Eres tú mi luz Follow story

caholym-quijada Caholym Quijada

Deseos de navidad, son el anhelo en estas fechas decembrinas. El amor que se siente al estar junto a tu familia en alegría, es la esencia que forma estas emotivas celebraciones. Pero para Juliette, una joven de melodiosa voz y alegre andar. Se ve en un dilema cuando su novio, John pierde el sentido de la vida y pasa lo que nunca creía que pudiese ocurrir. Se siente destrozada y día a día trata de que logre despertar. Hasta que un sueño la hace dudar de la realidad y la envuelve en sin fin de emociones que creía olvidados. Sólo algo bueno saldrá de todo aquello, un regalo que les devolverla la sonrisa a todos. ¿Te atreves a descubrir de que trata?


Romance All public. © Caholym Quijada

#Enfermedad #Cataratas #Tiroides #Hospital #Sorpresa #cumpleaños #navidad #desesperación #besos #lagrimas #dolor #amor
Short tale
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Capítulo Único

—Hoy te ves con un mejor semblante— escucho la gélida voz de mi madre, al entrar a la habitación.

—Graci...as— murmuro con voz pausada.

Su mirada obsidiana se pasea por todo el lugar, arruga su nariz al sentir ese característico olor de hospitales, la conozco muy bien y sé que sólo esta acá por compromiso.

Desde hace meses he estado postergando mi operación de la tiroides, pero el problema aún persiste, el tragar cada vez se hace más difícil. Así que Liliana, mi madre ha tomado la iniciativa y ha decido sobre mí, dice que será lo mejor para todos, aunque no esté muy convencida de ello.

—Debes estar tranquila, sabes que to...

Para de hablar cuando nota alguien entrar al cuarto. Se trata de la enfermera de turno, que minutos antes me había informado que estaría pasando por momentos, para examinar mi pulso.

Es una señora regordeta de cabello blanco y voz suave. Cuándo la siento a centímetros de mí, comienzo a hiperventilar y mi corazón se acelera.

«Uno de mis mayores temores son los doctores, siempre he tenido esa pequeña fobia que me impide avanzar y es por ello que suelo posponer las citas al médico.»

Ella me pide que me recueste en la camilla y le extienda mi brazo derecho. En ese momento, siento el frío metal sobre mi piel poniéndome los pelos de punta y es ahí cuando mi mente comienza a pensar en situaciones donde la sangre se hace presente.

—Tranquila, no pasará nada malo— La señora Josefa, como marca la placa de su uniforme. Trata de explicarme inútilmente que me calme.

«Aun así eso no hace que mis nervios disminuyan.»

— ¡Ya el doctor Gonzalo vendrá! — informa dándome una palmadita en mi hombro— ¡Para dar inicio a la operación!

Me observa regalándome una sonrisa. Así que afinco mis pensamientos en ello, deseando que todo acabe rápido.

Me levanto de la cama con algo de dificultad. La bata que me colocaron, se adhiere a mi como otra piel y es algo incómoda.

Siento un reflejo a mi alrededor y por el rabillo de ojo noto que algo se mueve, así que me giró bruscamente encontrando una mata de cabello negro reposar sobre la cama.

Estiro mi mano derecha tocando sutilmente la mata de risos y al sentir que se mueve, me quedo estática en mi lugar. Lo veo removerse un poco, pero no se despierta. Vuelvo a intentar y esta vez hundo un poco mi mano entre su cabello sintiendo la suave textura rosar mis dedos, pero nada ocurre. Mis ganas por saber quién puede ser, aumentan con cada momento que pasa.

«Aunque en el fondo, me dé un poco de miedo descubrirlo.»

Pueda que tenga el sueño pesado o me esté jugando una mala broma. Sólo me queda una cosa por hacer...

— ¡Hey, despierta!—alzo la voz todo lo puedo, mientras me inclino hacia un lado y tomo su brazo zarandeándolo con fuerza.

Parece funcionar, pues lo veo levantar la cabeza y descruzar los brazos irguiéndose en la silla de plástico, frota sus ojos en vagos intentos y por el movimiento uno de sus risos cae en su frente, dándole un aire aniñado. Eso sólo hace que me pierda en su mirada sin querer.

Un par de iris color miel me reciben, provocando ponerme nerviosa en sólo segundos. Mis manos parecen no querer quedarse quietas, así que las escondo debajo de la sábana blanca que me cubre el cuerpo.

«Su mirada se me hace tan conocida, sólo no recuerdo de que...»

— ¡Despertaste, por fin!—interrumpe con voz ronca mis pensamiento, mostrando una amplia sonrisa y en ellas un pequeño hoyuelo se asoma.

«Sí, eso lo he visto en alguna parte. No se me quita de la cabeza, ¿pero dónde?»

—Sí, ¿y tú quién eres?—cuestiono, sin poder quitar los ojos de él— ¿cómo te dejaron entrar?

Él fija su clara mirada en mí, detallando cada uno de mis movimientos. Me incómoda un poco su escudriño que hacen calentar mis mejillas.

— ¡Soy John, mucho gusto!— responde, extendiendo una de sus manos hacia mí.

La tomo con un poco de torpeza. Este nota mis palmas húmedas y sólo las aprieta un poco. Su raposa mano haciendo cosquillas en las mías, logrando que me sonroje casi al instante.

—Mucho gusto— contesto, soltándome de su agarre y atrayendo mis manos hacia mi regazo mientras analizo mi próximo movimiento—. Yo me llamo Juliet...

—Lo sé, tu madre me lo comentó—me vuelve a interrumpir, mientras ríe incrédulo con un odioso meneo de cabeza, como si se burlara.

Cruzo mis brazos contra el pecho levantando la barbilla.

— ¡¿Ajá y cómo es qué mi madre me dejo aquí con un desconocido?!— insisto con curiosidad entornando mis ojos y con sumo cuidado hecho hacia atrás mi melena oscura.

Me observa, retándome con la mirada. Cómo si sólo fuese un juego para él. No lo dejo ganar y eso sólo le causa más gracia, lo que hace que se ría haciendo que se marquen aún más sus hoyuelos.

Con un sonoro bufido me acomodo en la cama, es un poco incómodo estar sentada mucho rato.

—Ella se encontraba sentada en la zona de espera, cuando yo salía de visitar a mi madre—susurro lo último, mirando al piso como si se encontrara incomodo con sólo mencionarlo—: Por ello, me pidió si podía quedarme contigo por si despertabas, ella está abajo en el cafetín.

Verlo de ese modo, me enternece un poco y provoca en mí, ganas de querer apretujarlo.

«¿Pero qué narices pienso? A veces creo que tengo serios problemas. ¿Y mi madre, en qué pensaba cuándo me dejo con un extraño?»

Nos observamos en silencio por un largo rato.

—No quise incomodarte— comenta, para luego inclinarse hacia mí, posando su mano derecha sobre la mía la cual acaricia con suavidad.

Ese gesto tan íntimo, sólo permite que mire hacia él y curve un poco mis labios.

—No lo haces, así que tranquilo—lo calmo un poco.

— ¡Me alegra mucho saberlo!— exclama mostrando esos hoyuelos que están deseando mi atención—. Tal vez, esto ni venga al caso, pero hoy es mi cumpleaños y...

— ¡Oh, pero que pasada!—chillo como con niña pequeña, mientras le muestro una amplia sonrisa— ¡Pues, feliz cumpleaños!

Su iris brilla con tanta intensidad como todo a nuestro alrededor.

—Gracias, de verdad—Sonríe sin dejar de mirarme, su semblante se ve más relajado y eso, causa en mí una paz que tenía mucho tiempo sin sentir.

«Un poco extraño, es como si lo conociera desde hace tiempo.»

— ¿Y qué tienes planeado hacer?—cuestiono un poco más animada—. Tu madre debe estar muy contenta.

Sólo mencionar todo aquello, su mirada apagada se dirige al suelo y sus manos las aparta lejos de mi, sintiendo un vació en las mías como si necesitara de ese toque. Me cohíbo de decir algo más y sólo retuerzo mis dedos, a veces se me da fatal el simple hecho de entablar una conversación, cuando pasa suelo regarla.

Al poco rato, una calidez se aloja en mis manos y al bajar la vista, observo las suyas tomar las mías otra vez, apretándola con suavidad. Ese pequeña caricia, hace agitar mi pecho y con sumo cuidado levanto la mirada, admirando en sus ojos un brillo inexplicable.

—También es mi... cum...pleaños—susurro más para mi, que para él, pero parece escucharlo—. Se supone que en estas fechas se pasa en familia, pero tal parece que volveré a pasarlo sola.

— ¡Hey, eso no va ocurrir!—Se levanta mientras estira sus brazos sobre su cabeza, mirándolo de ese modo se ve mucho más alto desde acá— ¿Puedo acostarme a tu lado?

Asiento por impulso, necesitando ese pequeño contacto que tanto he anhelado desde que lo mire.

—Gracias, por permitirme estar acá—anuncia, acostándose hacia mi, dejando un pequeño espacio entre los dos—. Siento una alegría por todo mi cuerpo, nunca sabes cuándo puedes llegar a conocer a esa persona especial, la navidad siendo testigo de ello, este es el mejor regalo que santa me pudo dar.

—No hay nada que agradecer, me siento afortunada de haber coincidido contigo—Sonrio como tonta mientras nos mirado por largo rato.

Sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, un aire caliente extenderse por mi nuca. Me removí incomoda tratando de estirarme, pero se me hizo un poco difícil . Un suave rose a lo largo de mi hombro derecho, me devolvió a la realidad y sólo al abrir mis ojos me quede quieta.

«¿Dónde rayos estoy?»

No me moví, me asustaba lo que pudiera ocurrir si lo hacia. No recuerdo mucho, sólo un luz brillante y un par de hoyuelos tan familiares que...

— ¡Hola dulzura al fin despiertas!—escucho una voz grave detrás de mi espalda, tensándome casi al instante.

Temía girarme y por un momento pensé no hacerlo, pero la curiosidad pudo más que yo y sólo le ordene a mis piernas levantarse. Una vez sentada en la cama, coloque una de mis mano sobre esta para tomar impulso y girar mi cabeza hacia mi izquierda encontrándome con esa mirada, la que tanto ansíe por volverla a ver.

«Me quede sin habla, era como un sueño. Tal vez aun no despierto y ya estoy alucinado cosas. No puede ser verdad, porque si...»

— ¡Basta, deja esos engranajes en paz!—Se levantó con un poco de dificultad y tomo mis hombros haciendo que lo mirase a los ojos— ¡Desperté, escuché esa vocecita dulce que siempre me rogaba que lo hiciera y estoy tan feliz de verte otra vez!

Exclamó en sorpresa, es que era tan...difícil de creer. Fue un año deseando eso y fue tan mágico. Me encuentro muy feliz. Es complicado expresar todo lo que mi corazón está sintiendo en estos momentos.

Le muestro una amplia sonrisa y como de la nada comienzo a llorar. Se me hace tan inevitable no hacerlo, por fin puedo dejar todo aquello que me atormentaba, tantos meses queriendo una cosa y justo ahora era lo más preciado para mí.

— ¡Estoy tan feliz, que es... muy complica...do expre...sarlo—hipo al decir todo aquello que tiene mi pulso acelerado.

Lo veo posar su mano derecha sobre mí, limpiando una de las tantas lagrimas que cae sobre mis mejillas, regalándome una de esas miradas que suelen enternecer y hacer papilla mi corazón.

Quiero tanto abrazarlo y tenerlo tan cerca de mí, es un sueño del que no deseo despertar.

Nuestras miradas se vuelven cada vez más intensas a medida que pasa el tiempo, estas llegan con mucha más fuerza.

Él está nervioso y yo mucho más, con cada pequeño rose accidental una onda de energía se desplaza sobre mi piel.

De un momento a otro, lo veo cortar nuestras miradas. Luego lo siento moverse y pegarse a mí un poco, eso hace que me quede muy quieta en mi lugar.

—Cuando te conocí, ame cada momento a tu lado—menciona, mirándome a los ojos—. Te volviste esa luz, que por años ansié tener—susurra en mi oído.

Me siento desfallecer cuando lo escucho muy cerca de mí, tratado de no demostrarlo, pero se me hace casi imposible así que sólo le sonrió mientras muerdo mi labio inferior.

— ¿Sueles decirlo mucho? — cuestiono, sin querer saber realmente.

Él posa una de sus manos sobre su mentón.

—No, sólo he visto una y esa eres tú — Toma mi mejilla entre sus manos, su mirada se detiene en mis labios ahí por un buen rato, luego suben despacio deteniéndose en mis ojos.

— ¿Quieres verme sonrojar?—cuestiono dándole una amplia sonrisa.

Él solo ríe por lo bajo y me hace espacio en la estrecha cama.

—Ven— susurra, mientras me atrae hacia él.

Se recuesta a mi lado, sus brazos me rodean, así que descanso la cabeza sobre su pecho. Ese pequeño gesto me enternece, dejo un tímido beso en el inicio de sus labios y lo escucho suspirar.

Cierro los ojos, su esencia me envuelve hasta enviarme a un sitio lleno de calma y que va acompañado de su lenta respiración con esos pensamientos que me hacen perder la noción de la realidad, causando que mis ojos pestañeen quedándome dormida al momento.


—¡Estoy tan emocionada, mis niños!—escucho una voz cantaría a lo lejos y cuando estrujo mis ojos, puedo observar mucho mejor de quien se trata.

Siento a John removerse, así que lo veo abrir de a poco sus ojos y de sus labios una agradable sonrisa mostrar.

«¡Entonces es verdad, mi amor despertó! ¡Oh que felicidad!»

—¡Tortolitos, ya tendrán tiempo para eso!—anuncia mi suegra, Ángela una mujer de rasgos delicados y piel clara— ¿Cómo amanecen?

—Bien un poco can...sada—Ahogo un bostezo llevando mi mano derecha hacia mi boca, la veo sonreír y acercarse más hacia nosotros, eso lo veo como una señal.

Me acomodo, colocando la mano de mi novio en su regazo y ordenándole a mis piernas enderezarse. Una vez me acomodo, me quedo sentada en la cama deseando que no se note mi sonrojo.

Aun cuando tenemos cinco años juntos, no dejo de sentir cierta pena cuando ella nos mira en nuestro momento íntimo.

— ¡Me alegro mis niños!—Ella junta sus manos y muestra una alegría impregnada en su clara mirada—. No saben la alegría que sentí, cuando el doctor Gonzalo me comento que habías despertado mi amor.

— ¡También me alegra mucho verte ma!—Él le da una amplia sonrisa al mencionarlo.

— ¿Puedes mirar mejor o aun tienes dificultad?—Su voz sonando un poco apagada.

Cuando lo internaron para aquella operación de pocas horas por su problema de las cataratas, jamás imaginábamos que esto podía llegar a dejarlo en coma por casi un año. Esos meses se volvieron insufribles para todos, sobre todo para su madre, la cual padece de los nervios.

Los doctores no daban esperanzas, las probabilidades de que despertara eran muy escasas. Pensaban que iba a morir, pero no podía quedarme con eso sin luchar. Así que este lugar se convirtió en mi lugar seguro junto a él, el amor de mi vida. No encontraba razón para separarme, solía cantarle y hablarle de las cosas que me ocurrían, sentía que me escuchaba o eso quería creer.

Al mirarlo, despierto y sonriendo. Se que hice lo correcto, me siento plenamente feliz y completa. Ahora todo sera mejor, muy en el fondo de mi corazón se que podemos ser felices otra vez.

— ¡Madre, tranquila todo ha salido bien!—sonríe, lleno de energía — ¡Puedo volver a ver otra vez!

Lo veo calmar a su madre dándole esa mirada de perrito que a mi suelen derretirme, es tan hermoso ver esas muecas que tanto anhelaba ver.

—¡Ay que alegría mi niño!—celebra con gran entusiasmo.

Todos reímos por ese cambio, ella siempre ha sido de sorprender. Me alegro mucho también, es una felicidad que nos obliga a mirar mejor las cosas.

Acto seguido, lo veo inclinarse sobre su codo con algo de dificultad, así que lo ayudo a estabilizarse y con cuidado colocó una almohada detrás de su espalda, para que no se canse en esa posición.

—Gracias, preciosa—Toma mi mano en un apretón suave—. Y por cierto, ¡Feliz cumpleaños, amor!

— ¡Feliz Cumpleaños, para ti también cielo!—Celebro con un pequeño grito de júbilo.

Él ríe, mostrando esos hoyuelos que tanto extrañaba. Su piel clara realza ese brillo de su mirada que me encanta admirar.

— ¡Hoy me siento tan afortunado de tenerlas en mi vida—expresa con entusiasmó el chico a mi lado—: Siento una emoción alojarse en mi pecho, gracias por este regalo tan significativo para mí. ¡Las amo con todo mi corazón!

—¡Y nosotras te amamos a ti!—exclamo emocionada— ¡Por haber despertado a tiempo, santa te trajo un regalo!

— ¡¿Ah sí y que será eso?!—cuestiona, frunciendo el entrecejo.

En ese momento, su madre sale de la habitación. Al instante siento mis manos sudar y mi corazón palpitar contra mi pecho. Un nudo se va formando poco a poco en mi garganta y esos segundos aguardan la sorpresa que nos espera.

Unos pasos se acercan, se mueve con algo de cautela hacia mí. Sé que teme caerse, pues apenas está aprendiendo a caminar. Al llegar a donde me encuentro, lo tomo con sumo cuidado atrayéndolo hacia mi regazo. Su espesa melena negra, se me hace tan familiar.

Siento mi pulso acelerarse y sólo miro con disimulo hacia mi lado. John observa entre el niño y yo. Sus pupilas adquieren un brillo diferente y temo por su respuesta, hasta que...

— ¡Pa...pá!









Feb. 2, 2018, 12:52 a.m. 2 Report Embed 2
The End

Meet the author

Caholym Quijada ¡Hola! me llamo Caholym Quijada, tengo 25 años. Estoy graduada como Licenciada En Educación Integral. Soy de Venezuela, Monagas. Amo la escritura, la lectura y el diseño. Espero que mis historias les gusten y tengan una bonita experiencia leyéndolas.

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Mary Luna Mary Luna
Que bonito!!
June 2, 2018, 5:45 a.m.

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