La máscara de la seducción Follow story

dante-verne3503 Dante Verne

Ese viernes, una sorpresa erótica le esperaba a Bruno en casa. Bruno es un cuarentón apuesto y seguro de sí mismo que verá cómo su mundo se empieza a tambalear cuando empieza a entrar en un juego de seducción muy peligroso.


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#amor #bondage #seducción #sexo #máscara #erótico
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Capítulo 1: ¡Sorpresa!

¡Qué ganas tenía de que llegara el fin de semana! Además uno como éste en el que no tenemos que preocuparnos por los chicos. Guille, el mayor, tiene 16 años y lleva estudiando desde hace meses en EE.UU. Se le echa mucho menos. Bueno, no echo de menos en absoluto el sarcasmo con el últimamente acompañaba sus conversaciones de adolescente en celo. Y Fran, el pequeño de 14, ha ido a dormir a casa de un amigo, con lo que estoy seguro que eternizará la velada jugando al FIFA de turno en la Play hasta altas horas de la madrugada. Mañana iré a por él antes de la hora de comer, cuando salga de su estado comatoso.

Los viernes salgo antes de trabajar por lo que aprovecharé el rato para ponerme al día con alguna de las películas o de los libros que tengo pendientes desde hace tiempo. Mi mujer, Martina, no llega hasta las 20 o 20:30 h horas así que tengo por delante toda la tarde para mí sólo. Y sin duda necesitaré desconectar después de las reuniones tan intensas que adornan mi vida en los últimos tiempos. Reuniones donde se masca la tensión de los objetivos inalcanzables que el estúpido de mi jefe se comprometió a conseguir el año anterior ante la junta directiva.

Abro la puerta de casa y qué me encuentro: un rastro de pétalos de rosa que llena el recibidor. Mi casa no debe tener más de 10 años. Está en buen estado, sobre todo después de haber hecho algunas obras menores que no hacían falta pero que a Martina se le metió entre ceja y ceja: cambiar un baño por una ducha, el suelo de la cocina, poner papel pintado en el salón o poner contraventanas. A la derecha de la puerta se ve la cocina. Impoluta, siempre limpia y recogida, donde solemos hacer parte de nuestra vida. Hay muebles oscuros y electrodomésticos color aluminio de última generación. Y una mesa redonda con cuatro sillas donde solemos desayunar e incluso comer o cenar los días de diario.

Al fondo hay una puerta que une con el salón, al que se accede también desde el recibidor. Es muy amplio, con una zona de salón y otra de comedor donde puse una gran mesa donde agasajar a mis invitados cuando vienen. Una gran alfombra preside la zona del salón, donde hay unos grandes sofás que forman una L. Martina puso una mesa en un lateral con una planta enorme, creo que es un ficus, pero no me hagáis mucho caso, que de las plantas se encarga ella. A mí me dan un cactus y conmigo muere en pocos días.

Por el recibidor sale otra puerta que lleva a un largo pasillo. A izquierda y derecha salen habitaciones, alternando con un baño intermedio y al final del pasillo está la habitación de matrimonio, de frente, que tiene su baño propio y un vestidor para deleite de mi mujer, que apenas me permite usar una parte minúscula en comparación.

Veo que el rastro de pétalos de rosas se pierde en la lontananza del pasillo que muere en la oscuridad de mi habitación.

Me adentro farfullando en el salón, para soltar mi abrigo, mi chaqueta y mi portátil que siempre va conmigo. Pensando que a Martina se le debe haber caído toda esa retahíla de pétalos y hojas en algún momento de la mañana previo a salir corriendo al trabajo. Y lo único que pienso es en adentrarme en la cocina a través de la puerta que conecta con el salón para coger una escoba y un recogedor de palo alto. Así que me adentro en el pasillo siguiendo el rastro de rosas escoba en mano.

La puerta de mi habitación está cerrada, pero cuando llego un tenue resplandor sale por debajo de la puerta. Desde la entrada no lo había visto, pues los pétalos me lo impedían, pero aquí y ahora lo veo. Abro despacio, suavemente y el rastro de pétalos se adentra aún más. Huele a velas. Me acerco.

Mi mujer, tumbada en la cama, parece una diosa. Lleva un juego de color negro con transparencias y liguero, y un picardías que le compré no hace mucho, que dejan adivinar sus maravillosas curvas. Lleva una peluca rubia, larga, muy larga, y una máscara veneciana que sólo deja a la vista sus carnosos labios. Me sonríe maliciosa.

Sólo hay dos velas encendidas. Una en la mesilla del lado derecho de la cama y otra en el aparador que tiene ella a su izquierda. El resto es una penumbra encantadora que hace contraste con mi pose: con la escoba en una mano y el recogedor en la otra. Le pido un minuto y salgo a tirar de cualquier modo la escoba y el recogedor que dejo caer con estrépito en el pasillo.

Me planto en el borde de la cama, aún de pie y mi mujer se incorpora. Trato de hablar pero ella me cierra la boca primero con su dedo índice y luego con un beso apasionado. Sabe a fresa y tiene los labios más carnosos y suaves que nunca. Poco a poco adentra su lengua y sus manos me van quitando poco a poco la corbata, los botones de la camisa, el cinturón que vuela hasta el otro extremo de la habitación. Se gira a mi alrededor y me tumba en la cama. Me quita los zapatos, los calcetines y mis pantalones. Todo va cayendo por el borde de la cama al suelo.

Me quita mi ropa interior, desliza mis calzoncillos suavemente y los deja caer con el resto de la ropa. Mi erección manifiesta con dureza que está más que lista desde hace rato. Pero tiene algo más preparado. Saca cuatro cuerdas y me va atando con delicadeza, primero una mano, luego otra, luego un tobillo y luego otro. Las ata cada una a una pata distinta de la cama. Coge algo de encima del aparador. Parece una media.

Introduce su mano en una de las dos partes de sus medias y acaricia mi sexo suavemente y con la otra parece hacer un nudo con mis testículos. Me pasa la lengua húmeda por uno de ellos y me estremezco del placer tan inmenso, eléctrico que me recorre y me pide más. Me acaricia con su lengua, alternando uno y otro mientras con su mano derecha mantiene mi polla agarrada firmemente. Se mete un testículo en su boca y juega con su lengua. Hace tiempo que decidí depilarme todo mi sexo y eso hace que el placer se multiplique, que sea más intenso si cabe. Y ahora se despega, me sopla suavemente y vuelve y se mete en su boca el otro. Y mientras tanto su mano sube y baja aumentando la cadencia. Me queda poco y ella lo sabe.

Desenvuelve el nudo creado con su media y se sube sobre mí, a horcajadas. Se aparta levemente su tanga y me introduce la verga en su sexo húmedo. Y se mueve y me cabalga. Desearía agarrarla de sus nalgas para acompañarla en su movimiento pero tengo las manos atadas. Se mueve poco a poco primero. No quiero que esto se acabe, a pesar de que ya siento mi volcán sediento de explotar. Se mueve acompasadamente y aumentando el ritmo poco a poco, más y más. Y el orgasmo me viene desde una tierra lejana, donde el amor y el deseo más profundo juegan en mi alma. Me estremezco en oleadas. Una… otra… otra. Y la marea se aleja, poco a poco dejando un rastro de placer inmenso, de placer consumado y sabor a algo divino y eterno.

La miro sonriendo. Esto ha sido descomunal. El mejor sexo que he tenido en años. Dios, ¡cómo la quiero! ¡Cómo la amo! ¡Cómo me ama! ¡Cómo la siento!

Ella sonríe, se quita la peluca lentamente. Y luego la máscara.

¡Oh, Dios! ¿Por qué me haces esto? No es mi mujer: ¡es mi cuñada!

March 3, 2018, 12:03 p.m. 3 Report Embed 3
Read next chapter Capítulo 2: El hotel

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Post!
Gin Les Gin Les

¡intensa! :D
March 6, 2018, 2:05 p.m.

  • Dante Verne Dante Verne

    Jajajaja, ya te digo.
    March 06, 2018. 09:04PM
  • Ninguno Ninguno Ninguno Ninguno

    ¡¡Joder!! guapo yo estoy viendo a los personajes y eso que voy a por el 2º capítulo, ya te iré contando. Jajajajaja.
    March 19, 2018. 07:53PM
~

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