el porqué de saltar Follow story

naiyav Pléyades Naiya

¿Por qué no saltas Miguel? - Trece años después, esa pregunta volvió atormentándome, secuestrándome con una autoridad de la cual no tenía derecho a replicar.


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Prófugo

¿Por qué no saltas Miguel? - dijo mirándome con rostro de indiscutible confusión

Trece años después, esa pregunta volvió atormentándome, secuestrándome con una autoridad de la cual no tenía derecho a replicar, me exigía tener la respuesta para poder salir de tal abrumadora sensación. Sé que el tiempo se detuvo en ese instante, que el mundo pendía en ese momento, que la verdad que hasta ahora en vano creí tener, me esperaba tras ese dilema. Al fin a mis 32 años de edad lo comprendí. Este fue el último regalo que ella me dejó.

El 10 de octubre de 1998 recibí el primer gran castigo de mi padre. El contestarle de la forma en que lo hice me convirtió automáticamente en reo de una cárcel de alta seguridad. A dos días del cumpleaños de mi mejor amigo Raúl, me había sentenciado a vivir dos semanas completas encerrado en casa, sin permiso para siquiera asomarme a saludar a los vecinos. Sin embargo, la madrugada del viernes 16 de octubre, la ventana de la habitación de mi hermana Isabela parecía embaucadora, no más de 3 minutos y de un salto me convertí en prófugo. Lo único que me importaba en ese momento era llegar a como dé lugar a la fiesta de Raúl, Misión cumplida. Nunca me quedo claro si mis padres notaron mi ausencia esa noche. En una modesta casa estaban mis amigos y compañeros de la secundaria. El vino, las cervezas y los destilados parecían prometedores, de fondo se escuchaba “tubthumping-chumbawumba” de moda en ese entonces.

Avanzaba la joven y cálida noche, como siempre, la bebida aumentaba la capacidad para olvidar los problemas de casa. Dos de la mañana y a lo lejos divisé a una bella mujer, nunca la había visto y me resolví a conseguir su nombre. El alcohol corriendo por mis venas me daba el valor para hacerlo, mas acercarse sin una razón me parecía muy impetuoso. De pronto se me sobrevino que Raúl me podía dar esa información, no era posible en esos tiempos que él no supiese quién se encontraba en su fiesta.

- Raúl ¿quién es ella? – dije apuntándola con la mirada

- Bonita, muy bonita, pero no es para ti Miguel, llegaste tarde, Ramiro ya la estuvo mirando

- Pero dime al menos como se llama – insistí

- Aurora

- Y ¿como la conociste? – pregunté intrigado

- Es hija de una amiga de mi madre, pero no te ilusionen mucho

- No, tranquilo – respondí seguro

- Lo mismo me has dicho la otra vez y ya viste como terminó, no te pondrá atención y Ramiro es cosa seria Miguel

- ¿Cómo estas tan seguro?– sonreí

- Tú no tienes solución – marchándose

Y Raúl tenía razón, no me podía quedar sin intentarlo, siempre fui testarudo y su belleza me había cautivado, no sé de donde saqué el coraje, pero me acerqué a ella.

Ahora entiendo lo que en ese entonces no percibí. La vida nos pone las circunstancias perfectas y nos dirige a cometer acciones, cosas que nunca haríamos solo para tropezar y así alguna manera encajemos en el camino de otra persona, es ahora que advierto, el gran plan que tenía el destino para mí, pero en ese entonces estaba ciego, lo único que mis ojos podían ver era como mis pasos y mi pulso se dirigían a ella, borrando el resto, pasando por alto el entorno, solo yo, mis impulsos y Aurora.

Llevo mucho tiempo preguntándome que hubiera sucedido si yo en ese momento hubiese observado un poco más mi entorno, ver un poco más allá, fijarme en esa sombra que no noté. Sé que me habría ahorrado un largo camino, pero ¿habría funcionado de igual manera el plan del destino, o tal vez sería diferente? ¿Tenían que suceder las cosas así? Tal vez la vida tenía dos planes diferentes para mí y de no haber cometido ese error, instantáneamente hubiese estado caminando por el otro sendero, un sendero sin ella. Mas la verdad, esas preguntas ya están demás.

- Hola ¿Cómo te llamas?- dije (sentándome a su lado)

- Aurora – respondió con voz severa

- ¿Cómo llegaste hasta aquí? – pregunté inseguro.

Su rostro era bello y su cuerpo también, no podía evitar quedarme mirándola como hipnotizado. La sentía tan lejana pero tan buena para mí, sabía que el precio de haberla visto significarían días soñando con ella, días buscándola, días queriendo conocerla ¿Qué podía hacer si ya sentía que me gustaba?

- Pues caminando – me dijo seria

- ¡¿Quieres algo para beber?!

- Una cerveza – mi miro como burlándose

Mis amigos a lo lejos observaban mi hazaña, grave error por cierto. Fui en busca de esa cerveza, nunca me había apurado tanto por conseguir algo, pero cuando volví ella ya no estaba, comprendí que estuvo intentando zafarse de mí, pero a pesar de eso, creí que todo marchaba sobre ruedas, que tal vez ella era así, que su personalidad era algo que había que ganarse. Sí, lo sé, era un completo idiota. 

April 17, 2018, 9:05 p.m. 0 Report Embed 1
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