La historia de ella Follow story

anastasiatremblay Anastasia Tremblay

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10 de abril del 2014.


Mina hermosa,

Tus sonrisas, el destello de picardía que adornan tus ojos por las mañanas,

han hecho que mis despertares sean de gran bendición.

Te amo como no he amado a otra mujer en mi vida.

Pero también debo ser realista y despertar de esta hermosa

burbuja.

No puedo seguir más en esta situación.

Quiero estabilidad, seriedad.

No algo casual. Un amor para toda la vida.

Espero que algún día podas entender y ver las cosas como las veo yo.

Te amo mi princesa.

Y quiero que seas tú mi mujer.

Sé que me has dicho varias veces que no estás lista.

Y esta bien, lo entiendo y respeto.

Y por amor a ti y a mi,

he decidido volver a Buenos Aires y esperare el tiempo que sea.

Solamente te pido que no tardes.

Te dejo el anillo, ponetelo cuando estés lista.

Te amo mucho,

Tuyo,

Lucca.


Abril 10, 2016


Han pasado dos años desde que leí esta nota, dos años pensando en él y en el anillo. Aun lo conservo, esta guardado dentro de su caja negra de terciopelo. Y cada vez que lo veo sobre mi tocador, siento como mi corazón se desgarra en milles de pedazos y, las lagrimas empiezan a brotar. Lucca fue y será siempre ese gran y bello amor. De hecho él ha sido el único hombre en mi vida, no he podido olvidarlo, y no sé si algún día podré hacerlo. Guardando la nota arrugada dentro del cajon de mi armario de madera, doy la vuelta y recojo de mi silla mi bolsa negra de Prada. Hechando llave a la puerta del apartamento, subo en mi automóvil blanco, y como todas las mañanas me dirijo al Banco Central del Ecuador. El trafico matutino esta igual de congestionado como siempre, y el calor que ya va haciendo me desespera. ¡Como extraño el frío de Montréal!


Los violines de Antonio Vivaldi van sonando en las bocinas del vehículo. No hay nada más relajante que la música clásica en las mañanas, mi teléfono celular empieza a sonar y a sonar, aprovechando que el trafico va lento, contesto la llamada.


—Buenos días Francesca, ¿qué tal amaneciste?


El alegre tono de voz de Guadalupe hace que sonría ampliamente. Lupita, como le decimos todos, lleva tres años viviendo en Guayaquil. Dejo su natal Jalisco, siguiendo a su ahora esposo. Y esta muchacha es un rayo de sol en la oficina, siempre alegrando el momento en la oficina y, desde mi primer día en el banco, ella me recibo con brazos abiertos, convirtiéndose en ese momento una de mis mejor amigas. Con esa energía que solamente ella sabe transmitir le contesto.


—¡Buenos días Lupita! Amanecí bien, gracias. ¿Y tú qué tal?


—Yo estoy bien amiga, pero llamo para preguntarte a qué hora piensas llegar a la ofi. Todos estamos ya aquí.


Viendo el reloj del automóvil constato que aun son las ocho de la mañana, no entendiendo porque todos ya están en la oficina tan temprano.


—Lupe, pero si entramos a las nueve a trabajar. ¿Qué hacen todos tan tempranos ahí?


—Ay Francesca, ¡no me digas que no has revisado tu correo electrónico? Hay junta administrativa y qué es urgente… Ya voy Mario, no espérame. Querida, cuando puedas, llega luego, porque Marcos ya entró en la sala de juntas.


Viendo que el trafico no avanza más, empiezo a preocuparme. Despidiéndome luego de mi amiga, voy a ver mi correo electrónico y efectivamente hay una correo de parte de Marcos comunicándonos de esta reunión urgente. Me pregunto qué podrá ser el motivo de la reunión de hoy, si hace dos semanas tuvimos junta administrativa.


La luz del semáforo cambio por fin al verde y logro avanzar un poco, pero una vez más se me limita el paso. Viendo que ya voy tarde a la reunión, le envío un mensaje de texto a Lupe pidiendo que tome notas de la junta.


Después de estar intentando llegar al banco, lo logro por fn. Entrando dentro del edificio de ladrillos beige corro a toda prisa hacia la sala de conferencias, la puerta esta entre abierta, y veo que cerca esta Guadalupe y Mario, sosteniendo entre sus manos una taza de café. Acercándome con cuidado y sin hacer mucho ruido, escucho detenidamente a nuestro gerente general.


De donde estoy puedo ver como los demás guardan un silencio casi mortal, Algunos están apuntando y otros no. Hm, quizá no es una junta administrativa. ¿Pero qué querrá decirnos Marcos hoy? Un silencio se hace escuchar, y veo que nuestro querido y ya cansado Marcos dejo de hablar para beber agua, sus cuantas canas muestran los años que van pasando por él, sus arrugas son caricias de las experiencias de la vida, dejándole huellas de recuerdo. Aprovechando este silencio, con cuidado entro en la sala, pero como siempre, la perspicacia del gerente hace qué él me llame la atención por mi atraso.


—Buenos días Francesca, menos mal llegas a tiempo para el anuncio.


Sonriéndole con un poco de pena, y acomodando un mechón ondulado detrás de mi oreja me disculpo con él.


—Perdón Marcos, no había visto que teníamos junta esta mañana.


Su sonrisa calurosa de siempre, es la única respuesta que recibo como aceptación a mi disculpa. Menos mal no he tenido el habito de llegar tarde al trabajo. Al lado de Marcos hay un hombre de quizá unos treinta años que nunca había visto, pero si de algo puedo percatarme y con seguridad declarar es que este hombre esta buenísimo. Bajo las luces blancas de la sala, su piel bronceada se ve aun mas cálida, vestido de un traje negro qué pareciese que fue hecho a su medida y con corbata del mismo color, lo hace verse serio, formal y… apetecible. Su cabello marrón obscuro, está perfectamente peinado.


Ese mismo hombre voltea a verme, y por un momento hacemos contacto visual, no sé qué hacer, si sonreírle o no. Sus ojos viajan por mi rostro, arqueando una ceja, este hombre vuelve su atención a Marcos, dejándome confundida por ese acto. A mi derecha Mario me saluda discretamente, y Lupe no se queda atrás. Sonriéndoles, les digo que luego hablaremos. Las siguientes palabras de Marcos hacen que todos que estamos presentes, al unísono empezamos a cuestionarlo.


—Bueno, ya que todos estamos aquí, quiero de manera formal y oficial avisarles que este día es mi ultimo en el Banco Central del Ecuador. A partir de mañana inicio mi retiro. Esta noticia me entristece, pero como sabrán, mi esposa tiene cancer, y aunque esta bajo tratamiento, quiero dedicarle mi tiempo y energía en su cuidado.


Todos en ese momento empezamos a mostrar vocalmente tristeza ante esta noticia tan inesperada. Desde ya tiempo nos enteramos de la enfermedad de su mujer, y todos, sin excepción alguno hemos siempre estado al tanto de su salud, yendo a visitarla y preguntando por ella.


Mis ojos humedecen un poco, y una lagrima se escapa, secándola con mi dedo trato de no mostrar mucha tristeza, una vez más ese hombre que aun Marcos sigue sin presentar, voltea su mirada hacia donde estoy, pero esta vez seriedad hay en él. ¿Qué mosco le habrá picado? Esteban, uno de los administradores levanta la mano y Marcos le cede la palabra. Aprovechando el silencio que se hizo, el chico que es de mi edad, le hace la pregunta que probablemente todos nos hemos hecho con su inesperada noticia.


—Marcos, con tu pronta partida de la presidencia del banco, queremos saber quién tomará tu puesto, ¿ya tienes reemplazo?


Al finalizar su pregunta, Esteban se sienta en la espera de una explicación, el hombre de cincuenta y ocho años sonríe, y poniendo una mano sobre el hombro del hombre que esta a su lado, contesta a la pregunta.


—Buena pregunta, Esteban, sí hay reemplazo ya para el puesto. Les presento a su futuro Presidente ejecutivo; Lisandro Saint-Germain. Estarán en muy buenas manos con él, Lisandro es egresado de las mejores universidades de Europa y Norteamérica, su gran profesionalismo y seriedad son los ingredientes justos, qué este magnifico equipo necesitara para seguir avanzando.


En ese momento, el hombre que nunca hemos visto y qué hasta este momento supimos su nombre, desabrocha un botón de su america, sonriéndole a Marcos, da un paso hacia delante se introduce formalmente con todos.


—Buenos días a todos. Bien, como ha dicho Marcos, mi nombre es Lisandro y estaré a partir de mañana trabajando junto con ustedes. Sí bien es cierto que estaré tomando el puesto de la presidencia, quiero que sepan que mientras esté al frente del banco, trabajaremos en equipo, ayudándonos y velando por los intereses económicos de nuestros clientes. Los reglamentos de un banco a otro son prácticamente los mismo, pero quiero recalcar algunas cosas que par mí son de suma importancia.


Su mirada azul claro como el mar del caribe, me observan durante su introducción al equipo, no me gusta su escudriño, me hace sentir desnuda. Como si él pudiese ver mi interior, y mis más profundos pensamientos. Evitando rápidamente la intensidad de su mirar, busco como distraerme con mi reloj de mano. Sus siguientes palabras hacen que voltee a verlo, y a pesar de su acento francés, su español es impecable.


—Y es que no acepto ni tolero la mediocridad, los errores y impuntualidad. ¿Entendido?


El pequeño grupo de Subgerente responden al mismo tiempo, pero por alguna razón, sentí que esas palabras fueron dirigidas hacía mi. Tomándolo como una pequeña amenaza, decido no contestar junto con los demás. Arqueando mi ceja y sonriéndole espero ver su reacción. Su ceño fruncido es la respuesta que me satisface. Después de un despido emotivo y de compartir con los demás frutas y café, Marco da por finalizado la reunión. Recogiendo mi bolso negro sigo a Guadalupe y Mario fuera de la sala de conferencias, cuando ya estaba cruzando la puerta, nuestro aun presidente me llama.


—Francesca, me permites un momento.


—Claro, ¿en qué puedo ayudarte Marcos?


Su sonrisa calurosa de siempre hace que le devuelva uno, haciendo señal con su mano a que me acerque, lo hago prestándole toda mi atención. Lisandro en ese momento saca su teléfono celular y veo que frunce el ceño al ver lo que esta en la pantalla. Ignorando por completo su presencia, espero a que Marco hable. Sentándose en unas de las sillas de cuero, me invita a hacer lo mismo.


—Lisandro, ven, siéntate con nosotros te quiero presentar a alguien.


El hombre de tez clara y de barba creciente guarda su teléfono móvil dentro de su bolsillo y toma asiento frente a mi. Nuestras miradas de manera automática se anclan la una de la otra, provocando con ese simple gesto que mi pulso se aceleré. Sus dedos entre lazados sobre la mesa y el olor a sándalo se hace presente en este momento, sabiendo bien de quien viene ese olor tan sensual, exótico y a la vez dulce provocan en mi cuerpo una reacción que no es debido en la oficina. Cruzando mis piernas inquietamente, trato de evitar la mirada y sonrisa seductora que en este momento Lisandro esboza en su rostro.


Enfocando toda mi atención en mi jefe por los últimos cinco años, trato con todas mis fuerzas ignorar los ojos claros de el hombre qué estará ocupando el lugar de Marcos. Y ahora que lo pienso, este extraño de mirada profunda como el mar será mi superior.


Marcos saca de su maletín de cuero un sobre dorada y con una sonrisa amable y ojos llorosos, él me lo entrega.


—Francesca, ha sido un gran privilegio haber trabajado contigo a lo largo de estos años. A pesar de tu juventud, tu ambición y deseos de superarte, te han llevado a llegar a uno de los puestos altos dentro del banco. No tengo ninguna queja de ti, todo lo contrario. Eres una excelente profesionista, y una excelente persona. Te deseo mucho éxitos en la vida.


Apretando mi mano levemente, le devuelvo la sonrisa y abro el sobre. Viendo que es una tarjeta de regalo de iO Spa, sonrió ampliamente sabiendo que podré ir al fin a recibir un masaje.


—No te hubieses molestado Marcos, muchas gracias por este gesto.


Recostándome sobre el respaldar de la silla, espero a ver en qué terminará esta pequeña reunión, aunque tengo una idea de qué se tratará.


—Bueno, no quiero quitarles más tiempo. Lisandro, ahora que serás Presidente Ejecutivo, bajo tu dirección y quién estará trabajando junto a ti es Francesca Bartelloni. No te defraudará, es muy eficiente en lo que hace y conoce bien a cada cliente de este banco. Sé que ambos se entenderán muy bien.


Sabiendo que a partir de mañana Lisandro y yo trabajaremos juntos, hace que me ponga algo nerviosa. Hay algo en este hombre que hace que desconfíe en él. La manera como él me esta viendo, como sus ojos recorren mi cuerpo es una sensación totalmente familiar, pero diferente a la misma vez. Cómo si él quisiese conocer mi más intimo secreto.


Al parecer el nuevo jefe no quiere hablar, molestándome un poco por su falta de amabilidad y profesionalismo me levanto de mi asiento. Alisando la falda color crema, y con mi bolso en mano doy un abrazo a Marco, agradeciéndole de nuevo mi regalo. Pero por mucho que quiera irme sin voltear a verle, le dirijo la palabra, al fin de cuentas a partir de mañana estaré trabajando junto a él.


—Un gusto en conocerle, será para mi un placer poder seguir empeñando mi labor junto a usted. Si tiene dudas con respecto al banco o de algún cliente, puede venir a verme en cualquier momento. Mi oficina es el qué está frente al suyo.


Sin esperar respuesta de su parte, me marcho de la sala de conferencias, buscando el elevador. El timbrado me avisa que ya llegó, faltando unos cuantos centímetros para que las puertas metálicas se cierren, una mano las detiene, forzándolas a abrirse de nuevo. Zapatos italianos y un conjunto francés es lo primero que veo de la persona al entrar, el olor a sándalo nuevamente se hace presente, y eso es suficiente para saber quién es la persona que ha entrado. Su mirada clara nuevamente me examinan con escrutinio, sintiéndome incomoda por este silencio pesado que se ha hecho, volteo a ver a todos lados menos a él.


—¿Subes o desciendes?


Su peculiar acento hace que luego voltee a verlo, siempre me han encantado los hombres que tienen un cierto canto al hablar, es tan deleitoso escucharlos. Saliendo de este mini transe que él ha provocado en mi, le contesto con una voz levemente temblorosa.


—Subo al tercer piso. ¿Usted?


Pulsando el botón con el número que le he dicho, guarda su mano dentro de su bolsillo ignorando por completo mi pregunta y presencia. Llegando por fin al piso dónde trabajo, con un cortes adios y con pasos firmes sobre el suelo de vinilo abro la puerta de vidrio de mi oficina, iniciando un día más.


Pasado las dos horas de haber llegado, Marcos toca la puerta y con una sonrisa le dejo entrar. Tomando asiento frente a mi, dejo a un lado los estados de cuenta y acepto el archivo qué él me entrega.


—¿Pasa algo?


—No, es solo qué aún no lo creo que este será mi último día… pero bueno, la vida continua y Mariana me necesita ahora más que nunca. Y bueno, aparte de charlar un poco contigo, venía para comentarte algo.


La seriedad de sus palabras hacen que mil y unas cosas pasen por mi mente. Espero que no me vaya a despedir, con la facilidad de la economía, este empleo me ha permitido poder seguir con un nivel de vida a la cual me he acostumbrado ya. Nerviosamente le pregunto a Marcos qué es lo que sucede.


—No me digas que ya no sigo trabajando aquí, ¿puedo por lo menos saber qué causó mi despido?

Una sonrisa y la negación de su cabeza es la respuesta que tranquiliza mis nervios, menos mal sigo con empleo.


—No muchacha, ¿cómo puedes creer eso? Tu puesto es seguro aquí, has excedido a todas las expectativas que uno puede tener de ti. Como sabrás desde hace dos años he estado manejando personalmente a un cliente y miembro de este banco. Y con mi partida, no puedo dejarlo en el aire. He hablado ya con él y está de acuerdo conmigo en esto y de ahora en adelante tú estarás pendiente de él y sus negocios.


Señalando con la mano el documento pesado que me entregó, veo de quien se trata; John Maxwell, uno de los empresarios de Norteamérica de gran renombre. Hace dos años él decidió expander su imperio hotelero en Ecuador, inaugurando en el mismo año diez hoteles a lo largo de la nación, y Guayaquil fue una de las ciudades elegidas por él mismo, trayendo consigo gran posibilidad de empleos para la ciudad.


No sé qué pensar con esta nueva responsabilidad y oportunidad de poder administrar sus bienes, pero siendo qué es Marcos quién me lo entrega le agradezco por esto.


—Marcos, gracias y no te preocupes, estaré al cuidado de todo con respeto a él y sus finanzas.


—Sé qué lo estarás Francesca, es por eso qué decidí trasladarlo a ti. Eres diligente y sabes bien como mover el dinero de los demás para el beneficio de ellos y del Banco. Cómo sabrás, John Maxwell solamente se comunica por correo electrónico, teléfono o si no, envía a su representante personal. Pero por alguna razón él ha pedido reunirse contigo.


Saber que él ha pedido encontrarse conmigo, despierta en mi una cierta curiosidad. Son muy pocas las fotografías qué hay de él en el internet. Y en esas fotos siempre se le ve rodeado de mujeres, pero detalles de su vida privada son prácticamente inexistentes.


¿Qué querrá John Maxwell?


Marcos se levanta y con una sonrisa se marcha de mi oficina. Retomando los documentos que estaba revisando, me sumerjo nuevamente en mi trabajo, olvidando por completo que las horas pasan, hasta que Lupe entra con su bolsa en mano.


—Francesca, vamos que ya es la hora del almuerzo. Estaba pensando a que fuéramos a Victoria Café hoy.


Tomando mi bolsa y teléfono, con una sonrisa salgo de la oficina y camino junto con Guadalupe hacia los elevadores. Pulsando el botón metálico, esperamos entre charlas y risas a que las puertas se habrán.


—¡Lupe! ¡Lupe, espera!


La voz de Mario se hace escuchar y ambas volteamos a verle, el hombre de piel morena y de cabello negro corre hacia nosotras y en su mano esta un teléfono celular.


—Mario, ¿qué te sucede? ¿Por qué vienes corriendo? Por mucho que corras, ya no creo que recuperes esa figura que tenías cuando te conocí.


Ignorando por completo lo que su esposa le ha dicho, Mario le entrega rápidamente el teléfono.

—Toma, tu mamá esta llamando y dice que es urgente.


La mujer de cabello trenzado voltea hacia mi y con una sonrisa se disculpándose, e instándome a que vaya al café, prometiendo llegar dentro de poco. Dandole un suave apretón en su brazo, entro en el ascensor y pulso el botón para que las puertas se cierren, pero justo antes de qué ellas lo hiciesen, a unos tres pasos de donde me encuentro, y sin duda alguna veo a Marcos hablando animadamente con Lisandro, y el hombre que partir de mañana estará por encima de mi, le devuelve la sonrisa.

0 Comments Feb. 23, 2018, 3:41 a.m. Report Embed 1
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