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Lucas como


Las aventuras y desdichas de cinco adolescentes que experimentan el verdadero significado de las calles y la violencia urbana.


Drama For over 18 only. © L.C dueño de imagen de portada e historia.

##spanish ##reflections ##Night #Cat
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Capítulo I

   -¿Qué es lo que más querés en esta vida? -me preguntó Rolo con cierta melancolía. Pensé unos minutos y contesté: Quiero lo que ninguna persona podría querer.

    -¿Y cómo es eso?

  -Como es. No te lo puedo explicar, seguramente no me entenderías -le dije-. Quiero ver una montaña. Una montaña que corte el cielo. Quiero caer en la noche estrellada y tocar el infinito con las manos. Quiero poder hablar con el viento. Quiero…

   -Dale boludo -Me interrumpió Rolo. A veces me cuesta explicarme sin dar tanta vuelta.

   -Simplemente quiero ser -dije-. No me interesa este mundo. Rolo me miró ingenuo, como intentando interpretar esta última frase.

   -¿En qué sentido? -preguntó.

   -En el sentido de que mucho de lo que creo posiblemente no existe -le dije secamente-. ¿Acaso no ves que jamás vas a poder soñar más allá de lo que puede soñar un hombre? ¿Acaso no ves que nada de lo que nos trajo acá tiene sentido? Ciertamente, creo que cada cual inventa la historia que quiere y se empeña en ser su héroe. ¡El héroe de una mentira! Es, es, es irritante. Es irritante ver las miles de historias que uno se pierde en esta vida. Cómo muchas de ellas no podrían tener conexión jamás. Mucho peor, saber que al final, ninguna de ellas tiene sentido. Fácilmente una historia podría no ser contada nunca. ¿Y en qué nos afectaría eso a nosotros? Sin embargo, hoy podría resumirte muchas de esas historias con pocas palabras.

   -¿Cómo? -preguntó Rolo, con una voz que se perdía entre los autos.

   -Unos vienen a querer incendiar la ciudad, y otros intentan salvarla. En el medio de la vida están los que no juegan esos juegos. Ya sea porque no les interesa, como a mí, o porque simplemente no pueden.

   -¿Esos juegos? -Preguntó Rolo. Miró al piso unos segundos y después agregó- ¿Y qué se gana si uno decide jugar a esos “Juegos” y vence? A veces se ponía bastante ingenioso con las preguntas. Me hizo gracia.

   -Y posiblemente los ganadores podrían cambiar el mundo a su antojo -dije-, pero sigue sin ser relevante. Además, ninguno ha ganado totalmente hasta ahora.

   En la esquina ya se lo veía llegar a Tony. Llevaba puesta una gabardina negra y un jean encajado. Lo que más me hacía gracia de Tony era que a pesar de que vestía muy bien, siempre iba desarreglado. Los rulos largos y enmarañados; las trenzas desatadas; los bolsillos del abrigo afuera y los auriculares atados al cuello. Era imposible no distinguirlo entre la multitud. Se detuvo para cruzar la calle, y en lo que el semáforo daba verde encendió un cigarrillo. Rolo se acomodó sobre la banca. Yo no paraba de frotarme las manos, hacía bastante frío y sólo llevaba puesto una campera negra.

   -¿Cómo va eso? -dijo Tony mientras se desenrollaba los auriculares del cuello.

   -Todo bien -contestó Rolo-. ¿Los otros no dijeron nada todavía?

   -Alan y Abel me dijeron que ya llegaban, vienen en colectivo.

   Alan y Abel eran gemelos. Lo curioso, era que casi no se parecían. Esencialmente porque uno llevaba el pelo diferente del otro siempre. Alan solía ser bastante gracioso y Abel también tenía buen humor, pero no era de hacer chistes. A él se le daban mejor las ideas.

   No pasaron más de diez minutos cuando los vimos bajar del colectivo. Tal y como imaginaba, a Alan se le dio por traer el pelo cortado, mientras que Abel se lo había dejado hasta el hombro.

   -¿Qué onda? -nos saludó Abel, a lo que Alan agregó: ¿Todo bien?

   Sin dar muchas vueltas Tony nos preguntó a dónde queríamos ir. Todos acordamos en ir a comer a la brostería del “Tío Gallo”. No quedaba muy lejos de la plaza en donde estábamos. En el camino  Tony nos contó que lo habían invitado a una fiesta de disfraces en un salón. Como estábamos en tiempo de votación, se había vedado el alcohol, y por lo tanto la policía allanaba cualquier fiesta. Pero al ser una casa alejada de la ciudad no íbamos a tener ningún problema. Todo eso había sido idea de Mary, una amiga nuestra que no veíamos desde que terminamos la secundaria. Aparentemente todavía mantenía contacto con Tony.

   Cuando llegamos a la brostería buscamos asiento en unas de esas mesas con sombrillas que hay afuera. Adentro no había casi gente, pero los chicos querían aire fresco. El mozo nos acercó un menú y yo encendí un cigarro mientras miraba a la calle.

   -¿Y? ¿Vamos o no? -preguntó Tony mirándome.

   -Y no sé. No está mal la idea, pero me parece fatigante tener que pensar qué disfraz voy a usar, además ese lugar queda muy lejos -dije. Tony me contestó casi sermoneándome.

   - Boludo eso ni siquiera es un problema, podés usar lo que te dé la gana. Yo voy a usar una simple máscara de lobo. Y lo del transporte es simple, los llevo yo. Tony usaba a menudo la camioneta de su papá. Tenía una Toyota Hilux.

   -Y depende de quienes vayan -dijo Alan con una sonrisa cómplice. ¿Va Laura?-. Abel giró los ojos con exasperación.

   -See -dijo Tony con cansancio-. ¿Pero eso qué importa? La idea es salir y descontrolarse ¿O vas a pasar toda la noche intentando ligar a la misma mina?

   -Y vamos, yo no tengo drama -contestó Rolo-. Pensemos qué lleva cada uno.

   -Con un ginebra y un whisky yo creo que andamos -dijo Abel frotándose la barbilla-. De paso llevo un vodka a la mitad que tengo guardado en mi casa.

   -De una -dijo Tony y todos asentimos. El mozo llegó para tomar la orden. Entre todos pedimos alas de pollo frito. El “Tío gallo” es uno de los pocos lugares donde las sirven en esta ciudad.

   -¿Y qué tal la fotografía Boy? -preguntó Abel-. ¿Estuviste sacando algo?

   -Sí, no mucho igual -contesté-. La universidad casi no me da tiempo para esas cosas. Lo último que saqué fue la foto de un pájaro apoyado sobre un poste y la luna escondiéndose en el fondo. Es una foto en blanco y negro. Te la muestro, la tengo guardada en mi celular.

   -Está bastante buena –dijo Abel-. Me gusta.

   -Gracias. Igual no es nada del otro mundo.

   -Ja! Tenés el autoestima terrible ¿Sabías? –se rio Alan. Y era cierto, hasta cierto punto.

   -¿Y Marlene? -preguntó Rolo con picardía. Todos me miraron con una sonrisa.

   -Qué sé yo. Hace un año que dejé de hablarle. Lo último que supe de ella es que se fue a estudiar a Córdoba.

   Marlene era indiscutiblemente la chica más especial que había conocido en toda mi vida. Es, la chica más especial que alguna vez haya conocido. La primera vez que la vi fue en la escuela de música. Yo iba a aprender piano y siempre la escuchaba cantar. Al principio no sabía cómo era, todos teníamos nuestro espacio cerrado para practicar, y solamente podía oír su voz a través de las paredes. ¡Y qué voz! Era algo mágico que salía de su alma y corría a penetrar en la mía. Sentía como si nos hubiésemos conocido de toda una vida. El profesor no paraba de llamarme la atención porque siempre dejaba de tocar para oírla mejor. Así me fui enamorando poco a poco de su voz. No paraba de imaginarme cómo sería. ¡Me la imaginé de todas las formas y colores! Hasta que un día se me dio por cruzármela. Yo estaba tocando como todas las mañanas –y no lo hacía nada mal- cuando sentí que alguien me observaba. Volteé a ver y había una chica enseñándome el pulgar. Tenía unos ojos de locura. Esos ojos de color miel eran el fin y el principio de todo. Me quedé inmóvil viéndola, sentía como si el tiempo se hubiese detenido. Ella caminó hacia mí. Su pelo castaño se alzaba largo y suelto con cada paso. Recuerdo claramente como cada uno de sus cabellos danzaban amablemente, desprendiendo su perfume por toda la habitación. Yo podría dormir bajo la sombra de ese pelo. Cuando la tuve frente a mí, me quedé expectante. Parecía que iban a pasar días hasta que dijese una palabra. Entonces ella habló. Me había felicitado por tocar tan bien, y me había ofrecido tocar en una banda. Reconocí perfectamente la voz de la que me había enamorado. Dije que sí al instante. De ahí en adelante nos veíamos todos los fines de semana para ensayar en su casa y planear algún show. A veces también se sumaba Rolo a tocar la guitarra. Nos llevábamos bien y nos divertíamos bastante, la verdad. Pero entonces dejamos de tener tiempo para esas cosas. Ella empezó a trabajar en una librería -Olvidé decir que es mayor que yo-. Dejó de asistir a la escuela de música y cada vez ensayábamos menos. Por mi lado yo también había dejado piano y me dediqué a estudiar fotografía, me iba bastante bien. Hasta que un día me enteré que se había ido de la ciudad para ir a estudiar arte a Córdoba. Su partida me afectó bastante. Aún conservo fotos y videos de nuestros shows juntos. Habré visto como mil veces cada uno.

   -¿No te enteraste? –Dijo Rolo-. Hace una semana que volvió de Córdoba. Puse cara de imbécil

   -¡¿Qué?!..... ¿Cómo sabés? -Pregunté excitado.

   -Me contó su hermano. Lo crucé en este recital al lado del río que hubo ¿El sábado? No, el viernes. Me dijo que Marlene había llegado el martes y preguntó por nosotros dos.

   -Qué loco -dije pensando en todo eso que les conté. En serio no podía creer que después de tanto tiempo ella me recordara. Bueno, a Rolo y a mí. Pero eso no cambia el hecho de que me recordaba en parte.

   -Invítala a salir salao –dijo Alan con una ceja levantada.

   -¡Llamala y decile que vaya a la fiesta! –dijo Tony casi a los gritos

   -Es buena idea –dije-. Esta noche la llamo. Lo cierto era que estaba muriendo de los nervios por dentro, pero no quería lidiar con los comentarios de los otros, así que me limité a decir eso.

   -¡Genial boludo! ¡Va a estar de la cabeza esta fiesta! –dijo Alan.

   Después de comer pagamos la cuenta y nos levantamos a andar por toda la Plaza Belgrano. Yo no podía dejar de pensar en Marlene y en que iba a verla esa noche. Pero primero tenía que ver algún disfraz.

Feb. 13, 2018, 6:55 a.m. 0 Report Embed 0
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