El Encuentro Follow story

yoeltrovador Francisco el Hombre

Entre la escuridad y las marañas de la noche se besan dos amantes buscando la exitación de un primer encuentro.


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La Zegüa

   Se camufló en la oscuridad de la noche con una chaqueta negra y pantalón oscuro y cerró con cuidado el portón del patio. Solo se escuchaba la corriente débil y casi inexistente del riachuelo seco y los perros ladrando al pasar las casas de la carretera. Ya eran las once y como quedaron de hacer la noche anterior él había caminado hasta el otro lado del río al final del caserío. El encuentro debía ser clandestino, al resguardo de la noche y en la oscuridad absoluta. Esperó por quince minutos, pero pareció horas, sin embargo esperó. La arrechera era mucha. En medio de las sombras y los matorrales vio un cuerpo amorfo aparecer al lado de la carretera principal. Por un momento dudo que fuera ella, pero no titubeo después que vio sus pechos y supo que era una mujer. Tenia que ser ella. Sin apurarse y procurando que la oscuridad lo camuflara completamente espero que la sombra se acercara un poco más y cuando ya casi la tuvo al frente decidió emitir una vocecita chillona y pronuncio su nombre. Ella supo que era él de inmediato. Como no distinguir aquella voz leve de niño aun sin la testosterona para agudizarse. Sin pensarlo se mandaron la mano y se dieron un beso. Era la forma más sencilla de saludarse. —Parece que la caseta comunal esta cerrada. Ni modo, nos toco en el río—propuso ella con una voluntad decisiva. Él le respondió con una risita intentando disimular el nerviosismo—Por mi esta bien desde que las hormigas no me piquen el culo.—Ella lo cogió de la mano, lo arrastro hacia el rastrojo y lo condujo con una facilidad por entre la maraña, que parecía un espanto de monte. En ese momento se asustó y pensó en el cuento de la Zegua. Una mujer bella y esbelta que según mitos populares suele seducir a los borrachos y mal maridos, quienes atrapados por sus atributos la persiguen hasta perderse en el monte, donde se convierte en un demonio sin rostro y los devora.

   Sin embargo se le paso el susto cuando llegaron a la playa del río y la arrechera comenzó a tomar su curso. Era un arenal extenso, sin muchas ramas ni piedras, parecía el deshuesadero perfecto, mandado a hacer para esa noche. Entonces se le ocurrió que tal vez no era la primera vez que ella lo hacia en este lugar y que tampoco era poco común que lo hiciera con un extraño. Cuando él le mando la mano, sintió su piel suave acabada de rasurar y vio sus tanguitas rojas, entonces no le cupo la menor duda de que era una experta en el placer y que había hecho esto antes. Ni más ni menos, con un simple pensamiento decidió que todo valía un coño y se preocupó solo por el momento. Ya estaba allí y no pensaba irse. Con unas ganas de ternero amamantado le empezó a besar los pechos. Ella le quito los pantalones, la chaqueta y la camisa, y con un afán como si no tuvieran toda la noche por delante, él se le monto encima y termino tan rápido como había comenzado. El nerviosismo le empezó nuevamente, sentía como se le iba encogiendo el miembro y un sueño tremendo le nublo la mente. Ya había terminado y el momento gozoso se le había acabo. Ahora los pensamientos comenzaron a atormentarlo nuevamente. –Como que se está haciendo tarde—dijo, buscando una escusa para salir del encuentro—Ella no respondió nada, lo beso apasionadamente clavándole la lengua casi hasta la garganta, y se metió las tetas en el sostén, se puso el short, llevándose los calzones en la mano, se paro y sin remilgue alguno dejo ver una cara de placer—Verdad, mejor nos vamos—.

Habana, 2015 

March 12, 2018, 10:50 p.m. 4 Report Embed 3
The End

Meet the author

Francisco el Hombre Soy un lector y escritor aficionado de literatura latinoamericana. Estoy aquí para amprender, compartir mis historias y saber si sirvo para esta vaina. Ayudame a editar mis cuentos y yo te ayudo con los tuyos.

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Rose Scarlet Rose Scarlet
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March 14, 2018, 11 p.m.

Gin Les Gin Les
Que buen cuento, para mi describe bien los placeres furtivos de la carne. Encuentros casuales, que dejan letanías de placer. Me recuerda a la bella época de mi niñez en donde tenía una vecina dada al oficio antiguo. Solo veía desfilar hombres por su casa. Y a veces en las noches de silencio se oían los goces de sus placeres. Me ha encantado tu relato, describes muy bien el entorno me he imaginado muy bien todo el asunto :D
March 14, 2018, 4:12 p.m.

  • Francisco el Hombre Francisco el Hombre
    Gracias por tu comentario, Ginya. Me alegro que te haya gustado. ¡Que cosa la de tu vecina! jajaja Espero leer tus cuentos muy pronto. March 16, 2018. 04:56PM
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