hwallace Horacio Wallace

Ficción distópica que recorre la soledad, la locura, la política, la guerra, el sexo, el amor, las drogas, la música, la muerte y la vida. Una sátira antisistema buscando ser lo más incorrecta posible, con una guerra civil en el Perú como escenario de fondo.


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El Ermitaño - Cap.1


Ficción distópica que recorre la soledad, la locura, la política, la guerra, el sexo, el amor, las drogas, la música, la muerte y la vida. Una sátira antisistema buscando ser lo más incorrecta posible, con una guerra civil en el Perú como escenario de fondo.


EL ERMITAÑO

© 2023 Horacio Wallace

Todos los derechos reservados

Lima, Perú






1.


"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo."


-Algo parecido dijo Voltaire.



El asunto es que es la segunda vez que me arrestan en el año pero ésta última para mala suerte se dieron cuenta de las vendas en mi rodilla derecha por la operación de los meniscos de hace un par de meses y le cayeron directo unos cuantos garrotazos que me la han dejado medio destruida. Pero lo que más me llega es que estos huevones finalmente me terminaran cagando, porque puede que quede cojo, rengo, lisiado, incapacitado para siempre, justo cuando iba recuperándome, recobrando fuerzas para salir a trepar cerros con confianza uno de estos días si el clima lo permitía. Sí, me parece hasta el culo me llega al huevo me jode como mierda que me quitaran lo que más disfrutaba, tanto como tirar o dormir, placenteras actividades en las que no se necesita pensar. Y ahora no sé qué carajos voy a hacer para mantener la cabeza ocupada, cómo la voy a distraer, engañar, porque el montañismo exige no pensar en nada más que no sea la ruta, concentrado en cada paso, en la respiración, en cómo van mis fuerzas, en el clima cambiando de un momento a otro, en seguir el camino correcto, en si la horas pasando volando me permitirán llegar a la cima y retornar antes de que oscurezca; analizando con estrategia la subida, pero también la bajada, que es cuando las energías empiezan a abandonarte y muchas veces resulta más dura que la trepada. Así me jodí la rodilla derecha, en los descensos, y luego de la golpiza de hace un par de noches creo que lo más sensato sería olvidarme de escalar, quizás para siempre.

Porque, para estos tiempos actuales, no sólo soy un tío de cincuenta y nueve, un poco sordo, algo ciego, con principios de alzhéimer y problemas en la espalda y articulaciones, además de la clásica hipertensión; ahora pa concha seré un cojo rengueando por irregulares caminos de tierra, o de herradura, mucho más difíciles de transitar. Presiento que lo que me toca, lo que me espera en adelante, será parecido a una muerta lenta, encerrado aún más en la casa, alejado de todo, aquí arriba, con excesivo tiempo libre que mi traicionera mente repleta de trastornos no desaprovechará para joder, confundirme, burlarse, mal aconsejarme, recordar mis cagadas pasadas, presentes y futuras, enredándolo todo, como un tren interminable que no para, saltando de una cosa a otra, con pensamientos que angustian y potencian mis ansiedades, voces que no me dejarán en paz, y por supuesto acompañadas de largos insomnios.

- No te dejaré dormir.

Pararme de la cama para hacer cualquier cosa es una joda porque me duele prácticamente todo, ya que de paso me rompieron un par de costillas, además de la cara abollada. Pero por suerte no sé cómo diablos Rubén me sacó en la mañana, porque si no, del centro de detención que la Policía Popular tiene en el pueblo, fácil me enviaban a la cárcel de Huaraz, de donde pocos salen vivos. Si eso pasaba podrían haberme fusilado de entrada, o lo más probable que me ahorcaran para ahorrar balas luego de torturarme por algunas horas para ver si me sacaban algo de información. O no sin algo de suerte podía ser que me mandaran de frente al frente, a formar parte de algún batallón de castigo, donde la esperanza de vida se reduce a unas pocas semanas, lo que también hubiera sido una huevada al verme obligado a pelear en esta guerra de mierda y peor aún del lado de los rojos. El peor escenario posible, reclutado a la fuerza como carne de cañón para el bando perdedor; el de los mandos incompetentes, los comisarios políticos, los inútiles ataques frontales, donde la estrategia militar depende de los objetivos ideológicos y la propaganda. Y a estas alturas es claro que los rojos están perdiendo la guerra ya que lo más probable es que los fascistas reconquisten el territorio por completo antes de que termine el año.

- Eso es lo que te gustaría. ¿Verdad, facho?

Si estuviera del otro lado del frente, sí, porque la verdad es que los republicanos hacen mejor las cosas. Están bien preparados, armados y entrenados. Lo sensato sería apostar por el lado que va a ganar, ¿cierto?

- Pero vives en este lado del frente. Por eso eres hombre muerto.

Ese es el problema, que si no me ahorcan los rojos antes, que me tienen hambre hace rato, me fusilan con seguridad los fascistas sólo por vivir de este lado del frente. Si hubiera sabido que se venía una guerra civil y quedaría atrapado en el lado que la va a perder, pues hubiera fugado para la capital, donde la guerra no se siente tanto, la vida continúa casi con normalidad y no les falta comida ni todo lo demás.

- ¡Fascista!

No soy fascista, no del todo. Me considero más anarquista que otra cosa. Pero si en algún momento me tocara la desdicha de tener que luchar para el Ejército Revolucionario, pues sería una cosa ridícula, como lo fue en España, donde comunistas y anarquistas lucharon para el mismo bando; por lo menos en teoría; por lo menos al principio de la guerra.

- No eres ningún anarquista. Eso solo tú te lo crees.

- Lo soy.

- ¿Un anarquista apoyando a los fascistas? No me jodas.

Sí puede ser posible, porque el anarquismo está formado por ideas y pensamientos flexibles, por eso hay desde anarcosindicalistas hasta anarcocapitalistas. No contiene principios fijos, excepto la libertad de decidir por uno mismo, lo que permite a cada persona armar su propio modelo, su Frankenstein ideológico individual. El mío tiene bastante de anarquismo, un poco de fascismo, algo de liberalismo y por supuesto nada de socialismo.

- Tú sí que eres un bicho bien raro.

Volviendo a lo del último arresto, lo irónico del asunto es que conozco a muy poca gente, y uno de esos pocos es el único que puede sacarme de este tipo de situaciones, porque Rubén es del partido y tiene algo de influencia como zorro astuto que es, y sabe con quién se tiene que hablar para resolver determinados asuntos. Aunque dice medio como justificándose -ya que a eso suena-, que conviene tener el carnet porque le abre algunas puertas, le consigue chambas y otras cosas, y cada vez que puede repite que no es socialista, que antes lo era, sólo un poco, más que todo para situaciones electorales; según él. Dice que ya no cree en todo eso del resentimiento social ni la lucha de clases ni la dictadura del proletariado, pero en estos tiempos de guerra considera conveniente apersonarse de vez en cuando en el local del partido para conseguir víveres y artículos que no consiguen por sus propios medios los que no pertenecen al partido, y de paso aprovecha para mover sus contactos tratando de que al Toño, su hijo mayor, no le toquen los campos de batalla más peligrosos. Pero Toño ya es teniente y un buen soldado según lo que sabemos, por eso siempre le asignan las posiciones más peligrosas del frente, donde existe mayor probabilidad que le caiga directo sobre la cabeza una bomba lanzada por los F-16 republicanos que algunas veces contienen napalm o fósforo blanco.

A lo que iba es que esta vez me han dejado hecho mierda, por eso anoche me decidí por los opiáceos para calmar el dolor y mejorar el ánimo y me zampé de frente cuatro tramadol de cincuenta, un par de clonas de dos, otro dúo de diclofenacos, omeprazol para preparar el estómago, unos cuantos paracetamoles que son buenos para el dolor pero la verdad es que sirven para todo, fumé medio cañón para potenciar sus efectos, y para la ocasión me pareció buena idea poner el The Final Cut para relajarme mientras supuestamente me entraba el sueño poco a poco. Pero la combinación de anoche en vez de tumbarme me regaló un vuelo bien rico, que se sentía como que flotaba un poco, pero sólo un poco sobre la cama, y bajaba y subía de un lado a otro, de una idea o imagen a otra, y los cambios en el cerebro llegaban suave, en fila, no todos juntos. Las drogas de anoche hicieron que todo se sintiera realmente bien, en mucha paz, y es que qué mejor cosa para aliviar las consecuencias de la paliza que doparme con mis fármacos preferidos. Lo único malo es que me fui de largo hasta el mediodía, pero por otro lado aseguré el sueño, calmé el dolor, alejé los pensamientos y voces, y dejé de psicosearme por ese huevón que nunca he visto pero sé que anda ahí merodeando en las noches, detrás de los arbustos, observando, espiando, no sé yo con qué propósito.

- Es tu locura la que te hace verlo.

- Tú eres mi locura.

- Pon Brain Damage. Es tu canción.

- Qué ladilla.

Puede que la medicación de a pequeñas dosis recetada por los expertos le funcione a las personas con menores niveles de ansiedad, ya que debido a mi alta tolerancia a las drogas no estoy para cosas tan light, por eso necesito de químicos potentes que resuelvan los asuntos rápido, sin tanta huevada. Y estoy casi seguro que es por esta razón que el ayahuasca no me manda a tripear como supuestamente debería ser, según lo que me dicen debía experimentar bajo los efectos del DMT natural con su chacruna. Además soy de la opinión que el ayahuasca está como que sobrevalorado para atraer turistas gringos -más mujeres que hombres, muchos de ellos drogos buscando rehabilitarse-, sacarles un culo de plata por los tres, cinco o siete austeros días que pasen en la selva obligados a comer vegetales, frutas y comidas sin sabor, y prohibidos -los cojudos que siguen las reglas al pie- de comer carne, beber, fumar, drogarse, tener sexo y ni siquiera sacudir el mono, desde una semana antes de la primera toma, porque dicen que puede perjudicar el viaje. Para mí son huevadas de hippies a la moda para tratar de lavarnos el cerebro para que seamos como ellos que supuestamente son mejores que los demás porque han sido iluminados de energías espirituales cósmicas. No como nosotros, los ignorantes y escépticos terrenales que aún no hemos hallado la verdad.

No puedo negar que algunas veces sí tuve buenos viajes, pero nunca me despegué mucho del suelo ni llegaron mágicamente las soluciones a mis problemas ni vi la anaconda de colores ni conversé con ella ni me dio sabios consejos amazónicos ni tampoco volé montando un cóndor sobre los Andes ancestrales como el quemado de César Calvo.

Por suerte conseguí tramadol en el hospital y hubiera sido perfecto si me agenciaba algo de oxicodona, pero los muy tacaños no me la quisieron dar porque dicen que la guardan para los heridos graves porque que se les está acabando la morfina. Y aunque lo que pasó ese día lo tengo medio borroso por lo sedado que estaba, creo que recuerdo que en algún momento me revisó las heridas una doctora que parecía que no era de la zona, porque estaba muy buena y tenía otro dejo, más como del norte, y pude disfrutar unos segundos lo delicioso que olía cuando se acercó para examinarme la cara, y además noté que tenía buenos pechos debajo de la bata. Me parece haberla visto antes en algún lado, pero no recuerdo dónde.

- Pendejo.

Al volver a casa ayer luego del hospital encontré todo de cabeza; muebles, platos y más cosas rotas. Lo peor fue que se llevaron mi vieja computadora, lo que me jode bastante porque ya no puedo escuchar música como antes, ver documentales, descargar libros en pdf ni ver pornos, además de tantas fotos, documentos y archivos perdidos para siempre, lo que duele más. En parte comprendo que me la hayan incautado para revisar lo que había dentro, al igual que la maliciosa destrucción de las pocas cosas que tengo, porque este segundo arresto fue por sospechas de espionaje, ya que las putas libélulas -sus odiosos mini drones que andan revoloteando por todos lados, vigilando desde las ventanas-, detectaron la señal que llegaba a la pequeña radio casera que me fabriqué yo mismo para escuchar las noticias de la costa, debido a lo importante que significa estar lo mejor informado que sea posible en medio de una guerra. Tiene mayor sentido darle mayor credibilidad -pero no toda, ciegamente- a los que están ganando, porque si dicen que han conquistado Bagua, lo más probable es que sea cierto, hasta cierto punto, ya que pueden llegar a exagerar algunos de sus logros. En el bando perdedor sucede lo opuesto, ya que los noticieros de la sierra no son para nada creíbles porque los rojos no quieren informar sobre lo que realmente pasa en el frente, de las continuas batallas perdidas y la enorme cantidad de bajas, lo que disminuiría aún más la moral de los combatientes. Aparte que no hay nada mejor que la desinformación para mantener el control, lo que va con declarar que se han ganado batallas que se perdieron o que se ha recuperado terreno cuando se está retrocediendo en todos los frentes.

Y aparte de que me quedé sin computadora tengo ahora el problema de cómo reordenar los libros desparramados, ya que para eso existen algunas configuraciones, que puede ser por ejemplo en orden alfabético por autor o título; o clasificarlos por categoría, donde es más sencillo agruparlos; o también puede ser por el año de publicación; o usando mi propia cronología, según cómo los he ido leyendo. Si fuera lo último empezaría con Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino y terminaría con Sapiens. O si los ordeno por el impacto que me causaron, pues los primeros serían dos de Antony Beevor,Berlín la Caída 1945 y La Guerra Civil Española, y por ahí que estaría Vida y Destino en tercer lugar. También me jode que se hayan llevado algunos textos que probablemente consideraron subversivos comoThe Anarchist Cookbook y La Sociedad Industrial y Su Futuro impresa. Y mis cuatro copias deFight Club, clásica obra de cabecera.

Además estos pendejos destruyeron la poca decoración que tenía, y me da una pena tremenda ver el busto de Churchill hecho pedazos, el pobre Winston, y que estén tiradas por el suelo las fotos de mi tía Maggie Thatcher, de Franco, Pinochet, Von Manstein, Rommel y Hayek. Las de Zooey Deschanel, Ana Ivanovic y la de Gal Gadot y su en exceso bella sonrisa. La de Susanna Hoffs mi verdadero amor de toda la vida. El de Senna conduciendo su McLaren con el casco amarillo y verde que no lo salvó de la parca en Imola. El de Jordan volando por el United Center de Chicago. El de Peart con la Tama roja de la gira del Exit Stage Left,y uno en blanco y negro de Samuel L. Jackson con John Travolta sosteniendo sus pistolas Star Model-B antes de dispararle a los amigos de Marvin mientras desayunaban hamburguesas hawaianas del Big Kahuna luego de esa genial línea cuando Samuel recitó ese salmo sobre la tiranía del hombre malo y todo lo demás. Por suerte no se ensañaron con el inmenso retrato que tengo en la habitación de Napoleón montado en su caballo blanco -que en realidad fue un burro- con la capa roja al viento, pintado para rememorar el cruce de los Alpes con la Grande Armée siguiendo los pasos de Aníbal para enfrentarse a los austríacos en Marengo, que me sirve de recordatorio diario de que hasta los más grandes en algún momento pueden cagarla invadiendo Rusia.

- ¡Facho! Eres un nazi.

- No soy un nazi.

- Admiras a los señores de la guerra. A los mayores asesinos.

- Admiro a los genios.

- ¿Así sean nazis?

- Ninguno de ellos era nazi. Haber sido los mejores generales de la Wehrmacht no los hace nazis. Una cosa es el ejército, y otra el partido.

- Eres un nazi fascista de ultraderecha.

- No puedo serlo porque no soy nacionalista, y mucho menos socialista. Ni tampoco alemán. Y a Pancho tampoco lo pueden acusar de nacionalsocialista por más que se parezca a Blondi.

- ¡Neonazi!

- No seas anticuado.

Estos cojudos de paso me desbarataron el taller llevándose las lámparas que fabriqué la semana pasada, y mi huerto está hecho mierda, incluyendo las dos plantas de cannabis que cultivaba con dedicación, que las arrancaron de cuajo. Y yo que a estas alturas me ando metiendo en problemas con los revolucionarios por construirme aparatos clandestinos con el sano objetivo de informarme sobre qué es lo que pasa realmente en la guerra. Así es como sé que se están librando intensos combates en el sur, en el frente de Arequipa, y que los republicanos avanzan por el norte y no paran de bombardear Chota con saña para borrarla del mapa para siempre. Seguro luego irán por Cajamarca, y si siguen avanzando a ese ritmo entrarán en el callejón de Huaylas en pocos meses, y ahí sí que estaremos bien jodidos. Cada vez hay más bombardeos sobre Huaraz, ya que los republicanos son dueños de los cielos y su aviación viene ahora más seguido, con mayor confianza para cagar sus pepinos sobre la ciudad oyendo heavy metal, como diría Evaristo Páramos.

Cómo así acabé viviendo aquí, no lo sé con certeza. Será que una cosa llevó a otra, ésta a otra, y de ahí a otra. Más o menos lo que pasó, es que hace varios ya muchos años, me vino la necesidad ineludible, algo así como un potente llamado del universo, diciéndome que era hora de escapar, exiliarme, para buscar la auto sustentación en el campo. Lógicamente lo primero era salir de la ciudad como un primer paso para alejarme del sistema y su dominio. Así es como llegué aquí, casi por impulso, al centro poblado de Marián-Revolución de Atusparia, a sólo veinte minutos de Huaraz y al pie de la Cordillera Blanca, donde en el centro de la placita del pueblo se levanta orgullosa la estatua del rebelde anti-impuestos del siglo XIX Pedro Pablo Atusparia, inmóvil y dorado sobre una torre de ladrillo, con su lanza en una mano y una actitud bien achorada. Y es que si el tipo luchaba en contra de los impuestos pues definitivamente es de mi gente. Pedro Pablo me terminó de convencer, y listo, ahí sería, decidí quedarme en Marián.

Al parecer mudarme para aquí fue una buena elección, porque como que siempre me atrajo la naturaleza, el campo, las montañas, pero nunca tomé este asunto de auto exiliarme en serio hasta que decidí comprar un pedazo de tierra en esta parte de los Andes, buscando estar cerca de los nevados y lo más alejado que pueda de los humanos. Y por supuesto escalar todo lo que quisiera. Así que este terreno barato que encontré en lo alto de Marián resultó perfecto, a pesar de no contar con los papeles en regla. Y es que por aquí casi nadie tiene los títulos de propiedad de sus terrenos porque muchas de las tierras disponibles para la venta son comunales, o hay disputas, o simplemente nunca completaron el proceso de inscripción por las molestias y corrupciones que generan las burocracias. Se lo compré a Rubén, que recién lo conocía, pero que ahora es mi amigo, y la verdad es que me vale verga todo eso de los contratos y formalidades y hasta ahora no he tenido ningún problema por ello, por lo que al final fue una buena compra. Poco tiempo después construí la casa y todo lo demás. Podrán pensar que en realidad es una cabaña porque es pequeña y utilicé materiales de la zona ya que sólo la necesito para mí y Pancho, pero eso de la cabañita me sonaba a muy rústico, pintoresco y medio amariconado, por eso prefiero referirme a ella como mi casa, porque al final eso es lo que es. La vista que tengo hacia el norte, este y sur es espectacular, porque me rodean en orden de izquierda a derecha el Vallunaraju 5686, el Ocshapalca 5888, el Palcaraju 6275, el Chinchey 6309, el Churup 5493. Y para el otro lado, hacia el oeste, tengo una buena vista del valle, las quebradas, las chacras, donde al fondo se ve la ciudad de Huaraz de color ladrillo y en la otra orilla del río Santa se empieza a elevar la Cordillera Negra.

En estos momentos de desesperanza sé que me va a dar tremenda tristeza ver los nevados tan de cerca y no poder treparlos, quizás nunca más, por lo de la rodilla cagada. Porque más que todo para eso es para lo que vine aquí, para escalar, casi sin descanso, tratando de manipular mi mente a limitarse a pensar solamente en cosas prácticas y concretas, en el momento presente, o como máximo en el futuro muy cercano, no más allá de la siguiente semana. Eso hicieron por mí cosas tan sencillas como seguir una ruta, un camino ascendente que me lleve lo más alto y profundo que me permitan mis fuerzas. Arriba y adentro. El andinismo se convirtió en mi carpe diem de sudor, tierra, rocas y hielo.

Antes yo era un talentoso ingeniero de sistemas y trabajé por muchos años para importantes compañías haciendo que sus redes, computadoras y equipos funcionaran bien, pero la verdad es que era un trabajo que me aburría totalmente, ni tampoco se me da eso de ser esclavo corporativo por mucho tiempo. Así que sin quererlo, poco a poco, fui haciendo algunos trabajos freelance en las noches y los fines de semana, hasta que comprendí que podía dedicarme a eso a tiempo completo, además de la seguridad de contar con algunos ahorros, por si el nuevo plan no me salía tan bien como lo esperado. Así que un viernes fui donde mi jefe que era un tío evangelista de lo más ignorante, y este cojudo me dijo que no me podía ir sin avisar con treinta días de anticipación, y yo le respondí algo así, pero de manera profesional, que ese ya no era mi problema, que me importaba un carajo si se caían los sistemas, y que podía meterse las computadoras por el orto. Por suerte la encargada de planillas que estaba más buena que el pan -algo raro en una contadora- era algo así como mi amiga de oficina, por lo que no tuve problemas para que me depositaran lo que me correspondía por los años de servicios prestados. Así que en agradecimiento y con motivo de despedida la invité a salir a pesar de que tenía novio, y esa noche nos bajamos un par de botellas de un buen malbec argentino en el restaurante de carnes al que fuimos primero, de ahí la seguimos a punta de chilcanos en no sé qué bar de mierda de Pueblo Libre, y al final terminamos en mi cama, como debía de ser. Buena chica Barbarita, de vez en cuando la recuerdo con cariño.

Un par de días después de esto compré dos onzas de marihuana con mi dealer de confianza, armé una mochila y llené el tanque, pero antes mezclé unos geniales playlists para escuchar en el camino, buena música de carretera, algo variado, pero también descargué algunos discos completos, como el Electric, el Flight 666 y el Vamos Entrando, para hacer el viaje más entretenido. Muy temprano cuando empezaba a amanecer cogí el auto con dirección a Huaraz, para recorrer unos días la cordillera y ver si por fin me decidía a mudarme a la sierra, ya que todavía estaba dudando entre sierra y selva, porque la zona alrededor de Tarapoto como el Huallaga o Lamas siempre me había gustado. Pero al final como ya saben me decidí por aquí, ya que me pareció más divertida la sierra por las montañas y nevados. Aunque la selva alta tampoco pintaba mal con sus verdes bosques y toda esa vida natural. También consideré por un breve tiempo terminar en alguna playa del norte, pero la verdad es que si no corres tabla, pescas o tienes una lancha o algo así me resulta aburrida la playa porque no hay nada más que hacer que reposar mirando el mar como cojudo con una chela en la mano.

Hoy por la tarde decidí pasar no sin esfuerzo de la cama al sofá, que está hecho trizas pero aún sirve, y puse en mi viejo reproductor de mp3 que por suerte no se llevaron el Dirt completo, uno de mis preferidos, porque es fuerte, oscuro, denso, depresivo y bastante suicida, perfecto para acompañar el estado de bajona que me acompaña hoy. Es claro que música así de buena ayuda a recuperar la energía, el orgullo y la agresividad. Y ya está sonando Sickman. Mañana, después de renegar un rato, iré poco a poco, sin apuro, con calma y buena actitud, a empezar a ordenar y reparar las cosas afectadas por la intervención revolucionaria. Pero en lo que más pienso es en recuperarme pronto, principalmente de la cara hinchada y moreteada, para darme una vuelta cojeando por el hospital tratando de conseguir más tramadol y ver si por ahí me cruzo con la guapa doctora debuenos pechos y acento norteño.

July 9, 2023, 5:38 a.m. 0 Report Embed Follow story
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