Paradoja Adolescente Follow story

winston_k3 Winston Keane

Víctor de su punto de vista relata la historia que lo trajo hasta aquí, hasta éste hoyo en que está metido... y no sólo él. A veces tiras de la cuerda de la persona que está tratando de ayudarte tan fuerte que la lanzas hacia abajo con cuerda y todo sólo para estar acompañado. En éste caso, Víctor es el único que sabe que ha hecho eso. Su culpabilidad y contradicciones lo mantienen encerrado en una cadena perpetua. Por otra parte, se percata de que a pesar de contradecirse todo éste tiempo, llegó a hacer lo mismo que dijo que no haría, además de por lo que NO pasaría. Se mintió a sí mismo y a sus cercanos, pero ahora con alguien especial del pasado... ¿Seguirá mintiéndose a él y al mundo entero?


Teen Fiction Not for children under 13.
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La Última Mirada En La Calle 14

Sentía un poco de temor esa mañana, era como si algo vil estuviese tocando a mi puerta y yo con mi mano bien temblorosa acercándome poco a poco a la manilla para abrir. Mi rostro congelado y medio húmedo por la densa niebla que me abrazaba con todo su esplendor se hacía notar a lo lejos. Con mi vista algo confusa, debido además a la somnolencia que solía tener producto de mi insomnio, estaba deseando estar acostado calentito en cama y descansando un rato más, sin embargo sabía que debía cumplir con mi obligación de estudiante como cualquier otro adolescente.

Caminando agitado, sentía a mi latido en las mismísimas nubes. Mi mente estaba algo atormentada por lo sucedido de anoche, pero allí estaba: La luz verde para el cruce peatonal. Supe que tenía que seguir a pesar de los percances, pues tenía que rendir el examen final de semestre. Crucé esa avenida gigante bien motivado, trataba de calmarme a mí mismo, calmar a mi mente que no dejaba de pensar en cosas abrumadoras que estaban ya en el pasado.

Mientras seguía de camino al colegio, viré medio mareado en aquella calle vacía, con casas lujosas y sin ruido de motores, en dónde alcanzo a vislumbrar una mirada que lentamente va acercándose a mis ojos. Ella al otro de la calle, en la acera de al frente, venía en mi dirección contraria. No lograba dilucidar su cuerpo, con dicha niebla sólo podía ver su intensa mirada que se dirigía hacia mí. En ese preciso momento sentí que me estaba emitiendo algún mensaje, por lo que llegué a pensar que me pediría un tipo de favor.

Fijas nuestras miradas, perdidas una en la otra, continuábamos nuestro viaje. Conforme íbamos acercándonos, sus ojos comenzaron a distanciarse cada vez más de los míos, como si existiese algún sentimiento de rabia y rencor hacia mí.

Una vez frente a frente, sólo la calle de por medio, nos detuvimos al menos diez segundos para observar fijamente al otro, y aún cuando habíamos entrado en lo profundo de nuestros corazones cada uno a través de los ojos, seguimos nuestro camino sin haber abierto ni un poquito nuestros labios hacia donde sea que nos fuera a llevar, en sentido opuesto.

Ya sólo estaba a tres cuadras de mi colegio, cuando observo la hora y me percato de que iba retrasado. Me apresuré aún más, pero mi cabeza ahora sólo le daba vueltas al tema de la mirada que acababa de ver hace un rato.

Estaba muy exhausto, tiritaba de frío cuando estaba completamente abrigado. Mi piel sudaba, me sentía un poco extraño, y el portón de entrada estaba cerrado, por lo que tuve que dirigirme a la dirección del establecimiento para lograr entrar a clases. Abriendo la puerta me llevo una sorpresa cuando en el sillón de espera veo a mucha gente sentada algo triste, con sus cabezas mantenidas por sus manos, y sus miradas con una sensación extraña pegadas a mí. Para remate, me asombré más cuando descubro que a la señorita que controlaba los atrasos la habían reemplazado. La nueva señorita lucía ruda y de carácter pesado, pues llegué a tal conclusión por cómo estaba vestida y por lo enojada que estaba mirándome fijamente. Vino dirigiéndose hacia mí rápidamente muy irritada, tomó mi brazo bruscamente y me llevó por los pasillos. Mi brazo ya comenzaba a dolerme bastante, mi cuerpo no aguantaba mucho más, mis piernas temblaban, me estaba desvaneciendo. No aguanté estar de pie, por lo que la señorita pidió ayuda. Mi vista se volvió aún más confusa de lo que estaba. Llegaron dos hombres vestidos de bata blanca y ayudaron a la señorita a llevarme a una habitación con camilla.

Una vez recostado en aquella camilla, los dos hombres se marchan y la señorita me regaña diciéndome:

Joven, usted no debe salir de esta habitación. Debe hacer reposo hasta mañana y tener sus medicamentos inyectados. Lo hacemos por su salud.

Ni siquiera me di cuenta de cuando me habían pinchado la piel para ponerme esas cosas que tenía puestas en mi brazo. Tenía tubos que viajaban desde mi brazo hacia una bolsa que estaba colgada en un fierro al lado de la cabeza de la camilla.

Estaba desconcertado, al pensar y darle muchas vueltas al asunto descubrí que estaba en un hospital. Era lo que todo indicaba. No lo podía creer. Volteé mi mirada hacia la ventana de dicha habitación y ya no podía ver la niebla, de hecho ya ni era de día, estaba todo oscuro allá afuera.

No recordaba absolutamente nada, miré alrededor de la pieza y vi a unas tres personas más conmigo en esa sala. Le consulté la hora a una señora que estaba al lado mío

- Son las 23:51, joven… Hace bastante tiempo no lo veía por aquí, espero que no le haya pasado algo grave.

En mi mente me pregunté quién era ella, pues no la reconocía, miré su pulsera con sus datos y alcancé a leer apenas

- Gracias… Señora… Inés… Eso espero también, gracias por su preocupación. – Respondí por inercia

- Está bien mijo, duerma ahora para que descanse, no lo veo muy bien. Yo por lo menos lo intentaré

- Sí, dormiré. Buenas noches. – No quería preguntarle nada a nadie, en una de esas metía la pata, pensé.

La señora Inés se durmió primero que yo, y las otras dos personas ya estaban durmiendo hace un rato. Sólo miraba un punto fijo, con mi mente pensando en cómo había llegado hasta allí. Mirando al techo comienzo a escuchar un sonido a lo lejos. Cada vez más se acercaba a mí. Sí, lo sentía más y más cerca. Era una canción. Era mi favorita. Me puse cómodo por un rato escuchándola, pero luego me percato que estaba sonando algo fuerte y que podría despertar a otros. Empiezo a buscar el sonido por toda la habitación. Venía del segundo cajón del mueble de al lado de mi camilla. Mi canción favorita era el tono de llamada de un celular. “Llamada entrante de Vicente”, corté una vez para que dejara de sonar. La segunda vez que llamó, contesté.

- ¿Aló?, ¿Quién es?

- ¡Víctor! Soy yo, por fin contestas, ¿Cómo sigues? ¿Estás bien ahora?

- ¿Quién yo? – Espera, Vicente me suena. ¡Claro! Mi primo

- El Vicho, ¿Quién más?

- ¡Vicente!... ¿Cómo sabes que estoy aquí en el hospital? – Comenzaba a retomar mi memoria

- ¿Estás bien?

- Sí, algo confundido, ¿Por qué? ¡Respóndeme!

- Víctor por Dios. Me diste un susto grande. Tienes que tener más precaución, más sabiendo el estado de tu salud. Sólo imagínate si alguien de los que te vio tirado en la calle 14 a cuadras de tu colegio se contactaba con tus padres o hermanas, ¿Qué pasa? Se va todo por la borda, todo lo que hemos estado luchando este tiempo ocultándolo. Sabes que tienes estos desmayos con pérdida de conciencia, ten cuidado. Agradece que te encontré justo ahí y fui contigo al hospital. – Había vuelto a mi complicada realidad

En ese momento se me detuvo el mundo por un par de segundos, me sentí solo, completamente solo en ésta vida. Mis lágrimas no dieron tregua y salieron sin permiso de mis ojos. Mi garganta no ayudaba mucho con el dolor. Por primera vez era alguien sentimentalmente vulnerable en un lugar público, jamás se me pasó por la mente estar llorando en un lugar donde hubieran personas desconocidas para mí.

- Vico, ¿Sigues ahí?

- Sí… es que no… no pue… no sé qué hacer Vicho, necesito tu ayuda.

- Mira, escúchame bien. Estaré apoyándote hasta donde pueda, así como lo he hecho todo este tiempo. El tema del dinero ya lo hablamos, haz lo que puedas. Y cómo lo hablamos en la madrugada, puedes quedarte en el depa, de todas formas mi sillón ya te extrañaba.

- Si está bien. Gracias Vicho

- Oye cambiándote el tema, tienes que posponer la charla con tu madre, pero hazla lo más antes posible. Hoy la vi y hablé con ella, y pude ver ese inmenso cariño que aún siente por ti. No te encierres.

- Sí, lo sé… ¿Le avisaste que ya estoy en tu depa?

- Si, ya le dije, despreocúpate. Quedó relajada.

- Ah ya que bueno Vicho, muchas gracias. Ahora trataré de dormir primo, gracias por todo, en verdad.

- Está bien. Buenas noches, nos vemos mañana en la tarde.

Esa misma noche no pude pegar mis ojos, los volvía a abrir para mirar fijamente hacia el techo. Pensando en todo lo que tendría que hacer para salir de esto. Me parecía una pérdida de tiempo en ese momento, ya que de una u otra forma iba a llegar a donde mismo. Reflexionaba acerca de todo lo que había pasado, de cómo llegué a donde estaba. Agarré mi celular para revisarlo, me metí a mis redes sociales, en dónde veo imágenes de mi grupo de amigos en una junta de fiesta, en la cual se le veían sus rostros de felicidad, sus rostros de “No me importa nada”. En verdad deseaba estar allí con ellos, disfrutando sin más de la vida como lo solía hacer siempre, pero en el fondo sabía que esa era justo la razón por la que estaba allí, solo y enfermo.

Prácticamente, no dormí nada esa madrugada. El tiempo que pasé dentro de mi mente se me hizo muy corto, pues a eso de las 7:30 AM la enferma ingresa a la habitación para la mantención de los suministros que necesitaba cada paciente con los desayunos.

Los desayunos del hospital nunca los degustaba de forma complaciente y sabía que nunca lo haría. Éste desayuno no era la excepción, con tan sólo al sentir el olor, ya me llevaba a la mente todos esos momentos que había estado pasando ahí en el hospital con una salud no muy estable. Aquel pan sin sal y sin sabor, me hacía reflexionar de lo solo que estaba en esos momentos; el cuánto extrañaba desayunar en cama como cuando niño mi madre me lo llevaba; lo importante que es tener un hogar propio con una relación familiar estable. Finalmente no podía decidirme si los desayunos hospitalarios no me gustaban por su mal sabor en sí, o por lo que a mi mente hacían recordar y pensar.

Una vez ya desayunado, el Doctor Noguera hace su ingreso a mi habitación para charlar conmigo, el cual siempre me había atendido desde que empecé a tratarme.

- Buenos días, Vico. ¿Cómo amaneció?

- Algo mejor, pero igual estando un poco mal.

- Bueno es algo de esperarse, por eso estamos aquí, para ayudarlo a estar mejor. Los exámenes de ayer ya se arrojaron en la noche, ¿Quieres que te relate la evolución de tu sistema inmunológico sin la presencia de Vicente?

- Doctor sería mejor que me lo diga después, antes de que me vaya. Así me relata cómo debo seguir el tratamiento

- Está bien. Quiero que sepas que estamos comenzando a hacer lo imposible para evitar el Síndrome… Ahora haré el papeleo de tu alta, por lo que entonces será hasta la tarde, nos vemos

Se estaba marchando cuando de repente se da media vuelta y me dice:

- Ah se me olvidaba, hay alguien que quiere verte y está afuera, ¿Dejo que entre?

Me extrañó bastante. Si no era Vicente quien más podría ser. No podía imaginarlo, después de todo él era el único que sabía que me encontraba en el hospital.

- Sí, que entre, no hay problema.

Pasaron como dos minutos y esa puerta ni se inmutaba. Nadie había entrado a la habitación, por lo que decidí acomodar mi cabeza a la almohada y cerrar mis ojos. Ya cuando estaba quedándome dormido, siento el ruido de que alguien se acerca. Siento la respiración de una persona en frente de mi camilla con mis ojos pegados sin abrirse. De a poquito voy abriendo los ojos y veía algo confusa su mirada. La reconocí de inmediato, era la misma que vi en esa Calle 14. Parecía que esta vez sí estaba decidida a dirigirme un par de palabras. Me impresioné bastante para ser sincero. Estaba mal, medio mareado, con vista nublada, pero aún así pude escuchar sus palabras.

- Hola, ¿Cómo estás? Veo que has estado en problemas. Quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte… sin importar nada, ¿Ok?

No podía responderle, mi mente se había ido en blanco. Sólo tenía esa presión en el pecho y aquel nudo en la garganta. A la vez comencé a sentir esas cosquillas en el estómago, como cuando la primera vez que nos besamos. Creo que las sentí porque tuve por un momento una pequeña ilusión de que todo podría mejorar, que todo volvería a ser luz.

- ¿Si me entiendes verdad?... – Se lograban ver sus ojos acuosos, con su mirada que parecía sentir que yo tenía la solución a éste problema en el que estábamos metidos los dos.

Le hice una seña con mis ojos, y salieron un par de gotas que viajaron por toda mi mejilla derecha hacia mi cuello. ¿Ella? Se arrodilló en el piso y estalló su llanto. Tomó mis manos con esas manos suaves que tenía, las comenzó a frotar una con la otra. Sentí paz.

- Estoy aquí, Vico… dejemos atrás todo lo malo… si aún es lo que quieres

Su llanto me hacía imposible parar el mío, mucho más sacar unas palabras de mi mente. Realmente fue el silencio más largo que he dado en mi vida como respuesta y que me haya dolido hasta al fondo de mi ser.

Se levantó del suelo, con mis manos apegadas a las suyas. Las apretó fuertemente con un llanto inquebrantable e imparable. Soltó mi mano derecha, se dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta para salir, ¿Yo? Mordiéndome los labios para no soltar alguna palabra que luego me arrepentiría de haber dicho…

Después de todo, después de aquella indiferencia que nos hicimos en aquella calle vacía y sin ruidos de motores, esa mirada volvió a darme apoyo cuando más yo lo necesitaba. Volví a sentirme alguien dotado de amor, volví a ilusionarme con un futuro sano entre ambos, como si no existiesen las nubes negras que traen consigo tormentas. Me sentí por fin a gusto y cálido en la aguda tempestad que estaba acostumbrado a estar muy transido y entumecido.

Después de todo, esa mirada se fue sin saber que el camino que seguíamos ambos era el mismo, pero que los dos estábamos en distintos lugares. Yo muy por delante, ella muy por detrás. No supo que recién estaba comenzando ese camino de mierda que yo mismo empecé hace un tiempo, en el cual fui yo el que la arrastró hacia allí.

June 13, 2018, 3:45 p.m. 0 Report Embed 1
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