skali-tk Jesús C. Godoy

Dany, "El rey del Cerro Abajo", se enfrenta a una injusta acusación, y es que ha aparecido "Impulso", una droga peligrosa que causa caos en las calles de Capital Port, y que para su mala suerte todos creen que él es el responsable, o al menos uno de ellos. El Gremio no permitirá que Dany gane El Cerro Abajo de este año, no permitirían que un traidor gane la carrera más importante, pues si bien se trata de carreras ilegales, aún existe cierto orgullo en los competidores. ¿Podrá Dany limpiar su nombre? ¿Ganará la carrera? ¿Quién es esa misteriosa mujer? Si quieres las respuestas, te invito a leer este relato. Nota: El Cerro Abajo es un Spin-off de Heaven's Gate Protocol, pero sirve como una excelente carta de presentación a este mundo. No hace falta leer nada para entender esta historia.


Action All public.

#scifi #cyberpunk #carreras #crimen #urbano
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Acto I.

La vida en la ciudad de Capital Port puede llegar a ser una real mierda, pero claro, si no sabes como vivirla.


Entre los altos rascacielos que conforman la segunda planta, y el podrido hedor a meados de la antigua y desgastada planta uno, existen grupos de personas que por la noche, disfrutan de aprovechar las variadas calles de la mega urbe.


Algunos hasta arriba de coca, otros probando cualquier mierda que les ofrecen, pero todos unidos bajo un mismo estandarte que flamea con la velocidad, que se incendia con el fuego de los escapes, que truena con el ensordecedor ruido de los motores. Las carreras ilegales, los piques... para muchos en Capital Port son un escape, para otros , la salida fácil al más allá. Todo depende de que tan bien tomes la siguiente curva.


El Cerro Abajo se acerca, y Dany lo sabe, no lleva siendo el rey durante tres años seguidos por nada. Lo han acusado muchas veces de trucho, pero nunca han sacado pruebas.


—¡¿Qué pasa Dany? —Gritó Rivera.


—¡Wena hermano!


Se saludaron con un apretón de manos y un abraso.


—¿Qué te trae a la casa? —Preguntó Dany.


La casa era una fábrica de quien sabe que mierda abandonada. Dany había tirado unos cables con los suyos y lograron robar luz y net. Por fuera seguía pareciendo abandonada, todos se aseguraron de eso, tapando todas las ventanas y haciendo ver aún más roñoso el lugar... o así era por fuera, porque por dentro se trataba de un verdadero palacio, un refugio acogedor al cual volver.


—¿Acaso no puedo visitar a mi compare? —Rivera sonreía.


—Ya, pero pasa rápido culiao, está terrible helado afuera. —En realidad no hacía frío, de hecho, era primavera, pero no se trataba de una buena idea permanecer fuera, en ese sitio, pues había que guardar apariencias.


Rivera entró y se topó de lleno con el interior de la casa, bien iluminado y un tanto acogedor, pero sin ocultar que se trataba del ala de una vieja fábrica.


Había una mesa de metal con cinco sillas, una alfombra y unos sillones algo desgastados, todo para darle un toque más hogareño. Habían unas literas cerca de una pared, un intento de cocina a la derecha; el refrigerador no paraba de emitir ruido, al parecer no funcionaba del todo bien.


Al fondo del ala había un sitio dirigido a la mecánica, todo lo necesario para la mantención de las naves. Al centro de toda la estancia, estaba, llamando la atención, El extremadamente tuneado GTR de Dany.


Rivera dio un silbido.


—¡Épico! Lo dejaste de pana... recuerdo cuando era chiquitito, chiquitito, chiquitito, como una pepita de ají. —Diego Rivera acariciaba el capó del GTR como si de un bebé que ya había alcanzado la adultez se tratase. —Recuerdo cuando lo compraste, era tan tierno... ahora es una puta bestia, ¿Cuántos tanques de nitro le metiste en el maletero?


—Secreto de estado. —Dany abrió con una patada la puerta del refrigerador. —Pero claro, toda la plata se va en el Gojira, no me queda ni uno para comprar otro frío. —Sacó dos cervezas del interior del refrigerador, y le dio otra patada para cerrarlo.


—¿Baltilocas? —Preguntó Rivera, emocionado.


—Corona. —Le mostró las dos botellas de cerveza.


—Parece que tus malos gustos no han cambiado...


—Bálticas, sabes lo que opino de la Báltica, sirve solo pa curarse... pero ahora lo importante, ¿Qué te trae por aquí? —Dany se sentó en uno de los sillones, le entregó una cerveza a Rivera, quien se sentó en el otro sillón, de forma que se veían de frente.


—¿Qué acaso no puedo venir a ver a mi compare? —Bromeó.


Dany le dio un sorbo a la cerveza y dijo: —El Cerro Abajo es en dos días, ¿quieres asegurarte de que apostaste bien?


—No, no, jamás, soy consciente de que mi apuesta está a salvo contigo... es solo que...


—Suéltalo.


—¿Sabes la cagada que está quedando en las calles?


—Sí... —Dany sabía algunos detalles. —Anda una droga media brigida por ahí, pero solo sé eso.


Rivera dio un sorbo largo a la chela. —Sí, y la yuta piensa que eres tú el responsable...


—¿Qué?


La yuta, los pacos, la policía... puedes llamarlos de mil formas, pero ahora si eran de temer, sobre todo los de la PDI, ellos eran los más peligrosos, no se les escapaba nada y estaban potenciados por la tecj patrocinada por la corporación Spectralis, los máximos hijos de perra en la ciudad.


El tronar de los motores irrumpió a las afueras, y las puertas automáticas de la casa se abrieron con velocidad. La música se mezclaba con el sonido que se acercaba.


—Llegaron. —Dijo Dany.


Dos vehículos entraron derrapando y llenando de humo la estancia. Rivera tosió.


De uno de los autos, un Mitsubishi Lancer amarillo, bajaron dos sujetos.


—¿Qué mierda hiciste? —Le preguntó una mujer asiática a Dany.


La chica, de cabello negro corto, vestía un top negro que mostraba su figura atlética, un collar negro rodeaba su cuello.


——Ni puta idea, Raya. —Respondió Dany.


Rin Kobayashi, Raya, ese apodo se lo había ganado con creces, pues una raya era lo que veías cuando te pasaba a toda velocidad, y su Lancer era solo una línea, un destello fugaz ante la vista de todos.


Del segundo vehículo, un V16 azul, bajó el Doc.


—Intenté de todo para que no se metiera. —Dijo el Doc, Raúl García.


Raya lo ignoró, era evidente que el Doc no sería capaz de detenerla. Ella se sentó en una silla de la mesa. Dany se puso de pie, caminó al refrigerador, sacó dos cervezas, esta vez se trataba de latas, y se las arrojó a Raya y al Doc.


—¿Qué mierda hiciste? —Preguntó ella, nuevamente.


Dany mostraba un semblante sereno, aunque algo fingido. Dio otro sorbo a la cerveza y dijo: —No hice nada, llevo todo el día aquí.


—¿Ah, sí? ¿Y qué hay de esto? —Raya le arrojó una bolsita con un polvito color menta en su interior. —Tienes las calles hechas un desastre, y al gremio no le gusta eso.


—Creí que al gremio no les importaban las drogas, ellos solo organizan los piques.


—No les suelen importar, hasta que los corredores terminan por evitar las carreras de tan drogados que quedan.


—¿Y en qué se diferencia esta droga de la coca?


—Sexo. —Raya miró fijamente a Dany, quien en un impulso escupió un sorbo de cerveza.


—¿Cómo? ¿Es uno de esos afrodisiacos? Sabes que esas cosas son falsas, Raya...


El Doc se acercó a Dany con un teléfono, en este se mostraba un video. Era una grabación de un barrio marginado en Capital Port. La decadencia era lo esperable de un lugar así, pero algo llamó la atención de Dany.


—Carajo... —No podía ver lo que se mostraba en la grabación. Personas en trance, realizando...


—¿Y cómo es que hacen eso en público? —Interrogó confundido.


—Impulso... tiene a varios de los nuestros en lo más bajo, y muchos dicen que vieron a tu GTR por esos lugares, vendiendo y hablando con los narcos.


—¿Y tú les crees? Raya, sé que no te agrado, y el sentimiento creo que es mutuo, pero ¿Realmente me ves capaz de hacer tal cosa? Mierda, solo me dedico a las carreras, nunca me he metido nada.


—No lo sé, Dany... tal y como van las cosas, yo no pondría las manos al fuego por nadie.


Raya tiró la lata de cerveza al suelo, se puso de pie, y se dirigió a su Lancer.


—No debería decirte esto, pero los viejos del gremio te quieren fuera... la corporación Spectralis y la PDI te andan buscando, ten cuidado.


Raya cerró la puerta y se fue, dejando una nube de humo a causa de la fricción de los neumáticos. Rivera tosió.


—Vaya, esto es un problema de los grandes, ¿no? —Diego Rivera se rascó la cabeza, notablemente incómodo. —Mira, Dany, Tu sabes que me importa una mierda lo que decidas hacer, normalmente estaría de tu lado, pero esto... carajo, esto si es serio.


Rivera se levantó.


—Quizás entregarse sea una buena idea, tal vez no tengan pruebas para inculparte. —Rivera miró por un tragaluz de la fábrica. —Deberías pensarlo... yo por ahora debo irme, tengo que cuidar a mi hermanita...


Rivera se fue. Dany se quedó pensando...


El Doc habló: —Los demás no vendrán, no quieren involucrarse contigo... pero no nos mal entiendas, no es que te abandonemos, pero nadie quiere meterse en esto.


Dany miró al Doc, notablemente preocupado: —¿Cómo se fue todo a la mierda tan rápido?


—No lo sé... compa, yo que tú voy buscando la manera de arreglar esto.


El Doc se alejó sin decir nada, caminó hasta su habitación, sacó algunas cosas y se marchó en el V16. Dany estaba totalmente solo, todos sus amigos y conocidos, lo habían abandonado, desconfiando de él.

Nov. 30, 2023, 5:11 p.m. 0 Report Embed Follow story
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