Maravilloso Accidente. Follow story

maricruz-torres6384 Maricruz Torres

America Castañeda comete un error y desde esa noche su vida cambia, el efecto hace que lo olvidé, para cuando recuerda de todo lo sucedido aquella noche se da cuenta que está trabajando en la empresa de ese chico con el que le ha sido infiel a su novio, que como si fuera poco le ha pedido matrimonio y ella ha aceptado.


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—No era mi intención, te amo Will, te amo como no puedes tener una idea. Estoy arrepentida, pero poco está en mis manos que pueda hacer para enmendar mi error.


—Por favor dime de una buena vez ¿qué está pasando, Mare? Me estás asustando.


—Estoy embarazada —las palabras salen abruptamente de mis labios. 


—¿Es una broma verdad? —me pregunta con la voz cargada en asombro. Mi corazón se encoge, se comprime haciéndose pequeño y doliéndome de una forma desgarradora, como si un tigre me lo estuviera arrancando con sus filosas garras; no puedo comparar el dolor porque en realidad un tigre nunca me ha arrancado el corazón, pero sé que no se sentiría igual, lo que siento justo ahora lo superaría a gran escala, en sobremanera.


—No lo es Willmer —contesto y una sola lágrima corre libre por mi mejilla. Soy más que culpable, he de lucir patética, la más patética de la historia y ni siquiera merezco tal honor. Se queda callado. Necesito que diga algo. En cambio comienza a llorar frente a mí, no sé que hacer. Nunca lo había visto llorar y no sé como reaccionar, trato de acercarme a él pero da un paso atrás impidiendo mi contacto con el suyo. El acto hace que se me parta el corazón en cientos de miles de millones de añicos. Quisiera sentirme peor y verlo a él bien, que su dolor fuera el mío propio, de alguna manera lo es, pero la que carga la cruz de la culpa aquí soy yo, no él, él no merece sufrir de tal manera.


—Aléjate de mí América. Te amo y me traicionaste. Necesito tiempo, vas a ser mamá... Tienes que ver por tu hijo con un nuevo futuro, yo sólo... Necesito pensar mejor, poder comprender como fue que pasó, superar el dolor que me estás causando. —Su piel blanca se sonrosa por el llanto, sus ojos verdes se inyectan en sangre a causa de las lágrimas, ¿todo esto es lo que causa mi estupidez? No, definitivamente no, sé que habrá más, la decepción familiar—. Necesito tiempo, te buscaré cuando el dolor pase. —Asiento con la cabeza. Si él no me terminaba lo haría yo, no merece estar con una chica que le fue infiel y en su vientre crece el testigo.


—Lo comprendo, te amo Willmer. Lo siento tanto. —Muerdo mi labio que tiembla con pequeñas sacudidas acompañadas de mis propios sollozos. Al parecer ha ninguno de los dos nos importa que nos vean llorar las personas que caminan por el parque siendo simples y casuales espectadores.


—También te amo Mare. —Acorta la distancia. Acuna mi rostro entre sus suaves y cálidas manos, me toma por sorpresa uniendo sus labios con los míos, besa mis labios como en numerosas veces lo ha hecho en nuestros más de dos años de relación. Esta vez es diferente, todo es diferente, empezando por mi cuerpo y lo que crece dentro de mí. Sus besos siempre han sido lentos, apasionados y anhelantes. En este momento también son tristes, besos de una despedida que durará mucho tiempo, quizá y lo más seguro sea un para siempre. Sus besos terminan. Con una última mirada da media vuelta y se va dejándome sola como me lo merezco. Me siento en la banca del parque viendo como desaparece caminando de espaldas a mí.


La frondosa copa del árbol y su sombra de este mismo me protegen del sol. Hipeo entre llanto. Quiero que esto sea una pesadilla, una estúpida pesadilla en la que despertaré el día de mi graduación y después de esta no ir a ningún antro, con ningún chico, quiero borrar el recuerdo de su cuerpo tatuado, no quiero ser madre. Quiero desaparecer. Si existiera en alguna parte del mundo un pozo de los deseos, el mío sería regresar el tiempo atrás.


El viento agita mi cabello a un lado. El aire impactando contra mi cuerpo me demuestra que estoy despierta, que todo está sucediendo. Pellizco mi pierna cerca de la rodilla izquierda donde las demás marcas rojizas amoratadas se encuentran, de esta manera causándome una más, no despierto. No puedo despertar.


Por unos momentos me pierdo observando la rosa roja que tengo entre mis manos, Will tiene la manía de regalarme cada día una flor, siempre diferencia el color o el tipo, girasoles, margaritas, claveles, gardenias o violetas. En realidad mis favoritas son las rosas rojas, por lo menos viniendo Will, porque al ver la rosa no imagino nada más que no sea amor, pasión y sensualidad. Will tomó esta manía cuando le platiqué años atrás que mi padre lo hacía todo el tiempo, desde que era muy pequeña hasta que decidí dejar New York. Siendo ellos —mis padres— dueños de floristerías en casi todos los condados de mi estado natal que se han expandido a condados de fuera incluyendo algunos de California. Mi padre se podría decir que tenía esa facilidad, el regalarme flores. En casa de mis padres tengo una gran colección de rosas disecadas, cada una con fecha diferente, cada una diaria siendo más de mil ochocientas, si alguien más aparte de mis padres y hermanos supieran de la existencia de esta maravillosa colección seguramente estaría rompiendo algún reto guinness.


Emprendo mi marcha de vuelta al piso que a duras penas podemos mantener con mi mejor amiga Alaska y nuestro mejor amigo Oliver.


La rosa ha perdido todos sus pétalos con el "no me quiere". La rosa miente porque yo sé que Will me ama, una vez que veo el tallo vacío me arrepiento, esa era la última rosa que me daría y la he desperdiciado.


"Es bueno recordar pero no querer dar marcha atrás". Claramente no le veo sentido a esta frase. Definitivamente lo viviente de mi vientre me recordará constantemente lo gran estúpida que soy. No tendrá un padre, ni siquiera una buena madre. Cuando mis padres y hermanos se enteren tampoco tendrá abuelos, ni tíos, no crecerá en compañía de sus primos. Cabe mencionar que ninguno de mis dos hermanos aún tienen hijos y eso que ambos son mayores.


Abro la puerta con toda la depresión del mundo. Con la manga del suéter me sorbo la nariz y me tiro al mullido sillón de franela verde. Los dos pisos de las escaleras los sentí eternos sumida en pensamientos lejanos y grandes remordimientos.


—Ya le contaste la verdad —afirma dado que no suena como pregunta. Mi mundo se está desmoronando debajo de mis pies y mi soporte, mi ancla me ha dejado varada. ¿Me veré tan mal? Porque es así definitivamente como me siento.


—Sí, ya se lo he dicho —contesto lo obvio, no podía seguir ocultándolo y menos al amor de mi vida. Guarda un momento silencio, se sienta a mi lado comenzando a acariciar mi cabello, deteniéndose en los nudos que deshace y sigue su curso hasta la punta de este mismo. 


Mi teléfono suena. Con pesar lo saco del bolsillo trasero de mi short de mezclilla negro, el remitente es número desconocido. Me seco las lágrimas como si la persona del otro lado de la línea pudiera ver lo patética y estúpida que luzco. Carraspeo para que cambie mi voz antes de deslizar mi dedo por el telefonito verde de contestar la llamada.


—Bueno —contesto sentándome.


—Hola buen día, ¿se encuentra la señorita América Castañeda? —Su voz es extremadamente formal, presiento que es algo bueno, por favor, que lo sea...


—Ella habla.


—Me comunico de parte de Empresas, Novedades y Corporaciones Winter Inc. Le ofrecemos una disculpa por el mes de retraso en aceptar su solicitud de empleo, si aún quiere emplearlo le recomiendo presentarse el día lunes a las siete de la mañana en zona administrativa tipo "A" para aceptar su nuevo cargo como coordinadora de proyectos tecnológicos, ¿contamos con su presencia?


—Por supuesto. —La voz me tiembla un poco, así como también mi cuerpo, exactamente todo. Trato de respirar con normalidad —dentro de lo que normal puede significar— por la boca ya que mi nariz se ha constipado.


—En ese caso la esperamos de manera puntual, hasta entonces.


—Hasta pronto, gracias. —Cuelgo la llamada atónita. ¿A caso he olvidado hasta cómo se habla? ¿Este día de verdad está sucediendo? Alaska me tiende un plato de sopa de fideo caliente. El clima ha bajado de manera radical, subo la temperatura en el termostato y regreso al sillón.

No cabe duda que es un día inusual, para empezar el clima, ¿frío en San Diego?


—¿Y bien? —pregunta arqueando la ceja derecha. No contesto, llevo una cucharada de sopa a la boca—. Anda América, ¿quién era?


—¡Ya tengo empleo! —exclamo—, ¡en empresas Winter, el lunes inicio! —He de parecer una jodida bipolar, pero ¡vamos! No me pueden juzgar con el día de perros que he tenido. 


—¡Mare esto lo tenemos que celebrar! —grita poniéndose de pie en un brinco. Tuerzo la boca y no sé que apariencia tenga en este momento, toda llorosa. Pero al menos un arcoiris aparece tras la tormenta. 


—La última vez que dijiste eso terminé en la habitación de un desconocido tatuado con aires de narcisista, además con una resaca de muerte y un ovulo fecundado en el vientre, así que no Alaska, tengo que prepararme para mi primer día de trabajo.


—Pero si eso es hasta el lunes. —Arqueo una ceja en su dirección, toma un mechón de su cabello y lo lleva detrás de su oreja—. Pero bueno, está bien, lo entiendo. Oli me pidió que le dijera cuando llegaras como te fue, pero creo que es mejor que le envíes un mensaje tú misma. Supongo que ahora está con Will dándole apoyo moral. —Meto la ultima cucharada de sopa a mi boca y asiento. Antes de dirigirme a mi habitación paso a dejar el plato vacío al fregadero, lo lavo y lo pongo a escurrir, en esta casa no se cuenta con lavavajillas automático.


Abro el armario de mi habitación checando de esquina a esquina que puedo apartar para usar por la semana. Saco toda mi ropa y la pongo en conjuntos, los cuelgo de la misma manera para ahorrar un poco de tiempo cada mañana. Dejo en una silla el que usaré el lunes en mi primer día laboral.


Le escribo un mensaje a Oli diciéndole que me encuentro bien. Claro "bien", como si eso fuera cierto. Como dice mi madre: "yo solita me busqué mis propios males".


Me tortura ver cada que enciendo la pantalla de mi celular el: «en linea» de Willmer. Ni un mensaje, por lo menos uno en respuesta de que me perdona.

¡Maldita sea! Sigo siendo una egoísta después de todo el daño que le he hecho, lo amo y lo único que necesito para sentirme mejor es su perdón.


Pienso cambiar de número, necesitamos tiempo, no puedo invadir su espacio personal de tal manera, sé que lo haré si no pongo tierra de por medio, quedaré más que enganchada a algo que no puede ser, una relación que no tiene futuro. 


Un mes de graduada. Un mes de embarazo. ¿Qué haré cuándo se enteren en la empresa? Bueno, si me despiden por lo menos tendré un poco de dinero para comprar lo del bebé, que esconderé en el conocimiento de mi familia y de la empresa hasta que este se note.


Embarazada por accidente, madre soltera y adolescente tan sólo a los veinte. ¡Joder!


March 12, 2018, 2:10 p.m. 0 Report Embed 0
To be continued... New chapter Every Monday.

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