Poder Infinito El universo de Darken the Darkness [Under the Spell] Follow story

karenstraight Karen Straight

Jamie Dey Unnane al cruzar un portal dimensional hacia Mundo A, al universo de Darken the Darkness, protagonizado por Peter Emphirio, un joven que habitaba Technology City hacia el año 2171. Peter fue elegido como el Warrior Black por el Orbe de Cristal, una esfera que asignaba cada 1000 años un alma a un cuerpo vacío; el ser más poderoso y maligno que podría usar toda la magia desarrollada en 30,000 años de historia de Zyrer, una realidad diferente. Sin embargo, no todos ven con buenos ojos la amistad de Jamie y Peter. Entre ellos, Wendy Zaylor, la primera amiga del devoto de las matemáticas.  


Teen Fiction Not for children under 13.

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Capítulo 1: Winspencer

 

Oscurece el tiempo.

Oscuridad en el destino.

Sin salvación, sin salvación.

 

Mundo A, Dimensión A.

Technology City, en Darken the Darkness

Peter Emphirio en cuerpo y alma era el elegido por el Orbe de Cristal. La materia de Zyrer de fantásticas formas en las montañas, bajo el firmamento limitado de un único mundo significaba solo un mundo a destruir. En el borde de una desgastada pieza de superficie de la meseta más elevada, Peter observó el panorama agonizante de la realidad, Zyrer, solo con el propósito de aniquilar. La maldad rebotaba dentro de él, ansiosa por escapar de su prisión. Incontables habitantes corrían asustados de un lado a otro, intentando en vano escapar de su destino. Una voz sonó en sus oídos, dentro de él:

‹‹Destruye. Destruye. Destruye››

El Warrior Black no necesitaba un Arco Mágico, el único en Zyrer. Creado miles de años antes, generó una esfera púrpura a modo de torbellino mágico. Sin dudar, el máximo destructor creó una explosión de magnitudes catastróficas que saturó su visión. Su alma, atrapada en el cuerpo maléfico, soportó los gritos de terror y las súplicas, el dolor de cada muerte en Zyrer le destrozaba la cordura.

‹‹Destruye. Destruye. Destruye››

‹‹Destruye. Destruye. Destruye››

― ¡Peter!―despertó Wendy Zaylor, justo en clase de biología.

― ¡No, no, no!―Peter seguía recordando el sueño terrible. Fue momentos más tarde cuando reaccionó: Por fortuna, solo fue una pesadilla.

― ¡Estamos en clase!

― ¡Jovencito!― la profesora Mayra cruzaba sus brazos notándose molesta en tanto sus tres amigos lamentaron los regaños―, ¡no es hora de dormir!

Peter sentía un dolor de cabeza terrible incomparable con la burla de sus compañeros; un caso raro en el estudiante más dedicado del nivel 16 en el Instituto Densoniano. Las pesadillas sobre Zyrer le desgastaban el pensamiento de vez en cuando. La angustia volvía desde su encuentro con el reservado Anthoine, quien le contó a qué se enfrentaba; a él mismo, al Warrior Black, a la maldición del cuerpo otorgado meses antes. Sus temores más profundos de ser vencido por su malignidad implícita volvían para aterrorizar sus sueños y ganarse su primer reporte en Biología.

 

Mundo 0 (Cero), Dimensión 0 (Cero).

Winspencer, la Tierra.

Existía una dimensión, en ella, un mundo, y un universo, y en él, el planeta Tierra, Winspencer. En una de las mansiones del distrito 24, una niña de diez años miraba el caer de la nieve a través de su ventana. El clima era desgastante, a pesar de ser su estación preferida. Era el tiempo de vacaciones. Pasaba el tiempo en casa, en su habitación.

― ¡Ay!― suspiró ella, cuyo nombre era Jamie Dey―. Quisiera encontrar amigos de verdad―decía ella, sentada cerca de la ventana de cristales limpios, mientras observada a otros niños jugar con la nieve cayendo despacio al otro lado de las rejas: Ellos parecían felices.


A los diez años, ella vivía la convicción de volverse actriz en la academia para participar en historias ficticias. Desde que sus padres la llevaron al teatro por invitación de la famosa actriz O’Naider, Jamie no dejó de pensar en lo maravilloso de interpretar otras vidas, otros pensamientos bajo las luces del escenario. Solo la actuación vencía la timidez de ella en público, la desplazaba conforme pasaban las lecciones.

― ¡Jamie!―una voz clara desde la primera planta; era la voz de su niñera―. ¡Es hora de cenar!

La tarde estaba cayendo. Jamie se apartó de la ventana con cortinas blancas y salió de la habitación, dejando sus pensamientos para bajar.

Jamie era hija de una modelo llamada Angelica. Angelica Unnane fue nombrada como Modelo Internacional del Año, hacía algunos años. A su paso, bajando las escaleras, Jamie pasó por una de sus fotografías en la ceremonia de premiación. Su madre siempre estaba preocupada por su apariencia perfecta. En cambio, su padre solía permanecer en el trabajo, arreglando asuntos de su importante empresa. Incluso, cuando estaba en casa, no se apartaba del trabajo. Cuando llegó a la mesa, la niña los encontró atendiendo sus pendientes.

―Hola, mamá, hola, papá―ocupando su lugar en la amplia mesa. Una vez más intentó hablar con ellos.

― ¿Ya está listo mi capuchino?―Leonel Dey se dirigió a la cocinera, quien estaba sirviendo la jarra. Al lado de su padre, su lado su ordenador portátil. Y escribía sin parar.

―Sí, señor. En un momento se lo traeré.

Angelica, su madre, no respondió. Ya era costumbre su falta de cortesía. No saludaba a nadie de su familia en casa. Una de sus manos sostenía un espejo, y la otra llevaba un pintalabios. Angelica no se dejaba de contemplar para arreglar sus imperfecciones delante del espejo.

―Mamá, papá― sus padres apenas la notaron. Le dolía en el alma su indiferencia.

― ¡Hija!―Angelica, sin dejar de mirarse al espejo no se limitó a dar un poco de modales a su única hija―, es de mala educación hablar mientras cenamos. Es irrespetuoso. ¿No es así, Leonel?

―Por supuesto, es hora de cenar―matizó sin apartar la vista de la pantalla, los presupuestos del próximo mes, el reporte, las facturas de última hora…

―Lo siento. Yo solo quiero hablar con ustedes, porque casi nunca tenemos tiempo.

― ¡Por favor, Jamie! ¡Déjanos cenar en paz!

Jamie dejó de sonreír. Angelica y Leonel seguían en sus asuntos sin perturbarse ni un poco. La cocinera y su niñera se miraron, indignadas por la actitud de Angelica y Leonel. Ellas no trataban de esa forma a sus hijos, aunque no tuvieran la fortuna de los Dey Unnane.

―Jamie, al terminar de cenar, puedes ver la televisión―le animó la niñera.

―Gracias, Anne.

Jamie continuó en silencio el resto de la cena, mientras la cocinera, Jackie, servía los platillos para la familia reunida. Leonel comió tan pronto como pudo y volvió a su estudio para seguir con el trabajo. Angelica apenas si tocó las galletas, pero la ensalada la terminó, la dieta era primordial para ella.

Jamie se sentía triste por su indiferencia, radicaba en ella la sensación de unos padres agotados por el trabajo. Era el mismo asunto de siempre, todo el tiempo. Estaba cansada del mismo drama. En casa, solo contaba con Anne y a Jackie, quienes la trataban con cariño, a pesar que no era su hija. No solo por cuestiones de trabajo, Jamie fue querida por las trabajadoras de su casa, desde su nacimiento. Solo ellas le brindaron consejos cuando necesitaba. En el fondo, prevalecía el deseo de atención por parte de sus padres; al menos, una sonrisa, una vez por día. Un saludo. Un detalle vivo.

Al finalizar la cena, Jamie salió de la mesa, no sin antes, agradecerle a Jackie por la gran comida preparada por Jackie. Pasó por la sala, y se sentó en el sofá. Aparecieron promocionales de algunas series, y programas. Luego un documental sobre las teorías de Joseph H. Glaser. Anne echó un vistazo a la pequeña dormida en el sofá.

Pobre niña, a pesar que es rica, no tiene la fortuna de ser feliz―pensó la niñera, mientras la cobijaba con una manta.

 

Mundo A, Dimensión A.

Sede del reino Fantasía.

Numerosos mundos fueron asignados a la reina Iris Isabel de Mundo A. Dirigida por la reina Azura, la líder principal de Mundo A, Iris se encargaba de velar por los mejores intereses de los mundos. Su principal labor consistía en equilibrar universos, evitando el contacto de unos con otros. No obstante, la mayor parte del tiempo, a falta de errores, Iris se ocupaba de otros asuntos en la administración de Fantasía. Por tal motivo, Azura le asignó al hada Izarea como aprendiz, una recién llegada de Dimensión Oo: Derifai.

―Iris, ¿es el método correcto?―se dirigió Izarea a su tutora.

La plataforma contigua al Palacio de Fantasía, hogar de Iris, Azura y la princesa Blanca, quienes desde los balcones observaban el progreso de Izarea.

―No estás ajustando tu mente. En Mundo A solo necesitas pensar en el procedimiento para abrir portales, no basta con el deseo en sí mismo. Dota de forma a tu poder creativo.

― ¡Ya lo decía Dora Daniela!―exhaló Izarea, sentándose en el césped luminoso ―. ¡Esto no sería sencillo!

Agotada por el esfuerzo mental para abrir portales en Mundo A, decidió descansar algunos minutos. Exhaló, de nuevo, refrescando su mente. Iris Isabel se volvió a animar; suponía para ella un reto colosal enseñar imaginación a un hada acostumbrada a la magia de otra dimensión.

Izarea agitó su varita mágica. Se concentró. Materializó en su mente el portal. Ideas de diferentes mundos se fundieron en sus pensamientos, Mundo A, B, C,… 1….2…3… 0… L…

Todo al mismo tiempo. Intentó ajustar las coordenadas en los diversos mundos, universos, dimensiones. Falló.

― ¡Izarea, intenta de nuevo!

Izarea tuvo otro fracaso. Ningún portal apareció frente a ella.

 

Winspencer, la Tierra, Mundo 0, Dimensión 0.

Al día siguiente, Jamie estaba en la sala, en compañía de su niñera Anne. Anne se sentía complacida de ayudar a cuidar a Dey Unnane.

―Anne, yo quiero saber ¿Por qué mis padres son así, conmigo?

―Jamie―inició Anne― a mí también me gustaría―. Pero, ellos te aman de todas formas.

― ¿Sabes por qué deseaban tener una hija?

―Por amor―respondió Anne, segura de sus palabras.

‹‹Para ellos, su trabajo y apariencia es prioridad, más que el tiempo con familia ›› pensó Anne, empero, no sería cruel con Jamie.

― Nunca les he importado.

―Oh, Jamie, no te sientas así. Pronto todo irá mejor.

―Gracias, Anne―sonrió Jamie, y la abrazó. Anne también lo hizo.

Por la tarde, su madre estaba ocupada acomodando algunas repisas de su nuevo mueble para sus zapatos. Jackie salió a comprar la despensa y Anne le ayudaba a Angelica a cambiar sus desgastados (casi nuevos) zapatos de tacones. La modelo se quejaba de todos esos zapatos fuera de temporada.

― ¡Debo lucir al último grito de la moda!―contaba Angelica― ¡Y estos zapatos están anticuados! Pásame esas cajas, Jackie. Bien, estos zapatos los acomodas en las cajas y las colocas en la entrada. Justo así. Le dices a Jamie que saque las cajas, y las lleve al patio. Cuando termine, se duerma temprano, no la quiero ver en la sala. Y tú, regresas a ayudarme a elegir un vestido de fiesta ¡Me acaba de llegar el catálogo del Festival de Party4ever, estoy muy emocionada!

―A sus órdenes―decía Anne sin estar interesada en los lujosos vestidos. A decir verdad, nunca los podría comprar.

Como indicó Angelica, Anne pasó las instrucciones a Jamie, quien bajó para sacar algunas cajas ligeras. Las acomodó en el patio. El frío de la tarde apenas era soportable, Jamie llevaba un abrigo.

Cuando terminó, el crepúsculo era inminente. Sin embargo, en el patio, no todo era oscuridad; una intensa luz apareció detrás de ella. De reojo, no se trataba de una lámpara o linterna. Al mirar por completo, Jamie descubrió una mezcla extraña pantalla de luz flotando en el espacio, suspendido en el aire, a poco espacio entre el suelo. Desconfiando del fenómeno, Dey avanzó para observar de cerca; del triple de su tamaño, bellos colores se fundían entre un espectáculo hermoso inigualable. Frente a ella, su forma aplanada le causó intriga: Según el ángulo observable era delgado o aplanado.

Curiosa por la aparición, Jamie tomó un poco de nieve y la lanzó. La bola de nieve se mezcló con los colores dentro del óvalo de luz. Asombrada, Jamie se decidió a tocarlo. El portal desapareció en cuanto Jamie fue absorbida.

Mientras era transportada, Jamie sentía un cambio en su energía, en su cuerpo. Una transformación energética se efectuaba en el cambio de densidad, las barreras le permitían pertenecer al nuevo espacio al cual fue transportada. Los colores del lugar se mezclaron en un giratorio pulso de luz.

Cuando abrió los ojos, logró ver un paisaje con contornos definidos y las estrellas brillaban en el firmamento. La luna dorada resplandecía entre las nubes de una ciudad avanzada. Tampoco sentía el frío de Winspencer, no existía nieve por las calles. La ciudad poseía un semblante de mayor desarrollo tecnológico que en Winspencer. La calle donde ella apareció no encontró vehículos o personas caminando. Estaba sola, o eso creía.

En una de las calles, en busca de alguien, cerca del Invernadero 20-04 de Technology City, Jamie observó una batalla entre dos seres; uno de ellos rondaba los dos metros de altura. El otro llevaba una capa azul marino, sus ojos no eran visibles a causa de una banda apretada a ellos. Su vestimenta era gris. El otro vestía en colores oscuros. Ambos generaban defensas y ataques en forma de luz. Asustada, Jamie se escondió detrás de una de las torres. Detrás de ella, Jamie siguió observando la batalla.

Quizás regresó a dormir, y era un sueño ocasionado por ver demasiadas películas y sumergirse en ellas. Al final, les escuchó decir:

― ¡Tú no me puedes vencer!―frente a él flotaba una pantalla transparente con signos no visibles para Jamie por la distancia―. ¡Soy Droid y nadie me puede vencer!

―Lo siento, pero en eso, no estoy de acuerdo―opinó el otro, de su voz masculina, vestido con motivos medievales; su rostro no podía ser visible. Él le lanzó magia para atacarlo sin necesidad del artefacto translúcido de Droid, y desapareció al contacto con la magia.

― ¡Me estoy volviendo…!― Jamie dijo detrás de la torre y completó sus pensamientos; “loca, me estoy volviendo loca”.

― ¿Quien anda ahí?―el terrible ser de capucha negra indagó. Se acercó a la torre donde Jamie se ocultaba.

Ella calló bajo la oscuridad tenue. Su corazón latía deprisa mientras temía por su vida, pues, en un solo soplo, el otro desapareció. Para su suerte, el ser se retiró sin percatarse de ella ¿O La habría dejado ir? Cuando Jamie salió a ver, aún detrás y oculta por la torre, desde ahí observó al misterioso ser partir hacia el horizonte.

Ella se preguntó ‹‹ ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué se encontraba en ese sitio?››

Algo peculiar aconteció. Ella no lo comprendía por completo ninguno de los sucesos recientes. No era un sueño, comprobó al hacer la clásica prueba. No sabía dónde estaba, pero lo averiguaría. Jamie se quedó dormida por varias horas, cerca de la torre.

Al despertar, salió a caminar por cualquier calle. Visualizó a la ciudad silenciosa horas antes, como una ciudad en movimiento: Posters, vehículos de tierra y aire, personas como ella. Se acercó a un Centro de Información Turística cercano, pero Jamie no encontró la forma de manipular la pantalla. Otras personas se apartaron de ella por su suéter para el invierno justo en una estación cálida. Minutos más tarde se animó a interactuar con las personas. Un chico le respondió:

―Estamos en Technology City.

―Este lugar es diferente a donde yo vivo.

― ¿No vives en una ciudad?

―Sí, pero la mía es menos sorprendente que esta.

― ¿Y cómo se llama?

―Winspencer. ¿La conoces? ¿Me puedes decir cómo puedo regresar? No recuerdo cómo llegué a aquí―omitió ella.

―”Winspencer”, mmm, nunca he oído hablar de esa ciudad. La buscaré en NavEarth™.

El joven sacó de su bolsillo un dispositivo traslúcido a modo de pantalla táctil. No obstante, su transparencia era ajustable. Jamie se sorprendió con el teléfono del chico, porque ni siquiera sus padres poseían uno igual. El joven no encontró resultados. Al instante, la consideró fuera de sus cabales.

―Lo siento, no puedo ayudarte.

― ¡Oye, espera! No conozco Nav..., ni esta es la Tierra…―y el chico apresuró su paso.

Jamie se acercó a una colosal pantalla comercial. Con efectos sorprendentes de alta tecnología, en una de las calles, escuchó el anuncio:

‹‹“Viaja al espacio exterior hoy mismo; de la Tierra a Urano. Por una cuota adicional, puedes visitar la zona para vacacionar en Neptuno. ¡Maravíllate con las instalaciones, la vista desde tu habitación y los servicios especiales! ¡Llame ya y solicite el paquete Space4U para viajar a Marte, Saturno y Venus! ¡La promoción 3x1 imperdible!

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Era la calle más transitada por las naves pequeñas por donde Jamie caminaba, ignorando el peligro, Peter manejaba la suya después de volver de clases en el Instituto Densoniano. Él contemplaba la ciudad como siempre al volver a casa. Se prometió olvidar el sueño fugaz, producto de sus profundos temores de volverse el Warrior Black maligno, el enemigo definitivo. Decidió mantenerse sereno. Su armonía duró hasta ver el aviso en la pantalla; comenzó a parpadear una advertencia del C34, el sistema encargado de vuelo de las naves personales.

‹‹ Debí escuchar a mamá, debí llevar la nave a revisión ›› Peter intentaba equilibrar los índices para estabilizar la nave. No obstante, la nave no respondía al control de mando especial, y el pulso rojo se mezclaba con la voz automática.


‹‹ALERTA, ALERTA, C34 DESESTABILIZADO. ALERTA, ALERTA…››


Peter no logró equilibrar la nave; otros viajeros en la misma ruta lo esquivaron, pero él no podía detenerse. Desde su cabina, Peter miró a una niña en plena calle, solo le gritó:

“¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! ¡Corre! ¡Corre!”


Ella no hizo caso, hasta sentir el fugaz golpe del viento cerca de ella a alta velocidad. Ella reaccionó a tiempo para apartarse de la calle. Alcanzó a ver una nave con un chico asustado a su interior de ventanas de cristal. El artefacto no lesionó a Jamie, pero la nave se estrelló a unos metros.

Jamie corrió en silencio, a auxiliarlo, por temor a una inminente explosión. Se aproximó a la cabina y dentro, a un chico herido. Ella intentó sacarlo del metal doblado de enfrente, pero no funcionó las primeras veces. Cuando logró sacar su pie, y estuvo libre, Jamie averiguó:

― ¿Tienes algo para comunicarme con otras personas?― ella notó el sangrado en una sección de su pie. Confundida por todos los controles de la nave, y la nave en sí misma, no sabía cómo reaccionar.

Peter le entregó una tableta traslúcida, mientras Emphirio evitaba la hemorragia cubriéndose con su chaleco azul marino. Los controles eran tecnología más avanzada que en Winspencer y no supo cómo usarla. Salió afuera de la nave rota y empezó a gritar a las pocas personas, pero ninguna se acercó a ver el accidente: Era normal alejarse del área.

― ¡Una ambulancia, una ambulancia, por favor!

― ¿Qué es?

―Una ambulancia ¿No sabes qué es?

―No.

―Una ambulancia es un automóvil o transporte para trasladar heridos, enfermos a un hospital ¿Sabes que es un auto, un hospital, un herido, un enfermo, o el verbo trasladar?―se preocupó ella.

―Sí, eres graciosa―rio a pesar de las heridas. Ella no le ayudaría, se percató, en llamar a una nave de Emergencias Aéreas personales. Como pudo, buscó activar una llamada, esforzándose en alcanzar la interfaz del tablero de la nave. Ni su tableta personal podía usar por la configuración. Incluso, él se sintió un tonto por darle a la niña el aparato.

―No soy graciosa, estás herido―Jamie le devolvió el aparato―, no sé usarlo, te sacaré de aquí―y diciendo eso, Jamie se atrevió a sacarlo de la nave, arrastrándolo, porque una de sus piernas estaba lesionada, no hizo con mucho cuidado. Una vez lejos de la nave, Jamie lo colocó en un lugar seguro a su criterio. No contaba con conocimientos de primeros auxilios, estuvo a punto de cometer una imprudencia, pero por fortuna, no pasó nada grave.

― ¿Cómo llaman aquí a las ambulancias?

―Hay naves especiales. ¿Cómo te llamas? Soy Peter.

―Mi nombre es Jamie Dey.

April 24, 2018, 8:50 p.m. 0 Report Embed 1
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