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fur_elise Capitán Pensante

"IMPÁVIDA" Cuenta la historia de Meredith Clain. Una mujer cuya vida ha sido de los más tortuosa, hasta un punto en el que ha perdido toda capacidad de mostrar emociones. Si os parece de interés la sinopsis, no dudéis en seguir la historia para estar al tanto del siguiente capítulo ;).


Drama Not for children under 13.

#drama
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Autobiografía de Meredith Clain

Hoy, el día en el que todo mi mundo se ha puesto patas arriba, el día en el que mi cascarón se ha roto y he perdido la capacidad de controlarme. Tantos años habían pasado desde que no me sentía un ser humano, por fin me doy cuenta de que hoy he vuelto a serlo. Es una situación indescriptible, y por eso he decidido grabar mi historia con mi puño y letra para mostrárosla a vosotros.

Mi nombre es Meredith Clain y esta es mi historia.


__________

Puede parecer tan evidente que debería ser obviado pensaréis, pero igualmente quiero comenzar a contaros mi historia desde su inicio, el día de mi nacimiento.


Según la descripción que me dio mi familia, aquel día 7 de marzo comenzó con unas nubes amenazantes que avisaban que iba a haber tormenta. Mis padres una vez despiertos desayunaron como todas las mañanas mientras veían el informativo. Poco después mi padre, se preparó para ir a visitar a mis abuelos en la residencia Lindth, a las afueras de la ciudad, mientras mi madre esperaría en casa a su hermana, o lo que es lo mismo, mi tía Natalie.


Pocas horas después, del cielo comenzaron a caer las primeras gotas ante la expectación de mi madre, Jessica Clain, al ver como estas gotas colisionaban contra la ventana del salón. Cada gota servía para aumentar la impaciencia de mi madre, ya que la tardona de mi tía siempre llegaba tarde a todas partes. Ella era una mujer con mucha parsimonia, incluso a la hora de hablar, pero era innegable dudar del amor que le tenía a mi madre y tampoco a mi padre.


Por fin había llegado, y un gran abrazo aportaba la evidencia de la buena relación que tenían en ese entonces mis futuros abuelos con mi padre. Mi abuelo, Jeremy, era una persona bastante extrovertida y le encantaba disfrutar de todo lo que ofrecía la vida. En su juventud, fue una persona que vivió la vida loca y perdió su camino completamente hasta que su camino se irguió tras conocer a la mujer que haría que aquel irresponsable cambiara su vida por completo con el único motivo de pasar el resto de su vida a su lado. Sí, mi abuela no quería relacionarse con alguien como él, no quería estar con alguien que para nada le convenía, ya que ella no quería distracciones en su camino para convertirse en una científica. Tras 5 años, mi abuelo presentó delante de ella su graduado de ingeniero aeronáutico, pidiendo la oportunidad de poder conquistar a la que consideraba la mujer de sus sueños. 6 años después se casaron y concibieron a mi padre, Robert Clain, y 35 años después siguen queriéndose cada día.


Mi padre iba a visitarles cada semana, y en esta ocasión había ido a comentarles cómo el doctor les había avisado de que yo estaba cerca de ver el mundo exterior. Mis abuelos se alegraron de aquella noticia, y querían darle una grata noticia a mi padre, pero antes mi abuelo fue a recoger una cajita que contenía un regalo para mí. Mi padre la abrió con intriga y no pudo evitar romper en llanto cuando vio que aquel regalo era… Un momento, creo que fue hacia esta hora cuando… Qué tonta soy, cómo puede ser que no lo haya mencionado antes, mi madre ya había roto aguas.


Dieron las 11:20 a.m. cuando por fin mi tía había llegado a aquel bajo A. Tocó el timbre un par de veces, pero no hubo ninguna respuesta así que decidió sacar la copia de llaves que tenía en su bolso, para entrar en la casa. Según entró supo que algo no andaba bien, porque estaba escuchando una respiración muy forzosa y extraña. Sin perder un segundo, pasó del recibidor al salón, y de ahí al estrecho pasillo encontrándose con mi madre resoplando, sí, ya estaba con las contracciones. Haciendo un gran esfuerzo, logró sacarla de casa con la suerte de encontrarse con el vecino Agustín, el argentino amado por todo el vecindario, que sin dudarlo ayudó a mi tía y ofreció su coche para llevar a mi madre al hospital, siempre estaremos agradecidos con el bueno de Agustín.


—Papá, mamá… Esto es… —dijo Robert que apenas podía decir una palabra ya que su garganta estaba hecha un nudo.

—Sí hijo mío —dijo mi abuela Oleanna— queríamos que le dieras esto a tu hija, porque sabemos lo mucho que ella hubiera querido conocer a su sobrina —dijo con los ojos revestidos en lágrimas.


Poco tiempo hubo para conversar ya que, un instante después sonó el teléfono de mi padre. Su cara llena de lágrimas ahora parecía un poema, él no sabía cómo reaccionar, si reír, seguir llorando, pero de felicidad o gritar. Fuera como fuese, simplemente se quedó boquiabierto y sin decir una sola palabra. Sí, mi tía le acababa de avisar que mi madre estaba a punto de entrar a la sala de parto.

Tras un momento de shock, mi padre dio la noticia, y los tres fueron a la velocidad del rayo al Hospital Marie Curie, mientras que sobre ellos caía un aguacero.

En el momento en el que ellos llegaron mi madre ya había salido de la sala de parto, todo había sido muy rápido. Según entraron a la habitación, mi padre no pudo evitar decir que yo era la niña más bonita que había visto en toda su vida y sin poder evitar bromear dijo que menos mal que había salido a mi madre porque de haber salido a él yo hubiera sido feísima. Nadie pudo evitar reírse ante tal comentario.


Minutos después mi abuela le susurró al oído recordándole algo a mi padre. Este automáticamente se puso a llorar y fue corriendo a por la cajita, que se le había olvidado en el coche.


Al volver a la habitación, mi padre se acercó a mi fatigada madre a causa del parto y le enseñó lo que contenía la cajita. Mi madre no pudo evitar emocionarse al verlo y más aún mirando a mis dos abuelos quienes estaban igual de emocionados.


—Eh pequeña, creo que ya tenemos un nombre para ti, y lo hemos elegido entre todos —me dijo— ¿sabes otra cosa? Creo que a tu padre le ve a encantar que lleves este nombre —le dijo a aquel hombre que no podía parar de llorar mientras recibía caricias en forma de consuelo de su cuñada, o sea, mi tía (la lenta).


Mi padre se dirigió a mí bañándome en sus lágrimas mientras cuidadosamente cogió lo que contenía la cajita. Con el mismo cuidado y sin poder evitar que sus manos temblaran colocó la pulsera en mi pequeño pie.

La pulsera era de color rojo y estaba hecha a mano con mucho esmero. Esta tenía varios cierres, y estaba diseñada con el fin de abrirla progresivamente según fuera creciendo.

Después de colocarme la pulsera, se acercó a mi oído para que pudiera oír su voz por primera vez además de mi nombre.


—Escucha mi querida hija, esto que sientes en el pie, es la pulsera que tu tía Eleana hizo para ti hace unos meses —decía entre lágrimas— por desgracia no vas a poder conocerla. Ella te esperaba con ansias y todo el mundo sabe el amor que te tenía, por eso hemos decidido que tu nombre sea Meredith, como el nombre de tu tía.


El primer abrazo que recibiría de mis padres vendría poco después de conocer a mis padres, y quedaría inmortalizado en la foto del cuadro que tengo sobre mi mesa, ojalá pudiera recordar la calidez de sus cuerpos.

Los posteriores 7 años que vendrían serían los más felices de mi vida, una lástima que no tenga recuerdos de esos momentos y solo pueda recordar todo lo posterior al día en el que cumplí 8 años. Desde ese día todo se fue torciendo y solo ha habido malas noticias, una tras otra sin cesar. Convirtiéndome en lo que he sido hasta este lluvioso día de abril.


__________

A los 12 años entré en el Instituto Bilingüe Charles Darwin. Apenas estaba a 500 metros de mi casa, bueno de la que nos regalaron mis abuelos poco después de nacer yo.


Poco después de comenzar el instituto comencé a sufrir de lo que todos denominamos bullying. ¿Por qué? Pues porque tengo la piel un poco más morena que el resto, lo que fue suficiente para que me “insultaran” llamándome “fea” me pusieran zancadillas casi todos los días, me dieran collejas, o me quitaran las cosas. En ese entonces, era muy débil psicológicamente y llegué a hundirme hasta el punto en el que quise suicidarme, menos mal que las pastillas de mi abuela eran de efecto placebo. Mi abuela se enteró de esto, y me dio un consejo: “Nieta mía, nunca dejes que nadie pase por encima de ti, hazte respetar y se una persona que se valga por si misma en este mundo. No dejes que nada te distraiga en el camino hacia tus objetivos.” Nunca olvidaré ese consejo, abuela.

De hecho, lo puse en práctica, y un día después no dudé en abofetear a aquel grupo de machotes que me hacían la vida imposible. Todo paró, y a raíz de eso hice una amiga, Mariana.


Los años pasaron y Mariana y yo ya éramos mejores amigas, siempre nos apoyábamos, pero todo cambió radicalmente en mi cuarto curso de instituto. Nuestros cuerpos se estaban desarrollando y yo tenía un cuerpo que todos deseaban. Esto era porque Mariana y yo éramos muy aficionadas al deporte y estábamos en forma. Sí, los chicos comenzaron a interesarse, pero ninguna de las dos mostraba interés, bueno, cuatro porque ahora teníamos dos nuevos amigos Viviana y Andrés, que tenía una peculiar forma de preguntarme a cerca de mi estado de ánimo diciendo: “¿A dónde vas con esa cara de espanto, Meredith Clain?”.


El mismo grupo de acosadores a los que abofeteé en primero ahora hacían cosas mucho peores, y siempre salían impunes porque extorsionaban a sus víctimas, e incluso a los profesores.


Pronto llegaría el día del primer susto. Yendo por los pasillos del instituto Andrés y yo nos encontramos con el grupo de acosadores. Ellos eran 4: Yoel, Mario, Paolo y Johanna. Sentí algo de miedo, pero tras cruzar con ellos sin que sucediera nada, me relajé, un error por mi parte.


En un instante, sentí como una mano me empujaba fuertemente contra la pared provocándome mucho dolor. Al girarme vi que era Yoel quien lascivamente había pegado eso contra mi trasero y me estaba oliendo el pelo, lastimosamente, todo iba a ir a peor. En el momento en el que Andrés intervino, fue golpeado varias veces en la cara, y una vez en el suelo, recibió varias patadas sin piedad.


Yo sentí como una mano se metía en mis partes íntimas, y otra en mis pechos, estaba aterrada y no sabía qué hacer cuando de pronto, noté como aquel desgraciado estaba bajándome los pantalones junto con mi ropa íntima, sí, quería abusar sexualmente de mí. Lo que no sabían ni ellos ni vosotros es que mi padre fue militar, y que yo recibí clases de defensa personal. Todo sucedió en un instante.


Utilicé una mano para golpear la entrepierna de ese imbécil, y sin dudarlo un instante le di un derechazo con todas mis fuerzas mandándolo al suelo. Mario, otro salido que disfrutaba ver como sufría se abalanzó sobre mí, lo siguiente que vio fue como se acercaba al suelo tras recibir una llave de judo que mi padre me enseño. ¿Paolo? Ese era un pobre cobarde al que pateé sin dudar, y bueno, Johanna sufrió 4 bofetadas mías con la mano abierta lo que fue suficiente para hacerla llorar. No estaba satisfecha así que golpeé los genitales de esos salidos también los de la tonta de Johanna, después recogí a Andrés y le agradecí la ayuda. Ese instituto era una basura, no había control alguno.

Hasta este día se podría decir que todo me iba bien, que era feliz con lo que tenía, pero esta vez sí que todo cambió.


Ese día volví a casa para achuchar a Giby, mi querido Golden Retriever, pero él no estaba y mis padres estaban sentados en el sofá y me dijeron que querían hablar conmigo. “Lo siento hija, a Giby le han picado tres avispas y no llegamos a tiempo al veterinario para poder salvarlo”. Las lágrimas salieron solas y lloré desconsoladamente por horas.

Ya me estaba recuperando de aquel golpe psicológico y para ayudar eso, mis amigos y yo salimos a pasear con la brisa nocturna una semana después. El grupo de acosadores nos sorprendió por la espalda. Yo recibí un fuerte golpe con un objeto que no llegué a ver antes de caer al suelo desmayada. Cuando desperté solo podía oír gritos de auxilio y resoplidos. Aquellos eran gritos desgarradores y no entendía nada, hasta que por fin iba recuperando la vista y me di cuenta del horrible suceso que estaba aconteciendo tanto a mí como a mis dos amigas. Sufrimos repetidas violaciones por aquel grupo de desequilibrados mentales.


Pasaron 5 días hasta que desperté con dolores insoportables ante la cara de pseudo-alegría de mis padres. El médico dijo a mis padres que había sufrido lesiones muy feas en zonas que no quiero mencionar, un traumatismo craneoencefálico y que además aparentaba tener trazas de una posible amnesia temporal.


Cuando desperté les pregunté a mis padres qué había sucedido, que qué hacía allí, pero no obtuve respuesta alguna. Algo si supe en el momento en el que el doctor entró a visitarme. Sentí un miedo indescriptible, me faltaba el aliento, sudaba, mi pulso se disparó por las nubes, temblores, respiración agitada, y comencé a gritar sin saber por qué, poco después me diagnosticaron androfobia.


Aún en el hospital, pasó 1 mes hasta que fugazmente recordé aquel infierno de golpe. Mi sonrisa se interrumpió al recordar todo eso, dejando paso a una cara triste, adolorida y cubierta en llanto. Tras unas preguntas, supe que mis dos amigas sufrieron el mismo destino, pero esto no había hecho más que empezar. Mis padres decidieron contármelo todo a la vez. Primero supe que yo fui la que más herida salió de aquellas violaciones, debe ser porque les agredí en varias ocasiones. Después supe que Mariana también desarrolló androfobia, y que lastimosamente había abandonado la ciudad junto con su familia, pero esto no era lo más trágico, tan solo era el primer plato. Viviana quedó embarazada después de esto, y tras recuperar la consciencia y enterarse de aquello, se quitó la vida. No podía parar de llorar, y entre llantos pregunté por Andrés.


Él había sufrido una brutal paliza, fue tan severa que está en coma. Irónicamente, la única buena noticia era que aquellos bastardos se pudrirían en la cárcel el resto de su vida después de su periodo en el reformatorio. Todos fueron acusados por abuso sexual múltiple con violencia, además de homicidio, extorsión, y otros crímenes que se fueron desvelando. Ese día me quedé prácticamente sin amistades, y solo me quedaba mi familia.


Tras otro mes de recuperación, volví al instituto y era evidente que yo ya no era la misma, apenas tenía ganas de sonreír en mi día a día, tan solo lo hacía en mi casa con mi familia. Cuando se me acercaba algún hombre no podía evitar sentir algo de temor, pese a que ya había recibido terapia psicológica, pero nada de eso importaba pues aún seguía siendo optimista. Visitaba a Andrés todas las semanas y sin falta le contaba lo que había hecho durante este periodo, pero no había respuesta.


___________

El tiempo fue pasando y yo por fin inicié bachiller. Últimamente, mi abuela había tenido problemas de corazón, pero según los médicos ella se recuperaba de manera favorable. Así pues, decidimos ir a visitarles en la residencia mi padre, mi madre, mi tía y yo. Mi padre era quien conducía, él era muy buen conductor, nunca le habían puesto ninguna multa, quién iba a pensar que todo acabaría como acabó.


Durante el trayecto, íbamos por una autovía de 2 carriles, y un conductor que se encontraba a nuestra derecha perdió el control porque iba demasiado rápido. Esto provocó que chocáramos lateralmente y quedásemos varados en mitad de la autovía con el coche en sentido contrario, y con la poca fortuna de que el tráiler que venía detrás de nosotros no tuvo el tiempo suficiente para frenar embistiéndonos frontalmente.


¿Esto es una broma verdad?

Otra vez desperté en el mismo hospital, pero no eran mis padres quienes tenían cara de pseudo-alegría, eran mis abuelos. Esta vez no había amnesia, sabía perfectamente qué había pasado para acabar allí y quería que me dijeran de inmediato qué había sucedido después del accidente. Antes de siquiera hablar ya estaba llorando porque veía el dolor en sus ojos. Tras oír lo que oí, comencé a marearme, caí sobre mis rodillas mientras pensaba “No puede ser, es mentira, otra vez no, por qué yo” porque acababa de oír que tanto mi padre como mi madre fallecieron en el acto y mi tía estaba en estado crítico. Nunca había llorado de esa manera, lloré, lloré y lloré hasta que mis lagrimas dejaron de salir, creo que ya las había agotado por completo.


Varios días después y por fortuna, mi tía llegó a estabilizarse y por supuesto yo no podía separarme de su lado. Recuerdo perfectamente como recordábamos anécdotas, nos reíamos, hacíamos bromas sin cesar, ella era así de capaz de hacerme sentir bien en los peores momentos, pero no iba a durar mucho porque ella comenzó a sentirse mal de un momento para otro. Fui rápidamente a avisar a los doctores porque todo era muy extraño, su pulso no hacía más que caer y ella iba perdiendo fuerzas de manera progresiva. Yo ya estaba totalmente descompuesta más nada podía hacer por ella que se alejaba más y más de mí. Poco antes de que llegaran los doctores, ella logró agarrar con apenas fuerza mi mano, y me pidió por favor que jamás perdiera la sonrisa. Horas después nos informaron que no detectaron un coágulo, y este le había costado la vida. Pese a sentirme desorientada, triste y deprimida, fue la primera vez que no lloré. Lo único que podía pensar era el por qué yo había salido prácticamente ilesa, mientras todos ellos se habían ido “Desearía haber muerto con ellos”, pensé.


__________

Pasaron los años y yo ya me había convertido en una joven solitaria. Ya había iniciado mi carrera universitaria, y estaba dispuesta a convertirme en una mujer exitosa como mi abuela. Ahora vivía interna en la universidad, muchos hombres intentaron acercarse a mí, pero ninguno de ellos logró si quiera obtener una sonrisa por mi parte. Ya no podía confiar en ninguno de ellos, solo había uno, Andrés del que esperaba que despertase cualquier día y me dijera otra vez “¿A dónde vas con esa cara de espanto, Meredith Clain?”. Sin embargo, ese día nunca llegaba, no había despertado durante estos 4 años, y mis visitas eran cada vez menos frecuentes.


Todo marchaba bien, tenía buenos resultados en la universidad e iba a visitar a mis abuelos, pero la salud de Oleanna se deterioraba rápidamente hasta que llegó su primer infarto de miocardio. Ella era muy fuerte y logró superar los tres infartos que le dieron en un lapso de 3 meses, pero todo pintaba muy mal. Tanto ella, como mi abuelo y yo nos habíamos hecho a la idea de que llegaría el día en el que ella no pudiera superarlo y nos dejaría solos, sonaba muy triste, pero era la verdad y aunque doliese teníamos que asimilarlo. No pasaron ni 4 semanas hasta que volvió a sufrir dos infartos consecutivos que pusieron final a la vida de la persona que más me había influenciado en la vida, mi ídolo, pero por qué no podía llorar, por qué no sentía nada de tristeza, ah ya… Ya era algo tan normal que mi cerebro no quería perder el tiempo en hacerme sentir alguna emoción.


Mi abuelo sufrió mucho esa pérdida, tanto que se encontraba psicológicamente hundido y sumido en una profunda depresión. Él era toda la familia que me quedaba, por eso iba a verle todos los días sin falta, pero había algo que había mal en mí, pese a ver cómo cada día estaba más hundido y drogado por el efecto de los antidepresivos, yo era incapaz de ponerle una sonrisa y decirle que iba a estar bien, porque yo era la primera que no sabía qué sentía. Como una broma del destino, mi única familia falleció por causas naturales 3 semanas después de mi abuela. En ambos entierros, no sentí nada más que alivio por volver a casa, mi humanidad se había perdido por completo.


Todo lo que fui había dejado ya de existir, ya no tenía a nadie y me había convertido en un simple robot que salía de la universidad a su piso, y del piso a la universidad.


Después de 2 meses, decidí visitar a Andrés, aunque sabía que nada iba a suceder, que de nuevo iban a pasar 5 horas y volvería a mi casa a cenar, pero poco tenía que perder ya.


Según entré a su habitación, algo me pareció extraño porque sus sábanas estaban demasiado alborotadas para ser la cama de un paciente en coma, pero decidí ignorarlo. Como era costumbre, agarré su mano, pero esta vez le conté todo por lo que había pasado estos años, en el monstruo que me había convertido y lo bien que me iba en la universidad, además de avisarle de que era probable que volviera a verle la semana siguiente.


Recuerdo que durante aquella charla fui incapaz de sonreír para él, o entristecerme al recordar todos estos eventos, mi cara permanecía inexpresiva, porque ya hacía tiempo que había perdido la capacidad de expresar mis emociones.


Realmente me sentí bien al desahogarme por lo que decidí volver el día que le dije a Andrés. Poco antes de que saliera de casa, comenzó a llover a cántaros, pero no iba a faltar a mi promesa de visitarle. Media hora después ya estaba en el hospital, pero decidí ir primero al baño así no interrumpiría nuestra charla. Al entrar al baño y ver el rostro de aquella mujer que se puso frente a mí, algo en mi interior se rompió, ella lloraba sin cesar y en un lapso de segundo se abalanzó sobre mí. ¿Adivináis quién era? Seguro que sí, era Mariana. Sostuvimos una conversación durante horas y nos contamos todo por lo que habíamos pasado, nunca pude olvidar la frase que ella me repitió más de 10 veces durante aquellas horas. “No hubo un día en el que no pensara en ti amiga mía, no hubo un día que no deseara volver atrás no haberte abandonado, no hubo un día que no lamentara haberte perdido como amiga, pero a partir de hoy no habrá un día en el que deje de quererte, no habrá un solo instante en el no deje de preocuparte por ti. Ahora y siempre estaré a tu lado, mi querida Meredith Clain.” De nuevo sentí que algo se rompió dentro de mí, aun así, incapaz fui de mostrar con una radiante sonrisa lo felices que me pusieron aquellas palabras porque yo ya no estaba sola.


__________

Después de aquel día ella y yo volvimos a ser lo que antes fuimos, e íbamos a visitar a Andrés una o dos veces por semana era curioso porque ella siempre se las arreglaba para llegar un rato antes que yo. Recuerdo que aquel día también llovía bastante. Felizmente subí a la habitación de Andrés, pero él no estaba, no había nada suyo, y la habitación estaba perfectamente recogida, otra vez algo en mi se rompió.


Inmediatamente fui a comprobar qué había sucedido, pregunté por su número de paciente, y me dijeron que ese paciente había fallecido la noche anterior, algo en mí volvió a romperse. Subí a la azotea pensando en hacer una locura, era evidente que algo había conspirado para hacerme infeliz, pero antes decidí sentarme en aquel banco y observar aquel cielo nuboso.

—¿A dónde vas con esa cara de espanto, Meredith Clain? —escuché.

Era gracioso que ahora tuviera alucinaciones e imaginara a Andrés diciéndome eso que tanto deseaba oír de él. Pero por qué no iba a girarme a mirar y comprobar que ya no tenía casi nada a lo que aferrarme, así tendría un motivo de peso para saltar alto y caer bajo poniéndole fin a todo este infierno llamado vida.


En ese entonces me giré y los vi. Mariana sujetaba a Andrés quien usaba una muleta para sostenerse en pie, algo en mi se rompió con más fuerza que nunca.


No podía ser, debía de estar soñando despierta cómo era posible que Andrés estuviera de pie, que me estuviera hablando en ese preciso instante. Por qué aparecieron allí esos dos cuando yo ya había decido volar alto y caer bajo dejando todo atrás…


Comenzaron a acercarse a mí, ya ni siquiera podía entonar palabra, estaba muda y mi pecho me dolía a mares y mis ojos se sentían extraños. Andrés me repitió “Eh, ¿qué haces con esa cara de espanto, Meredith Clain?”, quise responderle, pero no pude porque mi garganta estaba hecha un nudo, si logré abrir la boca, pero ningún sonido salió de mí. Ahora me dolía el cuello, tanto que no pude evitar llevarme la mano a este mientras me encorvaba lentamente sentada en aquel banco.


—Siento haber fingido que estaba dormido todo este tiempo, siento no haberte apoyado después de que me contaras tus malas experiencias, pero quería ser capaz de levantarme por mi propio pie, y abrazarte con mis propias manos con toda la fuerza que podía, y aquí estoy Meredith Clain, nunca estarás sola y no habrá día en el que no te hagamos sonreír —oí mientras mi pecho y garganta dolían cada vez más.


—Yo también lamento no haberte dicho nada, pero quería respetar la voluntad de Andrés, queríamos que llegara este momento para dejarte claro que tú Meredith Clain jamás volverás a estar sola, porque ahora nosotros somos tu familia —oí mientras sentía como aquel cerebro egoísta que me privó de cualquier tipo de emoción, ahora me invadía con un sentimiento de felicidad y profunda emoción.


No pasó ni un solo segundo y sentí calidez. Aquellos dos me estaban rodeando con sus brazos bajo aquel lluvioso cielo transmitiéndome algo que pensé que jamás iba a volver a tener, amor.


Los segundos pasaron y seguía recibiendo de su cariño mientras yo me sentía feliz, tanto que no pude evitar girarme a verlos con una sonrisa tan sincera que ellos no pudieron evitar corresponderme con otra igual de sincera. Les dije que me costaba mantener los ojos abiertos de tanto que llovía, pero en algo estaba equivocada cuando escuché: “Las únicas gotas de agua que veo son las que caen sin cesar de tus propios ojos, Meredith Clain”.


Quedé muda y miré al cielo para comprobar que era cierto que no estaba lloviendo, y después me llevé las manos a la cara para ver que era verdad, de mis ojos no paraba de fluir algo húmedo, sí, estaba llorando, y por primera vez en mucho tiempo era de felicidad. 

July 16, 2018, 2:24 p.m. 3 Report Embed 3
The End

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Capitán Pensante Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín; bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. ... »Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria la mar. -Espronceda

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Yip Principal Yip Principal
Excelente. Por un momento me identifiqué. Saludos.
Aug. 8, 2018, 11:31 a.m.
Capitán  Pensante Capitán Pensante
Concuerdo contigo, pero de repente me surgió la inspiración y necesitaba plasmarla en un papel , y salió esto, me alegro de que te haya gustado tanto como a mí escribirla.
July 18, 2018, 2:40 p.m.
Yorkman Pattreisk Yorkman Pattreisk
No soy muy adepto al género, pero a pesar de eso me ha gustado mucho. Historias como esta suceden a la vuelta de la esquina y ni siquiera somos capaces de percatarnos, y cuando lo hacemos nunca llegamos a tener conciencia del grado de profundidad que pueden tener algunas heridas. Felicitaciones, un relato genial (como siempre jejeje ;) ) Saludos y nos estamos leyendo.
July 17, 2018, 11:41 p.m.
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