mrrk Pedro RJ Mercado Fredes

A algunos les cuesta aceptar la realidad. Prefieren moverse a un mundo ficticio, de en sueño. A veces el mundo de los sueños tiene peores penas guardadas. -------------------------------------------------------------------------------------------------------- Otra de mis primeras historias. A está le había puesto más ganas, la empecé el verano del 2016 y la terminé unos meses después, la edición tal vez la terminé por julio del mismo año. Lo raro es que aún con lo orgulloso que estaba no la publiqué en ningún lado y no se la mostré a más gente de la que puedo contar con los dedos. Mirándolo en retrospectiva lo único que puedo decir es que el concepto ya no me parece tan atractivo, pero no es nada de lo que me avergüence.


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#tristeza #funeral #muerte #terror
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El durmiente.

-No te duermas, no te duermas. ¡tienes que estar ahí cuando despierte! – Se repetía a sí mismo.
No había dormido en todo el día, le pesaban los ojos, la boca le sabía a café, y no se había bañado en varios días. Su padre había entrado en un sueño profundo, del que no despertaba. Hace un par de días habían chocado el automóvil. El despertó en unas cuantas horas, pero su padre había estado en cama una semana. Cuando se dispuso a esperarlo directamente en el hospital, nadie supo decirle que no. Ni su hermano ni su madre podrían impedirle verlo despertar, verlo volver. Cada vez que algún médico o enfermera entraba a la habitación se llenaba de una enorme esperanza, que se desvanecía cuando salían de esta y se iban a otra parte. Vio al médico entrar a la habitación de su padre, luego de unos minutos salió. Se dirigía hacia él, se incorporó y nueva energía salió de su cuerpo; esperaba poder escuchar buenas noticias, pero el médico solo sacó una taza de café de la máquina que estaba junto a él.
Ya llevaba otro día sin dormir, había intentado varias formas de mantenerse despierto; pararse, caminar, lavarse la cara, cafés, pellizcarse la mano, cualquier cosa con tal de mantenerse despierto, no podía dormirse, tenía que estar en el momento en el que despertara, no podía ceder al sueño. Las horas seguían pasando, y ya se había bebido alrededor de 7 tazas de café. Los médicos y enfermeras le decían que durmiera, le indicaban que era poco saludable. Pero el los ignoró.
Justo en el momento en el que no pudo más, y que estaba por dejar que el sueño pudiera, eso pasó. Finalmente pasó. Después de 3 días de eterna espera había sucedido al fin. Su padre había salido de esa habitación. Rodeado de médicos.
Los médicos habían entrado y salido tan rápidamente que le tardó unos segundos darse cuenta de lo que estaba pasando. Llevaban velozmente la cama que sostenía a su padre a través de pasillos y puertas, mientras discutían sobre los procedimientos a tomar y el estado del paciente. Estiró el cuello para tratar de verlo, pero los médicos lo bloqueaban. Cuando el grupo pasó a través de dos puertas alguien lo detuvo y no lo dejó pasar. Él forcejeó tratando de zafar de las manos que lo sostenían y que le impedían seguir a su padre. Lo giró para que estuvieran cara a cara. Su rostro estaba colorado, y lo apretaba con fuerza, lo que hacía que se deformara de esa forma natural y bella que él siempre había contemplado en su madre. Apretando los dientes y con lágrimas brillantes en las mejillas. Lo sujetó por ambos hombros y le dijo en el tono más leve que aguantó:
-¡3 días! ¡3 días sentado en ese banco! ¡ve a casa, esto no mejorará con esta actitud!
Su madre rompió en llanto, y él estaba tan confundido y cansado, que se desmayó.
Despertó en su cama. Bajó las escaleras para desayunar. Pero se detuvo en el pasillo; no estaba de humor. Procedió a sentarse en el sillón de la cama y nada más. Ya había dormido lo suficiente.
Su padre había muerto.
Su madre atendió el teléfono para recibir la noticia. Su hermano se encerró en su cuarto, al igual que su madre. Pero el no. Su padre no había muerto. No. Era solo cuestión de esperar. El volvería a cruzar esa puerta. Despierto.
No. Tampoco durmió esa noche. En cambio se quedó viendo un álbum con fotos viejas que tenía con su padre. Viajando, de pesca, en el parque de diversiones. Estar con su padre era lo que más amaba. Y eso no iba a cambiar.
El día del velorio había llegado pronto. Mucha gente había ido. El ataúd donde su padre estaba durmiendo se encontraba cerrado en el centro de la habitación. Pensó en abrir el ataúd, pero decidió no hacerlo, su padre necesitaba descansar, el saldría de ahí cuando hubiera descansado lo suficiente. Había dormido una sola vez en toda la semana. Llevaba 3 días más despierto desde entonces.
Su madre le había dicho que se bañara y se pusiera el traje. Pero él no tenía tiempo para ningún evento formal; tenía que esperar a que su padre llegara. Sin embargo su madre se estaba irritando, así que decidió cambiarse las ropas y bañarse, como le había pedido. Como pensó que su padre vendría a él, y no al revés, le sorprendió ver el propio lugar donde descansaba. Contemplaba el ataúd con completa atención. Se distrajo cuando oyó a unos niños a su lado que reían, distraídos. El los pateó despacio y les hizo una seña de silencio apoyando un dedo sobre su boca.
Eventualmente salieron a una llanura repleta de piedras, alineadas una al lado de la otra. Era un cementerio, y 4 hombres cargaban el ataúd de su padre.
Iban a hacerlo. Lo iban a enterrar.
Él no estaba muerto, solo dormido, en coma, cuando despertara, ¡no podría salir! Empezó a irritarse, culpa del sueño y el cansancio, sentía como si los ojos le pesaran y de repente hiciera un calor abrazador sobre su cara.
La multitud de amigos y familiares salió detrás del ataúd del durmiente. Tenía que actuar rápido. Estaban a pocos metros del hueco rectangular en la tierra que encerraría a su padre y los separaría para siempre. Desde el lado opuesto al hueco llegaba un hombre que estaba cubierto por una túnica blanca y cargaba una biblia debajo del brazo. A cada segundo su desesperación iba en aumento. Empezó a hiperventilarse, sentía que su traje estaba empapado, era el sudor. Entonces, lo supo. Era ahora o nunca.
Se lanzó a toda velocidad contra el hombre que cargaba la parte trasera izquierda del ataúd, este, al caer derribo al hombre que tenía en frente. Los 2 hombres de la derecha no pudieron con el ataúd. El ataúd cayó con gran estruendo sobre el pasto, sorpresivamente, sin aplastar a nadie. Se reincorporó rápidamente sobre la tapa del ataúd, por un momento volvió a dudar en interrumpir el descanso de su padre. Pero si no lo despertaba ahora lo entregarían a la tierra para que se lo tragara.
Destrabó los seguros, desatento de la cantidad de gritos y llantos que había desatado con ese acto. Levantó la tapa con ambos brazos con velocidad impresionante. Sus ojos apreciaron algo que su mente no comprendía. No podía ser cierto. De repente e instantáneamente su hermano lo pateó en la cara alejándolo del ataúd. La tapa se cerró con un estruendo, los seguros se ajustaron como si tuvieran un mecanismo para ello. Miró hacía todas las direcciones. Todos estaban todos muy conmocionados. Y el confundido. Se palpó el rostro, de sus labios se escapó un hilo de sangre. Los llantos y los gritos seguían. Su hermano estaba rojo de furia mientras ayudaba a levantarse a uno de los hombres en el piso. Salió corriendo, dejando toda esa confusión atrás. Salió del cementerio. Pero siempre se quedó cerca. Una vez todos se fueron pudieron tener un tiempo a solas.
La brisa invernal invadía el ambiente, los árboles se inclinaban levemente a la derecha, y parecía que las hojas murmuraban. ¿Sentirían lástima por él? ¿Estarían burlándose? ¿Siquiera estarían hablando?
El chico contemplaba la tumba de su padre. El chico lo bastante ingenuo para pensar que su padre seguía dormido. Se desplomó en la tierra fresca. Estaba cansado. Seguía en shock. Y comenzó a llorar. En silencio. Las lágrimas cayeron rápidas y enormes sobre la tierra y se escondían rápidamente dentro de esta. Apretó los puños y los golpeó contra el suelo. Por su mente, fugaces lo invadieron memorias de él y su padre, acompañadas de la idea de no poder generar más. Le tomó un par de minutos darse cuenta de lo que estaba pasando frente a él. Un pequeño montón de tierra comenzaba a alzarse donde habían caído las lágrimas. Algo quería salir de la tierra. Un dedo. Que luego se convirtió en una mano; escarbando hacia el exterior. Observó, atónito, lo que estaba presenciando. Miles de cosas pasaron por su cabeza tratando de quitarle esa idea de la cabeza.
Su padre había despertado.
-¡Papá!- Gritó
Sujetó la mano que estaba ahora en la superficie, y comenzó a tirar hacia arriba con todas sus fuerzas. El sueño había sido reemplazado por adrenalina. Pero no pudo. Se le ocurrió llamar por ayuda, así que soltó la mano y se dispuso a levantarse. Pero tampoco pudo.
Dirigió la vista hacia la mano, y se dio cuenta que el ya no la sujetaba, sino que ella lo sujetaba a él. La mano apretó con aún más fuerza, y empezó a herirlo. Gritó por ayuda, pero nadie acudía. La mano comenzó a bajar de nuevo, y sintió en las rodillas la tierra húmeda. Empezó desesperadamente a jalar con fuerza el brazo, pero esto solamente hacía que sus piernas se hundieran más rápido y le hacía doler el brazo, estaba aterrado, no sabía qué hacer. A pesar de que seguía tirando su antebrazo ya estaba bajo tierra, su cintura igual. Torrentes de lágrimas descendían. Una vez más, estaba confundido. La corbata del traje se apoyó en el piso, y descansó ahí un momento, hasta que una segunda mano salió de debajo de la tierra. Esta segunda estaba deformada; todo el pulgar presentaba una quemadura, que se extendía indefinidamente por el brazo, todavía en tierra. La punta del dedo medio había desaparecido, dejando solo un muñón al igual que el anular y el meñique. La segunda mano tomó la parte superior de la corbata y empezó a tirar. Peleó por la corbata con su mano libre, pero era inútil. Comenzó a estrangularlo, sus ojos lagrimeaban, y de su boca salían gemidos, le faltaba el aire y su garganta dolía.
Su cara estaba a unos pocos centímetros del piso, y sus energías se agotaban, de repente había vuelto todo el cansancio de antes. Su cuerpo se había rendido. Un segundo montón de tierra se formaba un poco más arriba que de donde habían salido las manos. Algo más grande. Una cabeza. Tenía partes de su piel quemada; el fuego había destrozado su cuerpo. Un ojo gris miró su rostro de arriba abajo. No tenía nariz, solo se veía un par de agujeros oscuros. El otro ojo había desaparecido, su cuenca ocular estaba repleta de tierra. Sus labios estaban chamuscados, y le faltaba la mitad de la mandíbula. Un sonido salió de esa boca, instantáneamente seguido por tierra que saltaba de esta. Sus rostros se acercaban lentamente, padre, e hijo, se acercaron, hasta que quedaron enfrentados. Miró a su padre con horror, y cuando el movió la boca, una voz dijo:
- Despierta.
Cerró sus ojos, y los volvió a abrir. Estaba acostado en la tierra, su cara estaba apoyada sobre un pequeño charco de lodo formado con sus lágrimas. El portero del cementerio lo había despertado, lo ayudó a levantarse y le prestó un pañuelo para limpiarse la cara. Lo acompañó hasta la puerta. Ya era tarde, hora de cerrar.
-Muchacho,-lo llamó el portero- sé que es difícil dejar a tus amados atrás, pero tienes que seguir adelante.
No quería oírlo más, no sabía de lo que hablaba, no iba a dejar a su padre. Comenzó a irse. Pero el portero dijo una última cosa:
-No te hundas con él.
-Gracias –Respondió, y se marcho.

March 28, 2018, 5:06 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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