ilag18 A.G. Estrada

La familia puede ser, en muchas ocaciones, tu mayor inspiración, o tu mayor condena.


Drama All public.

#soledad #familia #drama
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Una historia

Pude verla, tan delicada, tan indefensa y tan insignificante. Era esa mujer que alguna vez me había hecho la vida imposible, mi madre. La vi en la calle, a un costado de la sexta avenida, pidiendo limosna como una vagabunda, bueno, era una vagabunda.

No podía dejar de pensar en todo lo que me había hecho, a pesar de que me había prometido perdonarla, no había olvidado ningún detalle.

Desde que tengo memoria, mi niñez fue algo turbulenta, al lado de una fanática religiosa que solo podía darme sermones en lugar de amor. Ella fue una madre soltera en una época y sociedad aun demasiado “conservadores” para aceptarla. Me compadezco de ella en este sentido, supongo que debió ser difícil.

Mi padre fue un hombre casado, que prometió demasiado y cumplió nada a mi madre. Cuando se enteró que ella estaba embarazada le dio un poco de dinero para que terminara con el problemilla, cosa que ella (por sus creencias) encontró repulsivo, y esa fue la última vez que lo vio.

Su familia cuando se enteró que yo venía en camino la sacaron de la casa. Ella espero tres días afuera sin moverse para que la dejarán entrar. Supongo que, al igual que todo, la violencia también se aprende. Después de esos tres días mi abuela le abrió la puerta, la dejaron regresar, pero ya nada era igual.

Desde pequeña ella siempre fue la rechazada de la familia, había venido en una época bastante difícil, mi abuelo deseaba irse a los Estados Unidos con otra mujer, y mi abuela quiso embarazarse para contenerlo aquí en el país. Ya tenían dos hijos, una niña y un niño. Cuando mi abuela le dijo a su esposo que estaba embarazada el se quedó, pero el quedarse significo un precio muy alto para mi madre. El desprecio de mis abuelos. Cada uno tenia sus razones, pero por alguna razón siempre la ignoraban.

Cuando nací, la casa se lleno de alegría, al menos por parte de mi abuelo. El por algún motivo me amo muchísimo. No digo que no lo agradezco, pero desde ese preciso momento, el odio de todos paso de dirigirse únicamente hacia mi madre hacia mi persona también.

El tiempo paso, y el amor de mi abuelo hacia mí creció, yo también lo quería como a un padre. No me malinterpreten, no digo que no aprecie todo lo que hizo por mí, pero si tan solo su amor no hubiese sido como fue, mi madre no me hubiera reclamado por tanto tiempo como yo “no la respetaba”.

Cada vez que ella se sentía frustrada o sentía que yo era “insolente con ella” me recitaba un pasaje de la biblia a lo que seguía un sermón donde las palabras, tonta, desobediente, ingrata, malcriada, estúpida, mierda, y muchos insultos más, iban agregados.

Ella siempre me decía que, por culpa de él, mi abuelo, yo no la respectaba, no la aceptaba como mi autoridad. Nunca entendí eso de “la autoridad”, llegué a comprender que el respeto se gana, no se impone. Durante muchos años, ella siempre fue ayudada por mi abuelo, tiempo después me enteraría que fue por mi que la ayudaba. Nunca se lo dije a ella. Sin embargo, fue un grave error de parte de él, porque ella nunca pudo recuperarse luego de su muerte. Siempre esperaba que alguien mas le echara una mano. Durante esta etapa, nosotras nos mudamos a, bueno, a muchas casas y lugares, siempre que ya no podíamos pagar la renta, que no duraba ni 6 meses, nos echaban de ese lugar, y teníamos que buscar otro. Así pase buena parte de mi niñez y adolescencia.

Cuando crecí, tuve que trabajar durante mis estudios de ultimo año, trabajaba en un café, medio tiempo luego de la escuela. Esto con el ánimo de que tuviéramos para comer, durante este tiempo vivimos en un cuarto de 3 por tres metros, con un baño de 2 metros cuadrados. Yo pagaba la renta, ella se dedicaba a ir a la iglesia, y a escuchar varias predicas por radio o por televisión, la que yo había comprado con mi primer salario.

Siempre que llegaba la encontraba acostada, haciendo nada, escuchando una predica o viendo una. Siempre era la misma rutina. Al principio pensé que cambiaría, que tal vez ella estaba pasando por una mala racha, siempre trataba de ayudarla, y le ofrecía hacer volantes o cualquier otra cosa para que pudiera conseguir trabajo, no era tan difícil, un abogado siempre tenía trabajo, pero ella me respondía con un tono frio y despectivo “Tu no te metas en mi vida, yo soy tu madre y no me tienes que decir que tengo que hacer”. Siempre la misma oración, una y otra vez. Con el paso de los años aprendí a dejar de preguntarle, y a dejar de creer en que ella iba a cambiar.

Estudie en la universidad por azares del destino. Mi madre milagrosamente tuvo un cliente con quien pudo hacer un canje para una beca universitaria, que al principio ella quería utilizar para una maestría, pero luego me la cedió a mí, no sin recordármelo durante el resto del tiempo que estuve con ella. Cada vez que podía me decía “Yo te pagué la universidad, así que bastante he hecho por ti, mi trabajo contigo ya lo concluí” pero nunca me dejaba ir.

Mi madre fue una madre muy aprensiva conmigo, de las que prefieren que estés sola, a que la puedas dejar sola a ella. Nunca tuve muchos amigos por eso. Siempre me decía que los amigos podían traicionarte y de lo cruel que podían llegar a ser las amigas con uno.

Conforme fui creciendo mi soledad aumentó, pero así mismo mi ira hacia ella. No podía creer que esa mujer no me dejara ser. Ella se había convertido en mi cáncer, en mi tormento. Recuerdo que muchas veces le daba mis cosas con tal de que ella tuviera algo, mi auto lo vendimos por una deuda que ella tenía, la herencia de mi abuelo la tuve que ceder para que mi familia le pagará algo de eso a ella. La verdad ninguna de esas cosas quería cederlas, pero era joven e ingenua, una niña que aún amaba a su madre, y por amor, cedí a todo ello.

No puedo decir que no me arrepiento de todo eso, porque si lo hago, todos los días me pregunto ¿Por qué aguante tanto tiempo? ¿Cómo pude ser tan débil?

Para cuando cumplí los 25 años, decidí que era momento de separarme de ella. Había ahorrado lo suficiente para irme a vivir sola, y lo tenía en una cuenta oculta, de la cual ella no sabia su existencia. Para este tiempo yo sufría de depresión y ansiedad, iba al doctor mensualmente para que me recetara mis dulces de la felicidad.

Para cuando le dije de mi decisión a ella, fue todo un escándalo. Llamo a toda la familia para que me convencieran de que no lo hiciera, que esa no era la salida. No entendía porque, si ellos tampoco la querían, ¿Cómo me podían decir que yo me quedara con ella? Tuve que tomar mis maletas e irme sin decirle a nadie. Para cuando todos llegaron supongo que me buscaron, pero no me encontraron.

Jamás voy a olvidar la sensación de libertad que sentí para cuando me separé de todos ellos. Estaba por mi misma, pero era libre. Estaba muy feliz, estaba contenta. Pero la felicidad iba a durarme poco, porque después de un mes, me habían despedido de mi trabajo; algo que fue un golpe muy duro para mí. No pude estar mucho tiempo más, aún con mis ahorros no podía darme el lujo de vivir así, era vivir en la calle o volver a la casa de mi abuela. Mi mayor error, fue optar por la segunda opción.

Cuando regresé, mi madre estaba ahí, ella estaba feliz de verme, y no puedo olvidar sus palabras: “Mi amor, ves lo que pasa cuando te separas de los preceptos de Dios” Me odie a mi misma por haber regresado. Ese iba a ser uno de los años mas oscuros de mi vida.

Intente suicidarme dos veces, ninguna tuve éxito, por alguna razón ella me encontró antes de que muriera. Decidieron ingresarme a un psiquiátrico, donde conocí a Tony, un joven bastante peculiar de quien me enamoraría.

El era diferente al resto, la verdad al inicio yo lo detestaba, no soportaba su franqueza, pero por algún motivo era lo que mas me gustaba de él. Sabía que nunca me mentía. Para cuando me pidió matrimonio me pareció, en ese momento, una locura la cual yo rechacé rotundamente.

Sin embargo, su insistencia dio frutos. Acepte después de dos años. Nos casamos cuando salimos del psiquiátrico, cualquiera pudo pensar que estábamos locos, la verdad es que lo estábamos. Me fui de casa feliz de que nunca los volvería a ver, no quería verles la cara nunca. Mi felicidad fue plena durante dos años, para cuando cumplí los 30 años, estaba muy plena con mi vida, Tony no era perfecto, pero jamás me hizo sentir de menos ni todo lo que había sentido con mi madre. Pero siempre hay algo, la felicidad, como todo, nunca dura para siempre. Un día, mientras desayunábamos, me preguntó que me parecía la idea de un hijo, fue como un balde de ácido; desde que cumplí los 20 años, había decidido que nunca tendría hijos, yo era la portadora de un virus, el virus de mi familia, el cual no quería trasladárselo a mis hijos, no quería hacerle daño a un pequeño o pequeña que no tenía la culpa de los traumas de mi vida. Por eso había decidido no tener hijos, un tema que Tony ya lo sabía muy bien. Y aún así, el deseaba un hijo. Nunca pude dárselo, nunca quise dárselo mas bien. Nos divorciamos un año después, él había encontrado a una joven con quien podría tener muchos hijos.

No digo que no me haya dolido que me dejara, pero al final, el día de nuestra boda, lo supe. Siempre presentí que este día iba a llegar por esta misma razón. Los hombres por naturaleza desean dejar su semilla y si no lo hacen, no ven sentido en la vida misma, ni al matrimonio.

Entonces quedé de nuevo sola, por mi cuenta, ya trabajaba como cajera en un supermercado, así que pude irme a mi propio cuarto, no era tan caro, y con el paso del tiempo comencé a ascender de puesto, hasta convertirme en gerente. Con ello, ahorre lo suficiente para comenzar mi propio negocio, quería hacer algo de tecnología, y había conocido a un chico programador, diez años menor que yo, que soñaba con un futuro grande. Decidí darle parte de esos ahorros a él. Y fue la mejor decisión. Con tan solo tres años, nuestra empresa creció exponencialmente, yo de 35 años y el un chico de 25 años, éramos bastante ricos y bien conocidos en el país. Parecía que finalmente la suerte me sonreía.

No puedo decir que fuese romance, o amor puro lo que nos unió, pero resultamos casándonos. Fue por mutuo acuerdo, nos dimos cuenta de que parejas externas a nuestro entorno solo entorpecerían nuestro trabajo, y por alguna razón, la familia que debíamos tener era mejor vista dentro del ámbito. Por ello decidimos hacerlo. A los pocos meses de casarnos, el me dijo que no quería tener hijos, a lo que yo casi saltaba de la alegría, y le conté que tampoco los deseaba yo. Ese fue el momento en el cual nos comenzamos a enamorar.

El tiempo ha pasado, y yo ya tengo 45 años, la empresa va bien, y nuestro matrimonio es perfecto por no decir más, Matt es, por mucho, un gran esposo. Y ambos nos entendemos en muchos sentidos, en el trabajo, en el amor, en el sexo, en la vida y nuestros traumas. No tenemos hijos, nunca nos hicieron falta. Decidimos, por cuestiones de marketing que crearíamos una casa para huérfanos, Matt, era huérfano, que fue adoptado por una familia igual de fracturada que la mía.

Veo a mi madre una última vez, el chofer me pregunta si deseo que detenga el auto, mi asistente a mi lado me dice la agenda del día. Pienso “Realmente ella me dio todo esto, mi éxito se lo debo a ella, a lo cruel que fue conmigo, sus palabras, su posesividad, todo ello, me hizo a mí, a lo que soy hoy” Y dije, en muy baja voz, casi inaudible – Gracias madre- y luego al chofer – No, puede seguir, no hay nada aquí para mí-

Llego a casa, después de un día de trabajo agotador, pero gratificante. Veo a Matt, esta sentado en el sofá, dormido, por algún motivo vino antes. Me acerco y lo beso, a lo que él me devuelve el beso, me jala hacia él, con sus 35 años, su fuerza es mas que la mía. Me toma en sus brazos, y me comienza a desabotonar la blusa, veo sus ojos, sus manos pasan por mi cuerpo, me excita, me encanta su olor. Hacemos el amor toda la noche. Cuando despierto no está. No ha estado por los últimos 2 años, sin embargo, lo he imaginado a mi lado cada vez que puedo; el murió en un accidente de avión, cuando lo supe sentí como la última pisca de humanidad, se iba de mi cuerpo, lo amaba tanto. Veo su lado de la cama, aún lo extraño.

Supongo que al final, la soledad es lo único seguro que siempre tendré. Es la herencia de familia.

Fin

May 8, 2018, 7:57 p.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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A.G. Estrada Me encantan las buenas historias con finales inesperados.

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