El umbral de la inconsciencia Follow story

oliviaortiz Olivia Ortiz

Atrapados entre las sombras de un bosque, donde parecen ser tan livianos como el humo. No es un sueño pero tampoco una realidad. Allí no existen respuestas ni preguntas; no hay salida, no hay años, no hay meses, no hay días, no hay horas, no hay minutos, no hay segundos. Sus mentes se unieron y sus cuerpos los atraparon por dentro. No saben sus nombres ni sus edades. Pero necesitan recordar que los llevó allí, para despertar y conectarse con la realidad.



Paranormal Not for children under 13. © LOS DERECHOS RESERVADOS © SAFE CREATIVE

#novela corta #drama #suspense
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Capítulo 1 La sala de emergencias

1

El ulular de las sirenas se detuvo cuando aquella ambulancia aparcó a la entrada del Hospital de la Universidad Queen Elizabeth. Dos paramédicos descendieron de ella, con una camilla donde transportaban a una joven inconsciente con heridas numerosas que podían reflejarse en todo su cuerpo.

— ¡A la sala de emergencias! ¡A la sala emergencias! —se escuchó la desesperada voz de uno de ellos.

Una enfermera les franqueó el paso mientras corría alado de la camilla, a voces llamaba al médico de guardia.

— ¡Doctor Harrison! ¡Tenemos un herido!

Un hombre pulcramente vestido de blanco que circulaba entre sus cuarenta años, apareció por la puerta, e indicó a los paramédicos ingresar la camilla a la sala de emergencias.

Sin perder tiempo se acercó a reconocerla, a su vez ya había llegado un médico más joven y dos enfermeras para auxiliarlo.

—Signos vitales —pidió Harrison a una de las enfermeras.

—La presión está cayendo, doctor —respondió con cierta angustia y temblor en la voz—. Sus latidos son débiles.

—Parece que hay daño cerebral —observó Harrison—. ¿Qué sucedió? —interrogó a uno de los paramédicos.

—Un accidente automovilístico.

— ¿Le han aplicado algo ya?

—Aún no —negó dejando salir un soplido.

—La perderemos doctor —habló el otro médico interrumpiendo de inmediato.

— ¡Desfibrilador! —pidió Harrison.

Sin demorar un segundo, el aparató fue cargado enseguida.

— ¡No hay pulso! —exclamó la enfermera.

Harrison se mordió los labios y después miró al otro médico, a lo que dijo:

—Aplícale un miligramo de epinefrina y dale una descarga.

Acatando la orden rápidamente, una enfermera retiró la ropa a la chica, y el joven médico tomó el desfibrilador para luego gritar:

— ¡Trescientos!

— ¡A un lado todos! —ordenó Harrison.

La descarga sobrevino el cuerpo de la chica, éste se arqueó apenas le atravesó la corriente por cada rincón. No hubo ninguna reacción, las órdenes y las indicaciones del médico parecían un eco en la habitación, mientras el pálido rostro de la joven se hacía cada vez más evidente.

—Aún no hay pulso —indicó la enfermera.

— ¡Trescientos cincuenta! —vociferó Harrison.

Su colega dio otro golpe de energía haciendo que el cuerpo se sacudiera una vez más.

Las gotas de sudor perlaban el rostro de Harrison, pensaba mil cosas y el miedo se hacía cada vez más presente, y aún tras haber estado en muchos casos donde los pacientes morían; nunca era fácil afrontarlos.

—Dame medio miligramo de epinefrina —pidió a la enfermera.

— ¿La aplicará directa? —preguntó el médico de apoyo mientras la enfermera con las manos heladas llenaba la jeringa.

—Si no lo hago la perderemos —respondió Harrison con seriedad.

Tomó la jeringa y sin demorar más, clavó la aguja directo al corazón de la chica, entonces retrocedió un paso.

—Adelante —indicó a su colega.

Luego vino otra descarga que sacudió nuevamente el cuerpo de la joven. En ese momento el monitor emitió un sonido que pareció provenir del cielo para todos los presentes.

—Ya hay pulso —indicó la enfermera con alivio.

El médico más joven miró a Harrison con admiración, no podía negarse a creer que ese hombre sabía muy bien lo que hacía.

—Hay que entubar —indicó Harrison—. Hágalo doctor.

Su colega asintió y comenzó a tomar todo lo necesario, a su vez Harrison continuó hablando.

—Necesito un estudio general y dos unidades de sangre, pásenla a quirófano, hablaré con el doctor Masterson inmediatamente.

—El neurocirujano ya viene en camino —se dejó escuchar la voz de una tercera enfermera.

—Gracias Ivette —finalizó.


2

Entre los pasillos caminaba apresurada Gwendolyn Ramsey, a quien sus amigos y su querida familia llamaban Gwen. Alarmada y con el rostro enrojecido, no dudó en acercarse a la recepción del hospital y preguntar:

—Disculpe me dijeron que trajeron a mi hermana aquí. ¿Puedo verla?

—Su nombre, ¿cuál es?

—Megan Ramsey, tiene dieciocho años —apuró a decir.

La mujer de recepción miró la lista rápidamente y después dijo:

—Lo lamento señorita, no puedo permitir que pase. El área en la cual se encuentra su hermana es restringida. Espere al médico, él le dará informes… —pausó y después continuó—. ¿Alguien más que venga a verla?

—Mis padres están en camino, a mí me avisaron hace muy poco.

—Bien, pues la están atendiendo ya, sea paciente por favor.

Gwen movió la cabeza con resignación, sus piernas temblaban y sus manos apretaban con fuerza el móvil mientras esperaba la llamada de sus padres.

— ¡Abran paso! ¡Abran paso! —se escucharon los gritos de un hombre quien junto con demás paramédicos llevaban una camilla.

Gwen se dio vuelta a mirar, no pudo más que visualizar a un joven del cual desconoció el rostro por completo. Los nervios la invadieron aún más y continuó pegada a la recepción.

—Traemos un herido —informó un paramédico.

—A la sala dos —indicó la recepcionista.

Pronto una enfermera salió al paso y les dirigió hacia el lugar.

Una anciana se aproximó a la recepción, su cuerpo temblaba y sus labios se golpeaban el uno con el otro.

—Quiero ver a mi nieto —emitió con la voz entrecortada.

Al parecer ella había llegado con el chico que venía en la camilla.

—Por favor señora espere, él estará bien no se preocupe —atajó la recepcionista—. Ya está siendo atendido.

— ¿Cuándo lo voy a ver? —preguntó con un espasmo que aparentemente la tenía en shock.

—Tenga calma por favor. Ayúdeme proporcionándome los datos del joven.

La anciana apartó la mirada de la recepcionista, y con los ojos inundados de lágrimas miró a Gwen quien se encontraba de junto, ésta a su vez le devolvió la mirada con melancolía; como si de alguna forma compartieran el mismo dolor.  

March 21, 2018, 3:38 a.m. 2 Report Embed 4
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L Georgeth L Georgeth
Me llama mucho la atención como desarrollas la trama y la dinamica en que se desembuelven los personajes. ¡la historia te atrapa desde la primera linea!
Aug. 11, 2018, 12:58 p.m.

  • Olivia Ortiz Olivia Ortiz
    Mil gracias por tan lindo comentario <3 te mando un abrazo enorme June 9, 2019, 11:10 p.m.
~

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