¡Maldita Sea Mi Vida! Follow story

xarrielcastro Xarriel Castro

Las vivencias expuestas por cada uno de los personajes antagónicos plasmados en esta historia, se vuelcan sobre el protagonista creando un remolino de emociones y confusión que llevarán a este a repudiar su miserable vida.


Drama Not for children under 13.

#muerte #amor #traición #realismo #venganza #mentiras #odio #¡malditaseamivida #infedelidad
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Reconocimiento

Era el 13 de agosto de 1967, todo el mundo estaba en la sala de espera del hospital Evenfor; un señor alto y robusto de tez apiñonada y ojos oscuros, vestido con un par de jeans y botas de cuero desgastado junto con una camiseta a cuadros, caminaba, desesperadamente, de un lado a otro con ansías de recibir una respuesta del doctor acerca del estado de su esposa, la cual estaba a pocos momentos de dar a luz. Repentinamente la puerta de la sala de operaciones se abrió y de ella salió un hombre enfundado en su gabacha blanca, luciendo, notablemente, un rostro de emoción el cual denotaba la premisa de buenas noticias.

-¡Su hijo ha nacido! -Exclamó entusiasmado el doctor.

-¡Es increíble!, ¿es un varoncito? -Preguntó el padre.

-Así es, su esposa acaba de dar a luz a un hermoso varón, pero déjeme decirle que con los años de experiencia que poseo, este ha sido uno de los partos más difíciles que me ha tocado atender.

-¡Oh, mi Dios!, ¿pero todo está bien doctor?, ¿no nació enfermito el cipote?

-¡Claro que no!, pierda cuidado, su hijo está completamente sano.

-¡Gracias doctorcito!, ¡muchas gracias!, ¿cree usted que puedo pasar a ver a mi mujer?

-¡Por supuesto!, sólo que no la haga hablar demasiado, recuerde que pasó por un parto muy dificultoso y aún trata de recuperar fuerzas.

Inmediatamente aquel hombre ingresó en la habitación, creándose una idea en su mente de cómo sería su primer hijo, pero al mismo tiempo se preguntaba cómo podría criarlo, ya que no estaba pasando por sus mejores momentos, sus patrones del rancho en el que trabajaba lo habían despedido; su madre, recientemente, había fallecido a causa de una letal infección que pescó en su pierna izquierda, la cual fue, paulatinamente, extendiéndose por todo su cuerpo hasta acabar con su vida y, por si fuera poco, su esposa acababa de dar a luz. En aquel momento su mente libraba una tediosa batalla entre ser el padre que todo el mundo espera o simplemente lanzarse al abismo de la melancolía, el cual es vivido por muchas personas que transitan por momentos de desesperación y angustia.

Al entrar vio a su esposa postrada en aquella cama de hospital, totalmente debilitada a causa de los extenuantes dolores que había sufrido, su rostro estaba totalmente pálido, a pesar de que era una mujer de tez trigueña, su cuerpo se encontraba completamente bañado en sudor, el cual provocaba una inmensa marca de humedad en el colchón de la cama en la cual reposaba. Aún seguía dormida, así que el hombre decidió pasar directamente a ver a su primogénito. Él a diferencia de su madre se encontraba felizmente despierto, su padre al verlo sonrió intensamente y de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas producidas por la enorme felicidad que le causaba el ver a su hijo recién nacido.

-Es igualito a mí. Expresó el padre; tiene mi carita y mis ojitos, incluso hasta su boquita es igualita a la de su tata. Cómo no podría quererte; sos sangre de mi sangre, mi bendición y mi única salvación a todo este infierno. Vos vas a ser diferente a mí; eso te lo aseguro.

Poco a poco el cielo se fue tornando de un color naranja fuerte; el sol iba descendiendo, ocultándose entre las verdes praderas del valle y al mismo tiempo dejaba a su paso el rastro de un día caluroso lleno de emociones y alegrías que muy pocos veces pasan; las estrellas comenzaban a salir para iluminar el cielo que prontamente se volvería totalmente oscuro y en ese trayecto, las aves que sobrevolaban los extensos cultivos de arroz, comenzaban a dirigirse hacia las ramas de los naranjos que se encontraban por todo el lugar para poder reposarse en ellas y así descansar de un intenso día.

Para el padre que felizmente conversaba con su hijo, las horas habían pasado realmente rápido, cada palabra que emanaba de su boca inspiraba un sentimiento de esperanza en saber que algún día su hijo crecería y se convertiría en un hombre inteligente, audaz, tenaz y preparado; no cualquier persona lo iba a engañar, él sabría cómo reaccionar ante las mentiras del mundo y su gente, atendería velozmente al llamado de ayuda de la sociedad y lograría levantarse después de los tropiezos que tuviese. De ninguna manera su hijo seguiría los pasos de su padre, él no se lo permitiría. Frecuentemente él se pasaba castigando consigo mismo por la infortuna vida que le había tocado vivir; desde muy pequeño se había visto imposibilitado de asistir a una escuela a recibir el pan del saber, sus padres le decían constantemente que no gastarían ni un centavo en tarugos como él; su adolescencia tampoco fue la mejor, al no saber ni leer ni escribir, se vio obligado a trabajar con su padre arando el campo, sembrando hortalizas y chapeando los solares baldíos que aparecían con frecuencia en las esquinas y pasajes de la colonia donde él vivía. Mas no todo era desgracia en la vida de aquel desdichado hombre, de lo que si se enorgullecía, cada vez que podía, era de haber conocido a su afable esposa, mujer que con carisma, bondad y trabajo había ido forjando el nicho familiar que luego ambos compartirían.

-¡Ay!, todo mi cuerpo me duele. –Exclamó su esposa, quien acababa de despertar.

-¿Estás bien, Luisa? –Le preguntó su esposo con cierta incertidumbre.

-¿Cómo crees que voy a estar bien?, si acabo de parir a ese cipote y es horrible sentir estos pijes dolores.

-Cálmate, ya verás cómo se te van pasando poquito a poquito.

-Vos siempre con tus pendejadas. Como no sos vos quien está postrado en esta puta cama, decís lo primero que se te viene a la mente.

-No son pendejadas. Mi nana así quedó también cuando parió a la Suyapa y al Víctor.

-Tu nana, ya dijiste, esa era perra para estar pariendo cipotes a lo loco, parecía coneja la puta.

-Bueno, ya párale. Tampoco es para ofender.

-Si es la verdad. ¿Por qué te enojas?, ella nunca me quiso.

-Ni a mí me demostraba su amor y, no ando quejándome tanto como haces vos.

-¡Por favor, Rubén! No vengas ahora a salvar a la doñita, sabiendo que ya está muerta.

-¡Ya!, así déjalo. Mejor decime cómo le vamos a poner al cipote, estoy emocionado por ya darle uno.

-Llámalo cómo vos querrás, a mí déjame en paz.

Aquel hombre miraba con asombro la actitud de su esposa, quien de ser una mujer muy carismática había pasado a ser alguien sumamente amargada con la vida. La Luisa que él conocía había quedado en el olvido, en las memorias que el tiempo poco a poco va borrando, su simpatía se había hecho humo y su amor por aquel hombre parecía haber desaparecido por completo; Rubén se sentía culpable por ello, creía que no lo había hecho lo suficientemente feliz al no complacerla en todos los gustos que a la mujer se le ocurrían; ella sabe que no soy millonario para darle gusto en todo –se decía para sí. De igual manera él no se explicaba porque su esposa tomaba el parto como una condena. A muchas mujeres les fascinan tener hijos, ¿por qué a Luisa no? -se preguntaba constantemente sin tener respuesta a su interrogante. Lo único que quería era formar su propia familia, poder convivir con su esposa tranquilamente sin reproches ni humillaciones, poder darle a su hijo la vida que él nunca tuvo y sobre todo olvidar ,de alguna u otra forma, su horrible pasado que lo mortificaba día tras día.

Sus ojos se volcaban de agua al tomar a su hijo por los brazos, al acercarlo a su pecho con todo el amor y la dulzura que caracterizan a un padre primerizo. Una leve sonrisa se dejaba escapar de su rostro cada vez que aquel hombre miraba a su hijo, como si se viera reflejado en él de alguna manera; su mano, afectuosamente, acariciaba el rostro de aquel angelito recién nacido, cuidando de no provocarle ningún daño a tal criatura. Probablemente su mente estaba totalmente deshecha por tanto sufrimiento y dolor causado en el pasado; pero su corazón no, ese pedacito de carne que palpitaba lentamente en el pecho de aquel hombre, aún guardaba consigo una leve esperanza de que aquel niño sería la cura para todos los males que aquejaban a su padre.

-Veamos, ¿Cómo te vamos a poner a vos? –se preguntaba el hombre con cierta duda y emoción. Ambos sentimientos se entremezclaban uno con el otro para poder hallar una contestación a su pregunta; será que te llamamos Timoteo como tu abuelo o Placido como mi hermano que en paz descanse. No, ya sé, te voy a llamar Hugo. Mi mejor amigo se llamaba así y pienso que si él te conociera le alegraría mucho saber que llevas su nombre.

Nombrar a su hijo de esa manera le recordaba al padre muy buenos momentos que había compartido con su amigo Hugo. Él hace mucho tiempo había fallecido, recolectando madera de los inmensos y frondosos bosques que cubrían el lugar. Hubo un día en que Hugo iba manejando su camioneta hacia su casa después de una larga jornada laboral, la paila de su vehículo iba repleta de troncos recién cortados, por donde pasase dejaba una exquisita fragancia a roble y pino de la montaña. Ese día los noticieros habían advertido a la comunidad de la zona que tuviera precaución al momento d salir de sus casas, ya que el clima no sería el más favorable, la región se vería afectada por un fuerte torrencial que podría provocar serios deslizamientos de tierra por las principales carreteras que conectaban esa región con el resto de la ciudad. Hugo que era un hombre aventurero y bravío, no le importaba someterse a tales condiciones climáticas. Ya lo he hecho antes, ¿Qué podría pasar ahora? -se alentaba constantemente aquel iluso hombre. Mientras él manejaba aquella aciaga tarde, un fuerte torrencial cayó por alrededor de unas tres horas, lo cual provocó que la carretera quedase totalmente fangosa; la camioneta de Hugo no era la mejor de todas sus neumáticos estaban completamente desgastados a causa del excesivo uso que les daba, él rara vez las cambiaba, dicho acto causó el vehículo comenzará a girar sin control por aquel escarpado sitio, Hugo definitivamente había perdido el control de su camioneta; la carga que traía en su parte trasera propiciaba aún más el desbalance causante del frenético descontrol. Aquel hombre trataba con todas sus ansias poder estabilizar el vehículo, mas no conseguía lograrlo, su angustia se hacía cada vez más palpitante y su corazón latía a todo vapor; en aquel instante sus mejores recuerdos empezaron a aparecer con suma rapidez por la mente de Hugo, recordaba con mucha añoranza su vida de joven, a sus ancianos padres y sobre todo a su esposa e hijos, a quienes abandonaría de este mundo terrenal por una imprudencia suya. Después de tanto tiempo de girar sin control, la camioneta estrellándose en el borde de una inmensa montaña que se levantaba a la orilla de la carretera. Su trágica muerte causó conmoción en todo el sitio, Hugo siempre había sido un hombre muy querido por la comunidad que lo había visto nacer; pero para Rubén fue un golpe aún más fuerte darse cuenta de que su mejor amigo había fallecido era una idea muy difícil de asimilar, lo que provocó que por mucho tiempo aquel hombre se encerrara en si como alternativa para poder aminorar el dolor que sufría.

Cada que vez que llamaba a su hijo con aquel hermoso nombre, su cara se llenaba en llanto de nostalgia, pero aun así aquel hombre no se arrepentía de la decisión que había tomado.

May 17, 2018, 11:58 a.m. 0 Report Embed 0
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