criandomalvas Tinta Roja

Terciopelo es la hija menor del demonio. Harto de verla desperdiciar la eternidad encerrada en su cuarto sin hacer nada útil, su padre le encomienda una misión de vital importancia, evitar que las almas sigan llegando en tropel a un infierno abarrotado en el que no cabe un alfiler. Para desgracia de nuestra apática “heroína”, algo sale mal en su viaje a la superficie y acaba atrapada y desprovista de gran parte de sus poderes en un mundo extraño, la dimensión de los cuentos. Para escapar necesitará de la ayuda de algunos aliados, cuando menos, poco fiables. Esta es la puesta de largo de “Los absurdos cuentos de la bruja Terciopelo” con una historia larga para ella solita. Capitulo elegido para el reto La búsqueda mágica.


Short Story Not for children under 13.
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El infierno de los mediocres.

No sé dónde demonios he aterrizado, pero todo es de lo más extraño.

Parece el andén del metro, con su lugar de espera a ambos lados de un desnivel pavimentado y sin rastro de ninguna vía, que se estrecha camino del horizonte en una recta infinita. Innumerables accesos al “andén” se repiten los unos de los otros en tamaño y forma de manera equidistante.

La algarabía comienza de nuevo, un popurrí de idiomas, muchos de ellos ininteligibles incluso para mí, que conozco tanto a las lenguas vivas como a las muertas y a todos sus dialectos.

Mucho más raros que el fondo, son los personajes que se dibujan en el surrealista lienzo. Algunos de ellos están difuminados, a otros les falta el rostro, como antítesis de estos últimos, unos que prácticamente son solo cabeza sobre un cuerpo indefinido.

Lo único que parecen tener todos en común, es el ansía por hacerse notar, incluso aquellos que, desprovistos de boca, gesticulan con brazos y piernas en aspavientos y contorsionismos del todo grotescos.

Mis siguientes intentos por volver a comunicarme han resultado tan infructuosos como los anteriores.

Desisto, me habría gustado convertirlos en ratas, ratones, gatos y perros, para dar un poco de alegría a tanto tedio y de paso resarcirme de su desdén. Por desgracia, en este mundo, dimensión o lo que narices sea, estoy desprovista de mis poderes y tengo que conformarme en el deleite de imaginarlos corriendo los unos detrás de los otros devorando a los más desafortunados.

Mi capacidad de atención es limitada y he perdido el interés por esa ensoñación enseguida.

Me dirijo a los accesos; túneles excesivamente iluminados con las paredes engalanadas de posters publicitarios, que acababan de forma abrupta en una pared de cemento. Entre tanto absurdo, no me cuestiono lo inútil de los pasillos y continuó buscando una salida por la que escapar de este manicomio.

Me he topado con uno completamente oscuro, un túnel tan negro como la boca de un ogro. Parece fuera de lugar entre tanta sala clonada, nada pierdo por probar suerte y me adentro en esa especie de cueva.

Por suerte, parece que no he perdido todas mis capacidades, aunque fui incapaz de invocar una bola de fuego para achicharrar a los “mongolos” del andén, si puedo hacer aparecer un pequeño haz de luz con el que iluminar el camino.

—Hueles raro, pero apetitoso.

Entrecierro los ojos dirigiendo la mirada hacia el lugar del que proviene la voz, pero solo soy capaz de ver una sombra fundida con la oscuridad. Dudo si las palabras me son dirigidas, normalmente huelo a azufre, salvo los domingos, que son el día que me baño para ir a la misa negra. Por si acaso, decido olisquearme la axila y para mi sorpresa, de mi sudoración emana un extraño aroma a frutas del bosque.

—¿Sois espíritus de la noche o sois hijos de puta? — Siempre me ha encantado esa frase de “Romance de lobos” de don Ramón del Valle Inclán y nunca desaprovecho la ocasión de utilizarla.

—Vos no sois don Juan Manuel ni yo la Santa Compaña, más, al igual que él, parecéis buscar la muerte al adentraros en mis dominios. Dejad que me deleite, antes de hincaros el diente, con la fragancia de vuestro miedo.

Lo escucho inspirar con fuerza y relamerse, distingo a la sombra moverse inquieta, sin acabar de decidirse a avanzar o a retroceder. Afinando el oído, incluso puedo escuchar el sonido de sus tripas y de su salivación.

De conservar mis poderes me habría reído con ganas, pero en mi actual estado considero a la sombra como una amenaza seria y retrocedo, sin darle la espalda, hacia la entrada del túnel.

—Dejad pues, que pueda ver a los comensales, que, con mis carnes se han de atragantar. Mucho estómago se ha de tener, para siquiera lamer una piel de sabor a hiel y envenenada con la peor de las ponzoñas. — ¿Por qué demonios hablo como una idiota?

El haz de luz se refleja en unos ojos vidrioso de color amarillento. Lo primero en asomar es su enorme cabezota. El lomo del ser, de tan arqueado, parece una joroba. De pelo negro y erizado, pezuñas largas bien armadas con garras afiladas. De las fauces, aún con la boca cerrada, asoman unos pavorosos colmillos.

La cosa se yergue sobre sus cuartos traseros y se cruza de brazos, observándome de arriba abajo con expresión un poco defraudada. Tampoco yo es que esté demasiado entusiasmada, esperaba algo más inquietante que un lobo antropomorfo que viste como un macarra ochentero.

¿Y tú de que cuento te has escapado? Es claro que estás completa. ¿También tu huyes del “mal”?

Más claro es el que no entiendo ni una palabra de lo que me habla este cretino.

—No vengo de ningún cuento, tampoco huyo de nada. He sido víctima de una conjura que me ha llevado hasta este extraño lugar lejos de mi querido infierno.

El antropomorfo me sonríe con lo que más se parece a una mueca sarcástica.

—Ahhh. Sí, ese es uno de los cuentos más antiguos. ¿Y porque te han expulsado?

—Haces demasiadas preguntas.

—Me gusta saciar mi curiosidad antes que mi apetito. Después de tanto tiempo aquí, es difícil que a estas alturas un personaje me llame la atención.

La cosa avanza hacia mí con la parsimonia de quien tiene la convicción de que su presa no tiene opción de huida. Yo, por mi parte, continúo retrocediendo sin perderlo de vista, atenta a cualquier movimiento que me indique el momento de dar media vuelta y salir por pies. La entrada al túnel está muy cerca y será fácil escabullirme entre la multitud.

—También yo tengo algunas preguntas, ya que he de morir, concédeme esa última voluntad.

—Sea, pero no me hagas perder demasiado tiempo. Me rujen las tripas y no soy capaz de dejar de salivar. Eres realmente apetitosa.

Se relame y puedo ver como su enorme lengua alcanza cada rincón de su hocico impregnándolo de desagradables babas.

—No sé si tomarme eso como un halago.

—Lo es, tenlo por seguro. Aquí todo lo que encuentro es insípido y tú te ves muy jugosa y sabrosa.

—¿Y bien, que es este “aquí”? ¿Quiénes son todos extraños individuos que deambulan como pollos sin cabeza en esa especie de andén sin vías?

—Esto es el infierno de las historias inconclusas y de los personajes sin alma. El basurero en el que los autores sin chispa arrojan su frustración.

Aquí se pudren los protagonistas sin gracia, los secundarios mal dibujados, las historias sin sentido, los relatos sin sustancia que nunca verán la luz.

En definitiva, es el infierno de los mediocres.

—Menuda idiotez, yo vengo del infierno y en nada se parece a esto. ¿Dónde está el hoyo del suplicio, la sala de torturas, el fuego eterno? Nadie aquí parece estar sufriendo.

—¿Acaso te has fijado bien en esos infelices? Su única razón de ser es ver la luz, encontrar un lector, uno solo es suficiente para que su existencia tenga sentido. Ese es su suplicio, preferirían arder en el fuego encerrados en las páginas de un libro, a languidecer aquí para siempre. La mayoría de esos pobres infelices siquiera están completos, eso es lo que te hace tan especial, tan apetitosa y tan… enigmática. Estás completa. ¿Qué estás haciendo aquí? Este no es tu lugar.

—Ni idea, lo único que tengo claro es que no tengo intención de quedarme.

—Puedo ayudarte con eso.

—¿De veras? Te estaré sumamente agradecida.

—Tu estupidez me resulta encantadora.


No esperaba unos reflejos tan excepcionales. Cuando la bestia se abalanza sobre mí, apenas tengo una décima de segundo para concentrarme y lanzarle un devastador conjuro hacia su entrepierna.

El antropomorfo se encoje y cae de rodillas aullando de dolor hasta acabar en el suelo en posición fetal sujetándose las pelotas.

Casi he podido ver como el escroto se desplazaba a toda velocidad desde las ingles por intestinos y vísceras hasta alcanzar la garganta y casi escapar por la boca de la alimaña.

Pocas cosas son más efectivas que un puntapié dirigido a la parte correcta con la debida fuerza.

La agresión ha tenido un efecto inesperado, he sentido como mi poder regresaba de forma proporcional al dolor de mi víctima. No puedo permitir que se recupere.

Además de ser didáctico, he de reconocer que me he divertido de lo lindo pateando a este capullo. Didáctico porqué he aprendido el motivo por el que los lobos aúllan de esa manera; lo hacen cuando les incrustas la puntera del zapato por la retaguardia.


—¡Es suficiente! — Interpone la zarpa entre su cuerpo maltrecho y mi ímpetu pateador. —He comprendido que no eres plato de mi gusto. Va a ser cierto que eres un demonio y seguro que capitán en el equipo balompédico del averno. Jamás hubiera imaginado que alguien tan pequeño tuviera tan mala leche.

¿Pequeña? ¡Si mido más de dos metros! Cierto que la bestia es enorme, pero eso no le da derecho a menospreciarme. Hasta ahora he tenido otras preocupaciones que el deleitarme contemplando mi agraciada anatomía y ahora que me fijo... ¡¿Qué me ha pasado!? ¿Dónde está mi hermosa cola constrictora, mis cuernos…? Paso la lengua entre los dientes… ¿Qué ha sido de mis colmillos, de mi rasposa piel peluda y porqué llevo ropa de “gótica” pija? Aún con tacones no debo de alzar más de 60 pulgadas. ¡Esto es mucho peor de lo que pensaba! ¡Parezco una muñequita de porcelana! ¡Cuando regrese voy a descuartizar a mis hermanas!


El antropomorfo se levanta del suelo penosamente maldiciendo, quejándose de los moratones e intentando sujetarse las costillas lo mismo que un anciano aquejado de lumbago. Escupe un gargajo sanguinolento que queda adherido a la pared y comprueba con la lengua que todos sus dientes siguen en su sitio.


—No ha sido un gusto conocerte, lo mejor es que continues tu camino y así pueda perderte de vista.

—Estoy de acuerdo grandullón, por desgracia, creo que te voy a necesitar para salir de aquí.

—¿Piensas que voy a ayudarte después de haberme pateado el culo? Ni aunque me ofrezcas tres cochinos asados.

— Tú has intentado comerme, creo que me lo debes.

Por un momento se le ponen los ojos en blanco y parece que pierde la conciencia.

—Cochinillos asados… — Exclama extasiado.

¡Que asco! Se le ha quedado la lengua asomando y las babas le cuelgan como Estalagmitas.

—¡Me muero de hambre!

—¡Pues te aguantas! Ahora has de llevarme hasta una salida.

Me indica que me detenga cuando me encamino hacia lo más profundo del túnel.

—Es mejor que no vayas por ahí.

—¿Y eso por qué, si puede saberse?

—Bueno… — Titubea. —Digamos que ahí está el cuarto de baño.


June 28, 2023, 9:12 a.m. 2 Report Embed Follow story
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The End

Meet the author

Tinta Roja ¿A qué viene todo este teatro? No expondré el por qué, el cómo ni el cuándo. Condenado de antemano por juez y jurado, me voy caminando despacio hacia el árbol del ahorcado. Mira el verdugo la hora y comprueba la soga, que corra el nudo en lugar del aire. Se hizo tarde y el tiempo apremia por silenciar mi lengua. Y ahora ya sin discurso, ni me reinvento ni me reescribo, solo me repito. Y si me arrepiento de algo, es de no haber gritado más alto.

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Eve Drisa Eve Drisa
Interesante idea, no me había esperado eso. Creo que lo mejor que puedo destacar es cómo has escrito a los personajes: Ambos están muy bien escritos y tienen una personalidad muy definida que llama la atención. La idea de usar una especie de un infierno donde todo lo que hay ahí son ideas incompletas de autores es muy único y creativo, la verdad, aunque me he quedado con ganas de tener más descripciones de ese mundo tan extraño que has hecho, la verdad. Por lo demás, bastante bien y con un buen final ^^ ¡Un saludo!
August 08, 2023, 14:35

  • Tinta Roja Tinta Roja
    Soy bastante malo con las descripciones, el elegir un metro como decorado tiene su explicación, todo el mundo sabe como son y no he de esforzarme demasiado con los detalles. Este es un capitulo de “Los absurdos cuentos de la bruja Terciopelo” elegido para uno de los retos y ha quedado así de forma independiente. El resto está en progreso, aunque como tantas historias, corre el riesgo de quedarse atrapada definitivamente con el resto de personajes olvidados. Por cierto, también yo tengo mi propio Castillo de Naipes. Un saludo. August 08, 2023, 15:13
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