pared de su habitación de blanco le desencajo la mandíbula. Descubrió en una esquina de la habitación una caja repleta de cosas. Fotos, cd's, dibujos, libros y algunos adornos que antes había tenido repartidos por el lugar, ahora descansaban en esa caja. Valentina se esforzaba en pintar las frases de canciones y dibujos que contenía la pared. Tenía puesta una camisa y pantalones viejos y un pañuelo cubría su cabeza.

—¿Se puede saber que estás haciendo?—le preguntó Daniel, aún incrédulo con lo que veían sus ojos.

—Mejorando mi vida—le contestó ella concentrada en su actividad. Daniel sospecho que nunca terminaría de conocer a su amiga y se dirigió a prepararse el desayuno.

Aún mayor fue la sorpresa que se llevó Azul cuando llego del trabajo y vio el departamento limpio y libre de mugre. Seguramente habían contratado a alguien, era ella la única que se preocupaba por la limpieza porque tanto Daniel como Valentina se sentían cómodos entre el desorden.

Pero cuando oyó la noticia, de boca de Daniel, de que Valentina había limpiado cada sector del departamento se desconcertó completamente. Ambos lo hicieron al escuchar el ruido del agua cayendo de la ducha y no escuchar ni un rastro de la desafinada voz de Valentina cantando algún clásico del rock de los años 80. Era un poco desesperante verla levantarse temprano, arreglarse y no salir sobre la hora. De repente se tomaba el tiempo de peinarse y maquillarse, ya no lanzaba comentarios al azar y respondía educadamente, se cuidaba con las comidas y durante la semana la vieron encaminarse al consultorio de un médico para, según ella, hacerse los chequeos correspondientes. Había dejado el teatro, actividad que adoraba desde pequeña.

Algo había cambiado en la joven, ya no parecía una muchacha atolondrada de veinte años, ahora era una mujer madura que vivía correctamente, ya no iba contra la marea, ahora remaba en su dirección, su luz se había apagado y todo lo que alumbraba a su alrededor, dando paso a la oscuridad propia de la tristeza. Su cuerpo se paseaba como zombi por el departamento, porque su personalidad había quedado inerte en algún lugar del universo. Su presencia era solo física, y se notaba su ausencia.

Porque Valentina, ya no era Valentina.

July 8, 2018, midnight 3 Report Embed 4
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L Georgeth L Georgeth
Suena muy bien, relmente quiero continuar con la lectura.
Aug. 11, 2018, 12:19 p.m.

Pati Gutierrez Pati Gutierrez
Muy interesante. Me gustaría invitarlos a un nuevo proyecto, donde podrán consultar la escritura correcta de palabras en español, explicada de una forma sencilla y con ejemplos fáciles. Poco a poco iremos agregando nuevo contenido: www.describelo.com
July 24, 2018, 3:37 p.m.
~

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