Viva las Vegas Follow story

brenda-oleg9500 Brenda Oleg

En un bar, en la noche, en algún lugar, todo puede pasar.


Short Story All public.

#ficcion
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Viva las vegas

Un gato del Siam en defensa propia me ha arañado el lomo y sangra, otro día de sobriedad. El perro del bar manso, imperturbable sentado sobre su remanso me mira con un ojo solo porque con el otro está demasiado ocupado en soñar. Un pasaporte sobre la mesa de billar, unas monedas desparramadas sin sentido, un estuche de anteojos todo destrozado y unas cuantas servilletas todas garabateadas. El teléfono es antiguo, suena demasiado alborotado, mejor cortar. La música de fondo pasa por todos los estilos y estoy en todos los lugares y situaciones a las que me lleva, pero quiero estar acá, sentada sobre esta silla incomoda, apoyada sobre esta mesa cargada de desasosiego, así pienso con más claridad. Debería mover un poco la cabeza, como si estuviese sacudiendo ideas y pensamientos inservibles, mi materia prima requiere oxigenación. Llego el tiempo de las bocas cerradas, de las miradas exploradoras, de las piernas cruzadas, y de la voz en off al mando del relato. El gato mira desconfiado la escena sobre el sillón y en cuanto me muevo, está casi a la espera del próximo ataque. El perro ni se agita y despreocupado sigue en su actividad visionaria. Me pregunto a cerca de la existencia mientras el antiguo megáfono no deja de sonar… como por ejemplo: porque ese hombre que está bebiendo una copa de vino en la barra se sumerge en su vaso como si a través del líquido viese su pasado asomarse, y porque tiene además la solapa de la camisa levantada, quizás sea un nostálgico de años pasados, tal vez admire a Elvis, o crea usarla de tal forma le da cierto estilo personal por el cual las mujeres se derriten a su paso… O porque la señora paqueta que esta por cruzar la calle se detiene a mirar en un quiosco de revista una sobre autos… tal vez quedo viuda recientemente y ver autos es una forma de recordar la pasión de su difunto, o tal vez porque anda pensando en cambiar el modelo de su auto a uno alemán como el de la portada, o quizás siempre quiso aprender a manejar y le quedo su sueño frustrado. Quien sabe. No es que pierdo el tiempo pensando, solo que todo comportamiento y movimiento me llama la atención, como el perro placentero que sigue inmutable en su propio mundo, como el gato del sillón, observando todo a su alrededor como en actitud defensiva, o como yo, acá sentada observando a los demás buscando alguna inspiración. Llamo al mozo, con una señal, levantando el brazo a unos 45 grados y elevando el dedo índice al estilo Marlene Dietrich como para sentirme parte de una escena de película, y se acerca de inmediato con su bandeja en mano trayéndome la cuenta este empleado bien parecido a Henry Fonda, y me sonríe de costado, con su bigote a medio fruncir y su traje blanco impecable, me dice en ingles con actitud cordial… señorita, no se preocupe, su cuenta ya esta paga. Y estupefacta, veo que gira de la barra el hombre de la solapa levantada, y hace un movimiento sutil con su copa casi vacía en forma de saludo y me sonríe amablemente. Entonces me levanto despacio, y comienzo a caminar por entre las mesas con sutiles movimientos de cadera y de pronto siento las garras del gato atacándome por la espalda. Y caigo. Otro día de sobriedad.

March 5, 2018, 12:52 a.m. 2 Report Embed 0
The End

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Brenda Oleg Brenda Oleg
Gracias luis, me alegra un montón saber eso y me da ánimos a seguir escribiendo. saludos!
March 5, 2018, 3:36 p.m.
Luis Ignacio Muñoz Luis Ignacio Muñoz
Muy bueno el relato, me mantuvo expectante hasta la ultima linea, muy precisa cada frase, muy bella una a un las imágenes que como con una cámara nos vas trasmitiendo. un saludo.
March 5, 2018, 1:49 a.m.
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