Sin la mirada del sol Follow story

sjcadena Juanita C�rdenas

Ninguna discapacidad o enfermedad es impedimento para el amor. Matías e Itala lo demuestran perfectamente, tras conocerse en un día lluvioso y múltiples encuentros sin la mirada del sol, se crea entre ellos una conexión mágica, mejor conocida como amor.


Romance Chick-lit All public.

#juvenil #matrimonio-arreglado #discapacidad #romance #amor
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Capítulo 1

Playlist #1 K.Will- Talk Love

La noche era oscura y fría, debido a la estación en la que se encontraba el año, otoño. Matías cerró su oficina y comenzó a despedirse de todos sus compañeros que se encontraba en su recorrido para llegar a la entrada del gran edificio donde trabaja.

Ya en la entrada de aquel lugar, se despidió por último del guardia de seguridad; subió a su auto y emprendió su viaje hasta su departamento.

Miraba atentamente la calle al frente de él, amaba la ciudad donde vive y más a las personas con las que se relaciona; la música sonaba de la radio de su carro mientras Matías conducía por todo el camino, sin darse cuenta comenzó a cantar las canciones que sonaban, así liberándose de todo el estrés que llevaba por su trabajo, olvidó por completo los reproches de su jefe, los bocetos fallidos que hizo para la campaña de publicidad y sobre todo se olvidó de la horrible insistencia de su madre por casarlo con Tamara, la hija de la mejor amiga de su madre.

Faltaban menos de tres cuadras para llegar a su departamento cuando en media calle, sin previo aviso, su auto se detuvo y junto a él el concierto que Matías estaba dando con la radio.

Miró el medidor de la gasolina que estaba hasta el límite de vacío, golpeó el volante con frustración haciendo sonar la bocina del auto.

Lo último que me faltaba, pensó Matías.

Salió de su auto y vio la calle desértica, volvió a entrar a su carro para poder llamar a un amigo que tenía una agencia de grúas.

Tras una rápida charla con su amigo, Matías se recostó en el asiento de su auto a esperar a que la grúa llegue. Primero su mirada se perdió en la calle al frente de él, después a los locales que se encontraban a su lado izquierdo, los cuales se encontraban cerrados por la hora que era, y, por último, miró el pequeño parque que se encontraba frente a la puerta del copiloto.

Como por arte de magia, gotas de agua comenzaron a caer el cielo en una ligera lluvia, Matías sonrió encantado por la melodía que generaban aquellas pequeñas gotas al chocar contra el techo del automóvil, cerró sus ojos y se dejó llevar por la pequeña sinfonía que realizaba la madre naturaleza.

Sin darse cuenta, Matías cayó profundamente dormido hasta que un trueno lo sobresaltó y lo primero que vio fue a una bella joven en el parque que minutos antes había observado. La muchacha bailaba bajo la lluvia como si fuera la primera vez que experimenta ese fenómeno natural, Matías se talló sus ojos para saber si no estaba soñando, pues la joven parecía un ángel, después de realizar esa acción, volvió a mirar y la chica aún seguía ahí; inconscientemente Matías se dio una gran bofetada a sí mismo y sobándose la mejilla volvió a mirar.

Rayos, no era un sueño.

Los truenos comenzaban a sonar más seguido espantando a Matías, él ama la lluvia sin embargo detesta los truenos, ver a aquella mujer rodeada de juegos metálicos y vegetación, sembró en él miedo de que le fuera a suceder algo.

Se asomó al asiento de atrás y tomó el paraguas que siempre deja ahí por si las dudas. Sin pensarlo dos veces, abrió la puerta de su auto y salió a la tormenta que se estaba formando, corrió por la carretera hasta que llegó al lado de la chica.

Ella se encontraba dando vueltas con los brazos extendidos, los ojos cerrados y una sonrisa de felicidad en sus labios.

Matías extendió su paraguas para cubrirla con él y la joven al no sentir las gotas de lluvia, abrió los ojos; topándose con la mirada penetrante de Matías, los ojos grises de la muchacha parecían dos grandes lunas llenas, hipnotizadores para quien los viera.

Matías le dio a la joven su paraguas para que se cubriera, pero ella lo rechazó, en un tiempo de lucha entre ambos se escuchó un pitido y Matías supo que la grúa había llegado, la joven volteó para ver quien había pitado, mientras que él aprovechó esa distracción para dejarle el paraguas en la mano y correr a la grúa.

Los siguientes días, Matías recorría el mismo camino a la misma hora esperando volver a encontrar a joven de ojos grises, engañándose a sí mismo con la excusa de recuperar su viejo paraguas.

El último día de noviembre, salió temprano de la oficina y cambio de rumbo, estaba harto de intentar hallar a la joven que no conocía, odiaba sentir ese interés hacia aquella mujer que sin saber nada de ella parecía querer saber todo de ella.

Mientras manejaba miraba de vez en cuando el cielo y por ende la gran nube gris que se encontraba tapando la poca luz que el sol aun daba.

Esa noche tenía que ir a cenar con sus padres y presentía que allí estaría Támara. Sabía que en esa cena tendría otra discusión con sus padres por lo que querían hacer con su vida, tenía treinta y dos años y era independiente, sus padres no pueden tomar ese tipo de decisiones a cerca de él.

Detuvo el auto en el estacionamiento de la primera cafetería que vio y entró al establecimiento, creía que si tomaba un café con la mayor tranquilidad posible quizá el tiempo se haría más lento hasta el punto de retrasar la cena.

Después de unos minutos tomó asiento en una mesa con su café en mano y en ese momento un trueno resonó, miró a la calle y vio como el agua caía del cielo en un fuerte chubasco.

Sonrió mientras tomaba un trago de café, ahora tenía la excusa perfecta de un gran retraso a la cena. Una campanita sonó indicando que un nuevo cliente entraba a la cafetería, por simple curiosidad Matías miro a la entrada y casi escupe el café que estaba bebiendo.

La chica de ojos grises estaba ahí. Junto al cielo oscuro de la que ahora era noche.

La lluvia dejó de caer en el preciso momento en que sus miradas se encontraron, Matías sonrió, mientras que la chica lo miraba con confusión.

La mirada de la joven se desvió a su mano derecha que sostenía el paraguas de Matías, caminó hasta él, sin decir una palabra lo dejó sobre la mesa y dio media vuelta para irse a sentar a una mesa muy lejos del hombre de ojos avellana.

Matías comenzó a reír, por el simple hecho de que la primera y segunda vez en que vio a la joven fue en medio de una lluvia nocturna. Ni siquiera se dio cuenta del momento en que se levantó y comenzó a caminar hacia la mesa de la joven, sin olvidar su taza de café y paraguas.

—Hola—la chica cuyo nombre aun no sabía lo miró con curiosidad—me llamo Matías, ¿y tú?

La chica no respondió, solamente tomó su bolso y sacó un lapicero.

En una servilleta comenzó a escribir letra por letra de su nombre: Itala; Matías lucía sorprendido, pero ni él mismo sabía por qué, si era por el nombre tan hermoso de esa joven o por haber descubierto que era muda.

—Es un lindo nombre—Itala asintió y sonrió sin mostrar sus dientes.

Itala esperó unos minutos a que Matías se fuera huyendo de su discapacidad, pero se sorprendió al ver que él se quedaba e incluso quería mantener una conversación con ella a pesar de que no le podía contestar al instante, en cambio debía esperar a que ella escribiera su respuesta en una servilleta.

Poco a poco se fueron conociendo y sin darse cuenta el tiempo se fue, lo supieron porque una de las empleadas de la cafetería les fue a anunciar que el establecimiento iba a cerrar.

Aquellas palabras fueron para Matías una señal de alarma e instantáneamente miró el reloj que marcaba las nueve y media de la noche, su mamá lo iba a matar.

Pero automáticamente borró de su mente todos los pensamientos de temor, pues no se arrepentía de haber podido pasar todo ese tiempo con Itala.

Se levantó de la silla y le tendió su mano a Itala para ayudarla a ponerse de pie, era tan difícil despedirse de ella. Y eso que apenas la había conocido.

Ya afuera de la cafetería, Matías se tuvo que armar de valor para poder dar un siguiente paso, se sentía como un chiquillo colegial en su primera cita, pero en realidad era un hombre hecho y derecho de treinta y dos años, que temía el rechazo de una joven que lo había cautivado.

—¿Tienes algo que hacer el sábado por la tarde? —Soltó sin más y miró a Itala esperando su respuesta.

Ya no tenía una servilleta en donde escribir, por lo que miró a su alrededor buscando en donde lo podía hacer, ubicó el auto de Matías y corrió hacia él, el cristal estaba empañado por el frio y la lluvia que se había tenido, aprovecho para escribir un simple: no salgo de día, dejando confundido a Matías.

—¿Entonces en la noche? —la respuesta de Itala fue un simple asentimiento—Perfecto, ¿nos vemos a las ocho en el parque donde te di mi paraguas?

Y Itala volvió mover la cabeza como señal de conformidad.

Tras despedirse Matías iba manejando con la mente en blanco hasta que recordó la cena en la que no asistió, por lo que se desvió y manejo rumbo a la casa de sus padres.

Por fuera se veían las luces encendidas de la sala, estando al frente de la puerta Matías tragó saliva y tocó el timbre. Su madre apareció con cara de pocos amigos e instantáneamente su hijo supo que vendría una discusión.

—¿Me puedes explicar por qué no asististe a la cena? Támara estuvo esperándote—señaló la señora exasperada por la gran grosería que su hijo había hecho.

—Lo siento, mamá. Pero sabes que no pienso hacer lo que tú quieres que haga con mi vida

—¿Qué quieres decir con eso? —Tamara, la hija de la mejor amiga de la mamá de Matías apareció por el pasillo

—No pienso casarme contigo, lo lamento— Matías caminó rumbo a su auto en medio de gritos e insultos hacia él.

En el camino hacia su departamento, no dejó de pensar en Itala, aquella joven de ojos grises, cabello castaño y sonrisa cautivadora que no dejaba de estar en su mente. 

June 1, 2018, 9:05 p.m. 1 Report Embed 2
To be continued... New chapter Every Friday.

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Juan Nicola Juan Nicola
Una historia muy atractiva que atrapa desde las primeras lineas.
June 03, 2018, 14:52
~