La chica de cristal Follow story

alaska_graham Alaska Graham

Esta obra es para el concurso “Love is in the air” de la comunidad de Romance y Cuento. Una historia que habla del confiar ciegamente, la amistad en su grado máximo, la lucha interna, el perdón y la comprensión de uno mismo. Todo esto ocurriendo en una sola noche


Short Story All public.

#chicas #noche #amistad #amor #lesbianas #lgtb #lgbt #romance #feminismo #soyromance
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La chica de cristal

No había parado de llover en toda la semana; y yo me encontraba de nuevo frente a la ventana viendo como la lluvia se deslizaba por ella, y como azotaba sin compasión el asfalto. Entonces la vi, en esa calle desierta que solo estaba alumbrada por las farolas vi a la chica que vivía justo en frente de mí, a esa chica con la que no había intercambiado más que saludos amigables. Simplemente se sostenía allí en pie, con la mirada fija a un punto en el horizonte en el que no había nada en concreto. La chica de enfrente, a la que yo admiraba por su amplio círculo social, la que tenía unos amigos envidiables, acudía a las mejores fiestas estaba allí, en mitad de la calle, siendo azotada por la lluvia, y sin hacer nada.

Me encontré de pronto inmersa en mis pensamientos hasta que el timbre de la puerta me hizo despertar de mi trance. Volví a mirar por la ventana para ver si la chica seguía allí pero no vi a nadie, esto me resultó bastante extraño, pero decidí no darle más vueltas y me dirigí abajo para abrir y recibir a quien hubiese tocado el timbre. Abrí la puerta y al hacerlo fui atropellada por seis niños de entre 10 y 11 años y por último entró mi madre dedicándome una sonrisa que indicaba que la noche iba a ser dura, le devolví una sonrisa que evocaba el mismo dolor y sin pararse se metió en la cocina.

Antes de volver a cerrar la puerta volví a mirar a la calle buscando algo, pero no sabía el qué. Entonces la vi y lo supe, la había estado buscando a ella, a la chica que estaba desafinado la razón humana y manteniéndose al alcance de la lluvia.

Salí fuera y me dirigí hacia la chica que no quitaba la vista de mí, camine hasta el borde del techado del porche y la llamé, al hacerlo miró en dirección a su casa, pero no como si quisiera entrar; sino que el gesto se asemejaba más al hecho de que quisiera esconder su cara.

Me lo pienso; pero no demasiado, ya que tengo claro que si lo hiciera no estaría ahora mismo andando bajo la lluvia hacia ella. Era preciosa. Incluso cuando la lluvia hacía que la ropa se le pegara al cuerpo y que la máscara de pestañas le corriera cara abajo. Ya cerca de ella la puedo escuchar sollozar, la rodeo con mi brazo y la invito a pasar, sé que ha ocurrido algo, y es por eso que si puedo hacer lo más mínimo por ayudarla lo haré, pero a su vez no seré curiosa.

Mi madre está en la cocina preparando la cena tanto para nosotras como para niños que esta noche se quedan en casa por el cumpleaños de mi hermano. No me detengo a avisarla o indicarle que tenemos una huésped más. Miro a la chica a la que tengo al lado y la guío escaleras arriba, la llevo hasta el baño, le doy una toalla y cierro la puerta, el pestillo suena segundos más tarde. Me dirijo a mi cuarto y saco del armario una camiseta y unos pantalones cortos, ropa interior y lo dejo todo encima de la cama para que tenga algo que ponerse cuando salga de la ducha.

Bajo de nuevo las escaleras, cruzándome con todos los niños en mi camino a la cocina, donde aviso a mi madre de nuestra invitada de última hora. Me quedo ayudándola a meter las pizzas en el horno hasta que escucho un tono de admiración en la planta de arriba proveniente de los chicos. Meto la pizza que tenía en las manos en el horno, lo cierro ya que era la última y subo las escaleras de dos en dos. Al llegar a la planta de arriba encuentro a todos los chicos admirando el fantástico cuerpo de la chica que acababa salir del baño con tan solo una toalla tapándola.

“¿Dejad de mirarla así, o es que vosotros no os ducháis?” la voz provenía de mi hermano, que hizo que inmediatamente todos los chicos y yo apartáramos la vista del cuerpo de Maya. Esto me hizo reaccionar, acercándome a ella, guiándola hasta mi cuarto y cerrando la puerta a nuestra espalda. Le indique donde tenía la ropa y le dije que cuando estuviese lista bajara para cenar, a lo que ella simplemente asintió y acto seguido abandoné la habitación, para entrar en el baño y darme una ducha.


Al salir me envuelvo en mi toalla y me dirijo a mi cuarto. Al entrar veo una persona sentada en la silla, me detuve al verla y vi que solo era Maya.


“Tu madre dice que cenemos aquí para estar más tranquilas, que lo niños no nos dejaran tranquilas” su tono era monótono y carecía de todo tipo de vida, emoción o sentimiento.

“¿No empiezas a comer?” digo señalando con la cabeza la pizza que había sobre mi escritorio.

“Te estaba esperando, es lo mínimo tras haberme acogido” trató de forma fallida dibujar una sonrisa en su cara.

Asentí, cogí mi pijama de debajo de la almohada y ropa interior del armario. Una vez vestida me senté sobre le escritorio y comimos en silencio. La cena se hizo algo incomoda, pero la gula y el hambre la hicieron más llevadera. Cundo terminamos di un último sorbo a la botella de agua que Maya debió de haber traído junto a la pizza, limpie mis manos con una de las servilletas que había, la deje en la mesa y me senté en la cama, invitándola a venir con un suave movimiento de cabeza, a lo que ella aceptó. Al levantarse pude observar ese cuerpo que desde un principio me maravillaba, con eso shorts que dejaban al descubierto sus increíbles piernas; pero esa adoración tan solo duró los pocos segundos de distancia que había desde la silla hasta la cama.


La situación en sí ya era extraña, por lo que decidí romper el hielo al mismo tiempo que saciaba mi curiosidad, sobre el motivo que tenía esta chica para mantenerse bajo la lluvia. "Tendré que saber el motivo de que estuviese fuera en la lluvia, aunque sea mentira, siempre puedes utilizar la excusa de que no tenías las llaves" le digo ocultando mi tono curioso con otro más pícaro y tratando de quitarle importancia al asunto que fuese que le pasase.


"Han sido demasiadas cosas; siempre he estado en llamas, pero la diferencia es que antes lo veía como algo bueno, y no ha sido hasta ahora que me he dado cuenta de que el fuego quemaba" las lágrimas brotaban de sus ojos, y cuando los nuestros se cruzaron ella se giró en la silla y se puso a mirar por la ventana, como si quisiera volver allí fuera, al lugar donde la encontré.


“Pero no te has quemado a ti, hablas como si tu fuego hubiese quemado a alguien más” ya no era capaz de contener la curiosidad con mi tono, pero con ella era diferente, no era solo por hacerla hablar, era por que quería reconfortarla, quería ver esa sonrisa que veía por las mañanas, quería que viese que me importaba.

“He quemado a la persona que más sonrisas me sacaba, he quemado a Naiara. ” el nombre de su amiga hizo que me diera un vuelco el corazón, y que me preocupaba, ya que ella misma se estaba viendo como un monstruo.

“No es tan fácil quemar a alguien” le contesto sin llegar a comprender totalmente el motivo de su dolor.

“Todo llevaba ocurriendo ya mucho tiempo, cuando Naiara empezó a salir con ese...” la voz se le quebró, y su cara hizo una mueca de dolor. “...con ese monstruo... que le quito la libertad” no sabía que decir, ni que hacer, por lo que me mantuve callada tan solo aportando mi presencia, pero decidió continuar “Al principio era un chico encantador, de hecho yo la animé a que saliera con él, siempre se mostraba atento con ella, y yo me alegraba por que al fin tenía alguien de su misma altura a su lado. No fue hasta que un día mientras nos cambiábamos para gimnasia vi un cardenal en su costado” ahogó un llanto con aquel recuerdo, pero continuó igualmente “le pregunté como se lo había hecho, y me dijo que fue estando con su pareja, que estaban haciendo el tonto y que tan solo fue un accidente, por lo que no le di mayor importancia. Pero a partir de ese momento no dejé de preocuparme, vi que los cardenales se habían convertido en algo normal en su cuerpo, y aparecían en diferentes partes, según unos desaparecían, aparecían otros nuevos, y de vez en cuando se le sumaban unos ojos rojos e hinchados de haber estado llorando.”

“¿Y no hiciste nada?” fue lo único que mi voz me dejo pronunciar.

“Hable con ella, pero se mostraba esquiva cada vez que mencionaba el tema, y siempre escudaba a su novio.” hizo una pausa antes de continuar, en un intento fallido de coger aire para poder contar lo que anticipo como la peor parte. “Hace dos días me encaré con él... no podía seguir viendo a Naiara en esas circunstancias, quería recuperar a mi amiga. Al principio pensé que las cosas iban a mejorar, pero ahora ella esta ingresada muy grave en el hospital, y su única petición ha sido que no me permitan ir a verla”


“Quizás sepa que la trataste de ayudar, y no quiere hacerte sufrir viéndola en ese estado...” ella negaba con la cabeza según las palabras salían de mi boca.

“Dice que su novio le pegó por mi culpa, que si no llega a ser por mi y por intervenir ella no estaría ingresada, y el no estaría comisaría, ni estarían esperando un juicio” el motivo de su dolor cobró sentido con esta última frase, pero de nuevo continuó “Yo solo quería protegerla, pero intentarlo ha salido demasiado caro. Lo peor de todo esto es que tiene razón al echarme la culpa, yo los empuje a estar juntos...”


“A pesar de ello, tiene suerte de tenerte como amiga” dije con la mirada fija en el suelo, no quería que viese como me sentía al no tenerla mi lado de esa misma manera.


“Ella ya no tiene sitio para mí, no quiere acordarse de mí, ni recordar los momentos y las risas que compartimos.” Me contestó con una tímida lágrima corriéndole la mejilla.


“Con solo escucharte hablar puedo decir que ella no se ha olvidado de nada.” Le conteste retirándole esa lágrima, cogiendo con suavidad su cara entre mis manos y suavemente girando su cabeza un par de centímetros hasta que nuestros ojos se encontraron.


“¿Cómo?” fue lo único capaz de decir.


“Nadie te importa tanto, si no le importas de vuelta” le dije con un tono suave, que solo era audible para nosotras dos.


“Pero ya no tiene hueco para mí, al menos no en su interior” las lágrimas seguían brotando a un ritmo desordenado, aunque solo eran lágrimas, no había llanto, ni una respiración agitada. Desvié la mirada a sus labios, y vi como el inferior le comenzada a temblar.


“Nadie, ni biólogos ni poetas, han sido capaces de averiguar cuanto puede soportar, ni acoger el corazón.” Tras decir estas palabras volví mi mirada hacía sus ojos que seguían llorosos, pero ahora era capaz de atisbar un halo de esperanza en su mirada.


Nuestras caras estaban más cercas que al comienzo de la conversación, mis manos seguían envolviendo su cara y nuestros ojos no dejaban de mirarse. No quería apartarme pero al mismo tiempo no podía mantenerme más tiempo aquella distancia con la seguridad de no llegar a besar esos labios que tanto me llamaban. Me acerqué, deje un beso en su mejilla y la libere de la prisión de mis manos.


“Jamás me perdonaré por lo que hice” el dolor en su voz aún era palpable.

“No puedes torturarte por ello, por que tu no tienes la culpa de lo que ha ocurrido” trataba con todas mis fuerzas de hacer que entrara en razón.

“Aún sin haber hecho nada, se que yo soy la responsable de esta situación” su cabezonería no cesaba, y que no me mirará a los ojos no contribuía a mis intentos de hacer que comprendiera la realidad de la situación.


“Mírame” le dije de repente, y ella encontró su mirada con la mía “No conseguirás nada echándote las culpas, por que tú no las tienes, pedir perdón sería como tratar de cortar todas las flores, para evitar que llegue la primavera.” Las palabras salieron como si fueran una lección de moral, cuando en realidad solo era una forma de reconfortarla entre tanto dolor, y hacerle ver y entender la realidad de su situación, aunque al vivirlo desde fuera nunca llegaré a sentir el calor del infierno por el que está pasando, ni tampoco el frío de su culpa auto impuesta y su soledad, quizás por eso estaba en la lluvia, por querer volver físico un dolor interno.

“¿Cómo eres capaz de hacer esto?” me pregunto sin yo saber a que se refería, pero la expresión de mi cara debió hablar por mí ya que ella continuó. “Me refiero... A hablar con tanta coherencia, a entender mi dolor, a saber que decir, sin que falten ni sobren palabras.”


“Tal vez, las únicas lecciones útiles que nos otorga la vida sean en forma de experiencias...” mis palabras transmitían el dolor de una herida que aún no estaba cerrada, el dolor de una pérdida que aún recordaba demasiado bien.

“Fue el propio dolor el que te enseño a lidiar con él...” era más una afirmación que una pregunta, y aún sin ella haber pedido que siguiese, lo hice.


“Tras la muerte de mi padre en un accidente de coche, aprendí que lo mejor que puedes hacer cuando llueve, es dejar que la lluvia caiga” la confesión salió de mi boca sin que me diera tiempo a pensármelo dos veces, y esta vez fui yo quien no sostuvo la mirada


“Pero si la lluvia es dolor, y dejas que la lluvia te cale hasta los huesos, el dolor te consumirá entera llegado el momento” me contestó tratando de dotar mi metáfora de sentido.


“Dejar que llueva no significa dejar que te mojes, siempre puedes ampararte en casa de tu vecina, o conseguir a una amiga para sobrellevar ese dolor” conteste en otro de mis intentos de animarla, y volviendo a encontrarme con sus ojos.


“Lo se, pero esta lluvia de dolor esta siendo insufrible, y me ha cambiado demasiado” la rodee con mis brazos alrededor de sus hombros, y ella recostó su cuerpo sobre el mío, pero continuo, “He cambiado demasiado, ni yo misma me reconozco”

Le apreté suavemente haciendo que nuestros cuerpos se juntasen aún más y con mucha delicadeza le acaricié el brazo con mi pulgar, para hacerle ver que tenía mi apoyo “¿En que no te reconoces?”

“En demasiadas cosas... es difícil de explicar” contestó con su tono apagado.

“Prueba, aún nos queda noche...” la animé sabiendo que verbalizando sus ideas podría llegar a mostrarle una perspectiva diferente de su situación.

“Yo antes vivía, ahora simplemente vivo” dijo con un tono aún apagado, soltándose de mis brazos y quedando frente a mí, pero sin mirarme a los ojos.

“¿Qué diferencia hay entre ambos?” pregunté sin entender lo que quería decir y buscando su mirada con la mía.

Entonces levantó la vista, haciendo que nuestros ojos se encontrasen y comenzó su explicación “Que vivir en su forma más simple solo consta del paso de los días, en cambio vivir implica emoción, pasión, sentimientos y un sinfín de cosas más, no solo respirar.” Su respuesta no solo eran palabras, sino que las decía con la misma carencia de vida que describía. “Es por eso que cada vez que ames, has de amar tan profundo como si fuera para siempre” continuó mientras elevaba su mirada hasta cruzarse con la mía.

“Ya lo hago, amar nunca fue un problema, el problema siempre ha sido hacer que te fijes en mí” las palabras salieron de mi boca sin filtro alguno, y aterrizaron sin compasión sobre su corazón dolido, como si su corazón fuese un campo de batalla, mis palabras bombas, y yo el avión que las dispara.

“¿Cómo puedes pensar eso después de esta noche?” me dijo con un tono que reflejaba perplejidad.

“Desenamorarse no es tan fácil” conteste sin pensarlo dos veces.

“Ya has visto la persona que soy, te he mostrado el caos en mi cabeza, no tienes razones para quererme” su tono frío llego hasta mi interior e hizo una grieta en mi corazón.

“Hasta el peor de los caos tiene solución, hasta los lienzos quebrados pueden repararse” dije tratando de mostrarle la gran persona que era.

“Ese no es mi caso…” Dijo con un tono de voz que se apagaba más con cada palabra que pronunciaba.

“Entonces explícame, por que deseo entenderte y ayudarte en todo cuanto pueda…” Al igual que ella yo también empecé a arrastrar las palabras.

"Estoy rota y no me puedo arreglar" las palabras que acababa de pronunciar resonaban haciendo eco en mi cabeza, haciéndome sentir un dolor en mi pecho cada vez que las escuchaba.

"No estoy aquí para arreglarte, solo quiero que no te rompas más" le contesté con lágrimas en los ojos.

"No te das cuenta, soy como un vaso roto del que tratas de beber, un vaso que está roto por todos los lados, es imposible que no te cortes, y no quiero dañarte" las lágrimas caían también de sus mejillas.

Recuperando la compostura le contesté automáticamente, siendo consciente de mis palabras solo una vez estas ya habían salido de mi boca "Me da igual que estés hecha de cristal, me da igual que estés rota, me da igual cortarme con las aristas de tus cristales, y si por mí fuera, te abrazaría hasta desangrarme en tus brazos".

Ella simplemente negó con la cabeza pero no se movió; las lágrimas eran derramadas por ambas, me acerqué a ella lentamente y la envolví en un abrazo tierno, tardó un par de segundos en reaccionar, pero acabó por rodearme suavemente con sus brazos poniéndolos alrededor de mi cintura y hundiendo su cabeza en mi cuello. La chica de cristal que tenía entre mis brazos se hizo pedazos, me di cuenta de que ya no cortaba, que sus trozos encajaban con mis grietas y llenaban mis agujeros que estaban hechos de dolor. Me di cuenta de que los bordes de sus pedazos ya eran suaves, que las lágrimas de todos estos años atrás habían acabado por redondear todos los bordes de sus trozos rotos, y en este momento me doy cuenta de lo mucho que me necesitaba y lo mucho que yo la quería, es ahora cuando de verdad veo que nadie puede evitar enamorarse. Tal vez uno quiera negarlo, pero es posible que la amistad sea la forma más frecuente de amor.

May 10, 2018, 12:51 p.m. 3 Report Embed 4
The End

Meet the author

Alaska Graham Quise hacer infinita una historia de dos páginas, donde narraba en una mi amor y en otra mi pasión. Donde mi pasión estaba firmada con besos de lujuria; y mi amor firmado con las lágrimas con las que lloré todos tus te quiero...

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Gin Les Gin Les
Hermoso, te ha quedado genial.
May 30, 2018, 12:20 a.m.
Juany García Juany García
Que bonito escribes y no solo lo que escribes si no como lo escribes me justo mucho tu historia
May 11, 2018, 2:29 a.m.

~