Mi colega El Pepsicolo Follow story

jordi Jordi Lacasa Mora

Mis relatos son como la vida: ríete mientras puedas porque el final siempre es triste.


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Mi colega El Pepsicolo

   Le llamamos así porque le encanta la Pepsi-Cola, incluso sola, sin alcohol ni nada. Es uno de mis colegas tarados, todo un personaje. Siempre anda metido en las historias más delirantes. Nos reímos mucho con él y de él, y le da lo mismo. Es un trozo de pan duro pero cuando se encabrita es mejor que te vayas, porque entonces no conoce a nadie ni sabe a quién le pega. Me cae bien, cuando duerme, que es el único momento en que no está haciendo putadas por ahí. El Chicharra y él se burlan de mí porque no tengo antecedentes. Yo tengo mucha suerte pero toda es mala, entonces, quizá la suerte no tenga nada que ver en eso. Ahora nos vemos menos, El Pepsicolo y yo. Cuando me dice que se va a hacer putadas, paso; cuando me dice travesuras sí me apunto, porque son cosillas que sólo perjudican a nuestra reputación, ya perjudicada desde hace mucho tiempo. Veo su estampa a lo lejos, pasea su cuerpo desgraciado por la calle, camina raro, como siempre, sus andares son inconfundibles, arrastra la pierna izquierda levemente desde que atropelló a un camión hace unos años, El Pepsicolo se llevó la peor parte, como siempre. Se acerca a mí y nos saludamos sin decirnos nada, lleva un chicle en la boca y otro en el pelo. Partimos en silencio, los dos juntos y él revuelto. Lo primero es buscar un bareto donde no nos conozcan de nada (quedan pocos). Solemos hacer eso de que uno de los dos entra en el baño y sale envuelto en papel de váter y el otro le hace fotos abrazado a los clientes, que ninguno quiere y tenemos que obligarles. En el bar nunca tomamos nada porque el camarero siempre se empeña en cobrarnos. Luego también lo de jugar al escondite, solemos pedir la participación de la gente pero todos se niegan, tanto clientes como camareros, clientes ya van quedando menos porque muchos han ido abandonando el local, a veces entra la Policía pero tampoco quieren jugar a nada. La gente ya no sabe divertirse. Acabamos jugando sólo El Pepsicolo y yo. Como soy más astuto que él, siempre me escondo yo el primero y él me busca; como es un poco lerdo, cuando ya me aburro, salgo para que me vea y se enfade, conmigo y con su vida, mezclando unas pocas palabras con su tos de yonqui. Acto seguido, es él quien procede a ocultarse, en su mismo sitio de siempre, para que sea yo quien no lo busque por no tener que encontrarlo.

Salgo del bar y me voy a casa, no me despido de nadie, no le debo nada a nadie. Eso no se le hace a un amigo, pero aquí no hay amigos, no existen, somos colegas, un colega no es un amigo, un colega no es nada, y un amigo no sé lo que es. Dejo al Pepsicolo sin haber sabido esconderse aún después de tantos años. El camarero lo despertará más tarde y lo echará del bar a la hora del cierre. Mientras tanto mi colega quiere estar escondido, mirando el suelo, pensando en su dosis, en su papela. Yo soy como esa papela, la que lo va a dejar tirado esta noche, más tarde, pensando en lo que no dice, escondido en otro sitio oscuro, mirando el suelo. Mirando un brazo izquierdo, largo y fino como un tentáculo, perforado ansiosamente por una aguja que mata.

June 8, 2018, 5:40 a.m. 1 Report Embed 1
The End

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Laura P. Caballero Laura P. Caballero
Muy bueno, tu estilo entre prosa y lírica, callejero y gamberro y con un trasfondo trágico me recuerdó a Ray Loriga, a quien admiro mucho. Sin duda seguiré leyéndote. Un saludo.
Aug. 6, 2018, 6:26 a.m.
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