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Todo en mí alrededor era verde.
Todo en aquella laguna donde nos encontrábamos era naturalmente verde, a excepción de las rocas que decoraban el lugar y el agua que brotaba desde un punto tan alto que mis ojos no podían alcanzar. El agua cristalina permitía ver la fauna debajo de nosotros; pequeños pecezuelos que jugueteaban entre nuestras piernas hasta alejarse. Algo me decía que no estaba viviendo en la época actual, un lugar tan hermoso no podía estar tan solitario.

Me sentía como Eva en el paraíso, con Adán, pero sin la serpiente queriendo arruinar nuestra paz. Desnudos, en medio del lago, nuestros húmedos cuerpos apenas podían diferenciarse por cuan cerca estábamos del uno al otro. No recuerdo como terminamos de esta manera, pero lo único que me importaba en ese instante era seguir besándole, pues no sabía cuánto duraría tal tranquilidad. Mis manos recorrían su pecho mientras las suyas acariciaban mis nalgas. Una ligera sonrisa de satisfacción llegó a mi cara al notar su erección prominente; en respuesta, abracé su cuello mientras elevaba mis piernas por encima de sus nalgas, procurando que su pene, ahora completamente erecto, rosara ligeramente mi vagina. No fueron necesarias las palabras para saber que debíamos ir a un lugar más cómodo. Mientras me cargaba hacia nuestro destino no podía dejar de admiradle. Su cabello, su sonrisa, sus ojos, como amaba el color de sus ojos. Esos fueron los que me hicieron caer ante él desde un principio, esos que me hacen sentir segura pero a la vez me erizan la piel con solo mirarlos directamente.

Nos recostamos sobre la frazada de cuadros rojos que habíamos dejado tendida bajo la sombra del roble más frondoso que encontramos en aquel lugar. Posicionó sus codos en la manta  para poder recostarse sobre mi cuerpo, mientras mi pierna derecha se encargaba de acercar su pelvis a la mía. Mis manos sujetaban su cara con tal delicadeza, como si sostuviera el cristal más frágil del mundo, acercándola a la mía para continuar lo que habíamos empezado en el lago.  Sus besos no eran desesperados mas estaban llenos de efusión. Su lengua jugueteaba con la mía mientras lo único que rompía el silencio de aquella mañana eran las aves, que parecían observarnos con curiosidad desde la cima del árbol. Dejando su peso sobre sus rodillas y su mano derecha, apretaba mis nalgas mientras sus besos bajaban hacia mi cuello succionando ligeramente, haciéndome estremecer de placer. Cerré mis ojos en el instante que su respiración llegó a mis pechos para luego sentir como se endurecían mis pezones tras el haberlos lamido; yo me limitaba a disfrutar la sensación de ser mimada mientras mordía mis labios y entrelazaba mis manos en su cabello.

No pensé que su pene podía estar más duro hasta que deslizó sus dedos hacia mi vagina para comprobar que estaba lista para recibirle dentro; pero conociéndole, no iba a deleitarme tan pronto… No de esa manera. Con una hilera de besos llevó su boca hacia mi vientre, deteniéndose en mi ombligo para besarlo lentamente; acariciando mi piel con la punta de su nariz bajó hasta llegar a mi vagina, abarcándola completamente de una sola lamida, chupando ligeramente mi clítoris proseguido de movimientos circulares con la punta. Me apoyé levemente sobre mis codos para apreciarle. Me excitaba cada uno de sus movimientos, y al notar mi mirada, sonrió con picardía e introdujo dos de sus dedos en mí. Me acariciaba mis pezones y mis gemidos eran cada vez más intensos momentos antes de llegar al orgasmo. Su lengua volvió a ser gentil y  el rumbo de sus besos fue hacia mi muslo derecho, mordiendo ligeramente a su paso. Eso, definitivamente era una señal de que apenas empezaba lo bueno.

Mi vagina palpitaba aún en el momento que me colocó de espaldas a él, de rodillas y me penetraba lentamente, como si tratara de disfrutar cada centímetro que entraba dentro de mí. Pero yo deseaba más, necesitaba más. ¿Recuerdas cuando te comenté que lo único que se escuchaban eran las aves? No sé exactamente hacia donde fueron pero ahora mismo lo único que puedo escuchar son mis jadeos y su respiración acelerada. Entre el temor de ser encontrados y el placer de sus embestidas mi cuerpo estaba experimentando un sinnúmero de emociones, y lo estaba disfrutando. Él apretaba mis nalgas con fuerza haciendo que sus embestidas fueran cada vez más intensas, y junto el sonido de los pequeños gemidos que dejaba escapar y el cantar de las aves, que parece que volvieron para apreciarnos, era toda una sinfonía para mí. Pasaron horas, eso lo sé. Más había perdido la noción del tiempo. Por un momento hasta había olvidado donde nos encontrábamos. Ahora yo me estaba sobre él, con su pene dentro de mí, moviendo mis caderas; mientras sus dedos jugueteaban dentro de mi boca la otra me sostenía, siguiendo el baile de mi cuerpo. Posó sus manos en mi mentón y dijo “Amor, no tienes idea de lo mucho que me encant...


No entiendo.

¿Qué decía?

¿Qué está pasando..?

Todo empieza a desvanecer. Ya no puedo sentirlo.

¿A donde va?

¿Amor?
























Desperté.

Nov. 26, 2018, 4:33 a.m. 0 Report Embed 1
To be continued... New chapter Every Sunday.

Meet the author

Ambar Rodriguez 🌈Don't be afraid to show off your true colors🏳️‍🌈 ☀️Dominican 💁🏽 Smol 🎭Art is my frustrated dream

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