la-pecera-escritora Jesús Mármol

Los prejuicios hacia una especie les costará muy caro al resto de animales cuando pretendan pedir su ayuda. Aunque al final la última palabra siempre la tiene la naturaleza.


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#guerra #animales #pantano #sapo
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En una tierra lejana, arrasada por los incendios, terremotos y muchos más desastres naturales, llegó al fin el día en que todo cambió y la naturaleza vio el momento de comenzar a trabajar. Pero no podía hacerlo sola y acudió a los seres del bosque y del mar para reconstruir todo aquello. Todos los animales se pusieron a trabajar en sus respectivos hábitats, todos menos una especie a la que pocas veces se le tenía en cuenta por su apariencia torpe y el cliché de que solamente servían para engañar a princesas incautas y convertirse en príncipes.


Cuando prácticamente todo acabado y a punto de dar el visto bueno, la naturaleza se dio cuenta que en algunas zonas no quedaba claro donde acababan ríos y estanques y donde empezaban los bosques, haciendo que éstas dos zonas quedasen con un aspecto muy descuidado. Las peleas entre los animales del mar y el bosque comenzaban a resonar por todo el lugar y nadie parecía ponerse de acuerdo en cuanto a quién le pertenecían esas tierras. Cansados de no tener lo que querían fueron a buscar a los animales que habían dejado de lado, ya que en otras tierras se les veía pasar de un medio al otro con total normalidad.

Puesto que llevaban meses haciendo que éstos no existían y no les dejaron participar era comprensible que estuvieran molestos, y así fue.


Un grupo de animales partió durante dos semanas a un pantano a otras tierras y vio a un grupo de sapos reunidos al que se acercaron a pedir ayuda. Uno de ellos, el más grande de todos se interpuso en su camino y preguntó.

-¿No me digáis que venís a pedir ayuda a éstas alturas?- El resto de los sapos se echaron a reír y a burlarse de ellos.

-Venga, ¿no me digas que estáis molestos?, si os íbamos a avisar, solo que no sabemos porqué no os llegó el mensaje.


Un zorro fue quien tomó las riendas de la conversación intentando engañarles para conseguir su objetivo. Junto al zorro fueron un castor y un mono, cada uno de ellos tenía una función muy clara por si la estrategia de los otros dos fallaba.


-No nos tomes por idiotas zorro, sabemos que no nos queréis en vuestro nuevo mundo.- Cada vez más sapos se acercaban a ver el motivo por el que el gobernante de aquel pantano había salido y estaba hablando con los forasteros sin dejarles entrar apenas en su territorio.

-Os lo estamos pidiendo por las buenas, sabéis que todos tenemos que ayudar a construir un hogar para los animales de tan lejos.- El castor dejó muy claras sus intenciones, él cumplía el papel más peligroso ya que debía ser quien tuviera mano dura.

-La respuesta sigue siendo No, a éstas alturas no vamos a ceder. Tuvisteis tiempo más que suficiente para pedir ayuda. ¿U os creéis que no sabemos que lleváis meses desde que empezó aquello?.-


Cada vez más y más sapos se acercaban, pero ya no se escuchaba ni una sola risa, ahora todos los sapos habían adoptado una actitud mucho más seria y estaban dispuestos a enfrentarse a todo el reino para defender sus ideales.

Los tres extraños, al verse acorralados y sabiendo que no podrían hacer nada por el momento, decidieron dar por finalizada la conversación y marcharse del pantano. Al dar la vuelta vieron que el camino estaba bloqueado por un sapo que portaba un arco y una sola flecha. Éste cargó la flecha y les apuntó directamente a ellos.El mono quien era el más habilidoso se preparó para, al menos, intentar coger la flecha antes de que matase a alguno de sus compañeros. La tensión del arco estaba al límite, lo que hacía que el disparo fuera muy difícil de parar.

El silencio se apoderó del lugar y todos estaban expectantes al siguiente movimiento de todos y cada uno de los integrantes. Por la mente de los tres pasaron muchas cosas, ninguno se creía lo que estaban viendo, esos animales parecían tan inofensivos que costaba creer que les fueran a disparar.

De repente la expresión del arquero cambió y con un rápido movimiento apuntó al cielo y soltó la flecha con toda la fuerza que pudo.

-Os olvidabais de vuestro compañero.-


La flecha silbó por encima de las cabezas de los animales y no tardó en oírse impactar contra un cuerpo, que cayó en medio de la aglomeración de sapos. La cara del zorro, el castor y el mono se descompuso, pensaban que no iban a darse cuenta de que había un animal más que los estaba vigilando. Uno de los sapos lo agarró de un ala y lo lanzó hacia donde estaban los demás. El mono se acercó sin abrir la boca y cargó al cuervo en sus brazos, momento en el que quien bloqueaba la salida dio un paso hacia el lado y les indicó con la mano que ya podían continuar.

Sabían que no se iban a andar con tonterías si volvían a intentarlo, por lo que debían recurrir a otro plan, aunque por el momento la prioridad era asegurarse de que el cuervo estuviera bien.

Por suerte la flecha solo le había dado en un ala y tenía algunas heridas por la caída, pero nada lo bastante grave para no llegar de regreso a casa. Lo único que lo tenía preocupado era la posibilidad de no volver a volar de nuevo, pero por ahora debían pensar en otras cosas.

- ¿Quienes se creen para atacar a uno de los nuestros de esa manera?- El castor golpeaba con fuerza el suelo con su cola mientras maldecía a los sapos y se iba enfadando cada vez más ya que parecía ser el único a quien esa actitud había molestado.

-No te preocupes- intervino el zorro.- es lógico que estén resentidos, los hemos excluido y ahora nos presentamos allí para exigir ayuda.

-Y para colmo los queríais engañar dejando a uno de sus depredadores naturales rondando por allí.- El mono se reía de la situación creyendo que de éste modo aliviaría las tensiones, lo que no sabía era que a nadie más que a él le hacían gracia sus bromas.


Decidieron dejar el tema y pasar la noche a una distancia prudente, además de montar guardia por turnos para evitar que confundieran su asentamiento con un intento de volver para tomar represalias. El cuervo fue el único que pudo descansar toda la noche debido a sus heridas, y el primero en montar guardia fue el zorro, que poseía el mejor olfato de todos y los descubría a mayor distancia. Pero la noche pasó sin una sola alerta y pronto amaneció dando paso a un nuevo día y una nueva oportunidad de convencer a los sapos de que les ayudasen.

Ésta vez pensaron en ir solo uno de ellos, para que no se sintieran amenazados y así poder hablar con más tranquilidad. Y el elegido fue el mono, quien hasta el momento no había mostrado más que precaución ante los otros enemigos cuando estuvo dispuesto a interceptar la flecha.

No tardó en llegar de nuevo a las puertas del pantano y el recibimiento fue el mismo, el líder del lugar lo recibió con cara de pocos amigos (aunque el mono juraría no haber visto nunca a un sapo sonreír).

-Perdonad que os moleste de nuevo,- comenzó el mono.- pero de verdad que necesitamos vuestra ayuda, los animales se pelean por el territorio y no sabemos cómo hacer que se solucionen las cosas.-

El enorme sapo miró detrás del mono y preguntó.

-¿No vienen tus amigos contigo?-

-No, ellos están cuidando del cuervo al que uno de los tuyos disparó, no sé si lo recuerdas.- La voz no le vaciló al decir ésto, ya que era lo que realmente pensaba y no iba a permitir que un puñado de sapos le achantasen.

-Tienes agallas, me gusta.- El sapo se sentó en el suelo y le hizo un gesto al mono para que lo acompañase.- Cuéntame entonces, ¿cómo pensabais convencernos de que os ayudemos?-

La repentina hospitalidad del líder tomó por sorpresa al mono, que realmente no se había preparado nada ya que estaba convencido de que le echarían de allí en cuanto pisara el pantano.


La conversación se alargó más de lo que los tres animales restantes pensaban que era lo normal, por lo que el zorro decidió salir a buscar a su compañero dejando a los otros dos solos y con la orden directa de que regresaran a casa, si todo éste plan había sido un fracaso que al menos dos de los cuatros llegasen a salvo a casa.

El zorro, como buen animal escurridizo que era, se acercó al pantano por otro camino, siguiendo el olor de los sapos y procurando no ser descubierto. A lo lejos vio a un grupo de sapos jóvenes que estaban en el límite del pantano, desprotegidos, y decidió darles de su propia medicina. Era un excelente cazador y aunque sabía que no podía cometer ni un solo fallo no tardó en acercarse al grupo y darles caza uno a uno. Las fauces del zorro se hundían en la piel de los sapos y con un movimiento errático les arrancaba los miembros despojándolos de toda vida. Uno de ellos intentó defenderse con algunas ramas que encontró a su alrededor pero solo consiguió hacerle una pequeña punción en el costado que no llegó a sangrar siquiera. Lo que hizo que el zorro lo derribase con una pata mientras aún sostenía a su presa en la boca. Le dejó inmóvil en el suelo y apretó los dientes para que el aterrorizado sapo viera cómo moría su compañero delante de sus ojos. Lo dejó caer a su lado y de un solo mordisco le seccionó el abdomen para que tuviera una muerte lenta.

La situación era crítica ahora y el zorro sabía muy bien que era cuestión de tiempo que se dieran cuenta y acusaran al mono de haberles engañado para darle una oportunidad de tomar represalias. Aunque era cierto que todo eso era parte del plan del zorro, que sólo quería vengarse de lo que habían hecho y volver a casa para darles la noticia de que los sapos habían herido al cuervo y matado al mono como argumento para desatar una guerra que les recordase a los anfibios quién estaba en lo alto de la cadena alimentaria y quien abajo.


Efectivamente el zorro fue descubierto junto a los cuerpos sin vida y la voz de alarma llegó a oídos del líder quien estaba aún reunido con el mono y a punto de finalizar el acuerdo que les ayudaría a conseguir su objetivo. Pero la cara del sapo cambió cuando uno de los suyos se acercó para contarle lo ocurrido, ordenó capturar a su invitado y dar caza al zorro a toda costa, aunque sin matarlo, ya que quería ser él quien acabase con su vida.

Por suerte el zorro ya estaba de camino a casa y contaba con ventaja al ser mucho más rápido que sus perseguidores. Por otra parte el mono no tuvo la misma suerte y fue encerrado y torturado para que les confesara lo que estaban planeando, aunque evidentemente él no sabía nada ya que el plan original no era ese.

Los siguientes días fueron un infierno para el mono, quien como un prisionero de guerra era torturado y puesto en las peores condiciones que se les pudo ocurrir hasta que les dijera lo que sabía o por el contrario pereciera en el camino. Los días se hicieron semanas y ya habían pasado varias noches desde que el corazón del mono dejó de latir.


Los informantes del monarca avisaron que en la frontera se comenzaba a ver demasiado movimiento. Éste mandó un pequeño equipo de exploradores a ver lo que pasaba y la noticia no pudo ser peor, un grupo de animales provenientes de tierras lejanas se acercaban con claras intenciones de tomar represalias contra ellos, seguramente influidos por el zorro, el castor y el cuervo a quienes se veían liderar el enorme grupo que se aproximaba.

Una guerra estaba a punto de comenzar y el ciclo se repetiría. Donde hasta el momento había prosperado la vegetación y la naturaleza al fin tenía fuerzas para dar lugar a la vida, el fuego arrasaría todo y obligaría a los sapos a abandonar su hogar y buscar cobijo en otras tierras más alejadas aún o enfrentarse a ellos y acabar con un período de guerras que no llevaría a nada a los de su especie.

Oct. 9, 2023, 1:22 a.m. 0 Report Embed Follow story
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The End

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Jesús Mármol Escritor enamorado de esta bella afición de contar historias y compartirlas con el mundo.

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Las Historias de Octubre
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Recopilación de 31 historias variadas coincidiendo con el Inktober, la lista diaria de palabras al azar para crear cualquier tipo de arte. Read more about Las Historias de Octubre.