Cayendo Al Abismo Follow story

E
Eliane Rosenberg


''Te has reprimido mucho, ya tuviste demasiado de esa condenada, ¿para qué seguir con los brazos cruzados? Eres capaz de darle lo que merece. ¿Y ahora qué harás?'' Es como si ella estuviera en primer lugar en la lista de prioridades y Lypso justo debajo suyo. ¿Entonces todas sus palabras de amor diciéndole que era lo más importante en su vida eran falsas? https://www.wattpad.com/story/134517380-ir-al-abismo


Crime Not for children under 13.

#cuento #crimen #asesina #celos #historiacorta #sadismo #homicidio #relaciontoxica
Short tale
7
5688 VIEWS
Completed
reading time
AA Share

01

Lypso mantenía la cabeza apoyada en el marco de la ventana del auto y a través de ella observaba con desinterés la zona desertica que rodeaba la carretera, y mas allá los cerros. Tenía puesto sólo un audífono, para poder saber si la llamaban, y de este emanaba a un alto volumen la canción Going to hell de su banda favorita, The Pretty Reckless.

— ¡Mamá! Dile a Ángel que deje de enfadarme, no para de molestar — gritó Abyss tratando de no maldecir estando cerca de sus padres, a una corta distancia de Lypso, haciendo que esta le lance una mirada cargada de fastidio.

— ¿Cuánto falta para llegar a la playa? — preguntó Ángel haciendo caso omiso a la acusación de su hermana.

Ni los quejidos y gritos de sus hermanos menores podían sacarla del lío que era su mente, en ese instante otros gritos la invadían. Recuerdos viajaban a toda su velocidad por su cabeza mientras sus ojos vagaban por la ventana. Miraba sin ver, una parte de ella no estaba allí. El cielo se tornó del mismo tono grisáceo de los ojos de Lypso. Los truenos retumbaban en sus oídos, adentrándose en su cabeza y siendo mezclados con sus pensamientos, opacando parte de la música. Era el ambiente perfecto para su estado mental y de ánimo. ¿Cómo ese delicado rostro podía transmitir tanta tranquilidad luego de lo sucedido? Y no sólo eso, sus labios pintados de un color rojo vino formaban una pequeña sonrisa, como si recordara algo de lo cual se podía enorgullecer. Y así era para ella.

''¡Basta! ¡Detente Lypso! Te lo suplico... ¡Por favor!''

Aún los podía oír, esa dulce sinfonía, los gritos se sentían tan reales como esa noche...

— Haz que guarde silencio Lyp — pidió Angel con algo de desesperación, interrumpiendo su ensoñación.

Pero no se molestó en responder, en lugar de eso le subió el volumen a la música que acariciaba sus oídos, dando una perfecta combinación entre música, truenos y recuerdos, dulces recuerdos llenos de agonía.

Fue un lunes cuando se desató el caos. Lypso corría hacia el salón para dejar una gran cantidad de libros que tenía en los brazos con el tiempo haciendo presión. Encima de su uniforme traía puesta su bata de laboratorio, puesto que debía usarla en la primera clase. Se detuvo en seco con el corazón acelerado en la entrada de su salón. Lo primero que deseaba que vieran sus ojos es a su novio, esperándola. Y así lo encontró, la esperaba, pero no de la manera que ella hubiera deseado que lo hiciera. Estaba junto a ella. Laura.

¿Por qué con ella...? Se dirigió con toda la tranquilidad que pudo aparentar a su pupitre. Nadie que la viera podría saber que en su interior se quemaba. Lanzó una rápida mirada al lugar donde ellos conversaban.

''¿Vas a dejar las cosas así Lypso?''

Sintió como el fuego se propagaba e invadía su cuerpo, y el cómo llegaba a su corazón. Le dolía, verlo feliz junto a ella le dolía. Su sonrisa se veía radiante al estar con sus amigos, con Laura. ''Su mejor amiga''. Quizá sonaba egoísta, pero no quería que otra persona le hiciera sonreír de esa manera, le hacía sentir pequeña y reemplazable.

— Allan, no me hagas esto...

Lypso seguía con esos pensamientos, mientras jugueteaba con la cadena de oro que colgaba de su cuello, cuando el timbre sonó callando las risas provenientes de atrás. En un rápido movimiento se incorporó, se dirigió al pupitre donde se encontraba él, y con su mano entrelazada a la suya se fue corriendo al laboratorio.

''Si''.

Lanzó una segunda mirada hacia atrás, esbozando una escalofriante sonrisa triunfante hacia Laura, haciendo que a ésta le recorriera la espalda un escalofrío.

Al entrar al laboratorio tuvieron que separar sus manos e ir cada quien con su equipo.

— Buenos días alumnos, quiten esas expresiones de agonía que hoy es lunes. Comencemos con la práctica — la voz del profesor de laboratorio fue apagando las voces de los estudiantes —. Comiencen rallando las papas, aplastando los cacahuates...

Dejo de darle su atención al profesor para ver como Laura deslizaba sus garras por los hombros de su novio y ver como le susurraba algo al oído, sin dejar de sonreír.

— Yo te borraré esa sonrisa, ''cariño''... — le susurró a la nada sin que alguien la pudiera escuchar.

De manera automática tomo una de las papas, la presionó contra el rallador sin despegar la mirada de ella. Sonrisas por parte ambos. Mordió el interior de su mejilla y comenzó a rallar la papa con brusquedad. Bajo la mirada, observo como los pedazos de la papa se desprendían y la hacían cada vez más pequeña. En su mente los pedazos se volvían rojos, y le parecía estar rallando carne.

''Rojos, como la sangre Lypso''.

Ralló con más fuerza.

''Te gustaría eh... Una sencilla solución a todos tus problemas, el fin de esos pensamientos que tanto te consumen''.

La fuerza que aplicaba para rallar la papa incrementaba conforme su propia consciencia la alentaba a hacer algo que no estaba bien.

''No más Laura. Y él será solamente tuyo''.

— Lypso, basta, vas a terminar lastimándote — le dijo una voz detrás suyo. Era un integrante de su propio equipo, la que menos quería ver en aquellos momentos. Laura la miraba con algo que a cualquiera le podría parecer preocupación. Sin embargo, ella sabía que estaba muy lejos de sentir algo así. No todos podrían entender la rivalidad que mantenían que sólo ambas veían.

La miró a modo de respuesta sin tratar de disimular su odio. Sus ojos color gris tormenta reflejaban todo el desprecio que le tenía, su rostro no mostraba emoción alguna. La recorrió con la mirada de pies a cabeza, para al final esbozar una burlona media sonrisa y darle la espalda.

Algo muy dentro de ella crecía, era un desenfrenado deseo que le exigía hacerle daño. Le gritaba que se lanzará sobre ella y le clavará las uñas en su piel hasta saciar sus deseos y calmar su ansiedad. Quería estrangularla, para sentir como su vida estaba en sus manos, con el poder de hacer de ella lo que desee.

''Te contienes demasiado, cede a tus instintos Lypso...''.

Sus tormentosos pensamientos no le dejaron darse cuenta que el timbre había sonado dando fin a la clase.

— Lypso — susurró su novio tomando nuevamente su mano —. Vamos al salón, amor — le dijo con dulzura cargada en su voz. Siempre tan cariñoso, la trataba como si fuera lo más precioso que pudiera existir aunque suene "cliché", era lo que ella siempre había deseado. Era lo que pensó que nunca tendría después de una larga relación abusiva y tóxica. Lo amaba demasiado, y era muy bueno para ella. Eran tan diferentes, pero se hacían sentir completos. Cuando él le decía las palabras te amo no podía evitar creerle, y es que era verdad. Entonces, ¿qué más importaba? Era más de lo que merecía, pero no por eso lo dejaría ir, otra vez, era muy egoísta como para hacerlo.

Al momento de entrar al salón Laura se abalanzó sobre él, con la excusa de que quería decirle algo importante. Al llevárselo sus ojos se conectaron por un segundo. Miro a Lypso con malicia.

''¿Y ahora? Sería insufrible que aguantarás esto, ¿en serio dejarás las cosas así? ¿Dejarás que te pisoteen de esa forma?''

— No... — se sentía al borde de un ataque, no podía con tanta ira acumulada en su cuerpo. La invadía la impotencia y sólo podía actuar como si las cosas estuvieran bien. Eso que tanto gritaba su mente no ayudaba en algo.

''Te has reprimido mucho, ya tuviste demasiado de esa condenada, ¿para qué seguir con los brazos cruzados? Eres capaz de darle lo que merece. ¿Y ahora qué harás?''

Apretaba los puños, sus uñas se clavaban con fuerza sobre sus propias palmas en un intento de descargar su ira en algo. Estaba harta, cansada de sentirse de aquella manera cuando ella estaba cerca de su novio. Sabía que los celos no traerían algo sano, eso lo sabía muy bien, ¿pero qué más podría sentir cuándo pasaban tanto tiempo juntos? Se reía más estando a su lado, sonreía más, si Laura le hablaba la abandonaba de inmediato.

Es como si ella estuviera en primer lugar en la lista de prioridades y Lypso justo debajo suyo. ¿Entonces todas sus palabras de amor diciéndole que era lo más importante en su vida eran falsas? No, no podía ser posible. El problema tenía que ser ella, porque el que Allan le mintiera era demasiado doloroso y no quería creerlo. El problema tenía que ser esa maldita que se apegaba tanto a él. ¿Pero y entonces que hacía? No importa que le dijera a su novio él "necesitaba" mantener a Laura en su vida, no entendía lo que sentía tachándola de exagerada. Allan no haría algo, entonces ella tendría que hacerlo.

En ese momento dejó de apretar sus puños. Ya no necesitaba hacer eso, no en ella. Permitió que esa voz que tanto le gritaba la guiará por primera vez en su vida. Una mueca que parecía sustituir una sonrisa se dibujó con lentitud en sus rojos labios. Tenía un plan, esa noche sería el día en que eliminaría sus problemas.

Los segundos se convertían en minutos, los minutos en horas, y las horas parecían ser eternas. Toda la mañana transcurrió de igual manera: Laura parecía no cansarse de ir tras su novio. ¿Era lo único que podía hacer?

''Tranquila Lyp, falta poco''.

Durante el transcurso de la mañana a la noche Lypso no hizo más que fantasear y sumergirse en ensoñaciones. Era como cuando un niño espera la llegada de la navidad, para poder abrir sus regalos, o los momentos antes de un acontecimiento importante.

''¿Casa?''

— Ubicada — susurró con la mirada en el techo.

''¿Arma? ¿Guantes?''

— Listos — dijo en otro susurro, con las yemas de sus dedos acariciando el mango del hacha. Se había preparado para esa noche, nada podía salir mal.

''¿Preparada?''

— Más que nunca.

Su reloj marcaba las 11:15 p.m. Ya era la hora de actuar y dar fin a todo ese barullo que le quitaba la tranquilidad a su vida. Los problemas hay que solucionarse, no hay que dejar que sigan existiendo.

Al salir de su casa una corriente de aire frío la envolvió, provocando que una oleada de escalofríos le invadiera la espalda. ¿Era posible que el color del cielo nocturno pareciese más oscuro? Esa noche se veía así. Todo se veía y sentía de manera diferente. Pese a estar en una pequeña ciudad sentía que las estrellas destellaban con más fuerza. Y conforme se acercaba a su destino tenía la sensación de adentrarse a un abismo sin fin, como si con cada paso cayera cada vez más.

Se detuvo frente a la casa de la muy hija de puta... Sabía perfectamente bien que esa noche Laura se hallaría sola, no habría quien se interpusiera en sus planes. Le estaba haciendo las cosas demasiado fáciles. Trepó el árbol que se conectaba al balcón de Laura. Las ramas de doblaban y crujían bajo su peso. No sin dificultad saltó, aterrizando con éxito.

''Que ridículamente sencillo''.

Abrió el ventanal de la habitación de la chica que tantos deseos sádicos le había incitado. Se acercó con dilación a la cama en la cual ella descansaba. Incluso dormida le hacía sentir odio el tan sólo mirarla.

''Despiértala. No dejes que muera estando dormida. Tiene que ser consciente de cada golpe que reciba, tiene que vivir el dolor''.

Lypso haciendo lo que le demandaba su consciencia alzo el hacha, y sin pensarlo de nuevo la dejó caer sobre uno de los muslos de Laura. Por un momento quizá sintió deseos de parar, pero no había vuelta atrás. Ésta despertó de inmediato de su profundo sueño. No entendía que era lo que pasaba, sólo sintió el dolor recorrerle el muslo y extendiéndose por toda su pierna.

— Lypso... — alcanzó a decir casi en un susurro —. ¡¿Qué estás haciendo?! — en su voz se podía notar el dolor, y de sus ojos también salía en forma de lágrimas. Contemplar aquella escena le resultaba aún más placentero de lo que esperaba.

— Estas preguntando algo muy obvio, ¿no crees? — su voz desprendía veneno. En su mano se balanceaba el hacha, lista para otro golpe más —. Elimino mis problemas querida Laura. ¿O creías que me iba a limitar a verlos? Ésta rivalidad no es un estúpido juego.

— Pero... — su llanto comenzaba a tornarse desgarrador siendo difícil hablar, sus mismos ojos rogaban por compasión —. Yo... ¡¿Qué te...?!

— Y aún tienes el atrevimiento de preguntar — dijo con serenidad Lypso interrumpiendo a la chica, como si fuera ajena a todo aquello, le importaba tanto como tirar viejos papeles a los cuales ya no se les podría dar uso —. Te metes con lo que es mío, sufres las consecuencias, así de simple, ¿tan difícil es entender esto? Es tu culpa, ¡pudiste haberte alejado! — dijo asestando las piernas de Laura con el hacha que momentos antes estaba acariciando.

— ¡Basta! ¡Detente Lypso! Te lo suplico... ¡POR FAVOR! No quiero morir, ¡déjame! ¡PERDÓNAME..!

Tarareaba Going to hell mientras masacraba a Laura. La ropa, las sabanas, el suelo y todo lo que la rodeaba se teñian de sangre.

''Sigue, no pares Lypso. Tan fácil como matar un cerdo''

Dicen que al hacer algo si se siente remordimiento es que estuvo mal. Pero ella estaba muy lejos de sentir aquello. Eso significaba para ella y su inquieta mente que lo que ha sucedido está bien, y era lo que debió pasar. Era lo correcto.

— Lypso...

Recordaba su reflejo en el espejo salpicado de sangre de Laura, y el cómo sonrío para sí misma al ver su ropa cubierta del rastro del crimen que acababa de cometer.

— Lypso.

''Así se tienen que eliminar los obstáculos que no te permiten ser feliz, así se solucionan los problemas''.

Asintió para sí misma.

— ¡Lypso!

La voz de su madre la sacó de sus recuerdos. Al mirar a su alrededor supo que ya habían llegado a la playa.

— Cariño, apúrate, tus hermanos ya han bajado del auto y entrado a nuestra casa de playa.

— Si mamá, perdón, no me di cuenta por escuchar música — su rostro reflejaba toda la dicha que le habían dado sus recuerdos. Se quitó con rapidez el audífono, bajando de un salto del auto.

Sintió su celular vibrar. Era un mensaje de su novio.

A ❤: ''Mi amor, ¿cómo estás princesa? ¿Has llegado bien? Te extraño Lypso'', leyó.

Todo se sentía mejor y más feliz desde aquella noche. Quizá Allan se puso mal al perderla, pero eso no importaba, ella estaría allí para consolarlo. No habría más fuego que la consumiera por dentro.

''¿Ves? Ahora es todo tuyo...''.

May 19, 2018, 9:59 p.m. 1 Report Embed 3
The End

Meet the author

Comment something

Post!
am axel martinez maravilla
Simplemente me encanto.! necesito leer mas de eso.!
May 24, 2018, 10:07 p.m.
~